La noche del viernes,
en la que se celebró la 1ª asamblea
general de Pasos Largos Temporada
2008/9 estuvo lloviendo no solo toda
la noche, sino todo el fin de
semana, tanto en la provincia de
Málaga, como en toda Andalucía.
Muchos fueron los amigos que en los
días previos me confirmaron su
participación en la ascensión a la
peña de los Enamorados. Pero el
hecho de seguir lloviendo sobre
mojado sin síntomas de mejora fue
mas que suficiente como para recibir
numerosas llamadas y mensajes en las
primeras horas de la mañana.
Mientras tanto
llegando desde Ronda por la
carretera de Campillos nos
acercábamos a la histórica ciudad de
Antequera, bajo un cielo tenebroso
totalmente cubierto de nubes grises
y negras. Y en medio de la extensa
hoya de Antequera destacaba como una
Diosa altiva y orgullosa la
impresionante peña de los
Enamorados...¿cuántas veces hemos
pasado junto a ella quedándonos
atónitos por su
belleza...diciéndonos que algún día
tenemos que subir allí arriba?. Y
mientras nos íbamos acercando a la
majestuosa peña, cada vez mas alta y
hermosa, los acordes de guitarra y
el ritmo de batería de "Don´t bring
me down" (E.L.O.), destacaban por
encima del monótono arrastrar de las
escobillas del parabrisas,
contagiándonos con su espectacular
ritmo, cual arenga antes de la
batalla.
LLegada
la hora en cuestión en el punto de
encuentro fijado al pie de la peña
en la entrada de la pista terriza
que lleva al antiguo apeadero,
aparecieron puntuales y casi de
forma sincronizada: una
vallisoletana: Ruth "La Sirenita del
Pisuerga", un granadino: Fernando
"La Comadreja de cueva Secreta", dos
cordobeses: Mª Luisa "El Duendecillo
de Sierra Horconera" y Hector "El
Caimán de Puente Genil" y cerrando
el grupo, un sevillano: Juani "Tito
Pulo", escoltado por su fiel mascota
Chuky, dispuesto a defender su
título de Premio Canido 2008, como
iba a demostrar nada mas iniciarse
la ruta. Tras los minutos de
cortesía y sin ningún aviso mas de
llegada nos pusimos en marcha "los
5" mas el perro, al igual que en
aquella entrañable serie de
televisión. Curiosamente ningún
compañero malagueño entre nosotros.


Bajo un cielo mas
propio de Mordor, que de nuestra
luminosa y casi siempre soleada
Andalucía, nos encaminamos hacia la
base del coloso, con la esperanza de
que aquel chirimiri que caía sobre
nosotros, no pasara a mayores
dificultándonos aún mas la ya de por
sí exigente ascensión. Siguiendo la
prolongación del carril en cuyo
comienzo habíamos aparcado los
coches, llegamos en un instante al
solar que hasta hace muy poco había
ocupado el entrañable apeadero que
durante décadas había sido testigo
mudo del tránsito de tantos trenes
entre Sevilla y Granada. A partir de
este momento, comenzamos a caminar
junto a la vía del tren y a partir
del puente que atraviesa las aguas
del jovencísimo Guadalhorce ya vamos
caminando por el mismo trazado de la
vía. Antes del puente el río lo
tenemos a nuestra izquierda, después
de cruzarlo lo llevamos a la
derecha, mientras íbamos por la vía
del tren, Chuky iniciaba una veloz
carrera ladera arriba poniendo en
jaque al pacífico rebaño de ovejas
que en unos instantes pasó de la mas
absoluta tranquilidad a un frenético
estado de estrés del que salió muy
mal parada una oveja rezagada que
ante el acoso del can, se vió
obligada a descender por una
tremenda pared con drámatico
aterrizaje que por suerte, no pasó a
mayores. Unos 200 m mas allá del
puente abandonamos la vía a través
de una marcada senda que sale a
nuestra izquierda y que nos indica
el lugar ideal por donde atravesar
la valla metálica que hasta ahora
llevábamos a nuestra izquierda.
