A las 9:30 de la mañana comenzamos a
llegar los primeros participantes en
la “épica” ascensión a la Salamadre,
la gran mole inaccesible de la
Sierra de Líbar. Cuando llegamos
desde Sevilla Ilde “el Vendaval del
Moncayo”, Rafa Sancho “el Hidalgo de
los Mares” y una servidora “La
Pimentonera de Águilas”, Paca “la
Gacela de Villamartín” estaba ya
esperando. A los pocos minutos llegó
Jesús desde Málaga, con su perenne
sonrisa.
Poco a poco fueron llegando el
resto, muchos de ellos caras
desconocidas hasta ese momento. El tridente
de Ubrique: Bernardo, Paco y Juan;
José Luís y Óscar del club “ Camino
y Jara” de Algeciras; Miguel Ángel y
Ángela, autores de una
interesantísima página web de rutas
y viajes; Saskia “el hada de la
Selva Negra”; Vicky “la botánica” y
sus amigas Maribel y Ana, Jesús de
Ronda, José Antonio de Málaga, José
Antonio de la Línea de la
Concepción, el simpático Severo de
Algeciras, Rubén de Málaga, Paco
Leal y Paco Jaime de Fuengirola,
Rosa de la Comarca, Isidoro de Ronda
(quien aquél día iba a darnos un
pequeño susto y una gran lección de
montañismo y entereza).
A las 9:50, los aledaños del
instituto de secundaria de Cortes de
la Frontera era un hervidero de
personas expectantes por acometer
tan singular y desconocida ascensión
a un sitio recóndito y poco
transitado. Esperamos unos minutos
para que llegaran los últimos
compañeros que habían confirmado sus
asistencia (José Antonio “el Elfo de
la Malagueta” y Pilar), y cuando ya
estabamos todos, y tras la segunda
foto de grupo ante el cartel de
Sierra de Grazalema, una treintena
de personas emprendimos la marcha
por el carril que lleva a los llanos
de Líbar.
El
tiempo era fresquito y alguna nube
amenzaba en lo alto de las cumbres.
La ascensión por el Romeral fué
tranquila y constante. Al llegar a
la Llanada, hicimos una primera
parada de reagrupamiento, antes de
proseguir el camino hacia el Hoyo
Alzao. El viento azotaba con fuerza,
el tiempo se nublaba, y tuvimos que
ponerlos los polares que minutos
antes nos habían sobrado en la
ascensión contínua de 400 m hasta la
primera parada.
Camino del Hoyo Alzao, las
omnipresentes nubes de la Sierra de
Líbar se empeñaban
en
cubrir nuestro objetivo. Durante
unos minutos, daba la sensación de
que caminábamos hacia la niebla,
hacia lo desconocido. Los que
transitamos habitualmente por
aquella zona sabemos que es habitual
que alguna nube nos cubra parte del
recorrido, privándonos de
visibilidad e importunándonos
durante un rato, pero que no es
motivo suficiente para desistir de
una ruta, salvo que la niebla se
extienda por toda la sierra.
Continuamos hacia el Hoyo Alzao,
proseguimos hasta alcanzar el carril
que sube desde Cortes, y nos
internamos en el magnífico encinar
que sirve de puerta a los aledaños
de la Salamadre. Llevábamos más de
dos horas y media caminando y
decidimos hacer una parada de
avituallamiento, momento que algunos
aprovecharon para hacer unas
fantásticas fotos de los llanos de
Líbar y la inmensa mole de la
Salamadre, aprovechando un momento
en que las nubes dieron una tregua.
Tras reponer fuerzas, y con la
intención de llegar a las 14 h. a la
cima de la Salamadre, donde
habíamos quedado con algunos
compañeros que venían caminando
desde Ronda, proseguimos nuestra
marcha. El encinar era cada vez más
espeso, y comenzamos a bajar en
dirección a la casa de Barea, que de
vez en cuando aparecía entre la
espesa vegetación. Por fin llegamos
a la valla que separa las provincias
de Málaga y Cádiz, la atravesamos, y
seguimos por una cómoda senda
marcada con hitos hasta la casa de
Barea. Allí de nuevo parada de
reagrupamiento, y sin más dilación,
comenzamos la ascensión del cordal
de la montaña.
