Antes de la hora
prevista Sean y yo nos
encontrábamos con Jesús “El
hombre de las botas desgastadas”,
acompañado por “Los Duques de
Juanar” que estaban degustando las
magníficas tostadas que sirven en
la “Venta San Juan” (nuestro punto
de encuentro y final previsto de
ruta), mientras los camareros
discutían sobre quién ganaría la
liga en esa última jornada
decisiva. Minutos después llegaban
Juan Antonio “El Elfo de la
Malagueta” con su hija Ana y casi
al unísono Rafa Flores “El Maestro
Gandalf” acompañado por Rafita
“Pequeño Saltamontes”, escoltados
por “Don Fernando El Diácono” y su
hijo Javi. Una vez confirmado que
ya no quedaba nadie mas por
llegar, dejamos algunos coches
tácticamente aparcados y nos
fuimos con el resto a “Benalauría”,
donde ya nos esperaba puntualmente
el resto de la expedición en plena
plaza del ayuntamiento (667 m.),
aprovechando el encuentro para la
correspondiente foto de grupo, y
pistoletazo de salida para el
comienzo de ruta.


Bajo un cielo azul
radiante y dejando la plaza a
nuestra espalda, subíamos
ligeramente los 19 senderistas,
(entre pequeños y adultos),
tomando dirección sur por la calle
“La Ladera”, comenzando a bajar
después entre encaladas casas, con
sus macetitas de geranio y algunos
cartelitos de madera, que
rápidamente quedaron atrás para
seguir bajando definitivamente por
una pista, con amplias panorámicas
del Valle del Genal: al sureste
enmarcado por Sierra Bermeja y
Crestellina que desde aquí vemos
con su perspectiva mas afilada y
picuda, al este por La Sierra de
las Nieves, al suroeste Algatocín
con su sierra al fondo y al norte
por Cancha Almola, Los Riscos de
Cartajima y Jarastepar.
Obviamente, en compañía del
“Maestro Gandalf” ninguna cumbre,
ni pueblo quedó sin identificar.
Un auténtico regalo para la vista,
mientras nos íbamos sumergiendo en
ese océano de mil tonalidades
verdes que es el Valle del Genal
en primavera, salpicado aquí y
allá por las espectaculares flores
amarillas de los castaños que nos
rodean en este primer tramo del
camino. Volviendo la vista atrás,
ya casi a modo de despedida,
pudimos disfrutar de una última
panorámica de Benalauría, dejando
poco después a la derecha el
camino que asciende suavemente
para dirigirse a “Algatocín”,
mientras que nosotros continuamos,
siempre bajando, por el camino de
la izquierda.


Poco después
llegamos a otra bifurcación que
suele ser la típica que se presta
a confusión, ya que las dos pistas
están igual de bien marcadas y
ambas bajan al río. La de la
izquierda se dirige a una zona del
río conocida como “La Cortadura”,
donde se encuentra el “Molino de
la Tenería”, se trata del antiguo
camino Benalauría-Jubrique. Esta
es la opción mas recomendada para
los fanáticos de las “rutas
acuáticas”, ya que una vez en el
río nos quedan casi 10 km. río
abajo pasando por preciosas zonas
de meandros casi inexplorados,
hasta “La Venta San Juan”. Sin
embargo, volviendo a la mencionada
encrucijada, nosotros cogimos el
de la derecha, llegando nuevamente
a una especie de bifurcación, pero
aquí ya cogemos un sendero que
tenemos frente a nosotros y por el
que abandonamos momentáneamente la
pista, retomándola después para
abandonarla definitivamente, por
una senda que sale a la derecha
donde actualmente hay un pequeño
cartel verde que nos lo indica y
que de no haber sido por “Rafita”
ya nos pasábamos de largo inmersos
en la conversación.


