Cómo llegar:
Para realizar
la ascensión a “LaCancha Almola” existen
varias alternativas, no obstante, las mas
clásicas son las de la cara norte, que parte
de un carril próximo al Rte. La Parrilla, en
la misma carretera San Pedro-Ronda, muy
cercana ya a esta última localidad. La otra
que fue la que yo cogí se realiza por la cara
sur, su perfil mas característico. Para ello,
una vez situados en lab venta del RINCÓN
TAURINO, junto a la cual nos encontramos con
la única gasolinera existente en todo el
trayecto de San Pedro y Ronda. Una vez aquí,
tomamos dirección Cartajima, nada mas
adentrarnos por esa carretera, dejaremos a
nuestra izquierda el desvío a Parauta y
continuamos todo seguido dirección Cartajima y
a menos de 4 km. del anterior cruce, vamos a
pasar sobre el puentecito del Arroyo Bolones,
cuyas aguas bajan del Almola, ya estamos muy
próximo al comienzo, el cerro Malhacer lo
tenemos primero de frente y después va
quedando a nuestro costado derecho, de tal
manera que una vez que estamos a sus pies,
dejamos el coche en el único ensanche de
cuneta (a la derecha) que existe en todo este
tramo de carretera y que reconoceremos muy
fácilmente, ya que desde aquí, estamos viendo
frente a nosotros unos 200 m. mas adelante en
dirección Cartajima, un gran cortijo que nos
llamará la atención y que tendremos siempre a
la vista, durante gran parte del recorrido. Y
en el lado derecho de la carretera, donde
hemos dejado el coche, parten dos carriles,
uno se dirige al sur como si fuera a Cartajima
o a su “torcalillo”, mientras que el nuestro
se dirige al noroeste, dirección Cancha Almola,
que es el que tomamos, avanzando en paralelo a
la carretera por la que hemos venido,
peroseparándose mas de la misma con respecto
nos acercamos a la gran mole rocosa.


A pesar de
haberse anunciado con antelación, al ser un
jueves 7 de diciembre, que caía entre dos
festivos nadie me pudo acompañar. Mucha gente
en mi lugar lo hubiera dejado para otra
ocasión y aunque siempre puede dar pereza o
miedo, hacer una subida en solitario por
terreno escarpado y con la entrada de una
borrasca, sentí la llamada de la montaña y
allí estaba yo, caminando a los pies del Cerro
Malhacer que ahora tenía a mi izquierda y de
frente la gran mole rocosa de la Cancha Almola,
a cuyos farallones rocosos me iba acercando a
cada paso, al llegar al pequeño valle, que se
forma entre el Almola y Malhacer, me llamó
poderosamente la atención la pureza del agua
que fluía por el Arroyo Bolones, bajando
paralelo a un precioso torcalillo, con
pequeños saltos de agua, que añaden mas
tonalidades musicales al entorno.


Hacía un frío
tremendo, el viento de poniente zumbaba con
fuerza, los matorrales arrastraban una música
melancólica, casi apocalíptica. Al acercarnos
a la gran pared aoocidental, que es la que
tenemos mas cerca, la dejamos a nuestra
izquierda de tal modo, que nos dirigimos al
único hueco existente en la parte mas bajita
de ese gran farallón rocoso, que reconoceremos
fácilmente por tener un pequeño cartel de
reserva de caza, junto a una alambrada que se
salta fácilmente, con el Cerro Malhacer,
todavía próximo a nosotros, siempre a nuestra
espalda, nada mas pasar este collado, con
pequeños tramos de trepada entre grandes
rocas, pasamos a una zona de pradera, a modo
de empinada plataforma, que nos hace muy
llevadera la subida. A mitad de esta pradera
empedrada, encontramos fácilmente una senda
que faldea la montaña hacia el este (a nuestra
derecha según el sentido de la marcha). Pero
la debemos ignorar, aunque sigamos subiendo
sin senda definida, porque hay que llegar
arriba del todo de esta pradera, cada vez mas
empedrada, unos 200 m. antes del final de la
misma, vamos a ver a nuestra izquierda, justo
en la parte baja de otra pared rocosa una
cueva ciega, que resultó no tener mas de 20 m.
de profundidad, aquel lugar me resultó
verdaderamente mágico, ideal para la
meditación, hasta el punto que llegué a
sentirme cerca de los que ya se han ido. Al
salir de la cueva con el espíritu y las
energías renovadas, retomé la subida, por la
pendiente de la pradera, cada vez mas empinada
y pedregosa, hasta que al final hay dos zonas
bien definidas con bastante matorral de
aulagas, en tal caso cogemos el aulagar de la
derecha y a partir de ahí ya superamos uno de
los numerosos cordales que tiene la Cancha
Almola y entramos en pleno “canchal”, aunque
con las rocas todavía no demasiado afiladas, y
con pequeños tramos de hierva intermitente,
que unidos a las huellas de las cabras que han
dejado marcadas en la roca con el barro de las
pezuñas, nos llevan directamente a la cumbre
sin esfuerzo.


