Esta ruta fue el primer “P.R.”
homologado en la “Costa da Morte” y por ello
tuvo el privilegio de poder quedarse con ese
nombre, aunque en realidad tan sólo abarque una
pequeña parte de esta legendaria costa. De hecho
no me extrañaría que en un futuro próximo se
diseñara un “G.R. Costa da Morte”. Bastaría
con facilitar la comunicación y el enlace de
los “P.R.” ya existentes en la zona y como
siempre la eterna polémica de los montes
privados y alambradas que cortan los caminos
públicos.

No obstante, este “P.R.”
recoge en gran medida la esencia de esta
mítica franja costera, que abarca desde la Ría
de Muros y Noia, hasta la Ría de A Coruña. Se
trata de las tierras mas occidentales de toda
la península ibérica y de Europa. La península
de Camariñas se enfrenta al Atlántico en una
tenaz lucha para proteger la tranquilidad de
su ría, donde el océano acaricia, ya manso,
las blancas arenas de su playas donde se
cobijan y alimentan abundantes especies
protegidas de aves, así como una deslumbrante
vegetación que desgraciadamente quedó casi
arrasada varios días antes de mi llegada,
víctima de la demencial oleada de incendios
que tuvieron lugar en las provincias de
Pontevedra y A Coruña, a lo largo de aquella
fatídica quincena de agosto 2006.
A pesar de todo y con el
desagradable olor a monte quemado en el
ambiente, magnífico día de sol, idéntico, al
que por primera vez me trajo a esta bonita
localidad de Camariñas, donde volvía a darme
la bienvenida la escultura de la “niña con el
encaje de bolillos”, ubicada frente al muelle.
Todo un símbolo en este pueblo, que desde la
Edad Media mantiene una gran relación con el
tráfico marítimo comercial, a través del cual
conocieron el arte del “encaje” que las
“palilleras” vienen perfeccionando desde
tiempos inmemoriales. Cabe destacar el enorme
contraste entre las tranquilas playas de arena
blanca de la ría de Camariñas hasta donde
llegan los bosques de pinos y eucaliptos,
formando una preciosa mezcla de azules,
turquesas y verdes. Con la agreste hermosura
de su costa abierta al Atlántico, donde se
intercalan pequeñas playas de arenas blancas y
casi vírgenes, con grandes acantilados, donde
el Atlántico rompe con todas sus fuerzas,
durante gran parte del año.

Una vez que llegamos a
Camariñas encontrar el comienzo de esta ruta
es muy fácil, sólo tenemos que seguir las
indicaciones “Castelo Soberano- Ruta Costa da
Morte” para lo cual sólo hay que rodear su
puerto en forma de herradura y mas tarde
dirigirnos a las ruinas, que están muy cerca.
Si bien, mi sugerencia es dejar el coche
aparcado junto a la escultura de “la niña
tejedora” y rodear el puerto a pie, que tan
sólo nos supondrá un paseo de poco mas de 10
minutos hasta llegar a las ruinas,
impregnándonos desde el comienzo de ese olor a
mar tan característico de los puertos con el
trasiego típico de pequeñas y medianas
embarcaciones entrando y saliendo, ante la
aparente indiferencia de los cormoranes
acicalando sus plumas, o las gaviotas
recolectando cualquier resto de pescado
desechado por alguna embarcación o capturando
pequeños crustáceos y pececillos con la marea
baja.


Una vez en las ruinas del
castillo de Soberano, mandado a construir por
orden de Carlos III en el Siglo XVIII, el
camino terrizo continúa por la costa bordeando
la denominada “playa del Lago Pequeno” donde
sus cristalinas aguas de aspecto casi tropical
invitan al baño. Ya desde esa misma playa
podemos ver una colina en dirección
norte-noroeste que la protege de las
acometidas del océano y cerca de su cumbre se
encuentra la ermita de la “Virxe do Monte”,
emparentada con la “Virxe da Barca de Muxía”
objeto de gran veneración por parte de todos
los marineros y habitantes de la zona.


A tiro de piedra de la ermita,
sin abandonar la franja costera y en dirección
norte-noroeste, se llega al campo de fútbol y
desde allí tendremos vista de una pequeña
franja de costa, donde muchos habitantes de
Camariñas se dedican a recolectar erizos de
mar: antaño utilizados para abonar las tierras
de cultivo y hoy muy apreciados para el
consumo. Cruzando la estrecha carretera que
llega hasta el Cabo Vilán, tomaremos un carril
por el que entraremos en el impresionante
parque eólico, a cuyos pies caminaremos sin
poder evitar levantar la vista hacia las
gigantescas hélices que tendremos sobre
nuestras cabezas, con un poderoso zumbido casi
hipnótico. Estructuras vigilantes sobre el
Cabo Vilán que ya comenzamos a ver en la
distancia, al igual que el agreste “islote del
Vilán de Fora” donde habita una gran colonia
de “gaviotas tridáctilas” y “cormoranes
moñudos”. Desde el parque eólico al Cabo Vilán,
tan sólo nos separa una corta caminata de poco
mas de 1,5 km. por una zona elevada que ya da
vistas a las dos vertientes del cabo, tal y
como vamos llegando a este el viento se hace
mas fuerte y uno llega a preguntarse como
pudieron construir en la antigüedad un faro de
esas dimensiones en un lugar donde el viento
sopla tan fuerte, incluso, cuando
aparentemente el mar está en calma. Conviene
extremar la precaución cuando llegamos al
faro, especialmente por el borde de los
acantilados por los que queremos caminar si
queremos llegar a una curiosa construcción que
tal vez pudo ser el faro original y donde un
repentino golpe de viento podría provocar un
accidente fatal si no nos andamos con cuidado.

