Si de por sí, la
visita al “Paraje Natural del Torcal
de Antequera”, siempre resulta una
experiencia
casi
mística, dada la peculiaridad de
esas formaciones geológicas que lo
convierten en un paisaje kárstico
único en Europa. La visita a este
auténtico museo de la fantasía
escultórica en una noche de luna
llena, donde las mil y una figuras
parecen tomar vida, nos transporta
mas allá de “Los límites de la
realidad”. Tal y como hacían
presagiar los temas del álbum “Under
the Iron Sea” (KEANE), que íbamos
escuchando mientras disfrutábamos de
las vistas de “Villanueva de la
Concepción”, a los pies de la ladera
norte del Torcal, bajo las luces de
aquel atardecer del viernes 18 de
julio de 2008, acercándonos curva
tras curva al punto de encuentro
situado en el aparcamiento del
centro de visitantes del Torcal,
donde habíamos quedado a eso de las
21.00 pm.
Inmediatamente
antes de la puesta del sol, un
nutrido grupo de cabras montesas nos
daba bienvenida tal y como
llegábamos al “Mirador Natural del
Anmonite” para contemplar la puesta
de sol, que desde nuestra posición
coincidió con una bonita “dolina”
situada en el tramo final de la ruta
“verde-amarilla”. En ese mismo
instante, varios compañeros del
“Grupo Extremo” entre los que se
encontraban el “Maestro Gandalf”,
“El Retratista de Atardeceres y
Amaneceres” y “Geyperman Salvador”,
cumpliendo con los compromisos
adquiridos con “Natinal Geographic”
(España mitad Sur), inmortalizaban
el atardecer desde la privilegiada
atalaya del Tajo Lagarín (T.M. de El
Gastor), sobre Algodonales y todos
los pueblos blancos de la zona, con
el Embalse de Zahara a sus pies,
alrededor del cual, comenzaban a
encenderse las luces de cada
localidad, mientras caía la noche y
la luna llena se elevaba altiva y
misteriosa por el sur, coincidiendo
para ellos con “La Crestería del
Pinar”, y para nosotros con “Los
Montes de Málaga”, al tiempo que
simultáneamente comenzaban a
iluminarse a nuestros pies, cual
luciérnagas estáticas, las
localidades de “Villanueva de la
Concepción”, Casabermeja”,
“Colmenar”, “Riogordo”, “Alhaurín de
la Torre” y toda la Hoya de Málaga
desde la capital hasta
“Torremolinos”. Tras la variada
cena, que comenzaba justo cuando se
incorporaba al grupo nuestra amiga
Mónica “La Princesa de la Patagonia”
en un magnífico ambiente de
hermandad, disfrutando de la puesta
de sol y la salida de la luna llena
por el sur, regresamos al cercano
aparcamiento del centro de
visitantes.

Antes de iniciar la
primera de las tres rutas que
teníamos previstas y aprovechando
cierta claridad en el firmamento
nuestros compañeros de aventura
“Guillermo” y “Guillermina” (la
Astrónoma) nos deleitaron con una
enriquecedora charla sobre la
interpretación del firmamento,
planisferio en mano, que bien podría
haber pasado a los anales de la
historia de la Astronomía moderna.
Mi escasa memoria tan sólo alcanza a
recordar como fueron localizando las
constelaciones de “Casiopea”, además
de “Escorpio”,
“Scutum”,
“Aquila”
y
“Sagitario” como principales
protagonistas, a pesar de que la
claridad de la luna llena y la
abundante calima previa al
atardecer, le restaban bastante
visibilidad al cielo nocturno. Con
la ayuda de los prismáticos y las
indicaciones de “Guillermina”
conseguimos distinguir la “Nebulosa
de la Laguna” en la constelación de
“Sagitario”, pero lo que mas nos
llamó la atención fue la
sorprendente nitidez con la que se
pueden observar un gran números de
cráteres sobre la luna llena con
unos buenos prismáticos, hasta el
punto que hubo quien creyó
distinguir en la distancia a “La
Dalia Negra”, “El Serpa Carmona”,
“Los Duques de Juanar”, la “Chica
que miraba a Las Estrellas” y “El
Hombre que sabía demasiado” montando
la primera estación espacial para
“Pasos Largos”.