Sin embargo,
al llegar a la cumbre, el fuerte viento que
arrastraba los terribles nubarrones oscuros,
convertía cada paso en un desafío, ya que
conforme nos vamos introduciendo en esa gran
plataforma que es la meseta, las afiladas
rocas de la cumbre van aumentando su tamaño.
Sin embargo, encontramos curiosos aliados en
unos pequeños praditos circulares a modo de
plazoletas o pequeños circos glaciares en
miniatura, rodeados de canchal por todas
partes, donde el verde intenso de la suave
hierba, contrasta con el blanco y gris de las
afiladas rocas calizas, por las que me fui
abriendo paso hasta llegar a la cumbre, una
cumbre huérfana de punto geodésico, que tan
sólo estaba señalada por unas cuantas piedras
amontonadas y las cáscaras de naranjas, que
justifican todas sus acciones diciendo aquello
de: ¡…como es biodegradable… no importa!.
Desde la cumbre se disfruta de una amplia
panorámica de 360º: al norte, Ronda y su gran
meseta, al este Sierra Hidalga y la Sierra de
las Nieves, al Oeste: la mesetade Jarastepar,
y el macizo de Grazalema por encima de la
Sierra de Líbar y al Sur gracias al cortado
mas próximo a la cumbre una magnífica
panorámica de los Reales de Sierra bermeja,
Sierra Crestellina, la Loma del Jardón y un
amplio sector del Valle del Genal. Tras
hacerme la foto de rigor mientras los pliegues
del pantalón hacían ruido con las fuertes
sacudidas del viento, inicié el camino de
retorno, en medio de aquel laberinto de
canchal, por donde todo parecía absolutamente
igual y distinto al mismo tiempo.


Con los
nubarrones cada vez mas negros, amenazando de
lluvia de un momento a otro y con un viento
terrorífico, me costó bastante encontrar el
camino para bajar por donde había subido y
fueron varios los rodeos que tuve que dar
hasta encontrar la senda buena, pero antes de
darme cuenta ya estaba otra vez a la orilla
del arroyo “Bolones”, aprovechando que el
viento se había echado un poquito e incluso
comenzaba a clarear un el cielo, decidí
comerme el bocata que llevaba, mientras me
recreaba en las alucinantes formas de algunas
rocas, a cual mas curiosa.
Pero todavía
quedaba la segunda parte de la etapa “El Cerro
Malhacer” que tenía frente a mí, con sus
laderas plagadas de lirios,
para subir
al Malhacer, hay que avanzar en paralelo al
Arroyo Bolones, rodeando el cerro de tal
manera que siempre lo llevamos a nuestra
izquierda, pronto atravesamos una verja, de
tal manera que la alambrada queda entre
nosotros y el arroyo que llevaremos siempre a
nuestra derecha, al mismo tiempo que vamos
rodeando el Malhacer, siempre a nuestra
izquierda, hasta que completamos un radio de
180º alrededor del cerro y llegamos al
"Cortijo del Cura" (ahora denominado Cortijo
Rosado), desde aquí se accede fácilmente a la
cumbre por senderillos de cabras que se abren
paso entre el mar de aulagas, previo al
pequeño pradito que nos encontramos al llegar
a esta preciosa cumbre, salpicada por algunas
rocas, siendo sin duda alguna, una atalaya
privilegiada para disfrutar de una de las
mejores panorámicas posibles del Alto Genal.
El tiempo estimado IDA y VUELTA desde donde se
deja el coche hasta la cumbre del Malhacer, es
de menos de una hora, mas el tiempo que nos
llevemos extasiados en la misma.


Todo junto:
Almola y Malhacer, se puede realizar
perfectamente en 4/5 horas, si bien, hay que
añadir una buena pausa para almorzar, mas las
paradas oportunas para descansar de vez en
cuando, fotografiar, etc…
¿Sabía que
existen dos teorías sobre por qué se le llama
“Cancha” a este tipo de montaña caliza?
La primera se
basa en la denominación con la que se conoce a
todas las montañas cuya cumbre está formada
por una gran meseta de forma rectangular, en
referencia a la forma rectangular con la que
denominamos “cancha” a un terreno de juego
destinado a la práctica de cualquier deporte
que se realice sobre una superficie
rectangular.
La segunda
teoría hace referencia a la denominación de la
palabra “Canchal” que utilizamos para nombrar
un terreno lleno de peñascos o de grandes
rocas descubiertas, generalmente muy afiladas
debido a un avanzado proceso de “karstificación”,
que es la carácter´stica principal de esta
montaña, principalmente en su cumbre y grandes
áreas de sus laderas.
Aunque esta
segunda teoría debemos descartarla, ya que
entonces la conoceríamos como “Canchal” Almola
y casi todas las montañas de la serranía y sus
alrededores tendrían que llevar esta misma
denominación. Con lo cual nos inclinamos mas
por la segunda teoría que se apoya mas en la
forma y no en la composición del terreno.
Crónica y
fotos: Juan Ignacio Amador