6:25 am. Un mensaje en el móvil
se anticipa a la alarma. Remite Manolo
diciendo: Si os apetece daros un baño a la
vuelta en una poza de aguas sulfurosas que
conozco en Santa Fé, echar bañador, chanclas y
toalla. Reenvío el e-mail a Sean y dicho y
hecho, mientras un lunes cualquiera está a
punto de comenzar para el resto de los
mortales.
Eran ya las 7,30 am. cuando
Sean “el Canadiense Errante” y yo, esperábamos
a Manolo “Supersónico” en la Gasolinera
“CAMPSA” a la salida de Málaga en dirección a
las pedrizas, donde el tráfico comenzaba a ser
cada vez mas intenso. Aunque Manolo había
salido con tiempo desde el Rincón de la
Victoria, nos comunica que hay retenciones en
el túnel de Cerrado Calderón, pero haciendo
honor a su nombre no tarda mucho en llegar y
con las primeras luces del día ya estamos
camino de las Estación de Servicio “LOS
ABADES” de Loja, A-92, un magnífico lugar como
punto de encuentro donde desayunamos como
Reyes. Sin mas dilación reanudamos la marcha
camino de Granada donde nos encontramos ya el
tráfico propio de una gran capital a primera
hora de un lunes, aún así no tardamos en coger
la carretera de Sierra Nevada, al poco de
salir del túnel tomamos dirección Cenes de la
Vega y posterior desvío a Güejar Sierra, el
bajísimo nivel de las aguas del Pantano de
Canales es una imagen que requiere reflexión
sobre el inminente cambio climático y sus
consecuencias.

Tras dejar atrás las angostas
callejuelas de Cenes de la Vega, donde el
pueblo se despereza sin prisas, tomamos la
carreterilla vertiginosa pasando por varios
tuneles excavados a pico y pala, con bastantes
tramos al borde del precipicio donde sólo cabe
un solo coche, protegido por unas
rudimentarias barandillas de madera, hasta que
por fin llegamos al Barranco de San Juan,
donde dejamos los coches en una pequeña
explanada, aquel día, muy solitaria.
Con la nieve por encima de los
2.500 m. no nos íbamos a encontrar con tramos
necados en todo el recorrido, sin embargo, el
camino de vuelta no sería tan peligroso como
sí lo fue el año anterior cuando la caida de
la tarde provocó que la vereda se congelara,
con algunos tramos de bastante vuelo, cuyo
transito fue un auténtico drama para una chica
colombiana que vino aquel día con nosotros por
primera y última vez.


Nada mas comenzar cruzamos el
Genil, que a lo largo de la ruta permanece
constantemente a nuestra izquierda, los
primeros 500 m. de senda subimos por unos
pronuciados zig-zags que nos hacen entrar en
calor, ya hemos remontado mas de 60 m. sobre
el río y comenzamos a ganar altura suavemente
sobre el mismo, caminando la mayor parte del
recorrido por los falsos llanos por los que
discurre esta bonita ruta, paralela al Genil,
que va faldeando en su primer tramo la “Loma
de las Rascas” por su vertiente norte, a pesar
de lo avanzado del Otoño, aún hay muchos
árboles con sus ojitas amarillas, marrones,
doradas y ocres, ofreciéndonos un auténtico
espectaulo de cromatismos otoñales en
distintos puntos del recorrido. “El abuelo”
mítico castaño gigante, nos da la bienvenida
con sus troncos enormes y Manolo y Sean trepan
por él a modo de cariñoso saludo.
Con la impresionante panorámica
del Alcazaba a la izquierda y el Mulhacén a la
derecha, frente a nosotros, llegamos a buen
ritmo llegamos al desvío del Vadillo y en hora
y media ya estábamos en las ruinas de la “Mina
de la Probadora” (nombre procedente de la
maquina que allí se utilizó por vez primera
para la extracción y limpieza del mineral) y
posteriormente a las ruinas de la “Mina de la
Estrella” que es de donde procede el nombre de
esta ruta, y de donde se extraía cobre,
hierro, plomo y plata. De ahí, que la senda
esté tan bien asentada, incluido algunos
tramos con bastante vuelo donde conviene
extremar la precaución si se va con niños y
mucho si está nevado y el camino se congela
con la caída de la tarde.


