A
pesar de lo poco promocionado que
está este parque natural de “Las
Fragas del Eume” a nivel nacional,
existe una elaborada red de
senderos, de pequeño y mediano
recorrido que nos ofrece una amplia
gama de posibilidades para disfrutar
en un entorno que rebosa magia y
misterio.

Como se trataba de
la primera vez que visitaba este
lugar, después de haberlo ido
posponiendo en anteriores
ocasiones por diversos motivos,
¡por fín! había llegado el día y
para ello, que mejor que empezar,
conociendo algunos de sus lugares
mas emblemáticos. El Acceso al
parque es fantástico, tan sólo
tenemos que coger la autovía del
Atlántico y a la altura de “Pontedeume”,
a corta distancia de “A Coruña”,
tomamos el desvío hacia “As Pontes”
por la carretera provincial
“AC-564” que no le tiene nada que
envidiar a la mejor carretera
nacional, pronto comenzamos a
ganar altura mientras vamos
disfrutando con las vistas del
curso bajo del río Eume que va
discurriendo paralelo a nosotros a
nuestra derecha, la concentración
de grandes masas forestales a
ambos lados del río, nos va dando
una idea del maravillosos bosque
que nos espera. En poco mas de 12
km llegamos a “As Neves”
(perteneciente al Ayuntamiento de
“A Capela”), que nos encontramos a
pie de carretera y donde me
atendieron con la amabilidad que
caracteriza a la buena gente
gallega, que en agradecimiento por
mi interés, no sólo me obsequiaron
con numerosos trípticos sobre
diversas rutas senderistas
perfectamente señalizadas, sino
con varios posters, calendarios y
hasta “marca-páginas”.Tras una
agradable charla con una chica que
además de guapa era muy amable,
seguí sus sugerencias para visitar
dos lugares estratégicos del
parque antes de iniciar la ruta
del día:

1º) La Central
Hidroeléctrica de Ventureira, a la
que se llega por una estrecha
carretera que accede al corazón
del parque directamente desde “As
Neves”, tras una bajada de unos 5
km. por una zigzagueante carretera
solitaria en un bosque profundo,
se llega al mágico paraje de dicha
central hidroeléctrica. Como suele
pasar en estos lugares, hay una
parte moderna que es la que está
en uso y otra antigua,
generalmente abandonada que es
donde se comenzó a trabajar en un
principio. En este caso el acceso
a la antigua casa de la central,
se hace subiendo por unas
escaleras que suben paralelas a
una ascada de casi 25 metros que
baja por la montaña, entre el
intenso sonido del agua, el musgo,
los helechos y las enredaderas por
todas partes incluso en las mismas
escaleras y al mismo tiempo todo
rodeado por un robledal infinito,
en pleno cañón del río Eume, te
hace sentirte en un bosque mas
propio de cuentos de hadas. Como
también de cuentos de hadas es el
“puente colgante” que cruza el río
aguas arriba, si bien ahora está
en un estado lamentable. La
carretera que sube desde dicha
“central de Ventureira” al lugar
conocido como “A Cova” nos lleva
por un precioso paisaje lleno de
misterio, donde los líquenes, los
helechos y el agua están presente
por todas partes, especialmente en
cada pared que nos vamos
encontrando. Ni que decir tiene
que una vez que nos adentramos en
el parque, cada kilómetro nos
vamos encontrando con uno o varios
paneles, que nos van indicando el
lugar en el que nos encontramos y
las rutas con las que podemos
enlazar desde cada punto.

