
Bonita ruta para
realizar en familia, en la que nos
dimos cita unas 20 personas,
incluidos los 7 niños pequeños que
venían y un par de abuelos que
dejaron bien alto el pabellón.

El día coincidía
con varias carreras populares que
ese día se celebraban en Istán,
empezando la primera a la misma
hora que habíamos quedado en “La
Plaza del Calvario”, pero no hubo
problemas para que todos
estuviéramos en el mencionado
punto de encuentro a las 11.30 am.
desde donde empezamos a caminar
ascendiendo en dirección este, es
decir hacia el Polideportivo,
adentrándonos poco después por un
bonito paseo panorámico cuya
entrada está enmarcada por un gran
panel que anuncia el “P.R. A-136
Istán Cañada del Infierno”, se
trata de un corto tramo de apenas
300 m. que reune la esencia de
Están con bonitas vistas del
pueblo y el Valle del río Verde
con vistas a la Sierra Parda y mas
cercanos a nosotros fincas
repletas de árboles frutales
escalonadas en bancales, vistas de
las que vamos caminando por este
precioso paseo empedrado, con
rústico muro de piedra por un lado
y rudimentaria barandilla de
madera por otro, bajo la sobra de
tremendos alcornoques y en
paralelo a una acequia alimentada
por una fuente de agua potable
situado justo antes de un corralón
con ocas y otras aves que hicieron
las delicias de los pequeños, todo
ello, justo antes de volver a
unirnos al camino principal que se
dirige hacia el conocido paraje de
“El Nacimiento” con la imponente
silueta del “Picacho” al fondo.

Si bien nosotros,
nos desviamos a la derecha por la
pista asfaltada que nos lleva al
“Hotel Altos de Istán” situado al
pie del espectacular “Picacho”
donde ya nos esperaban nuestros
grandes amigos Fernando y Ana, con
su hijo Dani, el benjamín del
grupo con tan sólo 3 años que ese
día estrenaba su indumentaria del
“Comando Preston”, nada mas dejar
atrás el hotel, tomamos el camino
viejo de Marbella que es el que
tomamos en dirección sur, sin
margen de error con las cumbres de
sierra Blanca y Canucha a nuestra
izquierda y en menos de un
kilómetro llegamos a un pequeño
puertecillo, con varias flechas
indicativas recordándonos que a la
derecha tenemos el camino hacia la
“Ermita de San Miguel”,
rápidamente llegamos a un bonito
mirador desde el que tenemos una
de las mejores panorámicas
posibles del Pantano de la
Concepción, donde se hizo la
primera gran parada del camino y
donde mas de uno, no dudo en
comerse su bocadillo y tras una
prolongada pausa, descendimos a
través de pequeñas rampas por
varios bancales donde nos
encontramos con un área recreativa
con sus mesas, sus fuentes y las
correspondientes zonas de
barbacoa, en la última plataforma
se encuentra la pequeña “Ermita de
San Miguel” parcialmente excavada
en la roca, donde no faltó alguna
que otra plegaria para que el
“Sevilla F.C.” volviera a ganar la
Copa de la U.E.F.A. que tres días
mas tarde jugaría contra el
“Espanyol” y que terminó
cumpliéndose.


La jornada
discurría a buen ritmo, gracias al
trepidante ritmo que llevaban los
niños y que estaba contagiando a
los mayores y como además el cielo
estaba parcialmente cubierto y
hacía una temperatura muy
agradable, decidimos continuar por
el “P.R. 137 Istán-Camino de la
Cuesta-Ermita-Istán”, aunque en
sentido inverso, es decir, desde
la ermita donde nos encontrábamos,
bajar al Pantano, por el carril
que teníamos al tro lado de la
carretera, unos 50 m. mas abajo
dirección Marbella, desde donde
empezamos a descender por una
cómoda y bien marcada pista
terriza con sus balizas amarillas
y blancas, ofreciéndonos preciosas
vistas del pantano, que conforme
íbamos bajando cada vez teníamos
mas cerca. A media bajada,
teníamos otro carril a la derecha
algo abandonado, invadido
parcialmente por la maleza, al no
encontrar ninguna baliza amarilla
y blanca en la entrada,
continuamos por el camino mas
marcado que era el que se dirigía
al pantano, a cuya orilla
llegábamos quince minutos después
justo al final del camino. Pero al
llegar allí mi perro “Chuky” que
había destrozado la correa el día
antes, no dudó en meterse de lleno
en el pantano y empezó a corretear
en circulo sacudiéndose el agua
como loco, pasando en dos
ocasiones por encima de un amplio
mantel que estaba desplegado sobre
el suelo con la comida puesta, por
un par de familias que se
encontraban allí tranquilamente
pescando y que se cabrearon
bastante, a pesar de que cogimos a
“Chuky” rápidamente, pidiéndoles
disculpas y explicándoles lo de la
ruptura de la correa el día antes
y la imposibilidad de comprarla un
domingo. Sin embargo, había un tío
que se puso hecho una fiera y para
evitar males mayores tuve que
coger a “Chuky” y reemprender el
obligado descenso por el único
camino posible antes de que el
resto del grupo tuviera que
iniciar la ascensión despidiéndose
de tan bonito paraje a orillas
del pantano.


Obviamente al
llegar a la bifurcación
anteriormente mencionada que a la
bajada quedaba a la derecha y a la
subida a la izquierda, mientras
esperábamos a los compañeros/as
que venían subiendo la cuesta
sudando la gota gorda y
acordándose de mí. Comprobamos que
si bien no había ninguna baliza
indicativa a la entrada del
camino, como debería, si había una
semioculta por la maleza a unos 10
m. del camino, que de haberla
visto, mientras íbamos bajando,
nos hubiera llevado en poco mas de
un kilómetro a la orilla del
pantano, pero mucho mas cerca de
Están a donde habríamos llegado
tras remontar el denominado
“Camino de La Cuesta” que le da
nombre al “P.R. A-137” que
paradójicamente completó con éxito
una guía de montaña austriaca que
empezó con nosotros la ruta y que
siguió mis indicaciones en la que
me pedía que le propusiera una
asequible y entretenida ruta
circular de unas dos horas para
realizar en las próximas semanas
con un grupo de unas 20 personas.

Al final, tuve que
renunciar a mis intenciones de
retomar el P.R. A.137 del “Camino
de la Cuesta” para completar la
ruta circular, ya que aunque
habíamos encontrado el camino
bueno, implicaba volver a bajar al
pantano y hacer la subida entera
hasta Istán y al ir con los niños
y algunos mayores que estaban
tocados se optó por regresar por
el mismo sitio, llegando a Istán
con tiempo suficiente, para
almorzar, en el bar que se
encuentra junto a la iglesia del
pueblo, unos tapeando en la barra
y otros de menú en las mesas
mientras los niños correteaban por
la plaza recordando imágenes de
otros tiempos.
A pesar del
contratiempo del cruce de caminos
y el incidente del perro una
bonita jornada senderista, donde
al final curiosamente los niños y
los abuelos fueron los grandes
triunfadores, junto con “Dani” que
fue llevado en hombros
estoicamente por sus padres
durante la mayor parte del camino,
así como José Miguel, durante un
buen tramo de la interminable
cuesta.
MORALEJA: Si bien
hay una máxima que dice en caso de
duda (cuando llegues a una
bifurcación), escoge siempre el
camino principal, como añadiría
posteriormente Fernando debe
prevalecer siempre la de “nunca
cojas el camino que desciende
fuertemente”.
Crónica y fotos:
Juan Ignacio Amador