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Salidas del COMANDO PRESTON - Temporada 2007-2008


Tras las huellas de la ruta roja

(Paraje  Natural del Torcal de Antequera)
Fecha: sábado 13 de octubre de 2007


Después de la ruta “amarilla-verde”, que hicimos por la mañana, almorzamos entre el “Centro de Visitantes” y el cercano “Mirador de Las Ventanillas”, volviéndonos a reagrupar a eso de las 14,20 pm. en un ramal del aparcamiento, muy próximo al comienzo de la ruta “amarilla-verde” donde también empieza “la antigua rota roja”,  justo en aquel momento se despedía del grupo, nuestro compañero Juan Antonio “El Elfo de La Malagueta” que se tuvo que marchar para llegar puntual a una boda. Mientras aprovechábamos el reagrupamiento para recordar lo mal señalada que se encuentra la ruta que estábamos a punto de comenzar y que según se rumorea tiene el uso restringido por “La Consejería de Medio Ambiente”, aunque no nos encontramos la mas mínima señalización al respecto.

No obstante, guiándonos por las indicaciones del libro “Por Los Caminos de Málaga” (itinerario 3, pag.25, Ediciones Primtel), la referencia principal del recorrido no deja lugar a dudas, ya que básicamente consiste en ir rodeando la montañita rocosa coronada por “El Camorro de las Siete Mesas” que se ve perfectamente desde la zona del aparcamiento donde empezamos a andar, de tal manera que en todo momento lo vamos rodeando, encontrándose siempre en nuestro costado derecho a lo largo del recorrido. Y con esa consigna iniciamos la ruta con la única duda de cómo era posible que algunas guías den una estimación de tres horas, para una distancia aprox. de 4,5 km. como tiene la ruta roja en su totalidad.

De hecho, la primera parte del recorrido, aunque en suave descenso transita por una zona de campo totalmente despejada y únicamente salpicada de pequeños pedruscos aquí y allá y algunos cardos borriqueros que se esquivan fácilmente. Todo lo contrario que la ruta “amarilla-verde”  que discurre en su mayor parte por un laberíntico sistema  de estrechas galerías y pequeñas plazas, encontrándonos encajonados gran parte del recorrido cuyo perímetro exterior podíamos ver ahora con perfecta nitidez a nuestra izquierda (dirección oeste), en contraste con la zona por donde íbamos bastante despejada e incluso fea en este primer tramo del recorrido. Pero lo mejor estaba por llegar.

Unos 500 m. después del recorrido, sobrepasamos un pequeño collado, que ya nos hace perder definitivamente de vista la zona de parking que hasta allí teníamos a nuestra espalda, vamos a encontrarnos con los dos primeros hitos del camino casi a la misma altura: el “hito 1”, se trata de una especie de cabaña de piedra, construida aprovechando una oquedad a media ladera del “Camorro de Las Siete Mesas” que tenemos a nuestra derecha y por donde mas tarde regresaríamos en nuestro camino de regreso. Mientras que el “hito 2”, lo tenemos a la izquierda, a unos 200 m. de nosotros, se trata de otra curiosa formación rocosa donde la vegetación a proliferado colonizando la totalidad de lo que parece “el cráter de un volcán”. Casi a continuación, unos pocos metros mas adelante, nos encontramos con el “hito 3” un llamativo bloque de piedra de unos cinco metros a modo de mesa, entre dos majuelos donde todavía se ven las dos únicas flechas rojas en todo el recorrido.

A partir de aquí la senda deja de seguirse tan fácilmente, pero no hay ningún problema, seguimos siempre de frente, (dirección norte), faldeando sin perder altura con el “Camorro de Las Siete Mesas” siempre a nuestra derecha, hasta que sobrepasado ya el primer kilómetro de caminata nos encontramos de frente con una vista espectacular de “La Sierra Chimenea”, que coronáramos allá por febrero de 2006, haciendo cumbre en  “El Camorro Alto” (1.377 m.). Cogiendo un pequeño ramal, que sale perpendicular a nuestra izquierda, en a penas 50 m. llegamos a una balconada (“hito 4”) desde donde se obtienen las mejores vistas, la panorámica es sencillamente impresionante y como el horizonte empezaba a despejarse en dirección oeste, pudimos ver de derecha a izquierda, la soleada silueta piramidal del “Pico Capilla” (Valle de Abdalajís) y en sombra, el Huma, en forma de trapecio con su cumbre plana y mas abajo justo a la izquierda, la ganchuda cumbre del mágico “Pico Capilla”, a cuyos piés se encuentra el “Pantano del Gaitanejo”. Ahora empezábamos a entender, el por qué de una estimación de tres horas, para tan sólo 4,5 km. y es que con panorámicas como estas uno pierde la noción del tiempo.

