Después de la ruta
“amarilla-verde”, que hicimos por la
mañana, almorzamos entre el “Centro
de
Visitantes” y el cercano “Mirador de
Las Ventanillas”, volviéndonos a
reagrupar a eso de las 14,20 pm. en
un ramal del aparcamiento, muy
próximo al comienzo de la ruta
“amarilla-verde” donde también
empieza “la antigua rota roja”,
justo en aquel momento se despedía
del grupo, nuestro compañero Juan
Antonio “El Elfo de La Malagueta”
que se tuvo que marchar para llegar
puntual a una boda. Mientras
aprovechábamos el reagrupamiento
para recordar lo mal señalada que se
encuentra la ruta que estábamos a
punto de comenzar y que según se
rumorea tiene el uso restringido por
“La Consejería de Medio Ambiente”,
aunque no nos encontramos la mas
mínima señalización al respecto.
No
obstante, guiándonos por las
indicaciones del libro “Por Los
Caminos de Málaga” (itinerario 3,
pag.25, Ediciones Primtel), la
referencia principal del recorrido
no deja lugar a dudas, ya que
básicamente consiste en ir
rodeando la montañita rocosa
coronada por “El Camorro de las
Siete Mesas” que se ve
perfectamente desde la zona del
aparcamiento donde empezamos a
andar, de tal manera que en todo
momento lo vamos rodeando,
encontrándose siempre
en nuestro costado
derecho a lo largo del recorrido.
Y con esa consigna iniciamos la
ruta con la única duda de cómo era
posible que algunas guías den una
estimación de tres horas, para una
distancia aprox. de 4,5 km. como
tiene la ruta roja en su
totalidad.
De hecho, la
primera parte del recorrido,
aunque en suave descenso transita
por una zona de campo
totalmente despejada y únicamente
salpicada de pequeños pedruscos
aquí y allá y algunos cardos
borriqueros que se esquivan
fácilmente. Todo lo contrario que
la ruta “amarilla-verde” que
discurre en su mayor parte por un
laberíntico sistema de estrechas
galerías y pequeñas plazas,
encontrándonos encajonados gran
parte del recorrido cuyo perímetro
exterior podíamos ver ahora con
perfecta nitidez a nuestra
izquierda (dirección oeste), en
contraste con la zona por donde
íbamos bastante despejada e
incluso fea en este primer tramo
del recorrido. Pero lo mejor
estaba por llegar.
Unos 500 m. después
del recorrido, sobrepasamos un
pequeño collado, que ya nos hace
perder
definitivamente de vista la zona
de parking que hasta allí teníamos
a nuestra espalda, vamos a
encontrarnos con los dos primeros
hitos del camino casi a la misma
altura: el “hito 1”, se trata de
una especie de cabaña de piedra,
construida aprovechando una
oquedad a media ladera del
“Camorro de Las Siete Mesas” que
tenemos a nuestra derecha y por
donde mas tarde regresaríamos en
nuestro camino de regreso.
Mientras que el “hito 2”, lo
tenemos a la izquierda, a unos 200
m. de nosotros, se trata de otra
curiosa formación rocosa donde la
vegetación a proliferado
colonizando la totalidad de lo que
parece “el cráter de un volcán”.
Casi a continuación, unos pocos
metros mas adelante, nos
encontramos con el “hito 3” un
llamativo bloque de piedra de unos
cinco metros a modo de mesa, entre
dos majuelos donde todavía se ven
las dos únicas flechas rojas en
todo el recorrido.
A
partir de aquí la senda deja de
seguirse tan fácilmente, pero no
hay ningún problema, seguimos
siempre de frente, (dirección
norte), faldeando sin perder
altura con el “Camorro de Las
Siete Mesas” siempre a nuestra
derecha, hasta que sobrepasado ya
el primer kilómetro de caminata
nos encontramos de frente con una
vista espectacular de “La Sierra
Chimenea”, que coronáramos allá
por febrero de 2006, haciendo
cumbre en “El Camorro Alto”
(1.377 m.). Cogiendo un pequeño
ramal, que sale perpendicular a
nuestra izquierda, en a penas 50
m. llegamos a una balconada (“hito
4”) desde donde se obtienen las
mejores vistas, la panorámica es
sencillamente impresionante y como
el horizonte empezaba a despejarse
en dirección oeste, pudimos ver de
derecha a izquierda, la soleada
silueta piramidal del “Pico
Capilla” (Valle de Abdalajís) y en
sombra, el Huma, en forma de
trapecio con su cumbre plana y mas
abajo justo a la izquierda, la
ganchuda cumbre del mágico “Pico
Capilla”, a cuyos piés se
encuentra el “Pantano del
Gaitanejo”. Ahora empezábamos a
entender, el por qué de una
estimación de tres horas, para tan
sólo 4,5 km. y es que con
panorámicas como estas uno pierde
la noción del tiempo.
