No eran las 8.30 de
aquella mañana amenazante de lluvia
con las calles encharcadas, cuando
los primeros compañeros ya estábamos
desayunado en el bar “El Punto” de
Carratraca. Nombre apropiado para el
punto de encuentro, donde fueron
llegando puntualmente los 16
compañeros (incluyendo 4 que venían
de Sevilla capital), para dejar allí
algunos coches, trasladándonos todos
con el resto de vehículos a un
determinado punto de la carretera
que une Carratraca con Álora, que
discurre por un paisaje de montes
peridotíticos y bosques de pinos de
gran belleza paisajística, que en
muchos momentos me recordaba a la
carretera que va de San Pedro a
Ronda. Entre el entusiasmo contenido
previo a la ruta, la alegría de
volver a coincidir con tan
entrañables amigos y la grata
sorpresa de encontrarnos inmersos en
tan bonito paisaje, 8 km mas allá de
Carratraca llegábamos al lugar donde
enlaza con esta carretera el
comienzo de la pista que hay que
tomar para realizar la “Ruta de la
Sierra de Aguas” tal y como reza el
cartel que nos encontramos en su
cabecera.


Dada la charla de
introducción sobre la ruta que había
realizado dos días antes y en
solitario Manolo, El Tritón de la
Chorrera a quien volvemos a dar
las gracias desde estas líneas y
recordadas las normas básicas de
protocolo en caso de tener que
abandonar la ruta u optar por un
camino alternativo de regreso ó
final alternativo. Comenzamos la
caminata por dicha pista, dejando a
nuestra derecha un bonito chalet,
piscina incluida, perteneciente a
unos holandeses. Minutos mas tarde,
nos adelantaban dos grupos de 4x4 y
coches varios, advirtiéndonos de que
iban a estar de montería por la
sierra, afortunadamente estuvieron
muy lejos de nosotros y a penas
escuchamos un solo disparo en toda
la mañana. Instantes después,
todavía con el último coche a la
vista, llegaba corriendo a lo
“Forrest Gump”, Miguel que reside en
el Puerto de Santa María y que venía
de empalmar toda la noche de marcha
en Ronda, sin haber pegado ojo.
Poco después del
primer kilómetro de ruta,
abandonábamos la pista en un
precioso recodo que queda a la
izquierda del camino, por donde
atravesamos una pequeña cañada,
donde el Tritón de la Chorrera,
haciendo honor a su nombre nos
mostraba una recóndita poza, sobre
la cual caían pequeñas chorreras,
procedentes a su vez de otras pozas
superiores, que a buen seguro, han
colaborado para la denominación de
esta sierra de las Aguas. Al otro
lado de la cañada, una sucesión de
zig-zags a través de una senda
perdida nos situaba en las ruinas de
lo que en su día fueron las
instalaciones de la Mina del Sapo,
a simple vista un cortijo en ruinas.
Tras la pausa de reagrupamiento
emprendimos la marcha dirección
norte a través de la senda que parte
del muro este y faldeando la sierra
llegamos a una segunda cañada
tomando unos eucaliptos como
referencia, desde los cuales ya
giramos a nuestra izquierda,
dirección oeste, iniciando en este
así, el tramo, con diferencia, mas
duro del recorrido, consistente en
una empinada ladera campo través y
sálvese quien pueda. Viviéndose
situaciones prácticamente épicas
como la rotura de la bota derecha de
Manolo, que en su debut con Pasos
Largos no tuvo otra cosa mejor que
hacer que desempolvar del armario
las botas Gorila, que le compraron
sus padres hace 30 años, porque
traían de regalo una pelota de goma.
El nudo que le hizo, su hermano Juan
Enrique, mas conocido como el
Profeta de Nervión, rompiendo
cordones de chubasqueros, mochilas,
etc. fue de auténtico manual de
supervivencia. ¡Vamos!, que por mas
que intenté reprimirme no pude
evitar un: ¡Esto es Esparta!,
para animar a todos los compañeros,
que apretaban los dientes por cada
paso dado, por cada metro ascendido,
hasta que por fin llegamos a la
pista, habiéndonos ahorrado de esta
manera mas de 4 km de pista.