Tras la breve sesión
de introducción a la Astronomía, nos
pusimos en marcha en busca de
nuestro primer objetivo que no era
otro que “El Camorro de Los
Monteses”, que podíamos distinguir
en la lejanía por las luces rojas,
colocadas estratégicamente sobre las
antenas repetidoras de televisión
que coronan este cerro, que la gran
mayoría de visitantes se queda sin
conocer en su apresurada llegada al
corazón del paraje. Ciertamente,
“Sierra Pelada” considerada como una
de las cuatro partes en las que se
encuentra dividido el “paraje
natural del Torcal” carece de las
curiosas formaciones rocosas del
“Torcal Alto”, pero la subida hasta
la misma resultó una auténtica
delicia caminando bajo las estrellas
y la luna llena y flanqueados a
ambos lados por las curiosas
formaciones rocosas que nos
encontramos en la carretera de
acceso, pasando junto al mirador de
“Diego Minea”, tras el cual
iniciamos la empinada subida que nos
llevó hasta el collado que ya daba
vistas a la cara norte con Antequera
a nuestros pies. Desviándonos hacia
el este, para pasar junto a una zona
de “cata” (de canteras) en la que
había un grupo de chavales
vivaqueando que escuchamos antes de
llegar al lugar en cuestión, por los
gritos que daba una chavala
corriendo con los pantalones a medio
poner, huyendo despavorida de
incansable un “Chukie” que la
sorprendió haciendo sus necesidades.
Iniciando minutos después, el último
tramo el último tramo para
coronar las antenas pasando por un
afiladísimo canchal que puso a
prueba nuestra pericia estudiando
cada paso a dar, hasta que por fin,
con la ayuda de todos compartimos la
satisfacción del momento cumbre al
filo de la mismísima cumbre, estando
a tiro de piedra de “La Sierra de
Las Cabras” con una vista envidiable
de toda la cara norte del Torcal,
“Cabecera del Río Campanillas” y lo
que podíamos distinguir de “Las
Vilaneras Altas” por donde discurre
la ruta roja. El viento sur fue
protagonista en la cumbre y al
regresar al aparcamiento del “Centro
de Visitantes”, el “Indomable Jaime”
se dio cuenta que había perdido allí
arriba su impermeable de emergencia
y unos auriculares. Antes de
regresar de “Sierra Pelada”, nos
desviamos por el ramal de la
carretera de acceso que nos lleva al
“Monumento Natural del Tornillo”,
sin duda una de las formaciones mas
peculiares del parque hasta el
punto, de ser posiblemente la imagen
mas representativa del torcal y
logotipo oficial del paraje.
Tras el
avituallamiento de rigor y el primer
paso por los coches con nuevo
intercambio de víveres, incluyendo
la visita de la famosa zorra del
Torcal (amiga de todos los
visitantes), y después de haber
disfrutado del delicioso café de
“Guillermina La Astrónoma”, nos
pusimos en marcha para adentrarnos
por la “ruta amarilla” al amparo de
la luna llena. Ciertamente, la ruta
“amarilla” que en realidad es la
versión extendida de la “verde” que
todo el mundo ha hecho en su primera
visita al Torcal, es sin duda
alguna, la mas conocida. Sin
embargo, como bien nos recordaba
nuestro amigo “Paco Leal” (también
conocido como “El Tejón del Pico
Mijas”), cada vez que repetimos una
ruta, nos encontramos con un paisaje
diferente. Y doy fe de ello, ya que
precisamente este pasado Invierno y
Primavera 2008 he visitado el Torcal
en innumerables ocasiones con grupos
escolares de toda Andalucía y es
alucinante comprobar como de una
semana a otra cambia el paisaje a
poco que llueva o aumente el
porcentaje de humedad dando lugar a
una variedad de flores multicolores
que haría las delicias de cualquier
amante de la botánica. Sin embargo,
bajo las estrellas e iluminadas por
la luna llena, las grandes
protagonistas del Torcal, son sus
innumerables esculturas calizas,
muchas de ellas consideradas
“monumentos naturales”, junto a los
que fuimos pasando e identificando,
como por ejemplo: “La Cabeza del
pez”, “La Esfinge”, “El Robot”, “El
Cohete”, el curioso paso del
“Callejón del Tabaco” tras el cual
llegamos al “Potro” donde no
faltaron las fotos, al igual que a
nuestro paso bajo “El Camello”.
