Martes y 13,
ni te cases, ni te embarques. Mientras la mayoría
de la gente estaba inmersa en sus primeras horas
de jornada laboral, yo terminaba de pagar mi
“serranito” en el bar del May, para poner rumbo a
Colmenar y Riogordo, sin tener muy claro todavía
adónde me llevarían mis pasos aquel día. Tras
pasar por ambos ayuntamientos para coger toda la
información que pudieran darme sobre SENDERISMO.
En ambos ayuntamientos se lamentaban de no poder
editar una guía de senderos de la comarca, por el
mal trato que se le dan a las señalizaciones y las
absurdas rivalidades entre pueblos vecinos. Así
pues pedí “la recomendación del chef” en el
Ayuntamiento de Riogordo y me sugirieron la “Ruta
de La Sierra” que llegaba hasta Alfarnatejo,
aunque por falta de entendimiento con el
ayuntamiento vecino, ellos sólo tenían marcado
hasta el final de su término Municipal, de donde
me sugirió no pasar por no haber taxis en
Alfarnatejo. Fué entonces cuando se me ocurrió
hacer la ruta en sentido contrario, mucho mas
fácil al estar Alfarnatejo a unos 920 m. sobre el
nivel del mar y Riogordo a 400 m.

Con lo cual
rumbo a Alfarnatejo, que por segundo día
consecutivo se convertiría en mi punto de partida,
una vez localizada la Fuente del Conejo, que se
encuentra junto al puente que atraviesa el arroyo
“Añoreta” con la Sierra del Jobo al fondo, un
“pastor motorizado” me terminó de sacar de dudas
para localizar los comienzos de “La Ruta de Los
Tajos” y la de “La Sierra” por la que finalmente
me decanté, me puse a comenzar este bonito paseo
de unos 9,6 km de carril, que bien me
agradecieron mis rodillas, tras el tercer día
consecutivo de rutas. Preciosa mañana de Diciembre
que comenzaba con la Sierra del Jobo, coronada por
el Chamizo Alto a mi derecha, El Tajo del Fraile a
mi izquierda, la Sierra del Rey de frente y detrás
mía el pueblo de Alfarnatejo del que me iba
alejando a cada paso.

El principal
aliciente de esta ruta estriba en las
espectaculares vistas que te va ofreciendo del
conjunto que forman Los Tajos de Fraile, de Doña
Ana y de Gomer, que siendo el mas pequeño es el
mas espectacular por las escarpadas paredes de su
cara norte y oeste que vamos rodeando a lo largo
de la ruta, en principio a través de un bosque de
encinas y cornicabras y tal y como nos vamos
acercando al “Cortijo de Auta” el agreste paisaje
serrano se va transformando en dóciles zonas de
cultivo, donde se conbinan grandes extensiones
aradas con huertos en bancadas a lo largo de las
fincas junto a las que vamos pasando hasta llegar
a Riogordo, el último tercio de esta ruta lo
hacemos por el “GR. 7” en el tramo que viene
desde Villanueva del Cauche hasta Riogordo.

Si entráramos
a valorar la belleza de cada montaña, el Gomer es
sin duda, una de esas montañas que merece un
capítulo aparte, tiene un magnetismo que te atrae,
a mí me dejó hipnotizado en varias ocasiones, tal
y como lo iba dejando a mi izquierda, a veces
llegué a perder la noción del tiempo admirando
tanta belleza y majestuosidad, casi podía sentir
como la montaña me hablaba.

