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Salidas del COMANDO PRESTON - Temporada 2007-2008


Ascensión a La Sagra "El Kilimanjaro andaluz", por El Embudo desde Los Collados y descenso por La Pedrera (Puebla de Don Fabrique, Granada)
Fecha: sábado, 1 de mayo de 2008


Día 1 de mayo de 2008,  8 de la mañana lugar de encuentro en el cortijo del Collado de Abajo, al pie de La Sagra, la dama blanca del altiplano granadino,  1 grado de temperatura y allí nos encontrábamos,  Saskia, Rafa Flo, Juani y Rafa Ríos por parte de Málaga y Pepe el makis, su hijo Rubén, Ignacio “Montaraz del Aneto”, y yo por parte de Sevilla, más Fernando Bagaza, un nuevo amigo de Granada. 

Majestuosa la belleza de esta montaña solitaria y en especial su cara noroeste, mostrándonos sus vías de subida y bajada, Collado Blanco, vía Pingüino, el embudo, la pedrera, collado de la Víbora,  todas ellas con un desnivel que hacían aflorar de nuestro instinto de conservación el pensamiento de “yo no subo”.

Después de un agradecido desayuno de hermandad ofrecido por Málaga a Sevilla,  a las 8, 30 nos disponíamos a cumplir los principales objetivos del día,  además de vivir, el montañero  subir al punto más elevado del sur de la península Ibérica,  2381 metros, después de las cumbres de Sierra Nevada y el resto de propósitos individuales,  compartir esfuerzo, camaradería, amistad, historias personales, etc.



La intención era subir por el embudo y bajar por la pedrera, si podíamos. Unos 8 kilómetros y mil metros de desnivel, como diría el Vendaval,  “mariconadas”.

Ninguno de los presente conocía el terreno pero cogiendo el camino que salía hacia el sur,  del aparcamiento donde habíamos dejado los coches, no tenía perdida  “ torrectoparriba”.

El camino se adentra por el pinar que abraza la base de la montaña.  La pendiente se intensifica al  remontar la ladera, de tal manera que las conversaciones de entrecortan, la respiración y el corazón se aceleran y el acaloramiento enrojece nuestras mejillas hasta tal punto que nos hace vencer el pudor y nos vamos despojando de nuestras prendas.   -  ¡Coño!  Ahora que releo esto, haber si estábamos haciendo el amor y yo sin enterarme.




La senda  enseguida sale del pinar y ante nosotros aparece una ladera bastante empinada de tierra compacta, salpicada de piedras calizas. La ladera está cortada por una gran banda de roca en la que se aprecia la entrada al embudo. Nos acercamos a la base del tubo y nos adentramos en el mismo entre bloques de roca por los que hay que trepar un poquito. Al salir del corredor que define el tubo del embudo, la parte cónica se presenta como una ladera despejada, donde aparece una gran roca,  “el caramelo”,  la cual hay que evitar por la izquierda. Este párrafo en otras palabras, 400 metros de subida, con desniveles del 70 %,  “mariconadas”.

Con estas condiciones que nos planteaba la Sagra, el grupo estaba al sálvese quien pueda, unos mal  y otros peor todavía. En el grupo cabecero, el atlético Rubén al cual el comandante Preston, le ofreció una elevada cantidad económica por su fichaje,  sin mencionar cifras para no herir susceptibilidades,   y como sorpresa el andarín  Fernando Bagaza en buena forma física que me confesaba tener cierto respeto ya que nunca había subido montañas.


 

 

En pleno embudo, antes del caramelo, nos alcanzaba Javier Alcaraz y su perrito, montañero de Murcia gran conocedor de la zona que nos iba desvelando la toponimia del paisaje.

Una vez en el collado del embudo crestear suavemente hasta alcanzar la cima.  A nuestra vista las provincias de Jaén, Albacete, Murcia, Almería y Granada, las sierras de Mágina, Cazorla, Segura, Castril,  Seca, Guillimona,  Las Cabras, Tahibilla, Maria, Baza, los Filabres y Sierra Nevada, en estas fechas haciendo poco honor a su nombre




Después del descanso, alimentación y las fotos para dejar constancia de la proeza junto con dos jóvenes patriotas que venían de Alicante, nos tocaba bajar, y ya sabemos que “cuesta arriba que fatiga, cuesta abajo que trabajo”.  Volvimos sobre nuestros pasos en dirección al collado de las Víboras, dirigidos por Javier Alcaraz, por una senda que evitaba la primera parte de la pedrera,  pelada de este elemento.

Con el grupo muy desperdigado,  llegábamos a la famosa pedrera y en este punto, cada uno con su estilo a descender 400 metros a velocidades de vértigo, todo un gustazo y con la sensación de un niño en las atracciones de feria,  “Papa, súbeme otra vez”.




Después paseito por el bosque de pinos para estirar las piernas y cariñosa despedida.

Para completar la jornada parte del grupo se dio un homenaje gastronómico, que lo fue,  y después la visita a las impresionantes Mariantonias.

Para repetir. 

Crónica: Ildefonso Ruiz, “El Vendaval del Moncayo”

Fotos: Juan Ignacio Amador "El Comandante"

 

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