El día
24 de mayo, nuestro
compañero Severo, el artesano del
GPS, se estrenó como coordinador de
rutas con Pasos Largos, y que
estreno madre mia, era el momento y
lugar idóneo y si a ello le sumamos
el amplio despliegue de
conocimientos sobre el territorio
del que hizo gala nuestro guía de
lujo, comprenderán ustedes el sumo
grado de satisfacción de todos los
componentes de esta aventura en la
última selva del mediterráneo: el
parque natural Los Alcornocales.


A la hora establecida
nos pusimos a andar hacia el núcleo
central del poblado de la Sauceda,
donde hicimos la primera parada
junto a las ruinas de la ermita, que
sirvió de escenario para la foto de
grupo. Retomamos la marcha y
vadeamos el arroyo de Pasada Llana
para ascender por la margen
izquierda, desde un primer momento
aparecen los ojaranzos en flor, todo
un espectáculo visual que viste de
gala el bosque. Pronto afluimos a la
pista forestal en el lugar donde se
ubica un depósito. Ahora el grupo se
divide, ya que algunos compañeros no
pueden aguantar el ritmo y prefieren
caminar tranquilos, contemplando el
panorama y fotografiando los
escenarios de la ruta. El grueso del
pelotón continúa bajo la magistral
batuta de Severo, que desde ahora
también se conoce bajo la advocación
de: El Duende de Los Alcornocales.
En vez de tomar el sendero que
avanza por el canuto del Moro, lo
hacemos por otro paralelo al citado,
que nos arriba un collado de la
cuerda de la Sierra del Aljibe,
desde donde divisamos la Pilita de
la Reina y el Montero, objetivo de
nuestra excursión.


Seguimos la hoja de
ruta marcada y bajo la sombra de los
robles melojos, hacia uno de los
regueros que conformarán el canuto
del Montero, sin duda el gran
atractivo y lugar señero de todos
los que vamos a visitar en esta
jornada. Nos inmiscuimos en la
selva, rodeados de durillos,
avellanillos, acebos, quejigos y por
supuesto, alcornoques, que en estas
tierras se conocen como chaparros.
Cada vez la densidad de la
vegetación es mayor y los ojaranzos
comienzan a tomar el protagonismo,
jalonando el curso de agua, que tras
las generosas lluvias primaverales,
discurren juguetonas y alborazadas a
través de los canutos que vierten al
embalse de Barbate. A pesar de lo
recóndito del lugar, Severo, nuestro
maestro de ceremonias, nos enseña
los restos de algunas majadas, como
la de la Moracha o algunos de los
viejos hornos de pan que jalonan el
camino. A continuación pasamos por
la Plazoleta de los Laureles, punto
estratégico de la zona, donde se
inicia formalmente el canuto del
Montero, y lugar donde afluiremos en
el regreso. Llegado un momento,
vadeamos el canuto y nos alejamos
por su izquierda para asumir el
ascenso al Montero, antes paramos
para comer en un pequeño altozano
que nos asoma a toda la vaguada que
hemos recorrido, a la sierra de los
Frailecillos, al pico del Zapato y
otros enclaves cercanos,
perfectamente descritos por Severo.




Tras el ágape
reiniciamos la andadura por una zona
despejada de vegetación, que nos es
más que un cortafuegos que nos
llevará hasta la cumbre. Destacar
las magníficas vistas al pantano de
Barbate, al pequeño embalse de la
Pantaneta y al enriscado pueblo de
Alcalá de los Gazules, que junto a
Cortes de la Frontera, son los dos
términos municipales por donde nos
movemos en el día de hoy. En la
subida descubriremos otra de las
joyas florales del parque, la
atrapamoscas, una planta carnívora
que ya conocimos en la subida al
Jardón, en la sin par y cercana
Sierra Bermeja. Una vez situados en
la antecumbre, nos hacemos una nueva
foto de grupo en una de las herrizas
que se desperdigan por estas
alomadas sierras, y que no son más
que altivos bloques de roca
arenisca, muy característicos de
esta comarca. La cima, fuertemente
custodia por hallarse en la misma
unas instalaciones militares, la
rodeamos por su izquierda, de esa
manera accedemos al puerto de la
Yegüa, lugar altivo que nos permite
vislumbrar el mar Mediterráneo y el
oceano Atlántico, asi como lugares
conocidos como Sierra Bermeja,
Sierra Crestellina, la Sierra de las
Nieves, el peñón de Gibraltar, el
Yebel Musa y las costas africanas,
La Línea de la Concepción, toda el
Campo de Gibraltar, etc. A
continuación tomamos una pista que
rodea el cerro de la Angarilla y se
encamina hacia la cuerda de la
Sierra del Aljibe; esta fue la
opción elegida por un grupito de
compañeros, mientras el resto
abandonó el carril para descender
hasta la Plazoleta de los Laureles
por el bellísimo canuto de María
Cerrillo. Durante un breve espacio
de tiempo coincidimos con el camino
de ida, ya que dejamos el sendero
conocido para tomar otro que se
encamina al puerto del Roble. Las
panorámicas desde este lugar son
inmensas, pues dominamos amplios
horizontes que nos dejan entrever a
la altiva Sierra del Pinar, la del
Caillo, el Salto de Cabrero,
Benaocaz y las más esplendidas
lejanías.


Descendemos hasta la
pista forestal que rodea la cabecera
del canuto del arroyo de Pasada
LLana y nos dirigimos al depósito de
aguas, para afrontar la bajada, esta
vez por la vereda del margen
contrario al de la mañana. Tras
visitar las ruinas de un
fantasmagórico molino y atravesar el
nucleo poblacional de la Saucedas,
damos por finalizado este periplo
por los mejores canutos de la zona
norte del parque natural Los
Alcornocales, que gracias al
entusiasmo y buen hacer de nuestro
compañero Severo, acabo siendo una
de las jornadas memorables del
calendario, que sin duda
recordaremos con nostalgia.
Nos Vemos en las
Montañas
Fotos
y crónica: Rafael Flores