Dicen por ahí que ya no queda
ningún lugar por descubrir, sin embargo,
afortunadamente todavía existen algunos parajes,
donde la Madre Naturaleza, nos brinda la
oportunidad de disfrutar de recónditos lugares
llenos de encanto, donde uno tiene la sensación
de ser la primera persona que pasa por allí, la
primera en pisar aquellas piedras, la primera
que se bañas en aquellas pozas… Uno de estos
lugares es la cabecera del río Guadalmina, un
auténtico Santuario Natural, del que no me
parece oportuno dar demasiadas indicaciones de
cómo llegar en estas líneas, para evitar que los
descerebrados de turno profanen el lugar con sus
basuras o sus grafities.
Como en toda travesía donde no
existe transporte público que te devuelva al
punto de partida, hay que quedar en el final
previsto de la ruta, que en esta ocasión fué la
rotonda de entrada a Benahavis, donde
puntualmente fueron apareciendo antes de las
7,00 am.: directamente desde Toronto: Sean “El
Canadiense Herrante”, desde Fuengirola: Juani
“Comandante Preston”, desde San Pedro: Orzo Wei
Javi , desde Ronda: Rafa Flores “El Mago Gandalf
de la Serranía”, desde Málaga capital: Juan
Antonio “El Elfo”, desde Sevilla, saliendo a
las 4:00 am. Isi “El Coleccionista de Paisajes”,
desde Sevilla, pasando la noche antes en
Savinillas: El “Serpa” Carmona, Fran “El Zorro”,
Francisco Javier “El Huevo” y saliendo el día
antes desde Madrid: José Manuel “Waldo”. Ningún
regalo de cumpleaños podría haberle hecho mas
ilusión a quien escribe estas líneas, que
disfrutar de la compañía de estos grandes amigos
que se desplazaron desde puntos tan dispares
para compartir lo que a la postre se convertiría
en otra jornada memorable.
Habiendo dejado tres coches
estratégicamente aparcados junto al paseo
fluvial de Benahavis, partimos todos juntos en
los otros tres por la carretera San Pedro-Ronda,
hasta llegar al “Puerto del Madroño”, situado a
1.060 m. sobre el nivel del mar, desde donde
descendimos unos 200 m. hasta llegar a la
cabecera del río Guadalmina, tras recorrer 3,7
km. por el camino secreto. Normalmente
determinar el nacimiento de un río es un tanto
arbitrario, ya que por lo general, todos están
formados por pequeños arroyos que al unirse en
un cauce común dan origen el río propiamente
dicho, que a su vez puede resultar el afluente
de otro río aún mayor y así sucesivamente hasta
llegar al mar. Sin embargo, existe un punto
perfectamente definido en este caso, donde nos
encontramos un cauce que atraviesa la pista por
donde vamos caminando. En la atmósfera se
percibe que estás en un “lugar de poder” y aquí
fue precisamente donde comenzamos el descenso,
tal y como hiciera dos años antes con aquella
chica llamada Noelia, de la que nunca mas volví
a saber.

Bajo las primeras luces del día,
comenzamos a caminar por un cauce arenoso y
seco, pero como por arte de magia, el agua iba
brotando aquí y allá, dando lugar a pequeños
charquitos aislados, que poco a poco se fueron
uniendo, a cada paso íbamos siendo testigos de
ese gran milagro que es la formación de un curso
acuático, al principio es sólo un hilillo de
agua, que a veces incluso parece cortarse, pero
unos metros mas adelante vuele a salir con mas
fuerza, abriéndose pasó a través de algunos
saltos de agua, que en ocasiones nos obligaron a
descender trepando por escarpadas paredes en las
que teníamos que poner los 5 sentidos a cada
paso que dábamos, asegurando las manos con todas
las fuerzas en cada grieta, en cada saliente. No
muy lejos de allí, nos encontramos con unos
“morteretes” denominación con la que se conoce,
una especie de oquedades circulares creadas
artificialmente por los romanos sobre las
grandes piedras del cauce, para limpiar el
mineral de metal, con el agua del río.

Al superar uno de los primeros
tramos de dificultad hicimos la primera parada
del día, en la que el “Maestro Gandalf” nos
deleitó con algunas pinceladas de su sabiduría
montañera. Una vez reanudada la marcha, no
tardamos en llegar a “El Gran Salto” una cascada
de mas de 18 m. de altura, que cae a extraplomo,
de tal manera que cuando te asomas al borde, ni
siquiera puedes ver el punto donde cae la
cascada, porque está por debajo de tus pies y
hacia atrás. LLegados a este vertiginoso
“balcón”, resultó de gran utilidad la
experiencia vivida dos años antes con Noelia,
abriéndonos pasos por un mar de jaras de mas de
2 m. de altura y ahulagas, donde nos
introducimos, poco antes de llegar al borde de
la cascada a la derecha (siempre en el sentido
de la corriente del río), es un tramo de no mas
de 100 m. donde te tienes que ir abriendo paso
entre mil ramas y arañazos por todas partes,
cada paso es una pequeña conquista, hasta que
por fín se llega a un terraplén de piedras
sueltas, que como por arte de magia, te conduce
a un bosque de helechos, un ecosistema único e
insólito a lo largo del cauce del río Guadalmina,
una vez que retomamos el cauce, nos fuimos
reagrupando los compañeros que habían probado
fortuna por otras vías alternativas en aquella
auténtica batalla que libramos contra jaras y
ahulagas descomunales. Todos flipamos cuando
Sean nos comentó, con toda la naturalidad del
mundo, que él había bajado trepando por la
cascada, cosa que me creo perfectamente porque
en otras rutas lo he visto trepando por lugares
imposibles, por algo es el arma secreta del
“COMANDO PRESTON” (junto Jon Webster, “El
Huracán de Sheffield”).

