Breve Ficha Técnica
Distancia aprox. 16
km.
Tiempo aprox. 6
horas y media (sin contar pausas)
Altitud de Partida
(máxima): 1.090 m.
Altitud Mínima
(Poza Central): 680 m.
Altura Total
ascendida (numerosos toboganes):
800 m.
Dureza: Media
Dificultad para
seguir el itinerario: Sendas
limpias y balizadas en el primer
tramo y pistas sin lugar a
confusión en el regreso, salvo el
corto tramo de unos 400 m. entre
el desvío de sendas y la presa de
“La Cueva de Funes” con senda
invadida de aulagas y espino.
A pesar de la
inestabilidad meteorológica que
anunciaban para aquella jornada en
la costa de Málaga y Granada, unos
cuantos amigos de la montaña nos
lanzamos a la aventura con la
esperanza de que no descargaran
sobre nosotros aquellos negros
nubarrones que no nos dejaban ver
ni el sol del amanecer, ni el
bello perfil que ofrecen Sierra
Tejeda y Almijara con las primeras
luces de la mañana. Al llegar a
Almuñecar, aún quedaban restos de
los estragos ocasionados por la
riada que habían padecido la
semana anterior y esquivando
grandes charcos y algún que otro
corrimiento de tierra y arena,
fuimos subiendo por la carretera
que nos lleva a Jete y
posteriormente a Otivar, ganando
altura rápidamente con las
imponentes cumbres de Sierra
Almijara frente a nosotros,
dejando a nuestra izquierda: la
entrada del carril que va a al
Hotel Rural Palacio de Cázulas y
llegando justo un kilómetro
después a la entrada del famoso
carril de “La Cooperativa de
Cázulas” donde habíamos quedado y
a donde llegamos con bastante
puntualidad los 11 integrantes del
grupo que finalmente se formó para
aquella ruta. Una vez repartidos
los mapas y habiendo hecho una
breve descripción del itinerario,
volvimos a montarnos en los coches
y continuamos carretera arriba
pasando por el “Puerto de la Cabra
Montés” que le da nombre a esta
espectacular carretera de montaña
que llega a enlazar con la autovía
Granada-Motril a la altura del
puerto del “Suspiro del Moro” ó
bien hasta “Alhama de Granada”
pasando por Jayena, Fornes y el
Pantano de Los Bermejales en su
versión mas agreste y
espectacular. Una vez superado “El
Puerto de La Cabra Montés” se
llega a una pequeña venta,
actualmente abandonada y a una
pequeña gasolinera, ambas quedan a
nuestra izquierda, al igual que la
entrada del “Carril de las
Cabrerizas”, que usan los
barranquistas y unos 3 km.
después ó a 11 km. de la entrada
del “carril de la cooperativa de
Cázulas” donde habíamos quedado,
¡por fin! Llegamos a un ensanche
de la cuneta izquierda, donde se
pueden dejar los coche a la sombra
de cuatro pinos, y donde nos
encontramos con un cartelón del
parque y la primera baliza del
itinerario que nos indica, seguir
andando unos 50 m. carretera abajo
justo detrás de la primera curva a
mano izquierda encontramos sin
ninguna dificultad el inicio de la
senda totalmente despejada. El
mero hecho de llegar hasta aquí
con el coche, ya es de por sí un
espectáculo para disfrutar de los
espectaculares perfiles de la
Sierra Almijara en su vertiente
mas oriental, una sierra que sigue
siendo la mas desconocida de
Andalucía y sin duda: “La niña de
mis ojos”. Pero lo mejor aún
estaba por llegar así que una vez
hecha la foto oficial de salida,
nos pusimos en marcha con la
referencia de la mejor guía que se
ha editado hasta la fecha sobre
este parque: “Disfrutar caminando
por los ríos y costas del P. Nat.
de las sierras Almijara y Tejeda”
(Edit. Arguval), altamente
recomendable para los amantes del
senderismo, refrendada por el
“Mago Gandalf de la Serranía” que
junto a Rafita y Patro habían
hecho esta misma ruta semanas
antes, al igual que nuestro
compañero Jesús a comienzos de
verano.

