El
sábado 27 de octubre nos dimos cita
en Valle de Abdalajís cerca de una
treintena de Pasos
Largos para realizar una de las
rutas más esperadas y que no tuvimos
ocasión de completar el año pasado a
pesar de los intentos, que quedaron
frustrados por el mal tiempo.
Precisamente el mal tiempo también
nos hizo dudar este año, porque las
cumbres amanecían cubiertas
totalmente por densas nubes y la
previsión meteorológica no era muy
alagueña (45% de probabilidad de
lluvia). Pero la ilusión pudo más.

Dejamos la mitad de
los coches en Valle de Abdalajís,
y nos dirigimos con el resto de
los coches y todo el personal a la
Barriada del Chorro, el inicio de
la travesía. Hay que agradecer a
Juani, el comandante, su presencia
en el punto de inicio, la
organización de los coches y el
reparto de una hoja informativa
muy completa con mapas e hitos.
Sus explicaciones, como siempre,
completas y apasionadas nos
hicieron ilusionarnos más aún con
el día que nos esperaba. Una pena
que se tuviera que ir, pero por el
bien de su salud, hizo lo mejor,
porque se le veía cansado. Juani,
ya sabes que te echamos de menos
ese día, pero Chucky la disfrutó
por ti y se portó como un campeón.
Chorro
– Cumbre del Huma
Comenzamos a andar
sobre las diez de la mañana, desde
el camping de El Chorro por el
carril que asciende con
autoridad por un bosque de pinos.
Mientras los primeros del grupo
siguieron el carril con todas sus
curvas, algunos intrépidos que
íbamos detrás cerrando la marcha,
recortamos camino por algunas
sendas que se abren en los
márgenes, hasta llegar cerca de la
cantera de silex en cuya pared
podemos observar las huellas de
grandes ejemplares de amonite.
Después de algunas fotos y un
primer reagrupamiento, continuamos
andando por el carril hasta llegar
al punto de inicio de las
escaleras que desafían la lógica.
Muchos compañeros que no conocían
la ruta pensaban que era imposible
superar el macizo de piedra que se
levanta imponente ante nuestros
ojos, y con frases como ‘¿por ahí
tenemos que subir?’ o ‘no me he
traido los pies de gato’ y con
caras de asombro empezamos a subir
por las primeras escaleras de
piedra. Los buitres nos
acompañaron con su majestuoso
vuelo durante todo el recorrido
desde el Chorro hasta la
antecumbre del Huma.
Las escaleras son
el principal atractivo de la ruta
y se llevaron unas cuantas fotos
por parte de todos los que
llevábamos cámara. Parece
increíble que allí en medio de la
montaña se haya podido hacer esa
construcción que hace posible
ascender bastantes metros en muy
poca distancia. Una vez superadas
a buen ritmo, estábamos en el
puertecillo desde el que ya se
puede ver el Cortijo de Campedrero
y la cumbre del Huma, aunque en
aquel momento estaba toda
cubierta, lo que incrementó
nuestra incertidumbre. Pasamos una
alambrada y nos dirigimos hasta el
cortijo, donde cogemos un carril
en dirección este que nos lleva a
la falla que nos permite subir
hacia la cumbre. En el margen
izquierdo de este carril nos
desviamos justo en el sitio donde
la gran mole permite ascender de
forma más o menos cómoda. Desde
allí en dirección noroeste nos
acercaríamos a un balcón
impresionante, pero por la niebla
y la dispersión del grupo seguimos
hacia la cumbre sin desviarnos.
Después de todo la niebla había
ascendido más o menos a la misma
velocidad a la que lo hacíamos
nosotros y nos permitió andar con
comodidad. Sólo ya en la
altiplanicie dirigiéndonos hacia
el punto geodésico se hizo tan
densa que no veíamos a unos
metros, pero todo el grupo cada
uno por un sitio se reunió e el
punto geodésico, a 1.199 metros de
altitud. Habíamos subido a buen
ritmo, eran apenas las 13:30 h. y
sin pensarlo mucho sacamos los
bocadillos y los taper y comimos
al abrigo del las rocas de la
cumbre. El viento nos respetó el
almuerzo y nos dejó ver algo de
paisaje, aunque no se despejó
completamente.