Una vez superada la
valla sin mayor dificultad, ya
estamos a los pies del coloso y nada
se interpone en nuestro camino hacia
la cumbre. Sin embargo, antes de
iniciar la subida, continuamos
faldeando la base por una senda
paralela a la valla que ahora queda
a nuestra derecha y antes de darnos
cuenta "Chuky" iniciaba la carrera
mas veloz que jamás recuerdo haberle
visto tras un conejo, tal fue la
potencia de carrera que tras unos
100 m de persecución ya estaba a
punto de alcanzar al conejo, cuando
esté le metió un espectacular
quiebro refugiándose en los arbustos
mas cercanos. Mientras que a nuestra
izquierda una empinada ladera nos
tienta para iniciar la subida,
nosotros continuamos un trecho
caminando próximos a la valla,
pasando primero junto a unas
llamativas paredes rocosas y unos
400 m mas allá, llegamos a una
antigua cantera de la que aún quedan
en pie restos de antiguas
construcciones para la explotación
de la misma, a la altura de una
cortijada que se encuentra junto al
Guadalhorce. Y en la orilla de
enfrente, un precioso prado al pie
de una ladera presidida por un
bosque de pinos de repoblación que
le aporta al paisaje un esperanzador
tono verde que con la atmósfera
lluviosa de aquel día nos recordaba
mas al cantábrico, que a la cada vez
mas desértica franja mediterránea.
Desde la cantera iniciamos la
ascensión dejando la misma a nuestra
derecha. A partir de aquí comenzamos
a remontar la ladera por cualquiera
de los muchos caminitos abiertos por
el tránsito de las ovejas que pastan
en la zona, mientras que cada vez
que nos giramos hacia atrás podemos
contemplar la preciosa localidad de
Archidona al pie de su bonita
sierra, que prácticamente nos
acompaña durante toda la ascensión.


Sin embargo, una vez
en la zona mas alta de la pequeña
cantera, que va quedando a nuestra
derecha, en vez de ascender de forma
perpendicular hacia la izquierda
(dirección oeste), ascendimos, recto
en dirección noroeste, bajo un fino
chirimiri que prácticamente no
cesaba en ningún instante. Remontado
un buen trecho a media ladera,
hicimos una pausa bajo uno de los
muchos acebuches que se encuentran
dispersos por la ladera de esta
preciosa montaña y al grito de:
¡esto es Esparta!, continuamos hacia
el collado que teníamos como
referencia siguiendo el mapa
topográfico que teníamos entre mano,
(ya que el GPS lo dejé en el coche
para evitar riesgos por la lluvia).
Sin embargo al llegar al mismo nos
encontramos ante un imponente tajo,
justo debajo de la cumbre, o lo que
es lo mismo, bajo “la nariz del
indio” al pie de cuya pared vertical
nos encontrábamos en ese momento en
el que comenzaba a arreciar la
lluvia. Obviamente, el error puede
parecer incomprensible con lo fácil
que resulta reconocer la cumbre
desde la distancia. Pero en este
caso, al igual que en otras muchas
montañas a las que ya hemos subido,
entre la senda ó el camino escogido
para ascender y la cumbre suele
haber una serie de lomas y
farallones rocosos que a veces te
impiden ver la cumbre ó tenerla
perfectamente localizada hasta que
no llegas a la misma. Y eso fue lo
que nos pasó en esta ocasión.
Nos encontrábamos en
la cara norte de la nariz del indio,
pero para ascender a la cumbre había
que alcanzar el collado que existe
en la cara sur, que es desde donde
parte el último tramo de ascensión,
sin embargo dadas las escarpadas
paredes que forma la nariz del
indio, por el norte, este y oeste,
tuvimos que dar un rodeo de
aproximadamente un kilómetro,
llegando hasta casi el acebuche
donde habíamos hecho la pausa, para
desde allí, alcanzar el collado sur
al que llegamos a través de un
empinadísimo corredor de tierra,
salpicado de acebuches que se iba
estrechando cada vez mas a modo de
embudo, haciendo alguna pausa de vez
en cuando para recuperar el resuello
tras la empinadísima subida que en
alguna ocasión nos obligo a ayudarse
de las manos a quien no llevaba
bastones.