El primer tramo
del recorrido tiene una serie de
suaves toboganes con varias
subidas y bajadas, que nos lleva a
una espectacular balconada, a la
que se llega por un pequeño ramal
del sendero a nuestra izquierda,
se trata de un extraordinario
mirador natural con paredes
verticales a ambos lados que casi
te hace sentir como si estuvieras
volando, ni que decir tiene que
las vistas desde aquí son
sencillamente impresionantes. De
vuelta al sendero, rodeamos el
mirador donde habíamos subido,
pasando bajo su pared norte y
oeste, y continuamos el descenso
ya de
forma
mucho mas pronunciada, pasando
junto a unas verticales paredes
que quedan a nuestra derecha y a
continuación tras un zig-zag de la
senda, seguimos descendiendo esta
vez con las paredes verticales a
nuestra izquierda, hasta que tras
un pequeño tobogán nos situamos en
un collado que casi da vértigo y
por donde parece imposible que la
senda pueda seguir bajando, las
vistas que se obtienen desde este
punto sobre el “Barranco de Las
Cabrerizas” son preciosas, pero la
pregunta sigue siendo “cómo es
posible que la senda nos lleve
hasta allí abajo”, sin embargo,
como por arte de magia, aparece
ante nosotros una escalera
excavada en la roca, que incluso
nos brinda la ayuda de un
pasamanos en algunos tramos, desde
el inicio de la escalera ya
tenemos ante nosotros el
espectáculo que nos ofrece la
“Cascada de los Árboles
Petrificados” que recibe su nombre
de la curiosas forma que le han
ido dando a la roca, las “tobas
carcarias” por la acción erosiva
del agua, que por ella fluye la
mayor parte del año, aunque
desgraciadamente un 29 de
septiembre, como era el día en
cuestión, recién finalizado el
verano, a penas llevaba agua, que
sin embargo, si nos encontramos en
su base al final de la escalera.
Donde aprovechamos para hacer la
primera parada, y donde los
compañeros “Francisco” y “Felipe”
(de Málaga), que aquel día
debutaban con nosotros, dieron con
la entrada de la preciosa
cuevecilla, que se encuentra a la
derecha de la base de la cascada,
tal y como la miramos de frente y
donde todos nos quedamos
maravillados por el desarrollado
sistema de estalactitas e incluso
estalagmitas que ha formado la
acción del agua a pocos metros de
la entrada, sin duda uno de los
lugares mas bonitos y mas
fotografiados de este completísimo
y variado itinerario.

A muy poca
distancia se encuentra el final de
uno de los dos ramales que tiene
el “Carril de las Cabrerizas”
utilizado por los barranquistas,
de hecho había un grupo a punto de
iniciar el descenso. Aunque el
primer impulso te lleva a
dirigirte hacia el cercano carril,
hay que estar atento a una baliza
que te indica continuar durante
unos metros por el “Barranco de
Los Chortales” y rápidamente
comenzamos a ganar altura sobre el
carril y sobre el fondo del
barranco, ambos quedan a nuestra
izquierda,
hasta que llegamos a una zona
elevada donde ya se ve el final
del otro ramal del carril. Pronto,
la senda empieza a descender hacia
el barranco que llevamos a nuestra
izquierda y antes de llegar abajo,
vemos como sale a nuestra derecha
la senda que posteriormente
tomaríamos en nuestro camino de
vuelta. Nada mas atravesar el
barranco de Los Chortales”,
llegamos al final del carril donde
nos encontramos unos coches y otro
grupo de barranquistas
perfectamente uniformados a punto
de iniciar un descenso. En este
punto se vuelve a cruzar el
arroyo, de tal manera que esta vez
nos va acompañando por la derecha,
mientras que por la vertiente
opuesta contemplamos extasiados
una doble cascada cuyas aguas
procedían del pequeño embalse de
“La Cueva de Funes”, imaginándonos
lo bonita que debería resultar en
invierno o primavera con bastante
mas caudal.

Tras una
pronunciada pendiente por una
pista forestal, volvimos a vadear
el “Barranco de Los Chortales” en
el punto donde se le une el
“Barranco de los Madroñales” por
el oeste, es precisamente
a partir de aquí donde pasa a
tomar el nombre de “Barranco de
Las Chorreras” y excavando un
valle
profundísimo, con una prolongada
sucesión de pozas y cascadas, que
hace de este tramo el lugar mas
atractivo y espectacular para
todos los amantes de la práctica
del barranquismo. Mientras
nosotros, comenzamos una
prolongada subida sin tregua, con
el recién nacido “Barranco de Las
Chorreras” a nuestra izquierda,
cada vez mas
abajo. LLega un momento en que
queda tan lejos y tan por debajo
de nosotros que vuelve a parecer
imposible que exista una senda
capaz de bajar hasta la mítica
“Poza Central”, pero superada la
subida, la pista que se ha visto
invadida por algunos
derrumbaderos, continúa faldeando
el “Cerro del Gitano” que tenemos
a nuestra derecha hasta que cruza
“El Barranco del Lagarto” que baja
desde el oeste (por nuestra
derecha). A
partir de aquí tenemos dos
opciones: continuar por la pista
que finaliza a escasos dos
kilómetros en una crestería ó
bien, bajar a la mítica “Poza
Central” por una cómoda senda que
sale a nuestra izquierda y que
desciende en paralelo al “Barranco
del Lagarto” que fue la opción que
escogimos nosotros. Al llegar a la
famosa poza, hubo quienes
disfrutamos de un buen baño previo
al almuerzo, como por ejemplo
Rosa, que una vez mas volvió a
deleitarnos con sus ejercicios de
natación sincronizada, mientras el
resto del grupo disfrutaba del
bocata recreándose en el paisaje.