La llegada a Riogordo, fué muy
relajante entre paisajes agrícolas flanqueado
por las montañas y el sonido de fondo con los niños
que salían del colegio. Sin embargo cual sería mi
sorpresa cuando al llegar me dijeron que en Riogordso tampoco había taxies. Fue precisamente
en ese instante cuando empezó mi particular
“jinkana” para encontrar alguien que me llevara a
Alfarnatejo de vuelta, a mas de 16 km. de
carretera, o volviendo por donde había venido con
la noche a punto de caer y mas de 500 m. de
desnivel de subida. Pero la voz se corrió en la
plaza del pueblo dos chavalas que atendían un bar,
me pusieron en contacto con un obrero de
Alfarnatejo que comía en su bar al medio día. Tras
ir a la otra punta del pueblo y localizarlo, me
dijo que me llevaría sin problemas pero que hasta
la 19,30 h. no saldría de trabajar. Ya mucho mas
tranquilo, aunque sin saber qué hacer en casi 3
horas, me fui al bar de enfrente para celñebrar
una nueva ruta, tomándo los apuntes
correspondientes en el cuaderno de bitácoras y
dándome un buen homenaje, hasta que en el momento
de ir a pagar me doy cuenta de qué me dejé la
cartera en el coche, pensando que no la
necesitaría para nada. Craso error porque la
cartera siempre debe ir con uno en todo momento.
Sin embargo, para mi asombro, el chaval del bar,
que en principio me causó una impresión de bruto
impresionante, me dijo que no me preocupara que
eso le podía pasar a cualquiera y que si quería
comer o beber mas que no me cortara que ya se lo
pagaría cualquier día que volviera a pasar por
Riogordo.


El camino de
vuelta a Alfarnatejo en el coche del amigo Paco
fue muy interesante. Entre otras cosas me contó
algunos chanchullos y escándalos de corrupción de
los pequeños ayuntamientos de la comarca como era
el caso de Alfarnatejo, entre los que estaban
incluidas las ayudas que llegan de la Unión
Europea, para el mantenimiento de los caminos,
vías pecuarias, cañadas reales y diversos temas
relacionados con el Medio Ambiente como la
señalizaciones de senderos, de las que tan sólo
vemos las migajas de esas ayudas, que son
utilizadas para fines muy distintos, como por
ejemplo: la compra de votos. También me contó la
época en que su padre se lo llevaba a él y a sus
hermanos a cazar conejos, a veces no habían dejado
atrás las últimas casas del pueblo cuando su padre
ya había cazado al tercero y entonces decía: “Hoy
ya hemos terminado, ya tenemos suficiente para el
fin de semana”. En contraste con la mentalidad de
los cazadores de hoy en día que le disparan a todo
lo que se mueva por pura diversión, arrasando
poblaciones enteras de conejos, liebres, perdices,
codornices, etc…Y cuando estas comienzan a
escasear, siguen arrasando con lo primero que se
les pone por delante desde diminutas aves
insectívoras (protegidas por la ley), hasta uno de
sus perros, por pura diversión en el momento que
ven que ya no son tan ágiles o veloces cuando ya
comienzan a estar viejos. Y por último no menos
interesante fueron las anécdotas que envuelven a
la mitología del Tajo Gomer, donde mucha gente ha
muerto en la bajada. Recuerda él que cuando los
chicos de una misma quinta cumplían “los 14” era
costumbre coronar la cima, para demostrar que ya
eran hombres, y recuerda en su 1ª y única ocasión
de subir a la cumbre, que el problema no es subir,
ya que la montaña por su cara sur, ofrece un
pasillo muy bueno en el que ayudándote con las
manos y con muy buenos pulmones y piernas, se sube
con relativa facilidad hasta la misma cumbre donde
se encuentran los restos de una antigua
construcción. El problema es el vértigo que
produce la bajada en algunos puntos donde al
mínimo error te lleva a una interminable caída por
un largísimo terraplén con tramos muy verticales.
Si bajas de culo malo porque el vértigo te termina
traicionando y si bajas trepando vas en tensión
constante porque te la juegas a cada paso.


En definitiva,
una auténtico coloso que a pesar de tener tan sólo
1.129 m. de altitud invita y te susurra al oído
seduciéndote para que lo subas. De hecho junto con
“El Lucero” se ha convertido en otra de mis
montañas favoritas.
Dejo la puerta
abierta para invitaros a realizar “La Ruta de Los
Tajos”, y caminar entre estos colosos, todavía
desconocidos para las grandes multitudes que
habitan en la costa y en las grandes capitales del
interior. Casi siempre de espaldas a la montaña.
Crónica y
fotos: Juan Ignacio Amador