Aunque parezca
imposible, cada nueva ruta con los
compañeros/as de Pasos Largos se me
hace más grata, divertida,
entretenida, instructiva y un largo
etcétera de adjetivos positivos.
Además, todo aquel que conozco
dentro del grupo reúne por completo
los requisitos para ser un excelente
compañero/a de aventuras en la
naturaleza, al igual que ocurrió en
esta ruta donde tuve el inmenso
placer de conocer a: Esperanza
Freire, Merche Freire, José Antonio
Moreno, Juan Moreno, Jesús García,
Lourdes Cerón, Francisco Gómez, y
Luis Mauricio Cabrera. Tampoco puedo
dejar de mencionar y agradecerles su
asistencia a los compañeros que ya
tenía el gusto de conocer y que
incluso considero mis amigos, a
saber: Jesús González, Juan Antonio
Mena y su peque Ana, Guillermina
Montañez, Juan Carlos Pérez y su
inseparable Paqui, Fernando Ruiz,
Rafa Márquez, Paco Domínguez, Celia,
Francisca Holgado, y mi adorado
Paco. Un besazo para todos y un
millón de gracias por ser como sois
y hacerme la vida mucho más alegre y
divertida. Ojalá os esté
correspondiendo en igual medida; y
aunque no sé si lo consigo al 100%,
sí que os puedo asegurar que en ello
pongo todo mi empeño.

Como todas las
Semanas Santas, desde que tengo uso
de razón, llegan los días festivos y
con ellos el mal tiempo. Los más
creyentes dicen que Dios bendice la
tierra con la lluvia en estos días
tan sagrados, y los que no creemos
en ningún tipo de ideología
religiosa nos reafirmamos en nuestro
ateismo cuando vemos a los fieles
llorar amargamente por no poder
adorar a sus imágenes en la calle
debido al mal tiempo. Como diría mi
padre: “tengo claro que Dios no
existe, ya que dudo mucho que un Ser
tan inmensamente bondadoso y
poderoso permita que sucedan muchas
de las cosas que vemos en el
telediario, pero la existencia o no
del Demonio no la tengo tan clara…”
El caso es que, a
pesar de la previsión de fuertes
vientos, la considerable bajada de
las temperaturas, y la amenaza de
lluvia, ninguna de estas
circunstancias fue motivo suficiente
para intimidar a los osados
compañeros de Pasos Largos de acudir
a la ruta que teníamos prevista, así
que casi me emociono cuando vi al
numeroso grupo que ya me estaba
esperando en la verja de la frontera
con auténtica puntualidad inglesa.
Una vez reunidos los
21 compañeros que formamos parte de
esta expedición a tierras inglesas,
decidimos cruzar la frontera y fue
en este momento cuando aconteció el
único incidente desagradable de la
jornada, ya que nuestro compañero
Jesús García no llevaba su DNI y con
el carné de conducir no le
permitieron el paso. No obstante, él
decidió ir en busca de su DNI,
acordando ponerse en contacto cuando
ya estuviese de regreso para así
poder unirse al grupo en el punto
que le indicásemos. Por desgracia,
para cuando se puso en contacto ya
estábamos finalizando la ruta. En
este punto, no quiero que se me pase
el decirle al compañero Jesús que en
el mes de Agosto, el día que él
quiera, mi marido y yo estaremos
dispuestos y encantados de
acompañarle para hacer la ruta
completa, incluyendo una parte del
recorrido que no realizamos el
sábado debido a que el tiempo no
acompañaba para recrearse más en la
visita. “Jesús, espero y deseo que
me tomes la palabra”.
Al cruzar la
frontera lo primero que nos
encontramos son las pistas del
aeropuerto de Gibraltar, donde el
viento siempre azota de forma muy
violenta debido a que tanto al este
como al oeste sus pistas dan al mar
abierto. Pero a pesar del fuerte
viento, fuimos capaces de cruzar las
pistas, además de hacernos varias
fotos de grupo con distintas
cámaras, para dar fe de lo poco nos
faltaba para salir volando hacia el
mar Mediterráneo o hacia la Bahía de
Algeciras.
Luego nos dirigimos
hacia la calle Real, a través de la
cual se llega a la entrada de la
ciudad, Grand Casemates Gate, que
es un túnel abierto en la muralla
que rodea a la ciudad con un inmenso
portón, huella histórica de lo que
debió ser antaño una inescrutable
ciudad fortificada.
