Turismo rural y cultural en el Valle del Genal - Serrania de Ronda

Salidas del "Comando Preston" - Temporada 2005-2006


 Descenso de las Angosturas del Guadalmina, Benahavis: el pueblo mancillado
Fecha: 5 de julio de 2006


En medio de una época de demencia de devastación del medio ambiente, a través de los incendios provocados, como requisito indispensable para que la locura de la construcción siga su ritmo imparable ante la ridículas sanciones de nuestro débil y patético código penal para regocijo de terroristas de todo tipo (incluidos los medio ambientales) y delincuentes en general. Casi da miedo dar a conocer parajes naturales que son una auténtica joya, no obstante, “Las Angosturas del Guadalmina” son ya hoy  muy conocidas y el acceso a su comienzo ubicado en “El Charco de Las Mozas” junto a la carretera, demasiado accesible, para que los cerdos y los indeseables de siempre no dejen de arrojar sus basuras o garabatear las rocas con grafities. Afortunadamente, en esta ocasión tan sólo nos encontramos los inevitables grafities en dicho lugar.

 Hay ocasiones en las que el destino te proporcionan compañeros de aventuras que tan sólo podrían coincidir en las imágenes oníricas de un extraño sueño, y allí estaba yo, como en un sueño, en pleno medio día, a la hora a la que suelen finalizar las rutas o comenzar el camino de regreso, empezábamos a caminar mi sobrino Alberto (con quien muy pocas veces suelo coincidir), su novia Sofía y grandes amigos como “El Serpa” Carmona, “El Huevo” y “Waldo”, todos habían venido expresamente desde Sevilla, a excepción de Waldo, que una vez mas se había desplazado el día antes desde Madrid para estar allí en ese momento, colocando una piedra más en ese monumento a la amistad que él construye a cada paso que da.

 Tras la tradicional sesión de saltos en el “Charco de Las Mozas” para tomar contacto con el agua, iniciamos el descenso, salvando un destrepe de mas de 5 m.que afortunadamente retiene a la mayoría de personas que visitan este paraje, puesto que difícilmente hay vuelta atrás y aún quedan pasos de mayor dificultad hasta el final a modo de “Jincana” gigante, concretamente de 1,5 km. que miden aprox. Las Angosturas.

 Si bien es cierto que de todo el año, los meses de verano, son los menos recomendables para hacer esta ruta, por el poco agua que lleva el río, debido a la gran cantidad de caudal que se le roba, para las distintas acequias de Benahavis y sobre todo para regar los campos de golf, que amenazan con deteriorar peligrosamente su cuenca. Aún así es tan generoso el caudal del río Guadalmina y de sus pequeños “tributarios” aguas arriba, que lleva agua todo el año. Y aunque en menor medida, no tardamos en disfrutar de las distintas pozas que nos fuimos encontrando a lo largo de la ruta, entre las encajonadas paredes rocosas, que en tan gran medida aportan auténtica magia al lugar. Una magia que se ve acentuada cuando comienzan los primeros tramos de nado entre angostas paredes de mármol.

 Sin duda alguna el lugar emblemático por antonomasia en esta ruta lo forman las mismas paredes de “Las Angosturas” en el lugar donde se llegan a juntar tanto que ya no podemos ver el cielo, es este el lugar conocido como “la cueva” que si bien no es exactamente una cueva, te transmite las mismas sensaciones, con su prolongada oscuridad a lo largoi de sus aprox. 50 m. nadando por frías y oscuras aguas entre numerosas estalactitas estalactitas desde las que no dejan de caer gotas, con el sonido correspondiente, haciendo eco entre las paredes junto a las que vamos nadando, donde de vez en cuando vemos extrañas plantas acuáticas que unidas al musgo propio de lugares humedos te hace sentir en un lugar verdaderamente mágico.

A la salida de “la cueva” no se tarda en llegar al la resbalosa poza de las ranas y mas adelante a “la presa” donde una empresa de “turismo de aventuras” tiene instalado un cable de acero para la práctica de “la tirolina”. Sin embargo, normalmente, casi siempre nos encontramos una cuerda fuertemente atada para facilitarnos el descenso por la presa, donde nuestra amiga “Sofía” vivió uno de los momentos de mayor vértigo y tensión de toda su vida.

 Una vez superado el paso de la presa, donde a mas de uno se le pusieron las orejillas de punta, retomamos el descenso, para adentrarnos en el tramo final, donde una vieja tubería, nos anuncia la proximidad al final, regalándonos uno de los mayores tramos de nado de toda la ruta, que atesora un mágico rincón en una zona umbría, desde la que cuelgan por una pared, unos helechos a través de los cuales cae a la misma superficie del río,  una pequeña cantidad de agua, a modo de regadera, que si nos colocamos debajo nos proporcionan un relajante masaje. De ahí al final sólo queda el último recodo de las angosturas, donde ya se abren definitivamente a un lugar que en su día era un pequeño embalse, aprovechando el ensanche del cauce y que se ha degradado totalmente, para dar paso a la imparable construcción de urbanizaciones y campos de golf que invaden la cuenca baja del Guadalmina, y que incluso han absorbido y destrozado la perfecta armonía que formaban las casas de Benahabis hasta finales de 2002, quedando totalmente engullida por la voracidad sin límites de los ayuntamientos de la zona, que no dudan en pactar con el diablo a cambio de obtener la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible.

 Cuando llegamos al final, siempre tenemos la opción de retomar la carretera que en todo momento transita paralela a las angosturas y que nos lleva de regreso a Benahavis en poco mas de 10 minutos, que fue la opción que escogieron Alberto y Sofía, pero si las fuerzas acompañan existe la opción de remontar un desnivel de unos 50 m. por una senda de cabras en la orilla contraria a la dela carretera (es decir: la izquierda en el sentido descendente del río), por donde transita una acequia casi centenaria, que en su día tuvo que ser una obra faraónica. Aunque no se tarda mas de 10 minutos en llegar a la misma, hay que echarle muchas ganas y voluntad para remontar unos tramos resbaladizos con fuerte pendiente y casi campo través dada la precariedad de la senda y si no, que se lo pregunten a “Waldo” y “Huevi” que no tardaron en perder la fe por conquistar la famosa acequia. Sin embargo, cuando por fín llegamos, todo el esfuerzo quedó recompensado, ya que una en la misma, es muy fácil de transitar y sin ningún tipo de peligro, tanto por dentro de su interior caminando por el agua, o por el ancho borde de la misma, paseo muy gratificante y refrescante, tanto por el constante chapoteo del agua, como por el auténtico vergel que existe a su alrededor, destacando gran números de especies de rivera, como los juncos, las adelfas, los helechos, las higueras silvestres, y también abundantes palmitos, intercalados con algún que otro alcornoque, pino o encina que nos proporcionan sombra la mayor parte del trayecto.

 Y con las caras de sorpresa y satisfacción por parte de quienes hacen por primera vez esta bonita y muy agradecida ruta, me despedí de mis amigos, con el convencimiento compartido, de que rara vez encontraremos un lugar donde en menos de un kilómetro y medio, podamos disfrutar de tan variadas sensaciones. La pregunta es: ¿Hasta cuando podremos seguir disfrutando de Las Angosturas del Guadalmina?

Crónica y fotos: Juan Ignacio Amador

  


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