Una vez en el
collado sur, ya estábamos a menos de
un estadio de la cumbre, pero en vez
de iniciar la ascensión desde allí,
cosa poco recomendable, por el
afilado lapiaz que se interpone
entre nosotros, seguimos rodeando la
cumbre, caminando ahora en dirección
oeste, con Antequera y toda su hoya
a nuestros pies mientras íbamos
faldeando la ante cumbre, incluso
descendiendo suavemente en algunos
tramos, hasta encontrar un indicio
de senda entre el canchal que nos
separaba de la cumbre y que tan solo
pudimos reconocer por el rastro de
algunas pisadas de cabra y por
tratarse del tramo de rocas mas
planas y casi de forma escalonada
por el que podíamos iniciar el
último tramo de ascensión. De manera
que comenzamos a ganar altura
fácilmente con la certeza de que ya
estábamos a punto de coronar. Sin
embargo, la lluvia, que incluso
había cesado durante algunos
minutos, se reanudó con mas
persistencia, empapando totalmente
el quebradizo canchal de roca caliza
por el que íbamos subiendo y en
ocasiones trepando, hasta que llegó
un momento en el que en cada paso te
la jugabas, porque ya no podías
caminar mas de tres pasos sin
volverte a encontrar con otra zona
de trepada, que en seco hubiera sido
hasta divertida pero que en mojado
comenzaba a parecer una temeridad.
Sobre todo a la hora de tener que
bajar por ella con las rocas
mojadas, que ya se sabe que subir se
sube, pero donde te la juegas es en
la bajada.
Aún así continuamos
un trecho salvando profundas grietas
y espinosos majuelos, pero el
terreno cada vez mas mojado y
resbaladizo, hizo que al final se
impusiera la lógica y la prudencia
ante el entusiasmo de hacer cumbre,
de manera que “El Duendecillo de
Sierra Horconera”, “La Sirenita del
Pisuerga” y un servidor, nos
quedamos esperando mientras “El
Caimán de Puente Genil”, continuaba
con fuerza y honor hacía la cumbre
junto a la intrépida “Comadreja de
Cueva Secreta” que encabezaba la
expedición junto al increíble Chuky,
superando un saliente que cuya zona
mas elevada se encontraba a tan solo
20 m de nosotros, para bajar
inmediatamente después por un
tobogán tras el que iniciaron el
último tramo de ascensión a la
cumbre. Regresando sobre sus pasos a
los pocos minutos tras haber
coronado, retomamos el descenso
todos juntos hasta otro acebuche
cercano al denominado collado sur,
bajo el cual nos resguardamos del
chirimiri para disfrutar de un
entrañable almuerzo montañero en que
no faltaron las risas hablando de lo
humano y lo divino y sintiéndonos
como auténticos privilegiados por
haber disfrutado de tan bonita
ascensión en una montaña única y
emblemática donde las haya.


Finalizado el
almuerzo, por aquello de no regresar
por el camino ya conocido y animados
por el cese de la lluvia que ya no
volvería, seguimos la propuesta de
Fernando “La Comadreja de cueva
Secreta” e iniciamos el descenso en
dirección suroeste, dejando a
nuestra espalda lo que hasta ahora
habíamos denominado collado sur y la
zona de cumbre. En principio íbamos
por una zona abancalada que se hacía
bastante asequible y ya comenzábamos
a ver allí abajo la primera lengua
de tierra que dejamos a un lado al
comienzo de la ruta, por lo que era
de suponer que en poco tiempo
llegaríamos a la misma. Pero
conforme íbamos bajando, la
pendiente era cada vez mas fuerte y
lo que en algunos tramos había sido
tierra, ya sólo eran rocas por las
que casi era imposible caminar dada
su pendiente. Así que casi de forma
sincronizada comenzamos a practicar
el “culing”: impulsándonos con el
culo y las manos un largo trecho
hasta ponernos a la altura de la
famosa lengua de tierra. Pero
quedaba un último obstáculo por
salvar y era descender por el
vertiginoso farallón rocoso que nos
separaba de la mencionada lengua de
tierra por la que llegaríamos a la
base. Curiosamente mientras mas
descendíamos por el tramo rocoso que
en teoría nos acercaba a la base,
mas fea se ponía la cosa, llegó un
momento en el que ya sólo teníamos
cortados a nuestro alrededor. Volver
sobre nuestros pasos hubiera sido un
tremendo sobre esfuerzo. Pero con
calma, tranquilidad y sin perder el
buen humor, la astuta “Comadreja de
cueva Secreta” siempre en primera
posición en los tramos mas
escarpados, encontró un resquicio
entre las rocas que nos situaba en
la ansiada lengua de tierra. No sin
antes superar una última peripecia
con un arriesgado destrepe donde te
tenías que quedar colgado por un
instante de las ramas de un viejo
acebuche. Muy parecido al destrepe
que tuvimos que superar al salir de
la cueva del Moro, tras hacer cumbre
en Cancha Armola el pasado 1 de
diciembre de 2007.