A partir de aquí
todo es senda, tal y como íbamos
descendiendo, los castaños iban
dando paso a los alcornoques,
encinas, pinos, olivos, acebuches
y quejigos, que nos rodeaban por
todas partes hasta llegar en
pronunciado descenso al cauce del
río, justo a la altura del “Molino
de Almenta” (aprox. a Km. 4´9
desde Benalauría y a unos 330 m.
sobre el nivel del mar), donde el
“Mago Gandalf” volvió a
deleitarnos con varias
explicaciones etnográficas de la
zona,. Al llegar a este lugar, ya
con el rumor de las aguas a
nuestro alrededor y la exuberante
vegetación de ribera que nos
envolvía, Rafa nos condujo hasta a
un gran chaparro de mas de 30 m.
de altura, junto al cual se
encontraba el propietario del
molino labrando a la antigua
usanza al cual saludamos,
refrendando las explicaciones
previamente dadas por el
“Maestro”. Una vez allí si
vadeamos el río y en la orilla de
enfrente nos encontramos un
manantial de riquísima agua
fresca, desde sus proximidades,
parte una vereda que nos lleva
hasta Ubrique.


Para continuar con
nuestra ruta, regresamos sobre
nuestros pasos y volvimos a
situarnos en las inmediaciones del
“Molino de Almenta” desde donde
sale un carrilillo que nos lleva
hasta la misma “Venta San Juan”.
Pero, como se trataba de hacer la
ruta en su versión acuática,
comenzamos a cambiar los
“atuendos” terrestres por los
acuáticos y empezamos a bajar por
el mismo cauce del río, para
deleite de pequeños y mayores. A
pesar de esos primeros pasos
indecisos en los que te encuentras
con la extraña sensación de
comenzar a caminar por el agua, el
grupo de aventureros avanzaba en
formación compacta y los “pequeños
hobbits” entre los que se
encontraban: Javi, Adriana,
Andrés, Bea, Ana y Rafita, seguían
con gran decisión al “Maestro
Gandalf” corriente abajo, entre
elfos, duendes y hadas, envueltos
a su vez por un auténtico túnel de
vegetación digna de un bosque
encantado. Como verdaderos
privilegiados caminando a través
de un refrescante calidoscopio de
luces y sombras, colores y
sonidos, que iban cambiando con
cada meandro del río, con cada
pequeña cascada, con el canto de
los mirlos y cien especies
diferetes, con esas flechas color
azul llamadas “martín pescador”,
con las pequeñas libélulas que nos
acompañaban, con la brisa del
viento meciendo las ramas de los
chaparros y demás árboles que nos
iban flanqueando a modo de
centinelas en la orilla.


Caminar por el agua
sin poder ver el fondo que te
remueven los que van delante tuya,
ralentiza mucho la marcha y a
pesar de no ser el Genal un río
excesivamente resbaladizo (como
por ejemplo el río Vede de Istán),
los pasos escalonados por algunos
saltos de agua, no estuvieron
exento de dificultad para los mas
pequeños, haciendo nuestra querida
amiga Angus de “Hada Madrina” del
pequeño Javi, durante gran parte
del recorrido, alternándose con
“Don Fernando el Diácono” que
también estuvo atento al quite a
pesar de que a penas conseguía
mantener el equilibrio en los
tramos mas comprometidos. Hasta el
punto de que esta ruta se
convirtió en algunos tramos, en
una auténtica demostración de
hermandad y solidaridad, con
continuas muestras de cariño e
instinto de protección de Juan
Antonio “El Elfo de la Malagueta”
con su hija Ana y con quien fuera
a su lado, al igual que Lali “La
Corsaria de Levante” con su hija
Beatriz, que es prácticamente un
clon de ella misma, de Fernando
“El Duque de Juanar”,
convirtiéndose en el protector de
“Chuky” en los pasos dificilillos,
sin olvidarnos de Mª Rosa cuando
lo necesitaron sus hijos, aunque a
penas tuvo que preocuparse de
Adriana y Andrés que la mayor
parte del tiempo fueron cabeza de
carrera junto con Rafita “El
Pequeño Saltamontes”.

