El aroma del café, se
mezclaba con el de las tostadas y
los churros con los que nos
agasajaron frente a la ermita de
“Villanueva del Rosario” los vecinos
que se unieron al comité de
bienvenida que con gran generosidad
había preparado nuestro amigo Juan,
“El Profeta de Camarolos” que bolsa
de churros en mano, fue dándonos la
bienvenida a todos los “pasoslargos”
que tuvimos el privilegio de poder
participar en aquella jornada
montañera que prometía grandes
sensaciones. Y es que lo mejor
estaba por llegar.
Al igual que habíamos
hecho tres meses antes, echamos a
andar desde la misma ermita por la
pista que discurre paralela a la
sierra. En esta ocasión, al llegar
al “Llano del Hondonero”, no nos
desviamos a la derecha para tomar el
camino se dirige hacia “La Cruz de
Camarolos”, sino que continuamos por
la pista, siempre dirección este,
dejando inmediatamente después,
también a la derecha, otro llano,
conocido como “Las Pilas del
Señorito”, donde minutos antes
acababan de llegar en coche los
miembros del comité de bienvenida,
que se disponían a preparar un
suculento almuerzo con los avíos,
que habían trasladado a lomos de la
burra “Catalina”, que ya acampaba a
sus anchas por el prado, haciendo
las delicias de los mas pequeños.
¡Ahí, mi querida “Catalina”!,
¡ilustre representante de esta
entrañable especie que ha sido
injustamente marginada, y que no
hace tantos años era la típica
postal de la España rural!.
Trasladada hoy, a los escaños del
Parlamento y a los carteles de
campaña electoral.
Con el “Pico del
Águila” a nuestra derecha y dejando
atrás la inconfundible silueta del
“Tajo del Hondonero”, llegamos a la
altura de unas curiosas
construcciones en piedra que
quedaban a la izquierda del camino,
donde también se contemplaba una
casa de madera y una piscina, a modo
de alojamiento rural a escasos
metros de la pista por la que
caminábamos. Hasta que por fin,
llegamos a
un collado donde nos
esperaba el que a la postre se
convertiría en el héroe de la
jornada. 78 Primaveras lo contemplan
y todavía le sobra la sabiduría que
como antiguo maestro de escuela,
transmitió a varias generaciones en
Villanueva del Rosario. Allí nos
estaba esperando, “El Guardian del
Chamizo Alto” con su gorra de
plato, su chaleco verde pino,
camisa de cuadros y pantalones
marrón terruño y botas curtidas en
mil batallas. ¡Mi nombre es
“Higinio”!, os encontráis a los pies
del “Chamizo”, eso de ahí es el
“Derrumbaero ó Rodadero” dónde en su
día se produjo un desprendimiento
del que fui testigo, como muestra
inequívoca de los grandes
movimientos sísmicos que se dan en
esta zona y justo al lado, esa otra
montaña de silueta piramidal es el
“Tajo de la Culebra” que queda unida
a “Sierra Gorda” por el “puerto del
Quejigo”. Antes de iniciar la
ascensión al Chamizo, podéis seguir
al “Profeta de Camarolos” para
bajar con él a “La Fuente del
Toril”, uno de los lugares sagrados
de nuestra querida sierra, que ni
siquiera en los peores años de
sequía ha dejado de darnos de beber
agua fresca y abundante todo el año.
Al regresar de “La
Fuente del Toril” nos pusimos en
marcha en dirección a “la cueva del
Chamizo” a la que llegamos por una
vereda llena de magia, donde poco a
poco la alfombra de hierba que
íbamos pisando comenzaba a
intercalarse con la roca caliza que
va tiñendo el paisaje de gris claro
“Camarolo”. Los zig-zags se van
empinando hasta el punto de que poco
después de sobrepasar la alambrada
ya no caminamos, sino que trepamos
por auténticos veredones encajonados
entre rocas con algunos pasos
delicados, donde a mas de uno
empezaba a entrarle la risa tonta.
Pero el paso firme y sereno de
Higinio en cabeza de grupo y Juan
animando a los/as compañeros/as mas
rezagados de cola, junto con el
“Caimán de Puente Genil” nos
condujeron con sabiduría hasta la
majestuosa entrada de la cueva,
auténtico templo de la naturaleza,
donde un manantial brota en su
interior, mientras la delicada
silueta de Tatiana, recortaba el
paisaje que se veía desde el
interior, con Villanueva del Rosario
al fondo, los campos de labranza que
la rodean, las llanuras que se
extienden hacia Antequera y
Archidona y la falda de la sierra
por donde había transcurrido la
primera parte de la ruta desde que
echamos a caminar desde la ermita
del Rosario.