2º) El siguiente
punto para visitar era el “Mirador
del Cañón del Eume”, que si bien
no aparece en ninguna publicación
oficial, por tener un acceso por
finca privada, la chica me lo
había recomendado encarecidamente,
y está claro que si eres del
“Comando Preston” eso es un plus
para la jornada. Para ello, había
que volver en coche por donde
habíamos bajado, es decir como si
regresáramos otra vez a “As Neves”,
pero antes de llegar, nos
encontramos un desvío a la derecha
que nos va a llevar por varias
aldeas, aunque el estado del
asfalto era bueno, nunca en mi
vida he ido por una carretera tan
estrecha y para colmo había veces
que tenía que frenar por que
desaparecía delante mía en
numerosos puntos, donde las hojas
de los robles formaban una
auténtica alfombra otoñal. Desde
el cruce donde comienza esta
carreterita hasta el lugar donde
dejamos el coche hay exactamente
3,4 km. y entre medio se dejan
atrás cuatro aldeitas tipo “portal
de belén” (que aquí se las
denominan barrios o “lugar de”)
donde la poca gente que ves se te
queda mirando entre la curiosidad
y la sorpresa, siendo las mismas
por este orden: Paces, Coto,
Ribeiro y Teixido, encontrándose
todas por detrás de la vertiente
norte de los cañones del río Eume,
donde las pequeñas zonas de
labranza se intercalan con
pequeños prados y bosques de un
verde intenso y pequeños arroyos
de aguas cristalinas que son
tributarios del Eume. Poco después
de pasar las casitas de “Teixido”,
estamos viendo de frente unas
rocas graníticas de tonalidades
claras que es a donde tenemos que
dirigirnos, para ello dejamos el
coche unos 200 m. después de la
última casa, en el margen derecho
de la carretera, justo donde
comienza un carril con una cadena
que nos corta el paso. Con el
único sonido de los graznidos y el
aleteo procedente de un nutrido
grupo de cuervos que sobrevolaba
la zona, me puse a caminar por un
solitario carril, que se iba
estrechando en la espesura de un
bosque hasta convertirse en
sendero, donde tampoco faltaban
las urracas. A pesar de que había
varios cruces, rigiéndome por el
principio de no abandonar nunca el
camino mas marcado, llegué en poco
mas de 10 minutos a una pequeña
atalaya de rocas graníticas que
una vez trepadas, resultaron ser,
la parte final, de las
impresionantes paredes que había
al otro lado, es decir: “El Cañón
del Eume” en todo su esplendor con
el gran embalse, aquí llamado:
“Encoro do Eume” hacia el este y
hacia el oeste la prolongación del
ancho cañón encajonándose cada vez
mas en la espesa masa forestal.
Sin duda, un lugar mágico al que
se accede fácilmente si sigues
bien las indicaciones anteriores,
donde, con las debidas
precauciones, podemos disfrutar de
unas panorámicas tremendas.


Para afrontar la
tercera parte de la jornada, había
que regresar a regresar por la
misma carretera por donde habíamos
venido y tras llegar al cruce
mencionado anteriormente,
continuar dirección “As Neves”,
pero antes de llegar a esta
localidad, me desvié a la
izquierda en dirección a la aldea
de “O Pazo”, nada mas llegar a las
primeras casas, cuando empezamos a
ver la iglesia al fondo, pasamos
junto a una casa solitaria, con un
restaurante en la planta baja
donde me atendieron con gran
hospitalidad, justo cuando iba a
pedir de la carta me advirtieron
que tenían un menú muy bueno, así
que dicho y hecho de las tres
elecciones que tenían para cada
plato, como el día estaba
fresquito, me pedí de primero una
fabada que me sirvieron en una
hoya gigante que me dejaron sobre
la mesa para repetir todo lo que
quisiera y de segundo “zorza”, o
lo que es lo mismo carne de cerdo
y ternera, macerada los días
antes, que me la sirvieron en una
gran bandeja de aluminio con una
montaña de patatas fritas, todo
ello acompañado de una botella de
tinto de la casa con gaseosa, que
con el pan de leña entró de
maravilla. En circunstancias
normales hubiera hecho las fotos
de rigor, pero me había dejado la
cámara en el coche y allí dentro
al calor de la chimenea se estaba
tan a gusto, que no quise moverme.
El delirio final llegó con un
abundantísimo postre, una especie
de “cuajada casera” color crema,
que acompañada de miel del país,
que me comí con gula, hasta casi
rebentar. De buena gana me hubiera
quedado a tomarme el café también
incluido en el menú, pero era un
26 de diciembre y ya eran cerca de
las 15,00 pm. a la espera de una
ruta totalmente desconocida de 9
km. por el corazón de las “Fragas
do Eume”. Así que pedí la cuenta
directamente, cuando me dijeron
que eran 8 €, yo casi ni me lo
creía, pero efectivamente así era.
Lo menos que podía hacer era
deshacerme en elogios por lo buena
que estaba la comida y decirles
que se quedaran con el cambio de
diez, casi fliparon, aunque no
tanto como yo, que casi me
entraron ganas de decirle aquello
de mañana vuelvo, a pesar de los
aprox. 150 km. que me separaban de
Soutmaior.