Tras una larga
espera, por fin llegaban hasta
nosotros con la carita descompuesta
y el corazón que se les salía por la
boca, dos señoras de Málaga que
entre gritos de ánimo y una mano
amiga en los empinadísimos metros
finales daban gracias a Dios por
pisar tierra firme. Evidentemente
habían escogido la ruta equivocada
para debutar con Pasos Largos. Mea
culpa por interpretar en el e-mail
que me enviaron que eran personas
con buen fondo físico y experiencia
acumulada en rutas de montaña. Y es
que aunque la ruta estaba calificada
de nivel medio, el término es de lo
mas relativo, según de que persona
se trate. No obstante, tras reanudar
la marcha después de un kilómetro de
pista, ya sin a penas desnivel y
comprobando que se volvían a quedar
muy descolgadas tuvieron a bien
seguir nuestras sugerencias para que
regresaran a los coches por la
pista, siguiendo perfectamente
nuestras explicaciones al llegar a
los dos cruces con los que se iban a
encontrar como felizmente nos
confirmarían horas mas tarde. Y
realizando de esta manera un bonito
recorrido circular alternativo por
la sierra de Aguas, adaptado a sus
posibilidades tal y como habíamos
recomendado en la charla de
introducción al comienzo de la ruta.


Recuperado el ritmo
normal de travesía y rodeando ahora
por la cara norte el tramo mas alto
de la sierra de Aguas, asaeteadas
por sus grandes molinos generadores
de energía eólica, nos situábamos en
su crestería de forma rápida y
directa por un pequeño cortafuego
que a pesar de su corta longitud
puso a prueba la capacidad pulmonar
de mas de uno, si bien el Indomable
Jaime y el Elfo de la Malagueta
volvieron a deleitarnos con sus
magníficas cualidades de grandes
escaladores, en el caso del Elfo,
incluso se permitió el lujo de
llevar en volandas a su princesa
Druida, Vicky la Botánica, llegando
así a los pies de los gigantescos
molinos, desde los cuales
continuamos por la crestería
dirección este, hasta llegar a su
punto geodésico, situado a 949 m.
sobre el nivel del mar y totalmente
huérfano de señalización, ni
siquiera con el clásico montoncito
de piedras que nos hubiera gustado
formar entre todos. Pero tal era la
fuerza del viento que azotaba la
cumbre en aquellos momentos, que a
penas pudimos hacernos unas fotos
que hablan por si sola de la
ventisca que nos azotaba. De hecho
las gafas que llevaba nuestro amigo
Ruben al mas puro estilo del villano
Pierre Nadoyuna en los
dibujitos de Penélope Glamour,
era de lo mas apropiado que uno
podía llevar en ese momento.
De no
haber sido porque las abundantes
nubes de aquella jornada nos
impedían disfrutar de lejanos
horizontes hubiéramos podido
contemplar: al norte, la sierra del
Huma, Capilla, Tajo de la Pedera,
Mesa de Villaverde, esta última fue
la única que por su proximidad
pudimos identificar claramente.
Hacia el sureste el hacho de Álora y
hacia el suroeste una espectacular
perspectiva de la Sierra Alcaparaín
de la que tan sólo pudimos disfrutar
en el último tramo de ruta llegando
ya a Carratraca.


El descenso lo
realizamos muy suavemente por la
misma crestería, regresando sobre
nuestros pasos y continuando por la
pista que comunica la línea de
generadores para sus revisiones
periódicas y mantenimiento. Por
cierto, que la mayoría estaban
parados, una pena para una jornada
de tanto viento, eso sí, cuando
pasabas por debajo de algunos que
estaban girando el sonido
impresionaba. Abandonada ya la
cresta de la sierra y girando a
nuestra izquierda dirección sur
llegábamos a una curva cerrada donde
nos encontrábamos con un cruce de
pistas. La prolongación de la que
llevábamos nos llevaría a completar
la denominada ruta de la sierra de
Aguas, viniendo a desembocar en la
carretera que une Álora con
Carratraca, mas o menos a mitad de
camino entre Carratraca y nuestro
punto de inicio. Obligándote de esa
manera a caminar unos 4 km. por
asfalto, si bien se trata de una
bonita carretera paisajística muy
poco transitada. Sin embargo,
nosotros tomamos la que sale a la
derecha describiendo una cerrada
curva, a partir de la cual nos
adentrábamos en una zona de
transición entre la sierra de Aguas
que ya comenzaba a quedar atrás y la
sierra Blanquilla hacia la que ahora
nos aproximábamos pasando junto a
farallones rocosos con llamativas
betas de pirita y encontrándonos con
un simpático ejemplar de ciempiés
que tuvo a bien coger en sus manos
el Tritón para enseñárnoslos de
cerca, provocando el histriónico
grito de Inma, también conocida como
Nefertitis ó La Amenaza Fantasma.