Con la sensación de
haber abandonado un lugar encantado,
dejamos atrás la cueva, para retomar
la trayectoria de la encajonada
senda por la que habíamos llegado,
volviendo a reagruparnos en una
especie de mirador natural, con una
preciosa perspectiva de la Sierra de
Camarolos, donde destacaban ”El Pico
del Águila” y “La Cruz”, los
centinelas de “Las Pedrizas” como
son “La Peña Negra” (Sierra del “Co”),
como prolongación de Camarolos y la
desconocida “Sierra de Las Cabras” y
mas allá, el Torcal con el “Camorro
Alto” asomando por encima, “El Peñón
Enamorados” como caído del cielo,
destacando en medio de la “Hoya de
Antequera” y mas cercana a a
nosotros, Villanueva del Rosario
siempre omnipresente a lo largo de
nuestro recorrido, cada vez mas
abajo y “Villanueva del Trabuco”,
comenzando a asomarse por detrás de
“Sierra Gorda”. Desde este mirador
continuamos la ascensión por la
senda, que mas que verse, se intuye
mimetizada a través de los veredones
calizos por los que seguimos
trepando: “Mari Luz Pies de Gato”,
Mª Luisa “El Duendecillo de Sierra
Horconera”, ó Manuela “La Dama de
Hierro” sintiéndose todas ellas, como pez en el
agua al filo de los cortados por los
que íbamos ganando altura.
¡Que difícil!
resulta transmitir las increíbles
sensaciones de esta preciosa
ascensión al Chamizo por la
curiosamente denominada “Ruta de Los
Guarros”. Mientras hacías una pausa
en plena trepada para recuperar
resuello, te quedabas embobado
observando el avance del grupito
delantero encabezado por Higinio “El Guardian del Chamizo” seguido
respetuosamente y con admiración por
“El Indomable Jaime”, Loli “El
Colibrí de Genalguacil”, Tatiana “La
Sonrisa de Bielorrusia” y Paco “El
Bolichero”, mientras que si te
girabas hacia atrás te quedabas
extasiado por el paisaje
anteriormente descrito con Juan “El
Profeta de Camarolos” acompañando al
grupo de cola.
Y extasiados por la
belleza del paisaje llegamos a la
parte alta de este majestuoso
coloso, donde el proceso de karstificación ha
esculpido auténticos cuchillos en su
crestería sobre la que caminaban
con
gran destreza: “El Vendaval del Moncayo”
pañuelo rojo de “mañico” anudado en
la cabeza, seguido de cerca por su
joven aprendiz de "padawyn" Ignacio
“El Montaraz del Aneto”. Cada vez
que nos azotaban los golpes de
viento,
teníamos que emplearnos a fondo para
afrontar el tramo final y así
pudimos comprobar en todo su
esplendor la misión aerostática que
cumplen las coletas de “Vicky La
Botánica” manteniendo el equilibrio
con las mismas o la calva
aerodinámica del “Maestro Gandalf”
especialmente diseñada para cortar
el viento en las alturas.
Hubo un tramo de
cresteo, especialmente delicado
donde ya no cabía marcha atrás ni
opción de rodeo y una vez mas, los
menos hábiles en estos terrenos
tuvimos que emplearnos a fondo como
“La Hechicera du Sao Paulo” mientras
tarareaba “La Chica de Ipanema” ó “El
Comandante” que seguía atentamente
las instrucciones del “Senescal de
la Bahía”, mientras que por el
contrario, Fernando y Ana “Los
Duquese de Juanar” se
desenvolvían
con gran pericia al filo de lo
imposible hasta que llegamos a la
afilada y pequeña cumbre donde se
encuentra el punto geodésico del
“Chamizo Alto” (1.637 m.). Donde
hicimos una piña alrededor de
Higinio, que con orgulloso y
majestuosidad añadía una nueva
muesca a su bastón de mando, con los
pueblos de Alfarnate y Alfarnatejo
como testigos, al igual que el
espectacular conjunto de Los tajos
de Gómer, El Fraile y Doña Ana, que
ya empezaban a quedar cubiertos por
el mar de nubes cuyas primeras
oleadas llegaban hasta nosotros,
señal que aprovechamos, para
hacernos la obligada foto de grupo,
con Loli “El Colibrí de Genalguacil”
posado sobre el mismísimo punto
geodésico. Iniciando el descenso
mientras nos cruzábamos con unos
montañeros de Cádiz, equipo de
escalada en ristre, que tomaban el
relevo de nuestra posición en la
cumbre.

