Largo tiempo llevaba demorada la
realización de esta ruta prácticamente inédita.
Seguramente eclipsada por la proximidad de “La
Concha”, “La Cruz de Juanar” y otras rutas mas
asequibles que parten del Refugio de Juanar,
además de por la poca información que existía de
la misma hasta la fecha. Sin embargo, todo
llega. A la hora prevista fuimos llegando al
punto de encuentro en la explanada del
aparcamiento frente al nuevo ayuntamiento de
Ojén, donde nos dimos cita los 15 compañeros que
aquel día nos disponíamos a hacer historia
llevando a cabo esta inexplorada travesía. Y
allí dejamos algunos coches para irnos con el
resto por la carretera que se dirige a Coín-Monda,
dejando a nuestra izquierda la entrada hacia el
Refugio de Juanar, el pinar de Los Llanos de
Puzla y al final de la recta (siempre dirección
Monda), tras una curva, abandonamos la carretera
por una pista asfaltada que sale a la derecha,
donde ya nos encontramos una balizas
correspondientes al GR.- 243 Sierra de Las
Nieves y otras rutas para bicicletas
aprovechando el trazado de las pistas forestales
que unen los pueblos de esta zona sur del
parque.


Una vez sacadas las mochilas y
bastones de los coches, puestos los
cuentakilómetros a cero y conectados los GPS,
iniciamos la caminata, por la pista asfaltada
que sigue por la izquierda (la de la derecha
se dirige a una cantera próxima), hasta llegar
al mítico “puente de hierro” por encima del
cual pasa la carretera Coín-Marbella salvando
el cauce del Arroyo Seco, que por desgracia,
hace honor a su nombre. Sin embargo, si nos
olvidamos del sonido de los coches que de vez
en cuando pasan por arriba, el paraje tiene
mucho encanto. De hecho fue el lugar escogido
para hacernos las fotos de inicio de ruta,
donde José Antonio “Black Mountain” desenfundó
su cámara por primera vez. Continuando en
paralelo al cauce del Arroyo Seco, hasta
llegar a otro cruce de caminos unos 500 m.
después del puente, con varios ramales, siendo
nuestra opción, la única que no estaba
señalizada y que es la que sale a la
izquierda. Empezando aquí la ascensión por una
vieja pista forestal que va ganando altura
rápidamente, de manera que a nuestra izquierda
va quedando el cauce del Arroyo Cañada Canucha
que nos separa de algunas huertas donde los
almendros en flor aportaban el único tono de
luz y color a una mañana que se presentaba muy
oscura, con negros nubarrones y fuertes rachas
de viento que invitaban a seguir abrigados.
Sin prisa pero sin pausa fuimos ganando altura
entre redondeadas lomas pobladas de matorral
mediterráneo, hasta llegar a “La Fuente de la
Palma” (620 m.) donde hicimos la primera
parada de reagrupamiento y de camino
aprovechábamos para beber con generosidad de
sus frescas aguas, sin gastar todavía ni una
gota del líquido elemento que cada uno llevaba
en sus mochilas. Continuando siempre por el
carril que asciende suavemente en prolongados
zig-zags “Los Duques de Juanar”, grandes
conocedores de estas tierras, que son sus
dominios, detectaron el comienzo de una senda
a la derecha, pero al quedarse invadido por la
vegetación a los pocos metros del comienzo,
decidimos continuar por la pista llegando
hasta el final de la misma. Donde hicimos la
segunda parada de reagrupamiento, mientras
colocábamos dos hitos de piedra a modo de
entrada para la ruta que estábamos a punto de
iniciar y echábamos mano del avituallamiento,
aprovechando una tregua del frío viento que
soplaba en la sierra, aquella desapacible
mañana de febrero 2008.


