Hay lugares que a pesar de
encontrarse cerca de carreteras o zonas de mucho
paso, nunca llegan a ser visitadas, ni siquiera
por quienes viven cerca y sabiendo de su
proximidad van demorando su visita hasta irse de
este mundo sin conocer los mejores rincones de
la zona donde han vivido, uno de ellos es el
bosque encantado por donde discurre el "roteiro
da Picaraña" a tiro de piedra de Ponteareas.

Una vez en la localidad de
Ponteareas a la salida (o entrada) de la misma y
situados en una rotonda de la N-120 que une Vigo
con Ourense, pondremos el cuenta-kilómetros a
cero saliendo en dirección Ourense, poco después
pasaremos por delante de una doble estación de
servicio Repsol y justamente en el km 2,5
veremos a nuestra izquierda una pequeña nave
industrial con el logo de “Neumáticos Perez-Pardo
MICHELÍN”, junto a la cual hay una pista
asfaltada que desde el inicio se adentra en un
frondoso bosque de pinos y eucaliptos cuyo
embrujo nos atrapará desde el principio. A los
pocos minutos dejaremos a nuestra derecha la
impresionante mole de “La Peña do Equilibrio”,
un auténtico capricho de la naturaleza, que de
forma inverosímil desafía a la gravedad y que
posteriormente podremos ver mas tranquilos,
realizando la ruta. Unos cien metros mas
adelante, esta pista asfaltada por la que vamos,
pasa junto a la “Peña dos Namorados” otro de los
rincones emblemáticos de esta bonita ruta, e
inmediatamente a nuestra izquierda, tenemos una
bajada que nos lleva hasta el “Convento de
Canedo”, clásico punto para el comienzo y final
de esta ruta circular de tan sólo 6,6 km que nos
llevara por las faldas del mítico “Monte da
Picaraña” (357 m), pasando por la zona de
acampada juvenil, desde donde accederemos
fácilmente a su cumbre, por un desvío
perfectamente señalizado que tan sólo nos
supondrá alargar el paseo 1,4 km, pasando por un
precioso tramos de escaleras excavadas en roca
viva, que nos lleva a un mágico merendero,
presidido por un santuario blanco que destaca de
forma casi sobrenatural en medio de la oscuridad
de las grandes moles granítica y la frondosa
vegetación que nos rodea por todas partes.


Desde el santuario hasta la
cumbre sólo nos separa un pequeño tramo de a
penas cien metros en suave pendiente, por donde
caminaremos a través de un bonito vía crucis,
que a modo de pasillo, nos conduce hasta la
cumbre, coronada a su vez, por la cruz mayor, al
mismo tiempo rematada por un pararrayos. Desde
donde obtendremos una amplia panorámica de los
campos de “O Condado”.


De regreso al campamento juvenil,
continuaremos por un corto tramo de la pista
asfaltada, que dejaremos rápidamente
desviándonos a la derecha, para seguir rodeando
el monte, llegando en pocos minutos a un “furantxo”.
Hay que aclarar que hoy en día los denominados
“furantxos” se han convertido en una especie de
“restaurante-taberna” por lo general algo
rudimentaria y de marcado carácter rural,
ubicadas en una zona de cualquier vivienda, al
borde de un camino, para venderle comida y vino
al caminante que por allí pasa. Aunque en sus
orígenes sólo se hacía para vender vino, hoy en
día algunos han desarrollado tanto su actividad
comercial que ya son toda un institución en
algunos pueblos, siempre de marcado carácter
familiar y un tanto anárquico en sus horarios y
días de apertura, como por ejemplo este del
“Mointe da Picaraña” donde al único que me
encontré fue a un perro enorme que no dejaba de
ladrarme y enseñarme los colmillos, sin dejar de
golpear con las patas delanteras la valla que
nos separaba, mientras yo rezaba todo lo que
recordaba en medio de la soledad de aquel monte,
en el que dicho sea de paso no me encontré
absolutamente con nadie.
.

En pleno bosque de pinos y
eucaliptos y con los ladridos de “la bestia” a
mis espaldas, fui rodeando la cumbre siempre a
nuestra derecha, desplazándome por la ladera de
oeste a suroeste, hasta llegar a la denominada
“Peña do Equilibrio” una de esos inverosímiles
caprichos de la naturaleza que te hacen
plantearte hasta que punto, eso es natural o
quién ha podido conseguir algo así.


Un centenar de metros mas al sur
y con magníficas vistas de la localidad de
Ponteareas, llegamos a través de la pista
asfaltada hasta la “Peña dos Namorados” otro de
esos rincones místicos de la ruta, de obligada
parada que debe su nombre a haber servido como
punto de encuentro durante muchos años a las
“mujeres casaderas” del lugar. Y desde aquí
abandonando de nuevo la pista asfaltada,
iniciaremos la bajada, en dirección oeste,
noroeste por la senda que nos lleva de vuelta al
“Monasterio de Canedo” (57 m) habiendo puesto
fin a esta agradecida ruta circular que debería
estar incluida en las guías de “La España
Mágica”.

Existen dos variantes para
complementar esta ruta lo suficientemente
interesantes como para alargar el itinerario
como son las visitas al Castro de Troña al norte
y al Castillo de Villasobroso al este.
Crónica y fotos: Juan Ignacio
Amador