Retomando la senda
y girando a continuación dirección
noreste llegamos al comienzo de lo
que
bautizamos como “gradas lisas”
(hito 5), una sucesión de piedras
planas escalonadas por las que
resulta muy cómodo caminar, al pié
de esas “gradas”, nos encontramos
con una curiosísima forma que
bautizamos como “El Trampolín”
(hito 6), caminando en dirección
“este-noreste” pasamos junto a “La
Sima del Duque” (hito 7), una
profunda oquedad, donde conviene
extremar la precaución si alguien
quiere asomarse. Nos encontramos
en un punto clave del itinerario,
ya que a partir de aquí tenemos
dos opciones: ó bien bajamos
dirección norte, para seguir
rodeando el “Camorro de las Siete
Mesas” a bastante menos altura,
abriendo bastante el círculo para
rodearlo. Ó bien la opción que
escogimos nosotros, continuar
dirección este-noreste, rodeando
la cumbre, describiendo un
recorrido, mas corto, pero mucho
mas aéreo y por lo tanto con
mejores vistas. Desde la misma
“Sima del Duque” ya tenemos vistas
de la ciudad de Antequera al
norte, semioculta por las almenas
rocosas que flanquean el Torcal,
pero aún así nos encontramos con
numerosos balcones naturales (hito
8), para recrearnos de las vistas.
Seguimos caminando dirección
“este” por la prolongación de las
“gradas lisas” con unas vistas
cada vez mas espectaculares de las
Pedrizas, hasta que antes de
darnos cuenta llegamos al borde de
una escalofriante cornisa que nos
obliga a girar 90º dirección sur:
en este punto calificativos como
espectacular ó impresionante, se
quedan cortos para describir las
vistas ó la sensaciones de vértigo
y adrenalina que corren por tus
venas en ese lugar. Las vistas
sobre la Sierra de Las Cabras, en
su prolongación hacia la Sierra
del Co (“Peña Negra”) y toda la
cadena montañosa de esa gran
desconocida que sigue siendo “La
Sierra de Camarolos” son
absolutamente memorables, el frío
se hizo especialmente intenso
cuando llegamos al primer tramo de
la cornisa, donde el fuerte viento
reinante arrastraba hacia nosotros
un mar de nubes tan denso y oscuro
como las mismísimas sombras del
aberno. Aunque con cara de pocker,
como nuestro compañero "Jose Mari
El Tempranillo", al llegar a
ese punto mas de uno “se cagó” en
los pantalones, superado ya los
dos primeros tramos mas
comprometidos de la cornisa. A “Mª
del Mar” las reiteradas pesadillas
de vértigo que la persiguen desde
la infancia le vinieron golpe a la
mente, dejándola casi bloquedada y
obligándola a volver sobre sus
pasos, mientras que la
responsabilidad paterna ,me
impedía tenerla todas conmigo a
pesar de ver a mi hijo Nacho,
alucinando y sin ningún miedo
caminando de la mano de mi buen
amigo “ Juan Enrique Manostijeras”,
mientras yo hacía el reportaje
desde la cola del grupo y el
“Chuky” correteaba
alegremente
asomándose cada dos por tres al
mismísimo filo de la que
bautizamos como “Cornisa del
Diablo” (hito 9), regresando los
cinco por donde habíamos venido,
mientras los últimos miembros del
grupo que nos precedían ya se iban
perdiendo de vista en su avance
por el filo de lo imposible.
Pocos minutos
después de nuestra llegada a la
zona de parking, empezamos a ver
aparecer como hormiguitas, los
coloridos polares de nuestros
compañeros, iniciando el descenso
desde la cumbre del “Camorro de
las Siete Mesas” (hito 11),
después de haber dejado atrás otra
de las grandes piedras
significativas de este itinerario
“El Sombrero” (hito 10). Y en
serpenteante bajada fueron
descendiendo hacia el comienzo del
camino de ida, pasando junto a la
anteriormente mencionada, cabaña
de piedra y llegando hasta
nosotros, ya en la zona de parking
en pocos minutos. Con esa
inconfundible cara de satisfacción
que siempre te dejan las grandes
rutas montañeras, donde al menos
para la mayoría, nuestras
expectativas se vieron superadas
con creces. Completando así un
entretenidísimo itinerario de poco
mas de 3 km. con panorámicas
impresionantes, habiendo empleado
unas dos horas, que aunque pueda
parecer una burrada para tan corta
distancia, no lo es si tenemos en
cuenta la cantidad de veces que
nos vamos deteniendo para observar
las maravillas que nos depara este
desconocido
itinerario alternativo que bien
podríamos calificar de versión
reducida ó aérea de la mítica ruta
roja.
Crónica: Juan Ignacio Amador
Fotos: Juani "El Comandante" y
"Don Fernando El Diácono"