En una de las
paradas tácticas de reagrupamiento
aprovechamos para hacer la pausa
del almuerzo, sentados todos a la
orilla del río en lo que parecía
una pequeña playa fluvial.
Almorzando todos juntos con el
gran apetito que siempre dan las
rutas acuáticas, especialmente Chuky, que a pesar de “jincarse”
medio bocadillo de serranito y
otro medio de tortilla, casi se
zampa la mitad del queso que
llevaba Jesús. Desde el encuentro
en la Plaza del ayuntamiento de
Benalauría” y la parada en el
“Molino de Almenta” era la tercera
vez que nos reagrupábamos en todo
el recorrido, ya que Sean “El
Canadiense Errante” por muy lento
que quiera ir, no puede evitar
caminar mas rápido de lo que
cualquier mortal podría conseguir.
Mientras que en el extremo opuesto
se encontraba Peter “El Penitente”
que además de su famosa mochila de
40 kg. de cámaras y trípodes, se
iba deleitando con los cantos de
sirena en la cola del grupo
acompañado en todo momento por
Eglee “La Afrodita de Ébano” y
Noelia “La Sirenita del Guadalmina”
con quien Juani no coincidía desde
que juntos protagonizaran uno de
los episodios mas sonados en la
historia del Comando Preston (ver
crónica Descenso del Guadalmina
10-08-04, Temporada 2003-4). ¡En
fín!, un almuerzo de lo mas
curioso, con el grupo mas peculiar
que se pueda imaginar, pero
compartiendo la pasión común del
senderismo y la aventura y
sintiéndonos verdaderamente
privilegiados en un escenario
prácticamente único en la mitad
sur peninsular.


A pesar de lo
relajado que nos quedamos tras el
almuerzo, no podíamos caer en la
modorra, con el peligro de coger
frío, así que, reemprendimos la
marcha sin demora, no sin cierta
pereza por parte de algunos/as,
pero con la ilusión de saber que
lo mejor estaba por llegar, aunque
el cielo comenzaba a cubrirse de
nubes conforme la tarde iba
avanzando. Y siguiendo, siempre,
río abajo entre cañaverales,
adelfas y en definitiva la típica
vegetación de ribera, a veces con
el agua por los tobillos, otras
por las rodillas y otras tantas
por la cintura, presenciando
alguna que otra caída o resbalón
sin consecuencias llegamos al
camuflado “Molino Villarta” que
tal y como vamos bajando el río se
encuentra camuflado por la
vegetación a unos 20 m. de la
orilla derecha. Antiguo molino de
aceite y harina, fundado en el año
1735, vestigios de esplendor de
tiempos pasados, para terminar
cayendo en el olvido, como lo
serán tantos lugares que hoy nos
son conocidos. A penas finalizada
la obligada visita de interés
etnográfico, continuamos río abajo
encontrándonos con un rudimentario
muro de piedra de unos 2 m. de
altura que delimita la orilla del
río a lo largo de unos 30 m.,
creado en su día para medir el
nivel de las aguas. A renglón
seguido y continuando con la
prolongación de este tramo recto
donde se van sucediendo pequeños
rápidos y saltitos de agua que van
esquivando las rocas que aparecen
ante nosotros a modo de pequeñas
isletas, pasamos por debajo de un
gran pino, bastante inclinado
hacia el lecho del río sobre el
que algún día terminará cayendo,
ofreciéndonos, de momento, una de
las estampas mas curiosas de todo
el recorrido.

Tras un brusco giro
que describe un nuevo meandro a la
izquierda nos encontramos con otro
largo trecho recto conocido como
el “Charco Estrecho”, donde el
Genal pasa junto a una gran pared
a modo de acantilado, teniendo
aquí que realizar el único tramo
de nado obligatorio de todo el
recorrido. Dada la relativa
cercanía de “La Venta san Juan” ya
comenzamos a encontrarnos con
algunos grupitos de gente. En este
caso, el típico grupito de
“porreros” que nos miraban con
cara de flipados, incluyendo una
jovencita que estaba tumbada en
una barca inflable a la que
amablemente le pedimos que se
echara a un lado para hacer unas
fotos. En vista de la negativa, el
“Maestro Gandalf” procedió al
triple salto carpado invertido y
tras el efecto del salpicón se les
mojó hasta el porro que se estaban
fumando aún así, se lo tomaron a
risa entre ellos mismos hasta el
punto que cuando llegó Peter “El
Penitente” (con su equipo
fotográfico de 40 kg. a cuesta),
le dejaron la barca para que
pasara la mochila sin problemas y
poco a poco deleitándonos con la
grandiosidad de este bonito
paraje, abandonamos el cauce del
río momentáneamente por la orilla
derecha, ahorrándonos un amplio
meandro que traza el cauce en
forma de herradura, terminando en
una especie de playa fluvial donde
las aguas del Genal se presentaban
ante nosotros con distintas
tonalidades de verdes y turquesas.