La Mina de la Estrella se
encuentra justo en el lugar donde nace el río
Genil, ya que oficialmente procede
de la confluencia del río Guarnón, por cuyo
puente de madera pasamos con una preciosas
vistas de las posiciones del Veleta al Sur,
casi en línea recta con el sol y el río Real
que es por donde ahora continua la senda
siempre en paralelo. Si no nos percatamos de
este detalle, la mayoría de la gente, se cree
que se sigue tratando del mismo ró Genil, ya
que el caudal es el mismo y continuamos en la
misma trayectoria, pero tal vez a los amantes
de los datos curiosos les guste tener en
cuenta que donde nace el río Genil es
justamente a los pies de la Mina de la
Estrella, que ya hemos dejado atrás.
Unos 45 minutos después de
dejar atrás el puente del río Guarnón, ya
estábamos en la confluencia de los arroyos
Valdecasillas y Valdeinfiernos, que es junto
al que ahora caminamos al mismo nivel de sus
cristalinas aguas, cuya música nos acompaña
hasta el “Refugio Natural de Cueva Secreta”
donde unos holandeses que habían pasado allí
la noche anterior, dejaron una nota (en
inglés), para recordarnos que no fuéramos tan
guarros, como para dejar restos de comida,
envoltorios y envases de todo tipo
desperdigados por la zona. Y es que
verdaderamente muchos españoles no se merecen
el patrimonio natural que tienen.


El almuerzo lo realizamos sobre
la mullida hierba de la orilla del arroyo
Valdeinfierno, cerca de la confluencia con el
Valdecasillas, la atmósfera cristalina y la
pureza del agua y el ambiente que nos rodeaba
por todas partes, no lo hubiéramos cambiado
por el restaurante mas lujoso del mundo.
Aquellos minutos de paz, casi imposibles de
hallar en nuestra vida cotidiana casi nos
hicieron perder la noción del tiempo con
conversaciones sencillas, pero las imponentes
cumbres de Sierra Nevada hace que el sol
desaparezca muy rápido de sus valles, tan
rápido que casi podíamos ver el avance de la
sombra a lo largo del valle, del que tuvimos
que partir casi de inmediato, ya que la
temperatura comenzaba a bajar rápidamente.

El camino de vuelta lo hicimos
en poco mas de dos horas con el aliciente
añadido de haber caminado en paralelo a una
hembra de jabalí con dos crías bien gorditas a
lo largo de un buen trecho previo al río
Guarnon, donde ya los perdimos de vista
definitivamente. Justo antes de llegar al
puente de madera del Guarnón, un ejemplar de
un ejemplar de “alpino panorama”, pequeña ave
montañera, dócil donde las haya, permanecio
junto a nosotros totalmente tranquila durante
un par de minutos que nos quedamos imnotizados
por la belleza del pajarito. Y para terminar,
la pequeña muestra que nos encontramos de
fauna de la zona, Manolo se encontró un
ejemplar de escarabajo verde (casi
fluorescente) en medio de la vereda. Al pasar
junto al desvío del Vadillo, había un cartel
indicativo con varias direcciones que acababan
de poner pocas horas antes, aún tenía la
tierra removida y estaba muy mal colocado, al
igual que otro que vimos mas próximo a “El
abuelo”.
Al pasar junto a Granada, el
tráfico era aún mas intenso que a primera hora
de la mañana, sin embargo, cuando pensábamos
que nos iba a llevar bastante tiempo, cogimos
ya la salida para Málaga y antes de darnos
cuenta ya estábamos en Santa Fé, donde nos
desviamos por un carril perdido con baches
como piscinas en medio de un olivar hasta que
llegamos a una poza de aguas sulfurosas, punto
de venta de drogas y al mismo tiempo punto de
encuentro de hippies, porretas y homosexuales.
Y allí estábamos nosotros ya de noche cerrada,
un lunes de diciembre, en plena provincia de
Granada con la luna llena como testigo,
quedándonos en pelota, para darnos un buen
baño en aquella poza de aguas sulfurosas, que
casualmente fueron encontradas por una empresa
francesa, dejándola abandonada posteriormente,
mientras continuaban haciendo excavaciones
para la busqueda de gas natural. A pesar de la
mala fama del lugar y del holor a huevos
podridos procedente del azufre, los casi 40º
de temperatura a los que está el agua, te
dejan relajados como un bebe, de hecho casi
cuesta trabajo meterse dentro al principio de
lo calentita que está. Tras mas de media hora
dentro del poza con sesiones de masajes
intermitentes bajo el tremendo caño de agua
que cae sobre la misma, nos salimos del agua,
con todo el armamento al descubierto y tras
secarnos y cambiarnos, ante la mirada
indiferente de los 4 hippies que había por
allí, pusimos rumbo a Málaga, no sin antes
meter un buen recopilatorio de heavy metal en
el aparato de CD del coche, ya que aquella
sesión de masajes a chorro tras los 24 km. de
marcha que nos habíamos pegado y la ascensión
a la Tiñosa dos días antes era como para
quedarse dormido.

No es necesario decir, que a
partir de ahora, después de cada ruta por
Sierra nevada no estaría mal plantearse la
susodicha sesión de masajes en esta poza de
Santa Fé, donde a pesar de su leyenda negra se
llega casi al éxtasis, sobre todo en época
invernal. Hay ciertos lugares de donde no
conviene dar muchas pista de cómo llegar, a
los que os interese mejor os llevo yo mismo
cuando pasemos por allí…¡pero sin mariconadas,
chavalotes!.
Crónica y fotos: Juan Ignacio
Amador