Tras muchos años
viendo por televisión reportajes
del Descenso del Sella, por fín
había llegado el día de vivirlo
por mi mismo y allí estábamos en
Arriondas poco antes de las 9,30
am, María, Nacho, y 97 personas
mas, procedentes de los mas
diversos rincones de España y
Europa con las que realizaríamos
un tramo de 12 km. río abajo hasta
mas allá de Triongo. Tras pasar
por el mostrador para pagar lo que
cada uno reservó en su día, creo
recordar 23 € adultos y 12€ los
niños. Nos fueron entregando un
chaleco salvavidas a cada uno,
además de un gran tubo estanco por
embarcación y un remo a cada uno.
En unos instantes nos colocaron en
herradura y un monitor situado en
el centro fue dando unas
instrucciones sencillas, pero
importantes para los no iniciados,
de cómo remar y rectificar la
dirección de la canoa en cualquier
momento, además de resumirnos los
12 km de itinerario, los puentes
que atravesaríamos, los dos
chiringuitos que existen en el
recorrido y en que lugar
encontraríamos el cartel de “Astur
Aventura” que marcaría el final de
trayecto. La charla duró poco mas
de cinco minutos.


Nada mas finalizar
la charla, todos al embarcadero
donde entre bromas y comentarios
ocurrentes, se palpaba en el
ambiente el entusiasmo contenido
del personal por iniciar la
aventura río abajo. Tal y como
íbamos llegando al final del
embarcadero nos daban a escoger
entre canoas dobles y triples,
siendo nuestra opción la triple,
de tal manera que María iba
delante, Nacho en medio y yo
detrás. Al poco de salir, primera
novatada, hemos empezado a remar
sin tener en cuenta que hay zonas
del río tan poco profundas que la
canoa puede encallar en cualquier
momento, como nos ocurre a
nosotros y a otros muchos nada mas
comenzar, con lo cual, a los mas
pesados de cada embarcación nos
toca echarnos abajo y caminar por
el río, mientras vamos tirando de
la cuerda para llevar la
embarcación a una zona algo mas
profunda. Nada mas salir todavía
en Arriendas, se nos van uniendo
desde distintos márgenes del río,
gran número de embarcaciones
correspondientes a las distintas
empresas de multiaventuras tan
típica de los Picos de Europa,
cada una con sus colores, la
nuestra canoas y salvavidas verde
oscuro y palas amarillas, llegando
a formar un auténtico mosaico de
color a lo largo de este bonito
recorrido que termina
convirtiéndose en una fiesta del
agua.


Como se comienza a
las 10,00 am. y la hora límite de
llegada son las 18,00 pm hay
quien se lo toma con mucha
tranquilidad, y comienza a parar
en las primeras playas fluviales
que nos vamos encontrando, los
menos acostumbrados, poco a poco
comienzan a encontrar la manera
mas eficaz de remar, otros van en
plan competición picándose unos
con otros y la mayoría vamos
remando tranquilos sin prisa pero
sin pausa disfrutando del paisaje
y del contacto con el agua. Este
tramo del río por donde realizamos
el descenso, no tiene nada que ver
con las imágenes de aguas bravas
que se ven en otros ríos, a veces
el cauce del río llega a superar
los 100 m. de anchura y menos de
medio metro de profundidad en
muchas zonas, hasta el punto que
casi hay que ir permanente atentos
para no embarrancar con la canoa
por las zonas menos profundas,
donde a penas hay un palmo de
profundidad, tanto es así que a
veces utilizamos las palas para
impulsarnos clavando los remos en
el fondo cuando nos quedamos
encallados.


A los dos
kilómetros de la salida nos
encontramos con un chiringuito en
el margen derecho del río donde ya
empieza a parar mucha gente, pero
como vamos muy frescos y todavía
falta mucho decidimos seguir
remando, porque nos han informado
que justo en el kilómetro seis hay
otro chiringuito, a la altura de
un puente colgante. No obstante el
tubo estanco que facilitan cuenta
con bocadillos, fruta y agua. En
algunos lugares la corriente se
nota tan poco que hay que dar
bastantes paladas para alcanzar
cada próximo recodo del río, pero
todo se compensa con la
contemplación del frondoso paisaje
que nos rodea, pequeños rápidos
que a penas te hacen tambalearte y
naturalmente tiempo sobrado para
sacar la cámara del tubo estanco
con precaución para grabar con la
videocámara o ir sacando
fotografías, lo único malo es que
a no ser que le des la cámara a
alguien que vaya en una canoa
cercana es prácticamente imposible
conseguir una foto con la/s
persona/s que van en tu
embarcación, cosa difícil en la
práctica, porque cada uno va a un
ritmo diferente. No obstante, fui
cogiéndole el tranquillo a aquello
de ir remando, grabando y
fotografiando en los tramos
tranquilos, puesto que María
también iba cogiendo gran destreza
con los remos y la orientación de
la proa. Y con un ritmo muy
aceptable llegamos a la mitad del
recorrido haciendo la parada
correspondiente en aquel
chiringuito ubicado
estratégicamente a mitad del
recorrido.