Al salir de la
casa-restaurante “O Pazo” (dentro
de la localidad del mismo nombre),
me dirigí a la cercana iglesia de
“Santiago de A Capela”, de planta
románica del s. XII, rodeada por
pequeño un recinto amurallado que
protege el cementerio del pueblo
en el que destacan cruces de
grandes dimensiones, que le dan
aún mayor misterio al lugar.
Tomando la iglesia como
referencia, tomamos la calle
asfaltada donde se encuentra en
dirección oeste y en dos pasos ya
estamos en la última casa de la
aldea, pasando junto a un garaje,
para adentrarnos en un sendero
flanqueado por pequeños muritos de
piedra entre los que iniciamos el
descenso hasta el monasterio
“Mosteiro do Caaveiro”,
considerado el corazón del parque
natural de las “Fragas do Eume”.
Nada mas empezar, la frondosidad
del bosque es notable, otra vez,
el agua es tan abundante, que casi
debemos estar muy atento a la hora
de escoger donde colocar el pie a
cada paso, porque el camino, a
veces se transforma en una pequeña
torrentera por donde no deja de
correr el agua, que termina
desembocando en un arroyo
tributario del Eume, por cuyo
puente de madera vamos a cruzar,
para poco después llegar a un
pequeño prado y unos 300 m. mas
allá reanudar el descenso por lo
que fue el empedrado camino
medieval que da acceso al
monasterio, por el que nos vamos
adentrando en la frondosidad del
que hasta ahora se considera el
mayor bosque atlántico de Europa,
donde abundan los robles, castaños
y fresnos, si bien es cierto que
de unos años a esta parte los
eucaliptos se han extendido como
una plaga por toda Galicia y ya
comienzan a invadir este bonito
paraje del que poco a poco se
están adueñando en detrimento de
las especies autóctonas.

Antes de llegar al
puente medieval hay un sendero a
la derecha que baja hasta el río
Sesín, cuya corriente venimos
escuchando desde hace ya un rato.
Nada mas cruzar el puente
medieval, unos 100 m. antes del
monasterio, hay un lugar
verdaderamente precioso, donde nos
encontramos con las ruinas de dos
antiguos molinos, situados junto a
una sucesión de cascadas justo
antes de que el cauce pase bajo el
puente. Es el típico lugar
solitario, donde el musgo en las
rocas, los helechos y el verde en
general te rodea por todas partes
y el mágico sonido del río con su
sucesión de cascadas te hacen
creer que estás en un cuento de
hadas. Misteriosamente las fotos
que saqué en esta zona, incluso
con trípode, no llegaron a
aparecer cuando descargué la
cámara en la tienda de fotos
correspondiente. Un auténtico palo
por ser el lugar mas bonito de la
ruta, si bien quedaron grabadas en
video. Poco después del puente se
llega al “Monasterio de San Xoan
de Caaveiro del siglo X, cuyo
acceso, me encontré cerrado por
encontrase en su última fase de
reforma. Con lo cual me tuve que
conformar con hacerle una foto
desde la “casa del Caeiro”. Nos
encontramos en un lugar donde
enlazan tres rutas: el “GR. 50
Rota do Medievo” que va desde
Betanzos a Cabo Ortegal pasando
por san Andrés de Teixido, y dos
P.R. aún no homologados pero
perfectamente señalizados como son
la “Senda Ventureira” (lineal),
que va desde La Central
Hidroeléctrica al Monasterio y la
circular que yo estaba haciendo de
9 km. entre “O Pazo” el
"Monasterio de Caaveiro".

El Monasterio es el
punto mas bajo y por consiguiente
mas cercano al Eume, es el punto
de retorno de esta ruta circular y
ahora tocaba subir los 200 m.
desnivel que nos separaban de “O
Pazo”, con los últimos rayos de
sol filtrándose por la espesura
del bosque, comencé a subir, por
el tramo en el que comparten en
común esta ruta y “La Ventureira”
una pista forestal de terreno
pizarroso que va ganando altura en
cerrados zig-zags, donde a veces
había que superar algunos
escalones de cierta altura muy
resbaladizos, hasta que por fin se
llega a la carreterita que baja a
la central hidroeléctrica. Desde
aquí solo me quedaba remontar la
carretera a lo largo de unos 500
m. poco después de dejar atr´ças
los carteles indicativos de la
“Ruta dos Muiños” llegando a una
zona con varias casas a ambos
lados de la carretera desde donde
parte una pista a la izquierda que
atravesando prados, tierras de
labranza y un pequeño pinar me
llevó directamente al punto de
partida “Iglsia de Santiago da
Capela” a donde llegué con las
últimas ascuas del sol antes de
ponerse en el horizonte atlántico.
¿Sabías que
una “fraga” es un
lugar donde abundan las breñas o
terrenos quebrados entre prados y
poblados de maleza? . En la Edad
Media, el bosque representaba todo
lo extraño, sospechoso y externo
de los límites de la experiencia
humana considerada normal. En
realidad las palabras castellanas
de “forastero” y “forestal”
derivan de la misma raiz latina
“foris” , que significa “afuera”.