Una vez alcanzada la
lengua de tierra, tuvimos que
padecer una bajada tan pronunciada
como la que realizamos aquella vez
por Sierra Mágina, en esta ocasión
mucho mas corta, pero mas empinada,
de manera que mas de una vez tuvimos
que volver a poner culo en tierra y
el resto del tiempo caminando de
lado, hasta casi llegar a la orilla
del río Guadalhorce. Pero justo
cuando nos disponíamos a cruzarlo
por una pequeña presa de hormigón,
pasamos por encima de un pozo en el
que estuvo a punto de caer “El
Duendecillo de Sierra Horconera”
después de que el Comandante,
hubiera dejado temblando el
maltrecho muro de contención con el
peso de su cuerpo. Tras el susto que
no terminó en tragedia de milagro,
nuevas risas y en cinco minutos de
vuelta a los coches tras la última
foto a orillas del embarrizado
Guadalhorce con las paredes de la
peña de fondo.
Una jornada a la
antigua usanza por lo que suponía
subir por primera vez esta montaña,
con la incertidumbre meteorológica
añadida y con la intensidad con la
que se viven estas jornadas en petit
comité donde cada compañero juega un
papel fundamental, estrechándose aún
mas los lazos de amistad, que ningún
lugar será nunca mas propicio que la
montaña para comprobar quienes son
tus amigos de verdad.
¿Sabías que…
durante largo tiempo fue Antequera
límite fronterizo de la España
cristiana con la morisca. Un joven
cristiano, Tello, cae prisionero en
Archidona, localidad próxima. La
hija del mandatario moro de esta
localidad, Tagzona, va por
curiosidad a los calabozos en los
que se encuentra con Tello. Ambos,
caen enamorados a primera vista y
comienza en este momento una
arriesgada historia de amor que
podría acabar con el peor de los
castigos en caso de ser
descubiertos. Hasta que Tagzona se
las apaña para liberarlo , escapando
juntos de la prisión, poniendo
tierra de por medio, pues en
aquellos siglos, no se les permitía
contraer matrimonio a parejas de
distintas creencias.
Pero nada mas abandonar Archidona
son descubiertos por los guardias
que, con el padre de Tagzona al
frente, salen a su captura. El
desafío se va difuminando, los moros
se acercan y no saben qué hacer.
Apunto de llegar a Antequera se ven
obligados a refugiarse en una peña,
decidiendo subir por ella. Pero la
persecución continúa, ya en todo lo
alto, prácticamente rodeados, con
las primeras luces del amanecer los
arqueros del padre moro apuntan a
los jóvenes. Ambos se miran, se
cogen de la mano, y se colocan al
filo de la cima. No tenían
escapatoria: rendirse y ser
capturados y separados. Pero, Tello
y Tagzona, unidos por sus manos,
vuelven a mirarse fijamente y
deciden despeñarse, saltando al
vacío."
Con
el paso del tiempo: la historia, se
convirtió en leyenda y la leyenda en
mito. Pero para que aquellos hechos
nunca caigan en el olvido, podemos
contemplar una emotiva escultura en
la ciudad de Antequera donde se
representa la figura de los dos
amantes saltando al vacío, para
rememorar esta bellísima y dramática
historia de amor.
Crónica y fotos: Juan
Ignacio Amador