El sábado 29 de diciembre nos dimos cita 27
compañeros de Pasos Largos (tres de ellos
caninos), en una fabulosa mañana soleada y sin
viento, siendo esto último muy poco habitual en
los entornos pizarreños.
Aunque la
hora de encuentro había sido fijada a las 10:30,
la ruta no tuvo comienzo hasta las 11:30, debido
a que nuestro compañero Fernando y sus
acompañantes de coche tuvieron ciertos
percances: primero con la puerta del coche, y
luego con la salida hacia Pizarra, hecho que dio
lugar a ciertas bromas y risas acerca de lo bien
que se conocen nuestros compañeros de Ronda el
camino de Quejigales y las zonas aledañas y lo
poco que se conocen otros caminos de nuestra
querida Málaga.
Debido al
retraso en la hora de comienzo de la ruta,
decidimos recortar el recorrido. En un inicio
nuestro objetivo era recorrer el primer tramo
del PR-A 118 (de 10 km), pero finalmente lo que
hicimos fue recorrer la mitad del primer tramo y
parte del cuarto tramo de este PR (recorriendo
aproximadamente 7 km)
El inicio de
la ruta tuvo lugar en el Parque ICONA de Raja
Ancha, en el cual caminamos a través de un
bosque de pinos y eucaliptos hasta llegar al
primer hito de nuestro recorrido: un enclave
rocoso que oculta un estrecho sendero en su
interior y unas escaleras de piedra que culminan
en un espectacular mirador también de piedra,
antigua torre atalaya árabe, desde el cual se
puede observar una bella panorámica del pueblo y
sus alrededores.
Tras las
correspondientes fotos, continuamos por el
sendero, atravesando el bosque de pinos, hacia
nuestro siguiente hito: Cueva Oscura, la cual
siempre termina decepcionando a sus visitantes,
ya que tiene poco de cueva y menos de oscura,
pero que siempre da lugar a risas y fotos de sus
bancos y mesas tallados en la roca.
Dejando a
nuestras espaldas Cueva Oscura, retomamos el
sendero, el cual progresivamente iba saliendo
del bosque de pinos, mientras los olores de
diversas plantas aromáticas nos envolvían cada
vez con más fuerza. Tomillos, Lavandas, Hinojos
y Romeros mezclaban sus aromas para hacernos más
agradable nuestro camino hacia el Santo, al cual
cada vez divisábamos más y más cerca, hasta que
por fin nos hayamos bajo sus pies, en un
fabuloso mirador desde el cual pudimos divisar
el Valle del Guadalhorce y algunas de nuestras
sierras favoritas. Mientras nuestros ojos se
recreaban con unas vistas tan espectaculares,
nuestros estómagos daban buen provecho de los
correspondientes “piscolabis”, y con nuestros
oídos intentábamos captar el mensaje que nos
transmitía nuestro compañero Carlos Tapia desde
Ronda. He de aclarar en este punto que aunque a
la estatua se la llame “El Santo”, no se trata
de un Santo, sino de un Cristo.
Desde el
Santo cogimos un camino custodiado por
algarrobos hasta llegar al punto geodésico del
recorrido, a 449 metros de altitud, en el cual
también nos hicimos la correspondiente foto.
Justo después nos encontramos con una
bifurcación de caminos, en la cual empecé a
dudar: ¿izquierda o derecha?, cogimos el de la
derecha y resultó ser el camino equivocado, pero
nos sirvió para reírnos un rato de la guía del
grupo (servidora) y ver una altísima antena para
medir la velocidad del viento. Una vez retomado
el carril correcto, dirección norte y en
descenso, nos dirigimos hacia Castillejos de
Quintana, un fabuloso yacimiento arqueológico
mozárabe. Desde mi punto de vista, el recorrido
hasta el yacimiento es lo más bonito de esta
ruta, con unas vistas espectaculares de tajos,
divisando en todo momento el enclave del antiguo
poblado mozárabe. Para todo aquel que visite
Castillejos de Quintana, decirle que no se puede
marchar de allí sin encontrar al menos tres
vestigios del antiguo poblado: una tumba, un
muro y una garita. Nosotros los encontramos los
tres, así que como premio decidimos que ya era
hora de comer algo, improvisando un espectacular
salón-comedor en un collado cercano al
yacimiento. En este lugar Rafa, nuestro
Presidente, demostró su gran sabiduría,
engrosando los apuntes de nuestra compañera
Victoria con numerosos nombres de plantas.
Tras una
nueva conversación telefónica, esta vez con
nuestro Comandante y Secretario Juani, que nos
regaló como siempre su simpatía y buen humor,
decidimos ponernos en pie y emprender el último
tramo de nuestro recorrido, dirección a la
Ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta.
Como a la
mediación del camino, nuestro compañero Juan
Antonio creyó divisar un dolmen, lo cual nos
comunicó al resto de compañeros y nos reímos
pensando que era una broma. Pero he de confirmar
que efectivamente nuestro compañero divisó los
restos de una Necrópolis Prehistórica, de la
cual se pueden ver restos a ambos lados del
camino que sube al Santo. Se trata de una serie
de enterramientos que datan de la Edad del
Bronce (1.500 años a. C. aproximadamente). Por
tanto, no eran exactamente unos dólmenes, pero
sí que eran algo parecido.
Una vez
llegamos a la Ermita, la señora encargada de
cuidarla nos abrió la puerta muy gentilmente y
nos dio vía libre para que la visitásemos. Para
los amantes de la historia, os diré que la
Ermita se excavó en la roca en época Mozárabe,
es decir, la actual Ermita se readaptó a la
antigua Iglesia Mozárabe. En su interior se
puede admirar una talla de la Virgen de la
Fuensanta, patrona de los pizarreños, y en la
parte baja de la Ermita se conserva la hornacina
donde, según la leyenda, apareció la imagen de
la Virgen en 1.566, siendo este también el lugar
donde brotó el manantial que le dio advocación.
En este lugar tan milagroso, para algunos,
nuestro compañero Fernando nos deleitó con una
espectacular prosa a la Virgen, la cual todos le
agradecimos con un sonoro y prolongado aplauso.
Para
aquellos que deseen visitar la Ermita, les
recomiendo visiten, si tienen oportunidad, la
casa de los cuidadores, la cual fue excavada
casi en su totalidad en la roca en el Siglo X.
En mi opinión, merece la pena verla.
La visita a
la Ermita era el último hito de nuestro
recorrido, así que nos dirigimos al pueblo para
poner el punto y final a nuestra aventura. Pero
todavía una última sorpresa nos aguardaba…
Nuestros compañeros Juan Carlos y Paqui nos
sorprendieron muy gratamente a todos con una
nevera de playa repleta de bebidas y dulces
navideños, de la cual dimos buen provecho.
Lástima que algunos compañeros se tenían que
marchar para la subida nocturna del Torrecilla,
ya que me da la sensación que a más de uno nos
hubiese encantado continuar con los brindis y
los villancicos algunas horas más…
Muchísimas
gracias a todos por vuestra participación y por
vuestra comprensión en esta primera ruta que me
he atrevido a preparar y llevar a la práctica.
Ha sido la primera que organizo, pero os puedo
asegurar que no será la última, he tomado notas
para mejorar en las siguientes…
Besos a
todos y espero que se estén cumpliendo ya
vuestros deseos de Año Nuevo.
Crónica: Angustias
Pendón