Tras parar una
media hora reanudamos el descenso
con bastante decisión y
desenvoltura, dada la destreza que
creíamos haber conseguido a esa
altura del recorrido, hasta el
punto de desentenderme de la pala
en los tramos rápidos, para no
perder ni un solo detalle de todo
cuanto íbamos viendo, hasta que
nos aproximamos a un rápido que
describe una curva a la izquierda,
donde entre igualmente confiado
cámara en mano, hasta que en unos
segundos me di cuenta de que allí
la corriente era demasiado fuerte
y nos íbamos a estrellar contra
una orilla donde una hilera de
neumáticos certificaba que era una
zona peligrosa. En milésimas de
segundo tuve que decidir entre
soltar la videocámara ó retomar la
pala con ambas manos, para
rectificar el inevitable rumbo
hacia aquella pared repleta de
neumáticos hacia la que nos
arrastraba la espumosa y
atronadora corriente a toda
velocidad. La imagen que recuerdo
inmediatamente después al tremendo
impacto contra los neumáticos fue
verme bajo el agua con la cámara
todavía en la mano, y la
embarcación boca abajo al igual
que María y Nacho, ahí sí
reaccioné a toda velocidad y giré
la embarcación con tanta fuerza
que Nacho salió disparado
corriente abajo, mientras se
alejaba de nosotros a toda
velocidad y María quedaba medio
inconsciente tras un tremendo
testarazo con una roca en la
cabeza y la inevitable hemorragia.
Afortunadamente una pareja de
Barcelona que estaba descansando
50 m. río abajo, pudo rescatar a
Nacho cuando éste intentaba
retomar la orilla por sus propios
medios y además recuperaron dos de
las tres palas y las chanclas de
María. Después de vaciar la
embarcación, escurrir la ropa lo
mejor que pudimos, intentar
taponar la herida de María y
recuperar a Nacho del susto, entre
bromas y palabras de ánimo, le
dimos las gracias a la joven
parejita y continuamos río abajo
remando en silencio. Yo ya con la
pena de haber perdido la
videocámara y toda la grabación de
las vacaciones, hasta que al poco
rato Nacho se volvió hacia mí y me
dijo: “no te preocupes por la
videocámara papá, ya te comprarás
otra, además por lo menos mamá y
yo estamos vivo y ya verás como
esta noche el Sevilla F.C. le va a
ganar al ”Barça” en la Supercopa.
Aquellas palabras pronunciadas por
Nacho en aquel momento arrancaron
una sonrisa tanto de María como de
mí y “fueron mano de santo” para
seguir disfrutando del descenso,
ahora ya sin videocámara, pero
mucho mas relajado, recreándonos
en las grandes montañas que nos
flanqueaban a uno y otro lado,
hasta el punto que en vez de
parecer que nos acercábamos a la
costa en dirección “Ribadesella”
es como si fuésemos adentrando
hacia los “Picos de Europa” que es
precisamente por donde discurren
las aguas del río Sella antes de
llegar a “Cangas de Onís” y
posteriormente a Arriendas, donde
habíamos iniciado el descenso
sobre las 10:00 am. finalizando el
recorrido de 12 km. sobre las
15:15 pm., casi una hora menos de
lo que yo había estimado en un
principio. En la llegada al igual
que en la salida un despliegue
impresionante de personal que con
gran eficacia trabajaba por
grupos, unos encargándose de
recoger las canoas, otros de
llevarnos en unas furgonetas
perfectamente equipadas al punto
de inicio, donde teníamos a
nuestra disposición unos
vestuarios maravillosos, para
ducharnos y cambiarnos cómodamente
con la muda que nos habíamos
traído cada uno.


Tras recoger a los
padres de María en Oviedo que fue
nuestro cuartel general durante
nuestra estancia en Asturias, nos
dirigimos a Gijón donde todos
acudieron puntualmente a la cita
para presenciar el nuevo “Record
Guinnes” con mas de 5000
escanciadores de sidra vertiendo
el maravilloso elixir de la
manzana, todos al mismo tiempo,
como parte de los prolegómenos de
la semana grande de Gijón. Y yo me
refugiaba en un bar próximo al
paseo marítimo de la Plaza
Parchís, para vivir la noche de
gloria de aquel inolvidable
viernes 25 de agosto de 2006, en
que mi “Sevilla F.C.” quedó
campeón de la Super Copa de
Europa, derrotando por 3-0 a todo
un “Barça” flamante campeón de la
Champions League. La gente que
estaba en aquel bar viendo el
partido, no habían escuchado
jamás, ni volverán a escuchar
gritar un gol, como los tres goles
que yo canté aquel día en que
terminé afónico, con lágrimas de
emoción y con las cánticos de los
“biris” en el CD del coche
mientras regresábamos a Oviedo,
para descansar de aquel día que
sin duda jamás podré olvidar.
Crónica y fotos:
Juan Ignacio Amador