Donde “Guillermina” aprovechaba una
pausa para explicarnos cómo “tapar
un agujero negro”. Instantes
después, ante las razonables dudas
suscitadas, el “Doctor Leal”
ilustraba a nuestra querida amiga
“Maribel” con un ejemplo práctico,
para celebrar su reciente ingreso en
“Pasos Largos”. Minutos mas tarde
reiniciábamos la marcha para llegar
al enlace de la ruta verde al pie de
las esbeltas paredes conocidas como
“Las Catedrales”, desde donde se
asciende al collado situado junto a
“La Tortuga” desde la cual ya
podemos ver la plataforma donde se
encuentra situada el “Mirador del
Amonite” y “El Centro de Visitantes”
a donde regresábamos con pena de
finalizar una ruta embriagadoramente
mágica, gracias al hechizo de la
luna llena, tal y como subrayaba
nuestra querida “Vicky la Botánica”.

Antes de emprender
el cuarto y último asalto de aquella
singular jornada nocturna, vivida
con toda la intensidad posible en
tan mágico y privilegiado paraje
natural. Volvimos a intercambiar
víveres, en esta ocasión fueron las
palmeritas del “Doctor Leal” las que
hicieron furor. Cogida toda la ropa
de abrigo disponible para afrontar
el frío amanecer en “Las Vilaneras
Altas” volvimos a iniciar la ruta
saliendo desde el aparcamiento, en
esta ocasión para afrontar la
versión prohibida de la mítica “ruta
roja”. Antes de darnos cuenta ya
estábamos en el denominado abrigo de
“Juan Ramos”, mítico cantero del
cual nos queda el testimonio de su
caseta de piedra y su particular
lavado con numerosos fósiles de
amonites en sus proximidades. Sin
mas ayuda que la memoria en una
noche cada vez mas oscura y ventosa,
proseguimos la marcha, rodeando las
“Vilaneras Altas” mientras un mar de
nubes comenzaba a engullir la
imponente silueta piramidal del
“Camorro Alto”, a buen paso seguimos
avanzando en lo que debía ser la
dirección correcta, hasta que
llegamos a una zona muy abrupta que
nos situaba por debajo del nivel,
donde deberíamos estar faldeando
“Las Vilaneras”. Con lo cual sólo
tuvimos que desandar un pequeño
trecho, para iniciar la ascensión
por el tramo mas asequible hasta
situarnos en la posición exacta que
recordábamos los que habíamos hecho
esta versión de la ruta roja en
Octubre 2007, con la localidad de
Antequera a nuestros pies y cuando
ya creíamos estar en el inicio de
“La Cornisa del Diablo”, nos
situamos al borde de un
impresionante desfiladero que ponía
los bellos de punta. Aquel momento,
no se nos olvidará a ninguno de los
presentes, coincidiendo con las
primeras claras del día pero aún de
noche, el cielo parecía de un
misterioso color azul oscuro-morado.




La entrada de la
cornisa estaba a tiro de piedra,
pero tras realizar varias pruebas de
localización en medio de la
ventisca, optamos por descartar el
paso por la cornisa que no llegamos
a encontrar y regresar al “Abrigo de
Juan Ramos” desde donde en pocos
minutos nos situamos en el famoso
monumento natural del “Champiñón”,
también conocido como “La Montera
del Torero”, desde donde
contemplamos el amanecer, de un sol
oculto por las nubes que se
encontraban sobre “La Sierra de
Camarolos” que pudimos distinguir
perfectamente localizando todos sus
picos desde “Peña Negra” hasta el
“Chamizo Alto” con “Sierra pelada” y
“Las Cabras” en primer término.
Desde allí, llegamos al aparcamiento
en algo menos de media hora,
disfrutando del paisaje iluminado
por los primeros rayos de sol de la
mañana, de piedra en piedra, pasando
junto a enormes y variados tipos de
cardos que al igual que un sin fin
de plantas y matorrales encuentran
en el Torcal un auténtico paraíso
para su subsistencia.

Y mientras el resto
del mundo dormía, nosotros soñábamos
despiertos el haber vivido una
experiencia verdaderamente mágica en
un mundo de fantasía mas allá de
“Los límites de la realidad”. Y es
que no puede haber un entorno mas
propicio para enamorarse que la
grandiosidad de la Madre Naturaleza.
¡Por cierto! que todos los
compañeros que regresábamos a la
costa desayunamos juntos en
Casabermeja, donde fuimos invitados
por nuestro magnífico compañero de
aventuras “Paco Leal” que en esta
memorable jornada celebraba su
cumpleaños de esta manera tan
peculiar.
Crónica: Juan Ignacio
Amador
Fotos: El Comandante
y el Elfo de la Malagueta