Con Carratraca ya a
la vista destacando allí abajo a
nuestra izquierda, al pie de las
laderas tapizadas por del verde
intenso de los pinos, nuestro guía
nos identificaba la peculiar plaza
de toros donde se realizan muchos de
los actos que tienen lugar durante
la famosa noche de la Luna Mora cada
9 de septiembre. Llegando en pocos
minutos al Puerto Romero,
donde nos encontramos con un
segundo cruce de pistas, siendo el
de la izquierda, sur, el mas directo
para ir a Carratraca, opción que
escogieron nuestros compañeros
Rocío y Juan, para darse un
merecido homenaje en Casa Pepa
despidiéndose del grupo tras
dejarnos una grata impresión como
compañeros de ruta y buenos
caminantes. Sin embargo, el resto
del grupo escogimos la opción de la
derecha, oeste, noroeste para
adentrarnos de lleno en la sierra
Blanquilla de Baños.
El viento volvía a
arreciar con fuerza, la caminata por
pista comenzaba a hacerse larga y
monótona, porque la abundancia de
nubes bajas nos impedía disfrutar de
los horizontes que nos rodeaban.
Miguel que había comenzado la ruta
en plan Mr. Fantástico,
comenzaba a mostrar los primeros
síntomas de transformación en
zombi tras una larga noche de
insomnio y Manolo desde aquel día
apodado el Bota de Oro, ya
empezaba a perder la fe con la
maldita frase de “si lo llego a
saber no vengo”. Con la moral
de los debutantes un tanto mermada y
el estómago pidiendo a gritos tiempo
muerto para el almuerzo, hicimos una
pausa, al amparo de un pequeño
prado, entre retama y retama,
degustando con muchas ganas las
viandas que cada uno había estimado
oportuno echar en la mochila.
Destacando de entre todos los menús,
el dietético de mi Wendy, que aquel
día lucía sus nuevos atuendos al mas
puro estilo tirolés pantalones
cortos y calcetines largos.
Finalizado el
almuerzo, nada mas ponernos en pie,
para reanudar la marcha, una liebre
nos sorprendía con su fugaz carrera
a pocos metros de nosotros, por
suerte para ella, Chuky, ya se había
adelantado al grupo reemprendiendo
el camino por la pista en dirección
nordeste, hacia Ardales, que era
hacia donde ahora dirigíamos
nuestros pasos, hasta que en un
determinado punto, que nadie hubiese
adivinado, el Tritón, condujo al
grupo hacia una pequeña cañada
paralela a una alambra, que quedaba
a nuestra derecha. Cruzando
rápidamente la cañada para remontar
una corta pero fortísima pendiente
entre almendros que por fin nos
situaba en uno de los accesos mas
bellos y recónditos de la cara norte
de la sierra Blanquilla de Baños en
la que nos adentramos tras pasar por
una pequeña cornisa que bordeaba de
forma un tanto vertiginosa la cañada
que acabábamos de atravesar,
correspondiente al arroyo de la
Zahúrda, que ahora quedaba a
nuestra izquierda. Mientras el Bota
de Oro, volvía a pasarla canutas,
Maribel también conocida como La
Sirenita del río Cebollón ó Selene
(Diosa de la luna), dejaba sus uñas
marcadas sobre el brazo del
Indomable Jaime, aferrándose a él
con todas sus fuerzas para escapar
del abismo de la cornisa.
Llegando a
continuación a un llano donde una
alambrada delimitaba el perímetro
del bosque de pinos que teníamos
enfrente. Pero dicha alambrada tiene
dos accesos permanentemente abiertos
que nos llevan a Carratraca, el
primero, situado a unos 50 m. a la
derecha, sigue el cauce del arroyo
del Cementerio, con algunas zonas
precarias de cierto vuelo y
peligrosidad. Y el de la izquierda,
que fue el que finalmente tomamos,
encontrándose a unos 100 m de
distancia, nos llevó por un precioso
bosque de pinos, asentados sobre
arenas blancas como si de playas del
caribe se tratase en contraste con
el agreste terreno montañoso que nos
rodeaba. Por cierto, que según el
número 10, del coleccionable que
editó Diario SUR en 1998, titulado
escapadas al Aire Libre, titulado
“Por la Sierra Blanquilla de
Carratraca”: esta sierra constituye
un importante acuífero de mármoles
dolomíticos fragmentados, azotados
por los esfuerzos tectónicos de la
orogenia alpina, factor que propició
la creación de sus arenales.