Volviendo sobre nuestros pasos
unos 300 m. por la carreterita del Cabo Vilán,
llegaremos al comienzo de un carril, junto al
que pasamos poco antes de llegar al cabo, con
las correspondientes indicaciones amarillas y
blancas de “P.R.” que nos señalan la dirección
que debemos tomar para llegar al “Foixo de
Lobo (1,5 km) y a las impresionantes playas
paradisíacas de arenas blancas de Pedrosa y
Reira, donde podremos sentir la fuerza del
océano Atlántico, al tiempo que disfrutar de
la que, posiblemente, sea la perspectiva mas
bonita del Cabo Vilán y del Islote de Vilán de
Fora. Precisamente haciendo una foto con el
trípode y el disparador automático en aquel
mismo lugar, mi vieja cámara digital “NGS”,
(sufridora y fiel compañera de aventuras en
cumbres, ríos y cuevas, iba por tercera vez al
suelo en aquella mañana de viento). Cuando
comprobé que yá la había perdido para siempre,
después de tantos golpes y mil batallas sin
rechistar, ya se me amargó el día. No por el
hecho material, sino porque para mí era como
una compañera. Con la impotencia y la rabia de
la pérdida, miré el largo trecho de costa que
me faltaba por recorrer hasta el “Cementerio
de los ingleses”, al menos 4 km, mas el
retorno por el mismo camino y lo que faltaba
hasta Camariñas, decidiendo en aquel preciso
instante, comenzar el camino de regreso que
nos marca el “PR G-38”, adentrándonos un poco
en el interior, pasando junto al pequeño
montecito de “Pena Mayor” (138 m) con el
deprimente paisaje de los montes quemados,
donde los únicos que han permanecido en pie
han sido los grandes “aerogeneradores” como
testigos mudos de la catástrofe.

La Costa da Morte es una de las
zonas geográficas mas interesantes y repletas
de leyenda y mitología de toda la península.
Durante siglos los griegos y especialmente los
romanos, consideraban que mas allá de esta
costa, ya se hallaba el hades: la oscuridad y
las tinieblas…lo que ellos consideraban el
mundo de los muertos. Parece ser que fueron
los griegos los que bautizaron a este tramo de
costa con ese nombre para definir la región
donde el sol desaparecía a diario bajo el mar
arrastrado por el carro de Apolo para
sumergirse en el mundo de los muertos y volver
a salir a la mañana siguiente. Los romanos,
también bastante supersticiosos, evitaban
navegar por estas costas por temor a que sus
barcos se fueran a caer por el borde del fin
del mundo. Y desde ahí viene alimentándose el
mito de esta región desde hace ya mas de 2.000
años.

Su leyenda, además se ha visto
incrementada a lo largo de los siglos por ser
uno de los tramos de costa mas peligrosos para
navegar de toda Europa, por esta costa suelen
entrar el 90% de las borrascas a la península
y por lo general, sobre ella descargan gran
parte de su fuerza provocando tempestades con
relativa frecuencia, especialmente en Otoño e
Invierno. Las estadísticas así lo confirman.
Mas de 140 naufragios en el siglo XX y mas aún
en el XIX, fe de ello da el “Cementerio de los
ingleses” que honra la memoria de 172
personas, la mayoría británicos, que murieron
ahogados debido al hundimiento del buque
escuela “Serpent” en 1890, al que también hay
que sumar recientemente el terrible
hundimiento del petrolero “Prestige”,
convirtiéndose en una de las mayores
catástrofes ecológicas de la historia de
España, aunque afortunadamente, al menos, ya
no quedan señales aparentes de esta
catástrofe.

A pesar de tanto drama, el
visitante quedará atrapado de inmediato por la
salvaje y a la vez enigmática belleza de la
costa
norte de Camariñas.
Acantilados esculpidos por el viento y el mar
y que ofrecen misteriosas formas pétreas como
la
'Furna dos Infernos'
o la
'Pedra do Oso'
y playas de especial belleza como las de
Reira, Santa Mariña, Arou,
Camelle o Trece.
Entre
Cabo Vilán
y
Punta Lobería (próxima a
“Camelle”) el paisaje
desborda la mirada más apasionada. Declarado
como
Sitio Natural de Interés
Nacional antes de los
incendios ofrecía una enorme riqueza biológica
con especies de flora y fauna protegidas, como
la “Camariña”, los “Araos de Cons”, la
gaviota tridáctila y el cormorán moñudo, aves
en peligro de extinción.
Crónica y casi todas las fotos:
Juan Ignacio Amador