Hay localidades que
por su ubicación en el mapa, ya tienen un aliciente añadido para
justificar la visita. Y este es el caso de La Guardia (“A Guarda”)
famosa por sus exquisitas langostas y sus poéticos amaneceres, los
últimos sobre “la piel de toro” cada día del año. Típico pueblo
marineros de Galicia, situado a la orilla del Atlántico, en cuyo termino
municipal o “Concello”, se encuentra la desembocadura del Miño, el río
mas caudaloso de España, y que sirve de frontera natural entre España y
Portugal a lo largo de sus últimos 100 km, cuyas aguas se mezclan con el
Océano, mucho antes de su desembocadura, un auténtico espectáculo que
podemos contemplar desde la cumbre del Monte “Santa Tecla” (conocido en
Galicia como “Monte Tegra”). Es por ello que esta localidad y
concretamente este monte al que nos referimos, son de obligada visita,
dentro de la “Ruta del Baixo Miño”.

La gran mayoría de
viajeros que visitan la privilegiada atalaya del “Monte Santa Tecla” lo
suele hacer en autocares o vehículos propios que permanentemente
profanan la ante- cumbre, fiel reflejo de estos tiempos en los que “la
bulla nos come” y lo queremos abarcar absolutamente todo, en un solo
día, sin llegar a saborear absolutamente nada, como es debido. Sin
embargo mi propuesta consiste en subir a pie, como mandan los cánones
del buen senderista y de los amantes de la naturaleza en general.

Una vez en esta
localidad no nos será difícil seguir las indicaciones de “Monte Tegra”,
que nos llevan al comienzo de la subida, a donde habremos llegado
caminando desde el centro de “La Guardia” (“A Guarda”), en poco mas de
cinco minutos. A veces se llega a cobrar por cada vehículo que sube. Por
el margen izquierdo de la carretera que sube al monte, llegaremos a un
área recreativa con parque infantil, en menos de 10 minutos desde el
comienzo de la subida. A partir de aquí, un gran bosque de eucaliptos
centenarios, nos acompañará, casi hasta el final del recorrido,
aportándonos la sombra, que tanto agradeceremos en esta suave, pero
permanente subida sin tregua. Otro dato importante a tener en cuenta, es
que a partir de este parque, encontraremos fácilmente una senda, a veces
adoquinada, a veces terriza con grandes tramos rectos, que nos llevan
hasta la cumbre, que en numerosas ocasiones, los constantes zig-zags que
hace la carretera. En otros diez minutillos, siempre a la sombra de los
eucaliptos llegamos a un campo de fútbol, donde también pueden dejar los
coches, los que quieran hacer el “paseito” mas corto.


Desde el campo de
fútbol hasta la cumbre, a penas hay veinte minutos, aunque a buen seguro
nos demoraremos mucho mas, para deleitarnos con las vistas sobre el Miño,
que a cada paso que damos, nos va ofreciendo panorámicas mas amplias. Y
para los amantes de la Historia y la Arqueología, al llegar a la
ante-cumbre, nos encontramos rodeados por un espectacular yacimiento de
“Castros Celtas” posiblemente el mejor conservado en toda Galicia,
contando además con un par de viviendas restauradas, para hacernos una
idea, de cómo eran las chozas originales y cómo vivían los habitantes de
estas poblaciones milenarias. Cuyo carácter ha quedado marcado a fuego
en la personalidad de sus gentes, viajeros y emigrantes por antonomasia,
gente valiente y noble, de dulce acento melódico, como su música celta y
de hermosas mujeres que con sus grandes ojos claros llenan de luz la
oscuridad de sus largos días de lluvia y tormentas, que por otra parte
siempre han servido para teñir de verde el paisaje y convertirse en la
región de los mil ríos.


Curiosamente el
“Castro del Monte Santa Tecla” (ó Monte Tegra), fue hallado casualmente,
durante la construcción de una pista forestal en el año 1.913, desde
1.914 hasta 1.924 se hizo cargo de las primeras investigaciones el
arqueólogo Don Ignacio Calvo y desde entonces hasta nuestros días,
algunos de los mas prestigiosos arqueólogos españoles, han ido tomando
el relevo en los trabajos de investigación y mantenimiento de este
castro, cuyos orígenes se remontan a los 1.900 años a.C. y que alcanzó
su mayor apogeo en los primeros años del periodo Galaico-romano,
decayendo y pasando al olvido a partir del Siglo II de nuestra era.
Próximo a la cumbre
se encuentra un museo que nos da una idea muy aproximada de lo que tuvo
que ser este castro, que corresponde al prototipo de ciudad amurallada y
que por su estratégica situación tuvo que ser de vital importancia en
aquellos tiempos.


En la pendiente que
separa a las ruinas del castro y el museo, se encuentra una interesante
calzada empedrada junto a la cual se ha construido un precioso vía
crucis con extraordinarios relieves que nos conducen hasta la ermita de
Santa Tecla, de donde procede el nombre del monte, donde acuden en
romería, la gente del pueblo cada año, el segundo domingo de agosto. Se
trata de una fiesta, principalmente de pescadores que reúne a familias
enteras, los marineros en primer lugar van rompiendo la mañana con
tambores, encabezando el cortejo que asciende al monte Santa Tecla, y
detrás le sigue la multitud de romeros cargados de comida y vino de “O
Rosal” La fiesta acaba de madrugada en las calles de “A Guarda” con
fuegos artificiales.
El Museo se
encuentra ya muy próximo a la cumbre, junto a la plataforma de
aparcamientos, bares, souvenir y casetas de mantenimiento de los grandes
repetidores, no estropearán la magia del momento, para disfrutar de la
impresionante panorámica que tenemos a nuestros pies de la desembocadura
del Miño, con la orilla portuguesa frente a nosotros, las grandes masas
de arena que ha ido formando el estuario del río en su llegada al
Atlántico, la pequeña isla, próxima a la orilla portuguesa, que durante
muchos años fue una prisión. La Guardia a vista de pájaro, allá abajo
con la olas del atlántico rompiendo en sus orillas y gran parte del
“Baixo Miño” en su impresionante estuario, con bonitos pueblecitos tanto
en la orilla española como en la portuguesa, bañados a su vez por otros
ríos que vienen a desembocar al Miño.


Todo un espectáculo
para la vista que el viajero no se debe perder. Un agradable paseo que
desde “La Guardia” a orillas del Atlántico, nos lleva hasta la cumbre
del “Monte Santa Tecla-Tegra” (341 m) en menos de una hora.
MUY IMPORTANTE: Si
llegamos a Galicia con flexibilidad para escoger el día de visita, ver
el día antes el parte meteorológico, porque en Galicia el tiempo cambia
muy rápido y las lluvias y nieblas suelen hacer acto de presencia con
relativa frecuencia en esta zona.
Crónica y fotos: Juan Ignacio
Amador