Salidas del "Comando Preston" - Temporada 2005-2006


PR. G-38 Costa da Morte (Camariñas-Cabo Vilán-Cementerio de los ingleses)
Fecha: Lunes 21 de agosto de 2006


Esta ruta fue el primer “P.R.” homologado en la “Costa da Morte” y por ello tuvo el privilegio de poder quedarse con ese nombre, aunque en realidad tan sólo abarque una pequeña parte de esta legendaria costa. De hecho no me extrañaría que en un futuro próximo se diseñara un  “G.R. Costa da Morte”. Bastaría con  facilitar la comunicación y el enlace de los “P.R.” ya existentes en la zona y como siempre la eterna polémica de los montes privados y alambradas que cortan los caminos públicos.

 No obstante, este “P.R.” recoge en gran medida la esencia de esta mítica franja costera, que abarca desde la Ría de Muros y Noia,  hasta la Ría de A Coruña. Se trata de las tierras mas occidentales de toda la península ibérica y de Europa. La península de Camariñas se enfrenta al Atlántico en una tenaz lucha para proteger la tranquilidad de su ría, donde el océano acaricia, ya manso, las blancas arenas de su playas donde se cobijan y alimentan abundantes especies protegidas de aves, así como una deslumbrante vegetación que desgraciadamente quedó casi arrasada varios días antes de mi llegada, víctima de la demencial oleada de incendios que tuvieron lugar en las provincias de Pontevedra y A Coruña, a lo largo de aquella fatídica quincena de agosto 2006.

A pesar de todo y con el desagradable olor a monte quemado en el ambiente, magnífico día de sol, idéntico, al que por primera vez me trajo a esta bonita localidad de Camariñas, donde volvía a darme la bienvenida la escultura de la “niña con el encaje de bolillos”, ubicada frente al muelle. Todo un símbolo en este pueblo, que desde la Edad Media mantiene una gran relación con el tráfico marítimo comercial, a través del cual conocieron el arte del “encaje” que las “palilleras” vienen perfeccionando desde tiempos inmemoriales. Cabe destacar el enorme contraste entre las tranquilas playas de arena blanca de la ría de Camariñas hasta donde llegan los bosques de pinos y eucaliptos, formando una preciosa mezcla de azules, turquesas y verdes. Con la agreste hermosura de su costa abierta al Atlántico, donde se intercalan pequeñas playas de arenas blancas y casi vírgenes, con grandes acantilados, donde el Atlántico rompe con todas sus fuerzas, durante gran parte del año.

 Una vez que llegamos a Camariñas encontrar el comienzo de esta ruta es muy fácil, sólo tenemos que seguir las indicaciones “Castelo Soberano- Ruta Costa da Morte” para lo cual sólo hay que rodear su puerto en forma de herradura y mas tarde dirigirnos a las ruinas, que están muy cerca. Si bien, mi sugerencia es dejar el coche aparcado junto a la escultura de “la niña tejedora” y rodear el puerto a pie, que tan sólo nos supondrá un paseo de poco mas de 10 minutos hasta llegar a las ruinas, impregnándonos desde el comienzo de ese olor a mar tan característico de los puertos con el trasiego típico de pequeñas y medianas embarcaciones entrando y saliendo, ante la aparente indiferencia de los cormoranes acicalando sus plumas, o las gaviotas recolectando cualquier resto de pescado desechado por alguna embarcación o capturando pequeños crustáceos y pececillos con la marea baja.

Una vez en las ruinas del castillo de Soberano, mandado a construir por orden de Carlos III en el Siglo XVIII,  el camino terrizo continúa por la costa bordeando la denominada “playa del Lago Pequeno” donde sus cristalinas aguas de aspecto casi tropical invitan al baño. Ya desde esa misma playa podemos ver una colina en dirección norte-noroeste que la protege de las acometidas del océano y cerca de su cumbre se encuentra la ermita de la “Virxe do Monte”, emparentada con la “Virxe da Barca de Muxía” objeto de gran veneración por parte de todos los marineros y habitantes de la zona.

 

A tiro de piedra de la ermita, sin abandonar la franja costera y en dirección norte-noroeste, se llega al campo de fútbol y desde allí tendremos vista de una pequeña franja de costa, donde muchos habitantes de Camariñas se dedican a recolectar erizos de mar: antaño utilizados para abonar las tierras de cultivo y hoy muy apreciados para el consumo. Cruzando la estrecha carretera que llega hasta el Cabo Vilán, tomaremos un carril por el que entraremos en el impresionante parque eólico, a cuyos pies caminaremos sin poder evitar levantar la vista hacia las gigantescas hélices que tendremos sobre nuestras cabezas, con un poderoso zumbido casi hipnótico. Estructuras vigilantes sobre el Cabo Vilán que ya comenzamos a ver en la distancia, al igual que el agreste “islote del Vilán de Fora” donde habita una gran colonia de “gaviotas tridáctilas” y “cormoranes moñudos”. Desde el parque eólico al Cabo Vilán, tan sólo nos separa una corta caminata de poco mas de 1,5 km.  por una zona elevada que ya da vistas a las dos vertientes del cabo, tal y como vamos llegando a este el viento se hace mas fuerte y uno llega a preguntarse como pudieron construir en la antigüedad un faro de esas dimensiones en un lugar donde el viento sopla tan fuerte, incluso, cuando aparentemente el mar está en calma. Conviene extremar la precaución cuando llegamos al faro, especialmente por el borde de los acantilados por los que queremos caminar si queremos llegar a una curiosa construcción que tal vez pudo ser el faro original y donde un repentino golpe de viento podría provocar un accidente fatal si no nos andamos con cuidado.