A través del túnel
accedimos a la plaza principal de la
ciudad, Casemates Square, y de allí
nos dirigimos a Main Street, la
calle donde se concentran todos los
comercios que son asiduamente
visitados por los turistas y por los
habitantes de la Línea de la
Concepción, debido a que los precios
son más bajos y además, te ahorras
el pagar el IVA. Aunque en los
artículos de tecnología ya casi no
existe diferencia en precio
(cuestión que pudo constatar nuestro
compañero Paco Domínguez al ver los
precios de los Discos Duros), en las
bebidas alcohólicas, en el tabaco y
en la gasolina sí que hay
aproximadamente un 20% de ahorro,
así se entiende el tráfico continuo
de personas y vehículos para visitar
un territorio que apenas tiene 7
kilómetros cuadrados de superficie.
En nuestro paseo por
Main Street pudimos ver el
Parlamento, varias catedrales (Cathedral
of St Mary the Crowned, Cathedral
Square, Cathedral of the Holy
Trinity), dos iglesias (St Andrew´s
Church of Scotland y Methodist
Church, siendo esta segunda la
iglesia más antigua de Gibraltar) y
un convento (King´s Chapel), para
que luego no se diga que no
estuvimos celebrando la Semana
Santa.
Al final de Main
Street nos encontramos con otra de
las puertas de la ciudad
fortificada, “Southport Gates”, la
cual cruzamos para adentrarnos en
Trafalgar Road, donde pudimos ver el
Cementerio de Trafalgar, y luego
cogimos Europa Road para visitar el
Jardín Botánico de “La Alameda”,
donde hicimos nuestra primera parada
técnica de avituallamiento (es
decir, donde la mayoría aprovechamos
para tomamos un “piscolabis” y otros
visitaron el excusado)
Tras
un corto paseo por el Jardín
Botánico, y más fotos con unos
cañones que allí había (según tengo
entendido hay una centena de cañones
distribuidos por toda la ciudad de
Gibraltar), decidimos que ya había
llegado el momento de empezar a
sudar de verdad, así que cogimos
dirección hacia de Upper Rock, es
decir, hacia la cumbre del Peñón. La
primera parte del recorrido es la
más fea, ya que se hace por un
carril por donde transitan
vehículos, y además no hay acera,
con lo cual tuvimos que hacer una
fila india para no ser atropellados.
Pero sí que pudimos disfrutar de
unas increíbles vistas de Algeciras
y de la Bahía de Algeciras, mientras
nuestros compañeros Rafa Márquez y
José Antonio nos deleitaban con unas
instructivas y amenas explicaciones
acerca de la ciudad de Gibraltar,
los “Llanitos” y el idioma de los
“Llanitos”; y nuestra compañera
Lourdes Cerón intentaba responder de
forma precisa y paciente a los
cientos de preguntas que le
planteaba la pequeña Ana.
Por
fin llegamos a la entrada de la
Reserva Natural del Peñón, donde hay
un mirador con unas impresionantes
vistas al Estrecho, pero las nubes
nos impidieron ver con claridad las
ciudades de Ceuta y Melilla. Lo que
sí pudimos ver a la perfección fue
el barco “New Flame”, el cual lleva
varios meses hundiéndose en la costa
de Gibraltar, y las famosas Columnas
de Hércules, donde también nos
hicimos la oportuna foto de rigor.
Tras pagar un peaje
de 0,70 € por persona, precio de
grupo, nos permitieron acceder al
sendero que da comienzo a la ruta
senderista “Mediterranean Steps”,
gran desconocida tanto por los
lugareños como por los turistas (ni
nuestros compañeros de La Línea
sabían de su existencia), la cual
nos llevaría al punto geodésico del
Peñón (O Hara`s Battery, a 425
metros de altitud)
Esta
ruta senderista se caracteriza por
los numerosos escalones de piedra
caliza que en un inicio hay que
bajar, hasta casi llegar al nivel
del mar, y luego se tornan en
ascendentes hasta llegar a la cima,
con pequeños tramos de sendero que
nos permitieron dar una tregua a
nuestros cuadriceps y gemelos. Al
encontrarnos en Semana Santa, más de
uno/a se tomó la ruta como una
especie de penitencia, la cual tenía
su recompensa en las maravillosas
vistas que pudimos contemplar: del
Mar Mediterráneo, de los
acantilados, y de un cielo que se
despejó para regalarnos unos
magníficos rayos de sol a través de
los cuales contemplamos
boquiabiertos durante todo el
ascenso unos espectaculares vuelos
de gaviotas.
