Turismo rural y cultural en el Valle del Genal - Serrania de Ronda

Salidas del "Comando Preston" - Temporada 2005-2006


Ascensión a Sierra Prieta desde Casarabonela
Fecha: 1 de abril de 2006

 

Vistas desde la distancia Sierra Prieta y Sierra Cabrilla, se asoman al Valle del Guadalhorce desde el extremo mas oriental de La Sierra de las Nieves, a modo de dos colosos gigantes, tal y como se ven desde la zona de Alhaurín El Grande ó Coín, algunos dicen que juntas forman la cara de una mujer, otros cuyo inconsciente les delata dicen que “dos tetas gigantes”. Sin embargo cuando llegas a las zonas mas altas se aprecia como en Sierra Prieta abundan las zonas escarpadas con afilados farallones rocosos por la cara norte y este y como Cabrilla es algo mas redondeada aunque también presenta imponentes escarpes por su ladera norte.

 

Tras mucho tiempo queriendo subir a Sierra Prieta, ¡por fín! Se presentó la ocasión y además con el lujo de contar con nuestro incombustible amigo “Juani” de Casarabonela, un auténtico galáctico de las Montañas, que el fín de semana anterior había participado en una travesía de 58 km. por la Sierra Norte de Sevilla y al día siguiente, domingo 2 de Abril, corrió la Media Maratón de Málaga en 1h.20 min. En esta expedición nos dimos cita 14 amigos de las montañas que fueron: Reinaldo y Manuela que llegaron el día antes desde Rota, pasando ya la noche en Casarabonela. Desde Málaga capital, nuevos amigos: Juan Antonio, Patri y Miguel. Desde Campanillas: Juan Carlos “El Portador del Anillo” y Caqui “La Reina del chocolate”, desdela misma Casarabonela: además de Juani, su mujer Lourdes, que también va como un cohete y Francisco (12 años), uno de los alumnos aventajados de Juan que a lo largo de la ruta demostraría una energía inagotable. Y desde Fuengirola: “Sony”, Carlos “El Poeta de las cumbres” y Juani.

 Una vez aparcados los coches junto a la Mansión “El Coloso” comenzamos a la caminata por la zona alta del pueblo pasando muy cerca del “Chorreón” en dirección al Cementerio, donde también se suelen dejar los coches para hacer esta ruta y a unos 400 m. de comienzo llegamos al inicio de “La Denominada Senda de Jácara”  que actualmente es el “PR A-270” Casarabonela-Fuente de Los Hornaos, por donde empezamos a caminar, ganando altura por un sendero reconstruido con mucho mimo en estos primeros compases del camino que rapidaente nos llevan hasta una “calera reconstruida”, continuamos zigzagueando por el bosque de pinos a muy buen ritmo y antes de darnos cuenta ya estábamos en el “Llano Cristóbal” cerca del cual, nos encontramos con una cabaña a nuestra izquierda, también reconstruida a la antigua usanz y a la derecha entre las aulagas, parte una precaria senda que teóricamente nos lleva hasta “La Cueva de Jácara” pero el último tramo se lo han tragado las aulagas que hacen casi imposible llegar a la misma.

   

   

Desde allí continua la senda en suave ascensión hasta llevarnos a una especie de cornisa con vistas a “Los Tajos del Naranjal” donde algunos aprovechan para practicar “rappel”. Por aquí la senda llanea bastante e incluso desciende para atravesar una cañada, por donde nos volvemos a adentrar en otro bosquete de pinos cuya sombra se agradece bastante, porque las rampas son cada vez mas duras. Casi sin darnos cuenta dejamos atrás este bosque de pinos donde ya nos despediremos de la protección de la sombra, para adentrarnos en el “Llano de La Morena” el reino de la aulaga, donde los pantalones largos se hacen tan necesarios como un buen mantenimiento de la senda. Menos mal, que al menos la zona es llana y cuando otra vez empezamos a ganar altura llegamos a “La Fuente de los Hornaos” cuyo chorro de agua fresca reconforta al caminante. Desde aquí no se tarda mas de 15/20 minutos en llegar hasta el carril que une Jorox (carretera Alozaina-Yunquera), con Puerto Martínez (entre Alcaparaín y Prieta). Y allí fue donde se nos unió el amigo “Manolo” que había estado trabajando toda la noche en el Hospital de Alozaina, terminando su turno a las 9,oo am. De ahí que tuviera que unirse a nosotros en este punto del carril conocido como “Llano Chacha” a 1.000 m. posiblemente uno de los puntos mas elevadas de todo este carril que faldea las Sierras de Prieta y Cabrillas por su cara sur.


 

  

 