Una vez reiniciada la marcha
estrenamos la entrada con los hitos de piedra
recién colocados, pasando en unos instantes de
la seguridad del carril por el que habíamos
ascendido, a caminar casi manteniendo el
equilibrio al filo de unos espectaculares
cortados que teníamos a nuestra izquierda,
donde demostraron su sangre fría: Mariana
Raverta, La Chica que miraba a las Estrellas y
Rubén “El Bucanero de Puerto Marina”.
Dominando Los Llanos de Puzla a nuestros pies,
las canteras de la zona con la Sierra Alpujata
al Este y a nuestra espalda dirección norte
Monda con su castillo asomando por encima de
lo que ya llevábamos recorrido y al fondo
Sierra Prieta y Cabrilla con Casarabonela y
Alozaina a sus piés, e incluso Pizarra, Alora,
Coín y Alhaurín el Grande. A vista de pájaro
continuamos caminando no sin precaución,
soportando de vez en cuando algún inesperado
golpe de viento y salvando alguna las bocas de
lo que parecían simas que desembocaban en el
mismo desfiladero a modo de pozos infernales.
Cuyas entradas fueron exploradas por nuestra
experta en alpinismo, “Mari Luz Pies de Gato”
que en esos terrenos verticales se desenvuelve
como pez en el agua. Siempre teníamos la
opción de caminar un poco mas apartados del
filo a costa de abrirnos paso entre la
vegetación por lo que parecía el inicio de una
abandonada senda que iba apareciendo y
desapareciendo cada pocos metros, hasta que
por fin enlazamos con lo que sin duda debía
ser la senda cuyo inicio habíamos dejado a la
derecha poco después de pasar junto a “La
Fuente de La Palma”. El caso es que a partir
de aquí, fuimos ganando altura rápidamente por
esta senda muy bien marcada, que ante todo
pronóstico ya no nos abandonaría hasta el
final del recorrido, reagrupándonos minutos
después en un collado muy próximo a lo que en
los mapas topográficos viene señalado como “El
Alto de La Canucha” (1.066 m.).




A partir de este collado la
ruta discurre por la vertiente que da al río
Verde con la zona de Albornoque y el carril
que se adentra en la Sierra de Las Nieves a
nuestros pies, al noroeste los colosos que de
La Sierra de Las Nieves coronada por El
Torrecilla, toda ella envuelta en las nubes
que allí iban encayando, y hacia el suroeste
la prolongación de Sierra Canucha, por donde
la senda nos llevaba muy cerca de la cresta
hasta tal punto que rápidamente nos animamos
en retomar la cresta y mientras se pudo fuimos
caminando por la misma un trecho, hasta que la
espesa vegetación de matorral y mas adelante
lo abrupto de su afilado perfil conocido como
de “Los Cuchillos” nos obligó a retomar la
senda, que vuelve a perder altura, conforme el
perfil de la crestería gana en verticalidad.
Mientras tanto “El Hombre que sabía demasiado”
volvía a deleitarnos con sus reflexiones
filosóficas, así como Severo, “El Artesano del
GPS” con sus didácticas explicaciones. Sin
dejar de elogiar la belleza del paisaje entre
los compañeros mas próximos, quedando
totalmente confirmada cuando llegamos a un
primer bosquete de pinsapos, que dada la
cantidad de retoños existentes nos hace
albergar esperanzas de que esté en proceso de
expansión, hasta tal punto de que una vez
superada la sucesión de toboganes que
caracteriza el perfil de esta preciosa y casi
desconocida senda unos cien metros antes de
llegar a la encina solitaria cercana al “Pico
Castillejo”, los pequeños pinsapos nos
obligaron a abandonar la senda en varias
ocasiones, porque está tan poco transitada que
la han invadido completamente.