En este punto tengo
que hacer una mención especial a
nuestra compañera Ana, que con sólo
6 añitos nos demostró de qué pasta
está hecha la nueva generación de
Pasos Largos, ascendiendo por el
Peñón casi volando como un pequeño y
hermoso colibrí de vivos colores (en
distintas tonalidades de rosa), con
su alegría y desparpajo robándonos
sonrisas a su paso,
y planteándonos cientos de preguntas
por minuto para saciar su enorme
curiosidad e interés por todo lo que
la rodeaba. Al final de la ruta le
dije que se había ganado con creces
tener un apodo, al igual que lo
tienen los miembros más destacados
de Pasos Largos, y aunque este honor
le corresponde a nuestro Comandante,
como él no pudo estar con nosotros
en ese día me voy a tomar la
licencia de ser yo la que bautice a
nuestra pequeña Ana con el seudónimo
de “La Ninfa de los Mares del Sur”.
Y como sé que lo primero que le vas
a preguntar a tu papá es qué
significa Ninfa y porqué eres de los
Mares del Sur, aquí va de forma
resumida la explicación del
Seudónimo:
“En
la
mitología
griega, una Ninfa
es cualquier miembro de un gran
grupo de espíritus femeninos de la
naturaleza, a veces unidos a un
lugar u orografía particular. Las
Ninfas son las personificaciones de
las actividades creativas y
alentadoras de la naturaleza.
Algunos autores dicen
que su significado deriva de la
palabra a la
latina
nubere y de la
alemana
Knospe, como una raíz que
expresa la idea de ‘crecer’ (según
Hesiquio
de Alejandría, uno de los
significados de νύμφη es ‘capullo de
rosa’)
El hogar de las
Ninfas está en las montañas y
arboledas, en los manantiales y
ríos, en los valles y las frías
grutas. Las diferentes especies de
Ninfas se distinguen según las
diferentes esferas de la naturaleza
con las que están conectadas, aunque
entre los romanos su esfera de
influencia fue reducida, y aparecen
casi exclusiva
mente como divinidades
del medio acuático. En tu
caso eres la Ninfa de los Mares del
Sur por ser descendiente del Elfo de
la Malagueña y por haberte ganado el
Seudónimo en el Estrecho de
Gibraltar, donde dicen que se unen
el Mar Mediterráneo y el Océano
Atlántico”. Espero que te guste…
En nuestra ascensión
al Peñón nos encontramos con dos
garitas vigía, dos cuevas, y dos
miradores desde los cuales nos
deleitamos con las vistas de la
inmensidad del mar. También pudimos
ver el otro extremo del Peñón, al
cual nos dirigimos en el punto final
de nuestra ruta para visitar el
Castillo Mozárabe, y la costa
noreste donde se ubica Sandy Bay,
una pequeña urbanización a pocos
metros del mar, sobre la cual se
divisan los parapetos creados por
los Gibraltareños para recoger las
aguas de las lluvias.
Al
llegar a la cima del Peñón nos
llevamos la desagradable sorpresa de
que por ese lado el viendo de
poniente azotaba muy fuerte, así que
de forma rapidísima sacamos la foto
testigo de que habíamos llegado al
punto geodésico y emprendimos camino
dirección norte, hacia el otro
extremo del Peñón, para visitar a
los famosos monos gibraltareños,
quizás el momento del día más
esperado por todos (especialmente
por Ana)
Aunque el fuerte
viento hizo que la mayoría de los
Macacos estuviesen resguardados en
sus guaridas, pudimos ver varios
miembros de las 30 familias que
dicen pueblan el Peñón
(aproximadamente hay unos 10
miembros por familia, con lo cual en
el Peñón habitan unos 300 Macacos),
además de varias ratas que campaban
por la zona muy alegremente.
