Tal y como llegamos por la costa
y tomando la salida “Estepota Este”, entramos
directamente en Estepota y nada mas llegar a la
entrada del paseo marítimo, al llegar a una
rotonda presidida por “Hércules y sus dos
leones”, tomamos a la derecha y a partir de aquí
con mas intuición que certeza, seguimos las
indicaciones: “Valle del Genal o Genalguacil”
por la “MA-536” tras superar un auténtico
laberinto de calles con cruces, subidas y
bajadas, hasta que por fín tuvimos la certeza de
estar en la carretera que nos llevaría hasta el
“Puerto de peñas Blancas” (1.010 m.), divisoria
de aguas entre el Valle del Genal al norte, con
fantásticas vistas de diversos pueblecitos
serranos y al sur, gran parte de la costa del
sol occidental, con Estepota a nuestros pies.
Desde aquí se puede continuar dirección Jubrique,
Genalguacil o bien tomar el desvío hacia “Los
Reales de Sierra Bermeja”. A los pocos minutos
recibo la llamada de Fernando y Ana, que como la
mayoría de mortales no vieron las indicaciones y
se encontraban dando vueltas por Estepota,
exactamente igual que Jon y Lindsey, hasta que
por fín tras superar esa auténtica jinkana, para
encontrar la “MA-536”, llegaron al punto de
encuentro en Peñas Blancas, donde nos ponemos en
contacto con José Juan, que nos comenta que con
el despiste se ha pasado de largo y ha llegado
hasta Jubrique, dándonos su visto bueno, para
comenzar sin ellos. Sin apenas cobertura y con
la extraña sensación de la escasa asistencia a
pesar de las confirmaciones de los días previos,
nos volvemos a montar en los coches para llegar
hasta el “Refugio de los Reales” donde tenemos
previsto finalizar nuestro recorrido circular.
Si desde la distancia esta
sierra de “Los Reales de Sierra Bermeja” llama
la atención por su color rojizo (de ahí su
denominación de “Bermeja”). Nada mas comenzar a
caminar hacia nuestro primer hito: “Mirador
Salvador Guerrero” nos vuelve a sorprender, el
intenso color rojizo de la tierra y las rocas,
ya que este espacio se caracteriza por estar
formado casi en su totalidad por rocas
procedentes del enfriamiento y la consolidación
a grandes profundidades
que
llegaron a superar el centenar de kilómetros
bajo tierra concretamente donde se encuentra el
magma ultrabásico, denominado así por su riqueza
de magnesio, calcio y hierro, dando lugar a “las
peridotitas”. Los empujes geológicos y la
erosión de los materiales que recubrían esta
inmensa masa de peridotitas han permitido su
actual afloramiento. Apareciendo registrada en
el libro “guinness de los records” como el mayor
afloramiento de este tipo de mineral en todo el
planeta.


Tras
400 m. de sendero con suelo rojizo, llegamos al
“Mirador” desde donde disfrutamos de magníficas
panorámicas de gran parte del litoral occidental
malagueño, Marbella al pie de “La Concha” al
este y la sierra Palmitera con el pico Encinetas,
ocultando parcialmente la Sierra de las Nieves
coronada por el Torrecilla, y hacia el suroeste
una perspectiva tan espectacular como
inmejorable de Gibraltar, con el Estrecho y las
montañas de África al fondo, una visión
cautivadora que nos acompañaría hasta la cumbre.
Desde
el mirador regresamos una veintena de metros por
el mismo sendero por el que habíamos llegado,
hasta que unas balizas “amarillas y blancas de
P.R.” nos indicaron la continuación hacia la
cumbre, y que en su mayor parte discurre
paralelo a una alambrada que delimita la zona
rocosa de la zona con mas vegetación. Teniendo
que atravesar la alambrada en varias ocasiones,
sin ninguna dificultad gracias a las angarillas,
por donde íbamos pasando sin problemas. Tras un
comienzo de subida algo empinado con escalones
rocosos entre abundante matorral, llegamos en
pocos minutos a una zona de pinos que ya nos
acompañaría hasta la cumbre. Precisamente a la
sombra de los primeros pinos por donde íbamos
subiendo nos llevamos la grata sorpresa de
encontrarnos con mi compañero Kostas “El
Chipriota”, acompañado de su mujer “Dana” (Miss
Praga 1996) y sus dos hijos mellizos: Luca y
Emilio de cuatro añitos. Ocasión que
aprovechamos para descansar unos minutos entre
las pertinentes presentaciones y varios sorbos
de “aquarius”.


Continuamos la subida entre matorrales y
grandes pinos que nos iban protegiendo con su
generosa sombra del sol del mediodía, unas veces
por a la izquierda y otras a la derecha de la
alambrada, y en todo momento con una panorámica
espectacular de toda la zona del Estrecho,
siempre a nuestra izquierda en el sentido de la
marcha, el trazado de la senda, resultó muy
entretenido, y a veces incluso tenía toboganes
con bajadas, a través del terreno rojizo por el
que íbamos caminando, con algunos escalones lo
suficientemente altos, como para que Fernando
tuviera que hacer uso de su mochila canguro,
para llevar a su hijo Dani de 2 añitos, que iba
como un rey, mientas su madre Ana, fiel a su
costumbre, llevaba un auténtico supermercado a
cuestas para que no faltara de nada. Y poco a
poco, con el grupo estirado, íbamos ganando
altura con Jon y su perra “Honey” en cabeza y el
reportero en la cola, captando el avance del
grupo y la belleza del paisaje que nos rodeaba,
hasta que por fin, muy próximo a la cumbre,
llegamos a la pista que parte desde el “Refugio”
y llega hasta las antenas repetidoras. Sin duda,
el único aspecto negativo de esta cumbre, a modo
de sugerencia, se nos ocurre proponer que
recubran las antenas a modo de pinsapos o pinos
gigantes, tal y como han hecho con las antenas
repetidoras que se encuentran junto a la “Ermita
de Cabra, sierras subbéticas cordoesas”, un
auténtico puntazo, que le daría un aspecto mucho
mas natural a la cumbre. Una vez frente a las
antenas, el punto geodésico es fácilmente
accesible a través de una timida senda que se
abre paso entre los pinsapos que ya comienzan a
expandirse por todos los terrenos circundantes a
la cumbre, donde por fin, nos encontramos con
nuestro buen amigo “José Juan” acompañado de su
hijo “Ignacio” y su pastor alemán “Thor”. Poco a
poco fue llegando el grupo al punto geodésico,
que con sus 1.485 m. sobre el nivel del mar,
ostenta el record de Europa de altitud, de entre
todas las cumbres situadas a menos de 15 km. de
la costa, a lo largo de todo el litoral europeo.
Haciéndonos disfrutar de unas vistas
espectaculares sobre el Estrecho y los dos mares
allí se encuentran con África y Europa a tiro de
piedra, un auténtico regalo para la vista.