Huma – Capilla
Después de comer y
con poco tiempo de descanso porque
el frío comenzaba a molestar, nos
hicimos la foto de grupo apoyando
la cámara en una piedra y bajamos
por la cara norte, zigzageando
hacia la derecha con vistas al
pico Capilla, el siguiente gran
objetivo de la travesía. La bajada
es un poco incómoda por las
piedras sueltas producto de la
erosión de las calizas, pero con
unas buenas botas y un par de
bastones se facilita mucho el
descenso. Pronto llegamos a un
bosquete de pinos que agarran el
suelo de forma que se hace más
fácil seguir descendiendo. La
bajada nos deja en las
proximidades del puerto Pizarro,
pasando junto al Cortijo llamado
del Campano y el cruce de sendas
del Cortijo de la Rejonada. Un
poco antes habíamos estado
buscando unas ruinas romanas que
supuestamente se encuentran muy
cerca, pero guiandonos con el GPS
de Reinaldo, vimos las mismas
debían estar en una finca en la
cual habían echado gravilla y no
se veía nada parecido a unas
ruinas romanas. O bien las han
tapado, o se encontraban en otro
lugar cerca de allí y no dimos con
ellas. Como teníamos aún que
ascender al Capilla y atravesar el
torcalillo, pusimos ritmo a la
marcha para no alargar mucho más
la hora.

En
el cruce de sendas Fernando, Ana y
dos compañeros más por diferentes
motivos decidieron bajar ya hacia
el pueblo de Valle de Abdalajís, a
unas dos horas por carril. El
resto del grupo nos dirigimos
hacia el Cortijo de la Rejonada,
muy cerca ya del punto de partida
de la ascensión al pico Capilla,
al que se puede atacar por dos
sendas poco marcadas, que se
pueden intuir mirando las fallas
de la montaña. La ascensión es
breve aunque un poco incómoda por
los matorrales que crecen en las
faldas del Capilla y algunas zonas
de piedra muy escarpada, al final
de la subida. En media hora
estábamos todos arriba, por
distintas vías, ya que cada uno
tomó el camino que
le
parecía más cómodo. Eran las
cuatro aproximadamente. Fue una
pena que no pudiéramos disfrutar
de las vistas tan espectaculares
que brinda esta montaña, estaba
totalmente cubierto. El descenso
se hizo complicado porque la nube
que ocupaba la cumbre se hizo tan
densa que terminamos todos con el
pelo mojado por la humedad que se
concentraba.
Pico Capilla –
Valle de Abdalajís
Descendemos por el
mismo camino hasta el cruce de
sendas y tomamos el PR-A 87, la
llamada Ruta del Torcal del
Charcón, que atraviesa una zona de
torcales casi tan espectacular
como el Torcal de Antequera, pero
mucho más pequeño. Para atravesar
esta zona no hay sendas, pero se
hace de forma más cómoda si
encontramos un ‘camino’ más o
menos cómodo que nos permite
caminar sin dar grandes saltos en
las piedras. El inicio de este
camino lo anuncia una tablilla,
que dice al Cortijo Charcón (30
minutos), al Valle de Abdalajís
(2,5 horas). La leve niebla que
había a esa altura unida a las
formas imposibles del torcalillo,
hicieron que este punto fuera uno
de los más bonitos de la travesía,
después de las escalerillas.
Después de atravesar esta zona
llegamos a una senda que en unos
diez minutos nos deja en el
Cortijo del Charcón, en ruinas.
Ya
solo queda el fuerte descenso
hasta el pueblo por un carril
ancho y con cerradísimas curvas.
En la parte alta del mismo podemos
ver una zona de calizas que
cuelgan hacia el suroeste y donde
en otras ocasiones hemos visto
cabras montesas, pero en esta
ocasión no aparecieron. También es
digno de mención algunas
formaciones calizas, que según
Juan Antonio, el Elfo de la
Malagueta parecían fichas de
dominó caídas unas sobre otras, y
las vistas magníficas sobre el
Valle de Abdalajís que aparecía
despejado. La bajada por el carril
se hizo corta por las
conversaciones varias que
llebávamos, más o menos hora y
media hasta el Valle de Abdalajís,
donde teníamos
los
coches y donde nos habíamos
reunido a las 9:30 de la mañana.