Fue en el momento de
la comida cuando nos dimos cuenta de
que el Peñón guardaba grandes
similitudes con la película “El
Planeta de los Simios”. Decidimos
guarecernos del viento en una torre
vigía próxima al teleférico, para
así poder disfrutar de nuestros
víveres de forma más tranquila; pero
nos fue imposible, ya que un mono
nos fue siguiendo, y cuando más
distraídos estábamos todos con
nuestras respectivas pitanzas y
conversaciones decidió que era el
momento perfecto para atracar la
mochila de nuestro compañero Juan
Carlos, el cual al darse cuenta de
lo que estaba a punto de suceder
reaccionó con la agilidad de un
guepardo y luchó fervorosamente por
recuperar la bolsa de su comida, la
cual ya estaba asida
fuertemente
por las zarpas del mono (cada vez
que Paqui recuerda este momento la
risa la inunda como un manantial, y
eso que es su mujer, así que os
podéis imaginar las risas del resto
de compañeros) Finalmente la lucha
“Homo Sapiens Sapiens” versus “Homo”
terminó en tablas, ya que Juan
Carlos consiguió recuperar su
bocadillo de tortilla, pero el mono
le arrebató su empañada del
Mercadona (véase la foto de la
portada de esta crónica, donde el
mono da buen provecho de su botín) A
partir de este momento, el mono nos
acechó durante todo el rato que
estuvimos comiendo, con lo cual
muchos de nosotros aceleramos
nuestras masticadas para salir de
allí lo antes posible y evitar así
ser atracados, o atacados, por el
mono “chorizo”.
Del teleférico nos
dirigimos a los túneles de Gran
Asedio y al Castillo Mozárabe, donde
nos esperaba impaciente nuestro
compañero Jesús García, ya con su
DNI a buen recaudo. Fue éste un
reencuentro bastante agridulce, ya
que a todos nos apenó en gran medida
no haber podido realizar la ruta
juntos.
Tras la trinchera de
uno de los túneles del Gran Asedio,
Celia, Fernando y Ana jugaron un
rato con sus bastones, simulando que
eran armas de fuego. Mientras, José
Antonio me recomendaba que bajásemos
a la ciudad por las escalinatas del
barrio mozárabe. Y así lo hicimos,
quedándonos todos bastante
decepcionados al comprobar con
nuestros ojos la enorme desidia y
dejadez que los gibraltareños tienen
tanto para la conservación y
restauración de sus monumentos
históricos como para el cuidado y
mantenimiento de su ciudad en
general.
Como punto y final de
nuestra aventura, por petición
clamorosa de Celia, decidimos entrar
en un pub para tomarnos una típica
cerveza irlandesa. El pub “The
Túnel” fue el elegido, y menciono el
nombre para que a ningún otro
incauto se le ocurra tomar nada en
él, por varios motivos: la calidad
era bastante mala (de cerveza
irlandesa nada de nada), los precios
fueron abusivos (2 € por una
manzanilla), y para más INRI los
precios variaban según la persona
que pagaba (por una pinta de cerveza
en unos casos cobraron 4,50 €, en
otros 4,25 €, y en otros 0 €)
¡Increíble pero cierto!
No obstante, las
conversaciones con los compañeros
fueron, como siempre, muy amenas y
divertidas. En el lado de la mesa
donde me encontraba, Esperanza
Freire y Merche Freire nos hablaron
acerca de sus aventuras en “Senderos
Espinosos”, José Antonio nos
descubrió su afición al ciclismo de
carretera, descubrí quién era Paqui
Holgado después de haber coincidido
con ella en varias rutas y, lo más
importante, Fernando compartió sus
frutos secos con nosotros, lo cual
hizo que la cervecita entrase mucho
mejor (que se lo digan a mi Paco,
que después de tomarse pinta y media
la vida le parecía mucho más bonita
y, según él, había alcanzado un
estado de felicidad muy agradable
por un módico precio)
Ya en territorio
español, le dimos un sonoro y
merecidísimo aplauso a Ana, “La
Ninfa de los Mares del Sur”, por lo
bien que había realizado toda la
ruta, y procedimos a despedirnos
hasta la próxima aventura en
nuestros adorados senderos de
montaña, constatando Guillermina y
yo que las rachas de viento no les
sientan nada bien a nuestras
cabezas.
Crónica y fotos: Angus "La Dalia
Negra" (organizadora de la ruta)
Fe de erratas y
Posdata:
Al compañero Jesús,
que fue de los pocos que se leyó
íntegramente el documento acerca de
Gibraltar que envié días previos a
la ruta, decirle que estaba en lo
cierto y que mi documento tenía un
error, a saber: “El punto más
meridional de la península ibérica
no es Gibraltar, sino que es el cabo
de punta de Tarifa”.
Por último, decirles
a Francisco Gómez, Juan Moreno y
Luis Mauricio Cabrera, que se animen
y que nos propongan una de esas
rutas tan “chulas” que me fueron
comentando por el camino.