Ahora sí, nos
empezamos a encontrar con
numerosos bañistas que ya no
dejamos de ver hasta llegar al
cercano puente de la carretera
Algatocín-Jubrique que atraviesa
el Genal. Puente bajo el cual, se
ha creado una gran piscina
natural, a modo de complemento de
las dos zonas de Camping, que
existen junto a la famosa “Venta
san Juan” (aprox. km. 10´5 desde
el comienzo de ruta en benalauría
y a unos 280 m. sobre el nivel del
mar). Al llegar a la venta nos
llevamos la gran sorpresa y que,
tuvieron el detallazo de
esperarnos para darnos la
bienvenida: los agentes Andres y
Reme de “C.S.I. Serranía de
Ronda”, junto con su hijo “Andrés”
galardonado con el título de
“Senderista Infantil Destacado de
la Temporada 2006-7”, acompañados
a su vez por Carlos Tapia “El
Aprendiz de Mago” también conocido
como “El Coleccionista de
Atardeceres”, Mª Paz “La Ratita
Presumida”….¡pedazo de modelito!,
y “Terremoto” Carlitos. Los
chiquillos a los suyos tomándose
el helaito de marras, y el resto
disfrutándo del tradicional
“Colacao” (altamente recomendable
tras cualquier ruta acuática) y
alguno que otro se metía entre
pecho y espalda un cubata o whisky
(¡por prescripción médica, eso
sí!), mientras éramos testigos de
cómo “Hamilton” volvía a finalizar
en primera posición por delante de
Alonso, en esta ocasión en
“Indianápolis”. Y así concluía
otra jornada inolvidable,
despidiéndonos con intercambio de
CDs y DVDs de gran interés
fotográfico, además de algunos
pequeños “atuendos de guerra”.

Nota: Si bien para
este tipo de rutas acuáticas con
pocos tramos de nado no es
imprescindible el traje de
neopreno y mucho menos en verano,
nunca está de mas, uno cortito y
finito, tipo surfero (conocido
como “platanito”), como el que
llevaban nuestros compañeros
Fernando y Ana, que además de
cómodos y ligeros, son muy de
agradecer cuando llevamos varias
horas en el agua, especialmente en
esos tramos de nado que siempre
acaban llegando o en esos
obligados “cuerpo a tierra” (al
agua) que hay que hacer cuando la
vegetación nos obliga a ello para
seguir avanzando. En cualquier
caso, lo que nunca está de mas en
la mochila de ningún senderista
para este tipo de rutas acuáticas,
es la bolsa o tubo estanco que nos
da la tranquilidad total para
guardar todo aquello que sea
susceptible de estropearse con el
agua. Y si queremos tener la
cámara mas a mano, también se
venden en las tiendas
especializadas desde rudimentarios
recipientes para guardar las
cámaras (como el que lleva Juani), hasta las fundas mas
sofisticadas (como la que lleva
“Geyperman Salvador”) y que
desgraciadamente terminó echando
de menos nuestra compañera Angus,
cuya cámara buceo durante un
segundo por las aguas del Genal.
Para mas
información consultar el libro
“Valle del Genal. Guía del
excursionista”, ruta 33, pág. 325
(Editorial La Serranía, 2007) …¡que ésta
cae en el examen seguro!
Crónica y fotos:
Juan Ignacio Amador con la
colaboración estelar de Rafa
Flores.