El pasado día 20 de
Septiembre, nos dimos cita 25 pasos
largos con ilusión renovada tras el
verano y con la idea de que esta
nueva temporada sea de las mejores.


Fuimos apareciendo a
las 11.30 junto al hotel Refugio de
Juanar. Este lugar ya tiene una
amplia historia. Por allí anduvieron
Chales de Gaulle escribiendo sus
memorias, Camilo José Cela, Julio
Iglesias, Antonio Banderas con
Melani algún fin de semanita. Pero
fueron los Marqueses de Larios los
primeros que disfrutaron de este
lugar. Aquí estaba su refugio de
caza y el rey Alfonso XIII solía ser
su invitado de honor. Luego el 5ª
Marques de Larios cedió la Sierra
Blanca al estado y este incluyó el
establecimiento en la red de
Paradores Nacionales (1965). Pasados
20 años la gestión del hotel paso a
manos de una cooperativa y
actualmente está en manos privadas.
Iniciamos nuestra
caminata por el carril principal
dejando el cerro Nicolás a nuestra
izquierda. Un par de amplias curvas
en subida y nos topamos con la verja
que cierra el paso a los coches.
Salimos al valle,
lleno de olivos y rodeado de
montañas. Sólo venir aquí merece la
pena para dar un pequeño paseo entre
los olivos y castaños. Enseguida
tomamos un sendero a la izquierda
que se dirige a Ojén por la ruta del
cerezal, lo abandonamos a la derecha
y buscamos el cercano mirador de
Ojén. Desde él tomamos fotos del
cerro Nicolás y del Pueblo de Ojén a
nuestros pies.


En este punto se unió
a nuestra ruta una pareja que andaba
un poco perdida por el lugar. Al
final del día se habían hecho toda
la ruta con nosotros y estaban la
mar de contentos.
Nos situamos en el
mapa, y oteamos nuestra próxima
parada a lo lejos, el Tajo Negro.
Con este siniestro nombre, no tiene
uno más remedio que subir a verlo.
La senda primero cómoda entre pinar
se vuelve dura entre matorral.
Probamos todos los pinchos, y
salimos ya en las alturas a la
antesala del Tajo donde recuperamos
el resuello y algunos tomamos un
bocadillo. Lo más divertido de la
ruta viene ahora, caminar por la
cornisa de pared vertical, piedras
sobre el abismo donde me pareció ver
por un momento como un flash la
silueta del Canadiense errante y
pequeñas trepadas que nos llevan al
Tajo donde hay una antena de radio y
un pararrayos. Realmente es Negro.
La piedra cambia de color a más
oscuro.
Todo gusta mucho al
personal, y prometo por décima vez
que “ya hemos pasado lo peor”.
Comenzamos a bajar con dirección al
centro cinegético. Laberinto de
Jaras en la bajada antesala de un
oscuro pinar donde se impone el
silencio. Ya nadie sabe donde
estamos, y la ruta va muy bien.
El segundo Mirador,
el de Puerto Rico es el más famoso.
Algunos ya lo conocen pues fue punto
de paso en la travesía Marbella-Istán
que hicimos hace 2 temporadas.
Tomamos fotos y nos retiramos a la
sombra del pinar que hay a los pies
del Pico Juanar para reponer
fuerzas. Algunos deciden dar por
terminada la ruta y volver no por el
mismo camino sino por una vereda que
ya el resto tomará más tarde y que
supone un paseo de 1 hora hasta el
refugio.




Los demás parriba.
Este es el verdadero inicio de la
temporada. El pulso se acelera
rápido en esta intensa subida, la
pendiente pone a cada uno en su
sitio, pero como siempre el último
en llegar es el que tiene más
mérito. En la cima aplausos y tengo
que prometer otra vez que “lo peor
ya ha pasado” aunque no era del todo
cierto. Paramos un rato en la cumbre
de 1180 m, comentando las vistas de
sierra Blanca, de Marbella, de la
Sierra de Mijas a lo lejos e
imaginando como años atrás unos
marineros agradecidos subieron la
gran cruz que allí se encuentra a
hombros en agradecimiento por ser
este pico faro natural en una
terrible madrugada en la que la
niebla los había perdido en la mar.
Bajamos por la
vertiente opuesta escarpada al
principio y mucho más suave al poco
rato. Este trozo de senda es un
jardín botánico, lleno de enebros,
lentiscos, plantas aromáticas,
esparto, líquenes, culantrillos
entre las rocas, etc. Hacemos
reagrupamiento ya en la zona llana
antes de adentrarnos en un bosque de
altos pinos y tapizado de helechos.
Hay señales del hociqueo de los
jabalíes que abundan en este lugar.
Llama la atención este paraje tan
fresco y al poco llegamos al cruce
con la senda que nos lleva a Istán
por el puerto de la Viborilla.
Llegamos de nuevo al olivar y
todavía nos quedaba quizás lo mejor
de la ruta. Caminamos ya despacio
paralelos al cauce del arroyo de
Juanar en dirección al Refugio
recolectando moras y haciendo las
últimas fotos.


Se nos pasó el calor
bajo la sombra de los últimos
castaños en los que ya se intuye el
otoño.
Al llegar al refugio
encontramos la fiesta alemana del
“Oktoberfest” que se celebra ese fin
de semana. Entrada libre, cerveza,
salchichas, música, todos contando
batallitas. Lo mejor del mundo.
Gracias a todos
porque hacéis que las rutas sean
inolvidables y en especial a Per
“Santa” y Celia que nos ayudaron en
todo momento.
Crónica :Ana y
Fernando (Duques de Juanar).
Fotos: Rafael Márquez
, Ana y Fernando