Una vez en el bosque
de pinos, comenzamos a ascender
suavemente por un precioso sendero
sobre las arenas blancas de donde
toma su nombre esta sierra, con
curvas recoletas que tanto nos
recordó a Sierra Almijara, llegando
mas tarde al famoso Llano de los
Arenales, donde por desgracia en una
tarde oscura no vimos brillar como
habitualmente lo hacen en el suelo
las laminas de mica y pirita donde
se refleja el sol. Iniciado el
descenso hacia Carratraca se pasa
junto a la pequeña, pero impecable
ermita de la Virgen de la Salud,
patrona del pueblo, que celebra su
fiesta grande el 15 de agosto. Entre
las copas de los pinos que pueblan
estas laderas, ya comenzábamos a
vislumbrar allí abajo, las primeras
casa del casco urbano, hacia donde
íbamos descendiendo a través de los
apretados zig-zags que describe esta
preciosa senda que viene a
desembocar muy cerca del emblemático
ayuntamiento color albero, que fue
construido en el año 1855 a expensas
de Doña Trinidad Grund por el
arquitecto Guerrero Estrachan, como
casa de verano para la familia
Heredia Grund, pionera del turismo
burgués malagueño, atraida por los
beneficios terapéuticos de las aguas
termales sulfurosas del Balneario de
Carratraca. De manera que la llegada
a Carratraca, pasando junto al
ayuntamiento y sus calles encaladas
con la imponente sierra de
Alcaparaín como telón de fondo,
pusieron un broche de oro magnífico
para rubricar una ruta tan
interesante, como inédita.

Para celebrarlo
finalizamos en el bar El Punto, que
situado junto al mosaico con el mapa
Carratraca y su sierra y a la
concurrida fuente donde no dejan de
llenarse garrafas durante todo el
día, resultó ser el lugar ideal como
punto de encuentro por la mañana y
copa de despedida por la tarde.
Llegando así hasta los vehículos que
habíamos dejado allí estacionados
por la mañana, para recuperar los
que se encontraban situados en el
inicio de ruta a unos 8 km. de
Carratraca, dirección Álora. Los
mismos que se tuvo que hacer andando
Manolo, El Tritón de la Chorrera,
cuando después de finalizar la misma
ruta preparatoria, en solitario, dos
días antes, por no encontrar a nadie
en todo Carratraca que se ofreciera
para llevarlo hasta allí, ni
siquiera pagando. Y es que existe
una leyenda negra y gran
superstición alrededor de esa vieja
carretera Álora-Carratraca, sin
embargo, nosotros nos la encontramos
en muy buen estado, salvo por alguna
piedra desprendida de las paredes
junto a las que discurre esta
solitaria carretera.
¿Sabías
que Carratraca es un municipio
fronterizo entre la Serranía de
Ronda y la comarca de Antequera. Por
otra parte se ha considerado desde
antiguo como una puerta del valle
del Guadalhorce. Se encuentra
enclavada en la falda sur de la
Sierra Blanquilla de Baños, de la
que emana su famoso manantial.
Normalmente, Carratraca se abre al
visitante; destacando el carácter
afable de sus gentes curtidas por
las montañas, los rincones surgidos
en torno a sus fuentes y al
balneario de aguas sulfurosas, el
entrañable y siempre recomendable
restaurante “Casa Pepa” al que
siempre volveréis, las
espectaculares vistas hacia la
abrupta sierra Alcaparaín, ó su
bosque de pinos en la zona alta del
pueblo, animando al viajero a
perderse por sus sendas ó caminos de
herradura.
De
origen árabe, Carratraca creció
sobre todo en el siglo XIX debido a
la existencia de aguas sulfurosas de
cuyas propiedades curativas ya
dieron noticia los romanos Tito Pulo
y Lucio Voreno. A mediados de ese
siglo se construyó un precioso
balneario, de estilo neoclásico,
frecuentado por muchas personas para
el tratamiento de diversas
dolencias.
Fernando VII ordenó la construcción
de una gran fonda junto al balneario
para alojarse allí con su séquito y
poder tomar las aguas; así fue como
nació el hostal del Príncipe. Una
compleja edificación que sigue
siendo el hospedaje utilizado por
los agüistas. En el casco urbano
destaca poderosamente el conjunto
arquitectónico formado por la
antigua casa de Doña Trinidad Grund,
convertida en Ayuntamiento. La
iglesia de Ntra. Sra. de la Salud es
otro de los edificios de interés
arquitectónico. Otros lugares de
interés fuera del casco urbano son
las cuevas del Duende, el abrigo de
Alcaparaín, así como las simas Gorda
y la de los Murciélagos.
Sus
vecinos han sabido mantener sus
tradiciones artesanas, podrá
contemplar bellas piezas que se
realizan con esparto, tallas de
madera y obras pictóricas. Son
platos autóctonos el jarrete a la
campera, los callos y el chivo a la
pastoril... Finalmente, hay que
destacar la fiesta del embrujo de la
Luna Mora cada 9 de septiembre, que
bajo la luz de 12.000 velas,
iluminan el pueblo esa noche con
actuaciones que tienen lugar en la
plaza de toros.
Crónica y fotos: Juan Ignacio Amador