Una vez en el carril, caminamos unos 200 m. a la derecha, donde nos encontramos con unas indicaciones que nos señalan: “Puerto de la Maera” 600 m. (de distancia) situado a unos 1.140 a donde llegamos mediante unos suaves zig-zags por un terreno cada vez mas castigado por los incendios. El grupo avanzaba compacto a muy buen ritmo y tras una breve pausa continuamos hasta “Los Castilletes” este es uno de los tramos mas suaves de toda la ascensión, sin embargo “Juan” nos comentó que hasta no hace mucho la senda llegó a quedarse tan abandonada e invadida por las aulagas que tuvo que venirse con dos amigos mas del pueblo y con 2 maquinas “desbrozadotas” que alquilaron por su cuenta y riesgo, para despejar ese tramo del camino que estaba impracticable. Hasta “Los Castilletes” (1.250 m.) el grupo llegó muy bien, pero a partir de aquí la subida se nos atragantó a mas de uno, especialmente a los que demoramos el ataque para hacer algunas fotos mientras el resto avanzaba ya en línea recta hacia la cumbre, por una fuerte pendiente donde las rocas y aulagas habían borrado definitivamente cualquier rastro de senda, aquí cada uno iba por donde podía, a paso de caracol y jadeando los del vagón de cola y a ritmo translíbico los galácticos que iban por delante hasta que por fin llegamos a coronar el punto geodésico de Sierra Prieta 1.518 m. El pequeño llanito que hay a pocos metros del mismo nos permitió disfrutar de un merecido almuerzo donde reinaron la camaradería, el buen humor, la meditación, el descanso, la contemplación del paisaje y como guinda del pastel: las dos poesías que nos recitó nuestro amigo Carlos, un “matemático con alma de poeta” que por dos veces nos dejó con la boca abierta. El momento fué verdaderamente mágico sobre tan privilegiada atalaya.

  

En agradecimientos uno de los compañeros de ruta, le escribió esto al día siguiente en el Libro de Visitas de “www.pasoslsragos.com”

 Al poeta de las cumbres

Los que no pudisteis asistir ayer a la subida a Sierra Prieta, no solo os perdisteis una de esas rutas que no se olvidan. También en la misma cumbre el compañero Carlos nos recitó Momentos Felices de Gabriel Celaya. Lo cierto Carlos, es que no dejas de sorprenderme. Gracias.

Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?

 Cuando salgo a la calle silbando alegremente
--el pitillo en los labios, el alma disponible--
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro --sé que todo es fiado--,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?

Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?

Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?

Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
"Estaba justamente pensando en ir a verte."
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?

Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?

Gabriel Celaya “De claro en claro” 1.956

 

 Una vez finalizado el reconfortante descanso de la cumbre y hechas las correspondientes fotos de rigor. Iniciamos el descenso en dirección oeste de tal manera que teníamos ante nosotros la redondeada mole de Sierra Cabrilla, a través de la “v” que forman ambas sierras podíamos ver en dirección sur “Alozaina”, mientras que íbamos bajando por terrenos escarpados de rocas a veces afiladas, a veces redondeadas, girando ahora en dirección noroeste, hasta comenzar a ver el pueblo de “El Burgo” a la espalda de Sierra Cabrilla, un primer paso complicado, nos puso en jaque a mas de uno, no obstante, las espectaculares vistas hacia el valle del Turón y hacia Sierra Alcaparaín bien merecen el esfuerzo, bajando por tan escarpadas laderas. Pocos metros antes de llegar al “Puerto de Los Amolaores” o “Mojón de los 4 términos” (Donde se juntan los de Alozaina, Yunquera, El Burgo y Casarabonela), hubo que salvar un paso complicado, donde había que ayudarse de las manos, para bajar por una especia de embudo rocoso, tras el cual llegamos a dicho puerto.



 

Llegó la hora del gran dilema:

a) Por un lado la opción de atacar “Cabrilla” lo cual suponía un esfuerzo añadido considerable, para estar de vuelta en el mismo punto unas 2 horas mas tarde, a ritmo muy fuerte. Eran aprox. las 15.30 pm. pero el camino de regreso hasta Casarabonela, desde este punto ya es de por sí larguito.

 b) Por otra parte, estaba la opción de comenzar a faldear la sierra por su cara norte hasta enlazar con el “Puerto de la Maera” y desde allí descender por el mismo camino, por el que ascendimos por la mañana.



 

Tras unos intensos momentos de incertidumbre en el que mas de uno se vió tentado por “la heroica” termino prevaleciendo “el arte de la prudencia”, que nos sugirió el amigo Juan. Esto nos permitió disfrutar mucho mas del camino de regreso, por las resbaladizas cornisas de la cara norte, caminando junto al pie de enormes paredes y magníficos ejemplares de pino, entre los que no faltó algún pequeño ejemplar de pinsapo, que hizo las delicias de los amantes de la botánica. Fortaleciendo la teoría de Rafa Flores, que afirma que las laderas de los nortes de Prieta y Cabrilla, reúnen todos los requisitos para la proliferación del pinsapo…el tiempo lo dirá.



Sin dejar de descender llegamos a enlazar con la senda que a la izquierda continua dirección oeste, hasta la cumbre de “Cabrilla” y dirección este, nos llevaría en suave ascenso hasta el “Puerto de la Maera” desde donde parte una senda que tras poco mas de 1 km. nos lleva hasta el lugar conocido como “El Vivero”, una especie de santuario botánico en plena ladera norte, que hace las delicias de quienes la visitan por las maravillas que allí se encuentran.



 Desde el “puerto de la Maera”, tal y como estaba previsto, optamos por bajar directamente a Casarabonela, por el mismo camino por el que subimos por la mañana, despidiéndonos de Manolo en el carril donde había llegado tras salir de trabajar a las 10.00 am. con su coche. Mas tarde volviendo a repostar el líquido elemento en “La Fuente de los Hornaos”. Hicimos una última pausa junto a la cabaña del “Llano Cristóbal” y finalmente al llegar a Casarabonela, como colofón final: fuimos agasajados  por Juan y Lourdes que amablemente, nos prepararon en el porche de su casa: una mesa con cervezas,  refrescos, patatas y frutos secos que después de tan intensa ruta nos supieron a gloria. Entrañable final para otra jornada que resultó ser memorable en la que volvió a formarse un grupo muy interesante.

 

Crónica: Juan Ignacio Amador

Fotos: Reinaldo y Juani
  


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