Poco a poco nos fuimos
reagrupando junto a la encina solitaria y tal
como fueron llegando los compañeros empezamos
a realizar el primer tramo de trepada donde
Guille y Celia dieron una magistral lección de
alpinismo, mientras el resto terminábamos de
toma apuntes en el pradito previo a la cumbre
que ya tenían localizados “Los Duques de
Juanar”. Disfrutando de una magnífico almuerzo
montañero, con preciosas vistas sobre “La
Fulaneja”, “El Lastonar”, “La Cruz de Juanar”
y otras cumbres que divisábamos en dirección
sur hacia donde mirábamos, mientras el cielo
seguía cubierto por negros nubarrones,
exceptuando unos minutos que resultaron
mágicos, donde los únicos rayos de sol en
muchos kilómetros a la redonda se posaban
sobre nosotros, justo en el instante en que
Carlitos nos deleitaba con tres poesías de
Juan Ramón Jiménez dedicadas a Federico García
Lorca. Y tras el recital de poesía y las
magníficas viandas montañeras, dejamos allí
mismo las mochilas, para superar los pocos
metros que nos faltaban para llegar a la
cumbre del “Pico Castillejo” que con sus 1.238
m. es el techo de Sierra Canucha y nos brinda
las mejores perspectiva de la crestería de los
cuchillos una de las mas bellas y desconocidas
por las que hemos transitado en mucho tiempo.




Una vez hecha la foto de
rigor, descendimos sobre nuestros pasos hasta
la encina solitaria y desde allí, en dirección
sureste recorrimos los aprox. 700 m. de
estrecha senda entre espeso matorral, hasta
enlazar con la famosa senda de José Lima,
técnicamente conocida como (P.R. A-278 Juanar-El
Pozuelo) justo en el “Puerto del Pozuelo”,
donde continuamos la dirección
predominantemente suroeste que describe esta
ruta en la mayor parte de su itinerario,
pasando por un nuevo bosquete de pinsapos
conocido como el “Rodar de Pinsapos” tras el
cual se despejo la tarde, quedando al noroeste
unas preciosas vistas del Torrecilla, Abanto,
Alcojona y mucho mas próximos a nosotros, al
oeste, La Fulaneja y el Cerro de la Zaina. Y
bajo un cielo azul llegamos a la encrucijada
de caminos donde tienes la opción de tomar la
dirección este para descender hasta el
“Refugio de Juanar” o continuar dirección sur
hacia el “Valle de Los Dinosaurios” como era
nuestra intención. Pero faltando ya menos de
dos horas para la puesta de sol y con
“Carlitos” nerviosísimo, (en plan “Rainman”)
ante la idea de perderse el partido de “La
sexta”. Nos decantamos finalmente pr descender
directamente hasta el “Refugio de Juanar” que
aún no conocían algunosde los compañeros que
venían.




Una vez allí, llegamos en un
santiamén a la encrucijada del camino de
Juanar, con el PR. A-167 Ojén-Istán, donde
realizamos la parada de la merienda, para
descender de forma compacta hasta Ojén, por
este precioso itinerario que pasa junto al
picudo Cerro Nicolás y que discurre por una
arenosa senda paralela al Arroyo de Almadán
cuyo cauce está rodeado de típica vegetación
mediterranea. Poco antes de llegar al túnel de
150 m. Darío El Magnífico me explicaba cómo
los chavales de Ojén organizaban los
simulacros de combates con rifles de asalto y
bolitas diabólicas, justo en el mismo por
lugar por el que íbamos pasando. Una vez en el
mítico “Cortijo del Cerezal” nos hicimos las
últimas fotos del día y minutos después
llegábamos a Ojén con su iluminación nocturna
recién conectada y la melodiosa voz de “La
Hechicera du Sao Paulo” cantando “La Chica de
Ipanema”.


El rescate de los coches en el
punto de inicio, nos impidió demorarnos en
nuestra tradicional cervecita de final de
ruta, no obstante, volvió a cumplirse la
tradición, con la sensación compartida de
haber vivido otra de esas jornadas
inolvidables, con el aliciente añadido de
haber sido pioneros, seguramente de esta
versión extendida de la Crestería de Sierra
Canucha, prácticamente desde las afueras de
Monda hasta el corazón de Ojén.
Crónica: Juan Ig. Amador
Fotos: Patri, Severo y Juani