Pero aún quedaba mucho camino
por recorrer y muchas pozas por saltar, y sin
mayor dilación nos pusimos en marcha por un
terreno cada vez mas pedregoso, donde nuestro
amigo “Waldo” comenzaba a arrepentirse de no
haberse traído unas botas de trecking o unas
resistentes zapatillas de deporte. Llegó un
momento en que guardar el equilibrio se iba a
convertir en una constante a lo largo de la
ruta, exigiendo de nuestra mayor concentración,
eligiendo con sumo cuidado el lugar donde
apoyábamos los pies en cada momento, saltando de
roca en roca, mientras escogíamos
instintivamente entre: rocas resbaladizas,
afiladas, redondeadas o lisas y consistentes,
intentado evitar las rocas movibles o las
resbaladizas piedras bajo las aguas del
Guadalmina, donde casi todo el mundo cayó en
varias ocasiones.

Tras el gran salto que dejamos
atrás, el siguiente hito que nos esperaba eran
las ruinas del “horno de miera” uno de los
grandes símbolos de la serranía, que en su día
se utilizaba para producir “La miera”, una
especie de resina multiusos, que antaño se
utilizaba para la cubierta de los barcos, para
purgar al ganado o incluso para cicatrizar
heridas. Este horno se encuentra en la margen
izquierda del río, a mitad del primer gran tramo
recto del río, donde el caudal se ensancha
muchísimo mostrándonos un enorme pedregal, que
cruza el mar de pinos que lo rodea. Habría que
recordar que uno de los “hornos de miera” mejor
conservados de la provincia se encuentra en la
Sierra Bermeja, justo antes de llegar al “Puerto
de peñas Blancas”.

Unos metros mas abajo, nos
encontramos con la primera de las numerosas
tortugas que habitan en este río y poco después
llegamos a la primera poza con salto
obligatorio, fácilmente reconocible por dos
enormes troncos de pino que se han quedado
atravesados a modo siniestros puentes que cruzan
el cauce de una punta a otra a la salida de esta
poza. Donde una vez mas, nuestro amigo “Sean”
tuvo la genial idea de tirarse desde la piedra
mas alta con las gafas en la mano, de tal modo,
que al entrar en contacto con el agua a toda
velocidad se le escurrieron, hasta el rincón mas
insospechado del fondo de la poza, donde a pesar
de las muchísimas inmersiones que hicimos
buceando, palpando y peinando el fondo una y
otra vez no fuimos capaces de encontrarlas. Este
hecho supuso un antes y un después para nuestro
compañero “Sean” que pocos minutos después de
reiniciar la marcha protagonizó el resbalón mas
espectacular del día, cayendo de espaldas sobre
unas rocas resbaladizas entre la última lumbal y
el coxis, a mí que me tocó verlo en primera
línea se me pusieron los bellos de punta, menos
mal que la “crema del tigre-Deep Heat” (siempre
a mano) lo cura todo. A partir de aquel momento,
pasó de ir en cabeza del grupo abriendo la
marcha junto a Rafa Flores, Isi y Orzo Wei Javi,
a cerrar el grupo junto con Juani y “Waldo”, uno
con las fotos y otro echándole toda la voluntad
del mundo para no perder contacto con el
“pelotón” iban haciendo la goma como podían.

El gran susto de la jornada se
lo llevó “Rafa Flores” que iba en cabeza de
pelotón tan rápido, mirando para abajo
escogiendo a cada paso la piedra mas idónea, que
cuando de repente miró para arriba, se encontró
un toro justo delante suya, y pegó tal carrera
para atrás que en unos segundos pasó de la
cabeza a la cola del pelotón, mientras el toro,
mas asustado que nosotros, salió corriendo
ladera arriba, para dejarnos libre el tramo del
río donde se encontraba pastando tranquilamente.
A todo esto, de vez en cuando nos íbamos
encontrando a derecha e izquierda con pequeños
arroyos tributarios, que vertían sus cristalinas
aguas al Guadalmina, formando preciosas cascadas
donde pudimos beber y reponer nuestras
cantimploras sin ningún problema.