Entre
pinos y pinsapos descendimos cómodamente por el
carril que comunica la cumbre con el “Refugio
Agustín Lozano”. Justo antes de llegar al
“Refugio” nos encontramos con el busto de
“Edmond Boissier” junto al cual se encuentra
colcada una placa conmemorativa del 160
aniversario de su visita a “La Serranía de
Ronda”, dando a conocer a la comunidad
científica internacional, el emblemático árbol
del pinsapo, una auténtica joya desde el punto
de vista botánico, cuyos orígenes datan del
jurásico.


Aunque
el refugio se encontraba abierto, aquel día no
funcionaba el servicio de bar y restaurante del
que habíamos disfrutado anteriores ocasiones,
con lo cual almorzamos con lo que cada uno
llevaba en sus mochilas, sobre las mesas de
madera del área recreativa que se encuentran
junto al refugio. Curiosamente quince minutos
antes de llegar allí, nuestro compañero Roberto
y su hijo Tomy, se habían marchado, tras haber
intentado localizar al grupo sin éxito, después
de haber dado un buen paseo por la zona.
Finalmente, tras el almuerzo de hermandad, por
circunstancias diversas que no vienen a cuento,
se marchó parte del grupo, a pesar del atractivo
y fácil paseo que teníamos previsto realizar a
“La Plazuela de los Pinsapos”.
Ya
sólo quedábamos Jose Juan, con su hijo Ignacio y
su perro “Thor”, Fernando, Ana y su hijo Dani,
María, Nacho y yo, así que para no forzar mucho
la máquina y sin olvidar que estaba programada
como “ruta familiar”, decidimos bajar en coche
los dos kilómetros que nos separaban del
comienzo de la senda y a partir de ahí, el paseo
por la ladera norte de Sierra Bermeja, se
convirtió en una auténtica delicia hasta
completar el kilómetro escaso que nos separaba
de la “Plazuela de Los Pinsapos”, un auténtico
remanso de paz con el que se conoce un clarito
del bosque, en una zona llana, donde se
encuentra la famosa placa con el poema a los
árboles, donde podemos leer aquello de:
¡
Árboles !,
¿
habéis sido flechas caídas del azul ?
¿ qué
terribles guerreros os lanzaron ?
¿ han
sido las estrellas ?
Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
de los
ojos de Dios,
de la
pasión perfecta
¡
Árboles !
¿
Conocerán vuestras raices toscas,
mi
corazón en tierra ?
(Federico García Lorca)


Aquí
en la “Plazuela de los Pinsapos”, los mas
pequeños disfrutaron de lo lindo con una especie
de cabaña improvisada que alguien con muy buen
criterio, había construido, reagrupando trozos
de ramas secas desprendidas de algún pinsapo,
que afortunadamente se han desarrollado con gran
fuerza a lo largo de toda la ladera norte, y que
intercalados con numerosos pinos, han dado lugar
a la mayor concentración de pinsapos que se
conoce en todo el mundo, a tan corta distancia
del mar. Otro record para esta montaña, que
jamás dejará indiferente a todas aquellas
personas que la visiten. De hecho, el profesor
de Biología Vegetal de la Universidad de Málaga,
Andrés Pérez Latorre, señaló en su día, que
Sierra Bermeja destaca también por su
importancia botánica, ya que alberga alrededor
de una veintena de endemismos "tantos como
cualquier país europeo en su conjunto".
La
protección de este espacio localizado en la
confluencia de los términos municipales de
Estepota y Genalguacil, al suroeste de la
serranía de Ronda, está propuesto como Lugar de
Interés Comunitario (LIC), ocupando una
superficie de unas 40.000 hectáreas, donde se
debería prohibir completamente la recalificación
de estos espacios protegidos en zonas
urbanizables, como ya comienza a ocurrir por la
ladera sur. Ya que en estos momentos, a pesar
del alto valor ecológico de toda esta sierra en
su conjunto, solamente la cumbre de Los Reales
de Sierra Bermeja está protegida como “paraje
natural” desde 1989, una categoría de protección
muy baja a la que realmente le corresponde.
Nota
Curiosa: Intercambiando impresiones con un
vecino de Estepota, mientras el grupo estaba
almorzando, me comunicó que antes de finales de
2007, esta previsto habilitar un acceso directo
desde la autovía pública, para en lazar con la
“MA-536” que es la carretera que nos lleva hasta
el “Puerto de Peñas Blancas”, sin necesidad de
entrar en Estepota para nada. No obstante, lo
mas increíble es “el por qué” no se hizo esto
desde un principio.
Crónica y fotos: Juan Ignacio
Amador