Nos acoplamos en los coches y nos
dirigimos hasta El Chorro, donde
habíamos comenzado la ruta sobre
las diez. Para finalizar la gran
travesía lo celebramos con unas
cervecitas, cafecitos, tapitas de
migas, tortas de aceite y lo que
quiso cada uno. Nosotros nos
despedimos antes porque teníamos
una cita en Málaga con Jorge Sanz
que protagonizaba la obra
Descalzos por el parque, basada en
un texto de Neil Simons.
Patricia López, "La
Reportera del Huma"
Así lo vio Celia:
Querido Juani
Voy empezar
agradeciendo a tu esfuerzo en
venir desde Fuengirola después de
una noche fuerte de trabajo y a
estas horas tempraneras nada más
que para orientarnos. Sabemos
cuanto te mola salir a la montaña
con los “prestonianos” detrás e
imagino tu dolor al tener que
marcharse sin hacer la ruta con
nosotros.
Nada mas llegar al
El Chorro, aparcamos y empezamos a
caminar, como pudiste comprobar
estaba nublado y así ha seguido
buena parte de la subida al Huma.
No tuvimos mayores
problemas en la subida, gracias,
no solo al GPS de “Rei” sino
también a lo que recordábamos del
año pasado. Hemos parado para las
fotos en la “cantera de silex” (la
de los fósiles) y pillado las
escaleras con ganas. Cruzamos el
Cortijo Campedrero sin mayores
dificultades y seguimos avanzando
hacia lo que para mi era la
segunda parte de la subida fuerte,
al fin de la cual paramos para un
brevísimo refrigerio y, a seguir.
No hemos ido a la balconada no se
por qué, tal vez por el exceso de
nubes.
Dice
Dario que hicimos cumbre sobre la
13,30 hrs. Nos refugiamos en la
cara norte de la cima que estaba
protegida de los vientos y del
frío para comer y reponer fuerzas.
Toda la subida
estuvo liderada por Sean, Darío,
Ignacio, “El Maki” y “El Vendaval
del Moncayo”, dice Darío
orgulloso, que fue él quien indicó
el camino a Sean y a los demás del
pelotón de cabeza. Nosotros, los
de siempre y mas los de Málaga,
caminábamos muy animados
esparcidos en el pelotón del medio
y cerrando estaban “El Hombre
Tranquilo” y “Caperucita Roja” la
pareja de Sevilla (“Caperucita” no
llevaba zapatillas adecuadas, al
igual que otro chico de Málaga.
La bajada por la
cara norte fue breve e intensa
pero sobrevivimos. A Rey le
pareció fácil, a mi me
recordaba la bajada del Mágina.
Caminamos en dirección a la base
del Capilla por un valle donde
soplaba un viento suave y helado
hasta un cruce de camino done los
Duques de Juanar y “la pareja de
Sevilla” siguieron por el carril
hasta Valle de Abdalajis y los
demás seguimos en dirección a
nuestra segunda cumbre.
En la primera parte
de la subida al Capilla había un
mar de pinchos y aulagas por el
cual tuvimos que cruzar, y lo que
yo llamo segunda parte era un
fuerte y rápido ascenso por las
rocas hasta la cumbre. En la parte
mas alta había una intensa niebla
que nos envolvía pero, por lo que
pude “ver” la cumbre me
pareció muy linda. Aunque no
pudimos apreciar ningún paisaje
desde allí arriba.
Después del segundo
tentempié y fotos empezamos a
bajar rapidito porque el frío era
serio. Bajamos la pendiente,
cruzamos un poco mas del mar de
aulagas y seguimos por el Torcal
de Charcón – una belleza –, hasta
que fuimos dar al carril que
llegaba a pueblo. A partir de ahí
solo bajar y apreciar el paisaje
ya es impresionante, debido a las
formaciones rocosas que circundan
Valle de Abdalajís. A las 7 ya
estábamos de vuelta, nos
repartimos en los coches que allí
estaban y de vuelta al Chorro para
la tradicional cervecita.
Ah,
del pelotón de cabeza, a parte de
Sean y Dario, no hemos visto
rastro desde la subida del
Capilla.
A pesar de la casi
permanente amenaza de lluvia, no
llegó a caer ni una gota.
Crónicas de:
Patricia López y Celia Regina
Fotos: Manuela,
Fernando, Sean, Juan Antonio e
Ildefonso