Volviendo sobre nuestros pasos unos 300 m. por la carreterita del Cabo Vilán, llegaremos al comienzo de un carril, junto al que pasamos poco antes de llegar al cabo, con las correspondientes indicaciones amarillas y blancas de “P.R.” que nos señalan la dirección que debemos tomar para llegar al “Foixo de Lobo (1,5 km) y a las impresionantes playas paradisíacas de arenas blancas de Pedrosa y Reira, donde podremos sentir la fuerza del océano Atlántico, al tiempo que disfrutar de la que, posiblemente, sea la perspectiva mas bonita del Cabo Vilán y del Islote de Vilán de Fora. Precisamente haciendo una foto con el trípode y el disparador automático en aquel mismo lugar, mi vieja cámara digital “NGS”, (sufridora y fiel compañera de aventuras en cumbres, ríos y cuevas, iba por tercera vez al suelo en aquella mañana de viento). Cuando comprobé que yá la había perdido para siempre, después de tantos golpes y mil batallas sin rechistar, ya se me amargó el día. No por el hecho material, sino porque para mí era como una compañera. Con la impotencia y la rabia de la pérdida, miré el largo trecho de costa que me faltaba por recorrer hasta el “Cementerio de los ingleses”, al menos 4 km, mas el retorno por el mismo camino y lo que faltaba hasta Camariñas, decidiendo en aquel preciso instante, comenzar el camino de regreso que nos marca el “PR G-38”, adentrándonos un poco en el interior, pasando junto al pequeño montecito de “Pena Mayor” (138 m) con el deprimente paisaje de los montes quemados, donde los únicos que han permanecido en pie han sido los grandes “aerogeneradores” como testigos mudos de la catástrofe.

La Costa da Morte es una de las zonas geográficas mas interesantes y repletas de leyenda y mitología de toda la península. Durante siglos los griegos y especialmente los romanos, consideraban  que mas allá de esta costa, ya se hallaba el hades: la oscuridad y las tinieblas…lo que ellos consideraban el mundo de los muertos. Parece ser que fueron los griegos los que bautizaron a este tramo de costa con ese nombre para definir la región donde el sol desaparecía a diario bajo el mar arrastrado por el carro de Apolo para sumergirse en el mundo de los muertos y volver a salir a la mañana siguiente. Los romanos, también bastante supersticiosos, evitaban navegar por estas costas por temor a que sus barcos se fueran a caer por el borde del fin del mundo. Y desde ahí viene alimentándose el mito de esta región desde hace ya mas de 2.000 años.

 

 

Su leyenda, además se ha visto incrementada a lo largo de los siglos por ser uno de los tramos de costa mas peligrosos para navegar de toda Europa, por esta costa suelen entrar el 90% de las borrascas a la península y por lo general, sobre ella descargan gran parte de su fuerza provocando tempestades con relativa frecuencia, especialmente en Otoño e Invierno. Las estadísticas así lo confirman. Mas de 140 naufragios en el siglo XX y mas aún en el XIX, fe de ello da el “Cementerio de los ingleses” que honra la memoria de 172 personas, la mayoría británicos, que murieron ahogados debido al hundimiento del buque escuela “Serpent” en 1890, al que también hay que sumar recientemente el terrible hundimiento del petrolero “Prestige”, convirtiéndose en una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia de España, aunque afortunadamente, al menos, ya no quedan señales aparentes de esta catástrofe.

 A pesar de tanto drama, el visitante quedará atrapado de inmediato por la salvaje y a la vez enigmática belleza de la costa norte de Camariñas. Acantilados esculpidos por el viento y el mar y que ofrecen misteriosas formas pétreas como la 'Furna dos Infernos' o la 'Pedra do Oso' y playas de especial belleza como las de Reira, Santa Mariña, Arou, Camelle o Trece. Entre Cabo Vilán y Punta Lobería (próxima a “Camelle”) el paisaje desborda la mirada más apasionada. Declarado como Sitio Natural de Interés Nacional antes de los incendios ofrecía una enorme riqueza biológica con especies de flora y fauna protegidas, como la “Camariña”,  los “Araos de Cons”, la gaviota tridáctila y el cormorán moñudo, aves en peligro de extinción.

Crónica y casi todas las fotos: Juan Ignacio Amador

 


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