Sin mas dilación
iniciamos el descenso dirección
nordeste, pasando sobre afiladísimos lapiaces en linea recta hacia la
parte superior del derrumbadero,
llegando a otro mirador natural,
donde pudimos apreciar la bella
estampa de cuatro cabras montesas
encaramadas al filo de un saliente
de la cara
suroeste del “Tajo de la
Culebra” lo suficientemente alejadas
para poner a prueba los zooms de las
mejores cámaras de las que
disponíamos en el grupo, Hasta tal
punto que nuestro amigo Severo “El
Artesano del GPS” hizo un
espectacular cuerpo a tierra para
apoyar la cámara sobre una roca a
modo de improvisado trípode,
imprescindible para cualquier foto
con zoom de larga distancia. Una vez
realizados los distintos intentos
por plasmara tan bella estampa,
reanudamos nuestra marcha hacia el
collado que forma la parte superior
del “Derrumbaero” con el Chamizo,
desde donde giramos casi 180º a
nuestra izquierda, dirección oeste,
encarando un acusadísimo descenso
paralelo a una valla metálica por la
denominada “Ruta del Rodadero”,
(también conocida despectivamente
por los lugareños, como “ruta de Los
Mariquitas”, por ser la mas
asequible para acceder al Chamizo),
si bien la pendiente es
pronunciadísima, hasta el punto que
“Marilo Rompebotas” a pesar de ser
una contrastada experta en
descensos, se pegó tal culazo que
hizo un pequeño helipuerto, tal fue
el impacto que provocó un nuevo
corrimiento de tierras en el cercano
tobogán del “Derrumbaero” a cuya
base llegábamos pocos minutos
después retomando el camino
anteriormente descrito, justo en el
punto donde iniciábamos el primer
tramo de ascensión hacia la cueva.
Y desde allí
regresamos por la pista que discurre
al pie de la sierra hasta el prado
donde se
encuentran “Las Pilas del Señorito” donde nos esperaba un
generoso almuerzo a base de cocido
malagueño, quesos y chacinas de la
tierra, tortilla, pan de leña,
bebidas metidas en bidones de hielo
e incluso café calentito preparados
con toda la generosidad y el cariño
del mundo por los familiares y
amigos de Juan e Higinio, que
hicieron de aquella jornada un día
inolvidable, para todos los amigos
que tuvimos el privilegio de acudir
a aquella ruta en la que no sólo
compartimos una de las ascensiones
mas bonitas, espectaculares y mejor
guiadas de los últimos tiempos, sino
además, un entrañable y gratísimo
encuentro de hermanamiento con los
amigos de Villanueva del Rosario con
los que ya nos hemos comprometido a
organizar, al menos, una ruta de
hermanamiento en cada uno de los
años venideros. Y por supuesto, para
certificar dicho hermanamiento, nos
hicimos una gran foto de familia en
la que ni siquiera faltaron el
intrépido “Chickie” y la burra
“Catalina”.
Por supuesto!, en
los próximos años esperamos seguir
contando con el impagable lujo de
los mejores guías de esta sierra sin
compás ni parangón, como son: Juan
“El Profeta de Camarolos” e Higinio
“El Guardián del Chamizo” al que
Dios siga dando fuerzas muchos años
y a quien nuestro compañero Severo
dedicó estas palabras en nombre de
todos los amigos que participamos en
esta inolvidable ruta, que como bien
calificaría nuestro ínclito amigo
“Jesús González”, no sólo fue
¡magnífica!, sino ¡preciosa!:
Dedicado
especialmente a Higinio, “El
Centinela del Chamizo”:
En su infancia no
tomó potitos, “petit suisse”, ni
productos bios.
El pediatra nunca lo
reconoció, pues la especialidad aún
no existía en la década de los
treinta.
En sus primeros años,
conoció el horror de la guerra y las
carencias de la postguerra.
Su cuerpo no necesitó
complementos nutricionales ni
vitamínicos.
Eso sí: nació y
creció envuelto en el cariño de su
familia y amigos; respirando el
aire serrano de Villaluenga del
Rosario, bajo los paredones calizos
de Camarolos;
Ni la escasez, ni la
cartilla de racionamiento,
impidieron que Higinio forjara una
naturaleza fuerte como un quejigo
andaluz.
De profesión Maestro,
sus alumnos tuvieron la suerte de
aprender letras y números de la mano
de un hombre tan honesto y honrado
como amante de la naturaleza.
Tras ejercer su
profesión en pueblos como el
Genalguacil de mi Loli y de mi Paqui,
con los años regresó a su Villanueva
del Rosario.
Ayer, a sus 78 años,
nos guió con paso firme y seguro a
través de profundos y cortantes
tajos calizos, hasta los 1637 metros
de la cumbre del Chamizo.
Cuanta satisfacción,
honor y orgullo, haber tenido la
oportunidad de conocer y compartir
la montaña con Higinio; con Juan:
querido Profeta el Camarolos: con
sus acogedores familiares de
Villanueva; y con mis amigos de
Pasos Largos.
Somos privilegiados.
SIGNIFICADO DE
HIGINIO:
Origen: Griego
Significado: Vigoroso
Festividad: 11 de Enero
Personalidad: Posee una personalidad
simpática, amable y llena de
sensibilidad.
Desea imbuir su filosofía y ética
vital a su descendencia.
Une de una forma armónica la
sensibilidad y pasionalidad.
Posee gran facilidad para
desarrollar investigaciones
pacientes o de larga duración debido
a la mentalidad penetrante que
posee.
Crónica: Juan Ignacio Amador
Dedicatoria a Higinio: Severo
Gallardo
Fotos: Manuela, Severo, Rafaflo y Juani