Con las apariciones intermitentes
de los barranquistas que iban
llegando a este punto.
Finalizada
la sesión de baño y almuerzo,
regresamos por el mismo camino que
nos había llevado hasta allí,
volviendo a disfrutar del mismo
paisaje, pero en dirección
contraria y con distintas luces,
ya que, el día comenzó a abrirse
definitivamente. Al pasar frente a
la doble cascada anteriormente
mencionada, vimos cómo había un
par de barranquistas en la parte
superior a punto de iniciar un
arriesgado descenso. Poco después
llegábamos al cruce de sendas,
tomando en esta ocasión, el ramal
que por la mañana habíamos dejado
a la derecha, y que ahora, quedaba
a nuestra izquierda, rodeando un
saliente de montaña por el que el
matorral de aulaga y algunos
espinos han invadido la abandonada
senda, que afortunadamente no
supera los 400 m. de longitud que
nos llevan hasta “La presa de
Funes” a cuya pared de contención
se accede sin dificultad por la
derecha, desde donde disfrutamos
de un preciosa perspectiva del
“Cerro Lopera” al noroeste con su
inconfundible casetilla en la
cumbre, donde nuestro compañero
Juan Antonio, “El Elfo de la
Malagueta” afirmaba que ponían el
mejor café de la zona.
Para
acceder a la pista que rodea la
presa, sólo tuvimos que abrirnos
paso por un corto tramo de juncos
que rodea todo el embalse, cuyas
aguas nos encontramos con un
desagradable color marrón, pero al
llegar a la cola del mismo y
contemplar con detenimiento una
zona de cristalinas aguas, pudimos
comprobar como el aparente color
marrón del agua, se debía en gran
parte a la enorme cantidad de
pequeñas hojarascas que se
encontraban flotando en toda la
superficie. Poco después llegamos
incluso a cruzar la cola del
embalse, recorriendo un corto
tramo de la pista que lo rodea por
la vertiente opuesta a la que
habíamos llegado, pero rápidamente
nos dimos cuenta del error y
regresamos sobre nuestros pasos
hasta la cola del embalse,
continuando en paralelo al arroyo
de “La Cueva de Funes” por una
senda que rápidamente nos sitúa en
una pista que nos lleva hacia un
llamativo peñón que queda a
nuestra derecha, al igual que el
“Cortijo de La Cueva de Funes” que
viene inmediatamente después. Al
parecer toma el nombre de la cueva
que existe en sus cercanías, si
bien, nosotros no dimos con ella.
Una vez superado
“El Cortijo de Funes”, situado
bajo los restos de una pequeña
torre cuadrangular,
tomamos una pista a la derecha,
que ya no abandonamos hasta llegar
a la carretera, disfrutando todo
el camino de nuevas perspectivas
de las cónicas montañas de Sierra
Almijara, aunque padeciendo el
lamentable estado en el que ha
quedado dicho carril tras las
últimas lluvias torrenciales. Y es
que, como bien nos recordaba
nuestro buen amigo Jesús, cuando
un camino ó una carretera no se
hacen como Dios manda, a poco que
cae una lluvia fuerte todas sus
carencias salen al descubierto y
quedan bastante dañados. Tanto es
así, que mas de uno, nos pegamos
un buen batacazo al pisar el borde
de un surco que inmediatamente se
desmoronó bajo nuestros pies,
mientras
nuestra compañera “La Rosa de
Casarabonela” se iba comiendo un
melocotón en cada paradita que
íbamos haciendo. Conviene recordar
que llegados a un pequeño collado,
donde ya se ven claramente los
quitamiedos de la carretera y gran
parte de la senda por donde
transita el primer tramo de esta
ruta, que ahora vemos en la ladera
de enfrente, hay que tomar el
ramal de la pista que desciende
hasta el mismo cauce del “Barranco
de Los Chortales” que tenemos a
nuestros pies, y desde allí
continuar subiendo por la arenosa
pista que nos devuelve a la
carretera, por donde ya sólo nos
queda caminar un pequeño tramo de
unos 300 m. a la derecha para
llegar hasta el lugar donde
habíamos dejado los coches.
Posteriormente
todos bajamos en caravana hasta
Otivar, donde disfrutamos de unas
cervezas bien fresquitas y unos
bocatas de jamón con aceite y
tomate, mientras “El Elfo de la
Malagueta” intentaba encender la
barbacoa. Y allí nos despedimos
todos los compañeros, que además
de los anteriormente mencionados
fueron: Guillermina y Pilar de
Málaga, que aquel día debutaban
con nosotros), Angus “La Dalia
Negra” (aquel día de naranja), al
igual que Hector “El Caimán de
Puente Genil”, Mª Luisa que venían
desde Córdoba ¡con dos cojones!, y
un servidor: Juani “El Comandante
Preston” desde Fuengirola.
Crónica: Juan
Ignacio Amador