Después de llegar al final del
segundo tramo recto del río, donde se pasa por
debajo de otros dos grandes troncos de pino que
nos cortan el paso, no se tarda en llegar a una
especie de carril abandonado. En la parte
derechade éste (siempre en el sentido de la
marcha), nos encontramos con un espectacular
manantial en cascada y a partir de aquí, siempre
por el mismo cauce del río, llegamos a un tramo,
donde estamos muy protegidos por la sombra de
los pinos, atravesando numerosas pozas y
cascadas, que cada vez se iban agradeciendo mas,
conforme iba aumentando la temperatura del medio
día. Una vez mas asistimos a un nuevo festival
de saltos, donde destacaron: “El Huevo”, Juan
Antonio “El Elfo”, “El Zorro”, “Serpa Carmona”,
Isi y “Orzo Wei-Javi”. Con el grupo fragmentado
en dos, llegamos a una zona, donde el cauce
describe grandes curvas a la derecha, abriéndose
paso entre grandes rocas con forma cúbica, de un
tamaño ciclópeo que son la antesala del último
tramo recto y llano de mas de 200 m. de
longitud, donde el cauce se vuelve a ensanchar.
Este fué precisamente el lugar donde nos rescató
la Guardia Civil, con la ayuda de Rafa Flores, a
Noelia y a mí, a la 1:00 am. de la madrugada del
11 agosto 2004, cuando mi compañera ya no podía
dar un paso mas, sin imaginarnos que el carril
que transita paralelo al río y que nos conduce a
Benahavis, empezaba justamente al final de este
tramo recto, tras una suave curva a la derecha,
donde ya dejamos de caminar definitivamente por
el lecho del río y donde el grupo volvió a
reagruparse para disfrutar de la gran comida del
día, tras los aprox. 15 km. que llevábamos desde
el comienzo.

Mientras los demás iban
terminando el almuerzo entre bromas, risas y
apuntes montañeros, los que habíamos caminado
casi toda la jornada en último lugar, fuimos los
primeros en reanudar la marcha, con la
convicción de que quienes habían ido en cabeza
casi todo el tiempo, no tardarían en
alcanzarnos. Pero sin darnos cuenta impusimos
tal ritmo, que la llegada a Benahavis, por el
carril que transita paralelo al Guadalmina a lo
largo de 6 km., con el río acompañándonos en
todo momento a nuestra izquierda, se convirtió
en una auténtica contra-reloj, que dejó muy
atrás a Rafa Flores, Isi y Juan Antonio, a pesar
de las pausas que hicimos para recrearnos en las
magníficas panorámicas que nos ofrece el carril,
sobre el cauce del Guadamina con el Pico
Encinetas al norte, el encanto de los dos
pequeños afluentes que cruzan el carril, el
pantano que nos encontramos un kilómetro antes
de llegar al pueblo y naturalmente las
perspectivas del pueblo tal y como nos íbamos
aproximando al mismo. Cabe destacar que
benahavis cuenta con uno de los ayuntamientos
mas ricos de la provincia de Málaga, dispone de
magníficas instalaciones deportivas, hotel de 5
Estrellas, algunos de los mejores restaurantes
de Málaga y unas calles tan bonitas, que incluso
te hacen olvidar las barbaridades urbanísticas
que se están perpetrando en los alrededores del
pueblo, aunque ya mas que un pueblo, parece una
urbanización de villas y adosadas de lujo, que
se han tragado al pueblo propiamente dicho.

Poco antes de las 18:00 pm.
llegábamos a Benahavis, y justo a la entrada
(como mandan los cánones del buen senderista)
nos quedamos esperando por espacio de unos diez
minutos para el reagrupamiento general, pero
teniendo en cuenta que existían algunos carriles
alternativos, nos dio por pensar que tal vez,
para ganar tiempo los tres compañeros que venían
detrás habían cogido una ruta alternativa y nos
fuimos hacia la salida por la carretera
principal en la convicción de que allí nos
encontraríamos. Craso error, puesto que ellos
fueron por el paseo fluvial hasta llegar al
“Charco de las Mozas” donde se quedaron
esperando, mientras nosotros no dejamos de
apatrullar Benahavis, calle arriba, calle abajo
y hasta regresando al carril, o gritando sus
nombres por distintos puntos de Las Angosturas,
hasta que “Orzo Wei-Javi” dio con ellos en “La
Poza de Las Mozas” reagrupándonos minutos
después con la impotencia de la absurda
confusión y la hora perdida en la que podríamos
haber realizado fácilmente las angosturas
teniendo en cuenta el trepidante ritmo que
llevábamos. Con todo y ello, la sensación de
satisfacción por haber compartido otra jornada
memorable, fue otro nexo de unión entre los
amigos que nos dimos cita aquel inolvidable día
de principios de verano 2006. Mas de uno llegó
con los pies reventados, incluido alguno que
otro que tenía pensado salir de marcha aquella
noche y que terminó durmiendo como un bebé
durante toda la noche.
Crónica y fotos: Juan Ignacio
Amador, con la colaboración de Isi y Rafa Flores