Retomando la senda y girando a continuación dirección noreste llegamos al comienzo de lo que bautizamos como “gradas lisas” (hito 5), una sucesión de piedras planas escalonadas por las que resulta muy cómodo caminar, al pié de esas “gradas”, nos encontramos con una curiosísima forma que bautizamos como “El Trampolín” (hito 6),  caminando en dirección “este-noreste” pasamos junto a “La Sima del Duque” (hito 7), una profunda oquedad, donde conviene extremar la precaución si alguien quiere asomarse. Nos encontramos en un punto clave del itinerario, ya que a partir de aquí tenemos dos opciones: ó bien bajamos dirección norte, para seguir rodeando el “Camorro de las Siete Mesas” a bastante menos altura, abriendo bastante el círculo para rodearlo. Ó bien la opción que escogimos nosotros, continuar dirección este-noreste, rodeando la cumbre, describiendo un recorrido, mas corto, pero mucho mas aéreo y por lo tanto con mejores vistas. Desde la misma “Sima del Duque” ya tenemos vistas de la ciudad de Antequera al norte, semioculta por las almenas rocosas que flanquean el Torcal, pero aún así nos encontramos con numerosos balcones naturales (hito 8), para recrearnos de las vistas. Seguimos caminando dirección “este” por la prolongación de las “gradas lisas” con unas vistas cada vez mas espectaculares de las Pedrizas, hasta que antes de darnos cuenta llegamos al borde de una escalofriante cornisa que nos obliga a girar 90º dirección sur: en este punto calificativos como espectacular ó impresionante, se quedan cortos para describir las vistas ó la sensaciones de vértigo y adrenalina que corren por tus venas en ese lugar. Las vistas sobre la Sierra de Las Cabras, en su prolongación hacia la Sierra del Co (“Peña Negra”) y toda la cadena montañosa de esa gran desconocida que sigue siendo “La Sierra de Camarolos” son absolutamente memorables, el frío se hizo especialmente intenso cuando llegamos al primer tramo de la cornisa, donde el fuerte viento reinante arrastraba hacia nosotros un mar de nubes tan denso y oscuro como las mismísimas sombras del aberno. Aunque con cara de pocker, como nuestro compañero "Jose Mari El Tempranillo",  al llegar a ese punto mas de uno “se cagó” en los pantalones, superado ya los dos primeros tramos mas comprometidos de la cornisa. A “Mª del Mar” las reiteradas pesadillas de vértigo que la persiguen desde la infancia le vinieron golpe a la mente, dejándola casi bloquedada y obligándola a volver sobre sus pasos, mientras que la responsabilidad paterna ,me impedía tenerla todas conmigo a pesar de ver a mi hijo Nacho, alucinando y sin ningún miedo caminando de la mano de mi buen amigo “ Juan Enrique Manostijeras”, mientras yo hacía el reportaje desde la cola del grupo y el “Chuky” correteaba alegremente asomándose cada dos por tres al mismísimo filo de la que bautizamos como “Cornisa del Diablo” (hito 9), regresando los cinco por donde habíamos venido, mientras los últimos miembros del grupo que nos precedían ya se iban perdiendo de vista en su avance por el  filo de lo imposible.

Pocos minutos después de nuestra llegada a la zona de parking, empezamos a ver aparecer como hormiguitas, los coloridos polares de nuestros compañeros, iniciando el descenso desde la cumbre del “Camorro de las Siete Mesas” (hito 11), después de haber dejado atrás otra de las grandes piedras significativas de este itinerario “El Sombrero” (hito 10). Y en serpenteante bajada fueron descendiendo hacia el comienzo del camino de ida, pasando junto a la anteriormente mencionada, cabaña de piedra y llegando hasta nosotros, ya en la zona de parking en pocos minutos. Con esa inconfundible cara de satisfacción que siempre te dejan las grandes rutas montañeras, donde al menos para la mayoría, nuestras expectativas se vieron superadas con creces. Completando así un entretenidísimo itinerario de poco mas de 3 km. con panorámicas impresionantes, habiendo empleado unas dos horas, que aunque pueda parecer una burrada para tan corta distancia, no lo es si tenemos en cuenta la cantidad de veces que nos vamos deteniendo para observar las maravillas que nos depara este desconocido itinerario alternativo que bien podríamos calificar de versión reducida ó aérea de la mítica ruta roja.

Crónica: Juan Ignacio Amador

Fotos: Juani "El Comandante" y "Don Fernando El Diácono"

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