Al
principio fuimos ascendiendo, casi
en fila india, por un sendero
marcado con hitos. Al llegar a un
primer collado, la senda se perdía y
el grupo de cabeza decidió (o pensó
que era la mejor alternativa) seguir
a Ildefonso, quien desde abajo había
manifestado su intención de subir
por la cresta y nos había dicho
“esperadme en la cima”. La cuestión
es que algunos, entre las que me
incluyo yo, subimos por el lugar más
escarpado, sintiendo la emoción de
la dificultad y la proximidad del
vacío vertical, y observados con
expectación por el grupo de cola que
subía por un sitio bastante más
cómodo. Esto no fué óbice para que
incluso antes de la hora prevista,
las 14 h. llegáramos a la cima de la
Salamadre.
Allí
nos encontramos con Salvador y Leo,
que habían venido caminando desde
Ronda. El tiempo había cambiado por
completo, las nubes se habían
desvanecido, y la Salamadre nos
obsequió con sus mejores panorámicas
en 360º. Hicimos cientos de fotos,
nos deleitamos con aquellas
espectaculares vistas de los llanos
de Líbar, el Republicano, el Martín
Gil, el valle del Guadiaro, Sierra
Crestellina, la Sierra de los Pinos,
Sierra Bermeja... Repusimos fuerzas
con el descanso y la comida, y tras
hacernos las fotos de grupo,
emprendimos la bajada hacia la casa
de Barea. Pronto encontramos el
inicio de una senda, y bajábamos
cómodamente cuando el compañero
Isidoro (que había ido en cabeza
todo el tiempo, comandando la
“expedición”) tuvo una inoportuna
caída, con la mala fortuna de
lastimarse la cara y un dedo. Todos
nos volcamos en su auxilio, y aunque
aparentemente estaba bien y seguía
caminando sin menoscabo de sus
facultades, en nuestra mente estaba
la idea de volver a Cortes por el
lugar más rápido, para que Isidoro
fuera atendido lo antes posible en
un centro médico.
En la casa de Barea hicimos una
parada de reagrupamiento, que
aprovechamos para hacer un vendaje
a Isidoro para inmovilizarle el dedo
lastimado y poner un apósito en la
herida de su cara. Rubén de Málaga
se sentía también indispuesto, y
aprovechó para reanimarse con las
bebidas isotónicas y chocolatinas
que le ofrecimos. Regresamos por un
camino mucho más corto hasta el
carril que sube desde Cortes, y
allí, Salvador y Leo se ofrecieron a
bajar por el carril hasta Cortes de
la Frontera, acompañando a Isidoro y
Rubén. También se unieron a este
grupo Maribel y Ana.
El resto del grupo seguimos por el
carril ascendente en dirección
Noroeste, hacia los llanos del
Puerto.
La tarde era magnífica, el sol
brillaba y el viento de poniente
había limpiado la atmósfera,
brindándonos las mejores panorámicas
de la recién visitada Salamadre. Una
vez en los llanos del Puerto,
seguimos por el carril hasta
alcanzar la senda que baja hasta los
llanos de Labranza. Las vistas del
valle del Guadiaro, Sierra
Crestellina, Gaucín y su hacho, el
Peñón de Gibraltar e incluso las
cumbres africanas del Rif, eran
espectaculares. La tarde era
fresquita y el viento perfumado de
miles de flores acariciaba nuestros
sentidos. Seguimos descendiendo
hasta alcanzar los llanos de
Labranza, y desde allí a buen ritmo,
continuamos hasta alcanzar el inicio
de la cuesta del Panderete. He de
confesar que este sitio, que en
otras ocasiones me ha parecido
monónoto y aburrido, era un vergel
aquella tarde de finales de
invierno, por el colorido de sus
flores y por el aroma que el aire
fresco traía de ellas.
Tanto
es así, que la llegada a Cortes
estuvo muy dividida en el tiempo, en
tres grupos: 1. El grupo de cabeza,
comandado por Ilde, Rafa Sancho y el
tridente de Ubrique, 2. Una gran
parte del resto, y 3. Jesús, Vicky y
Óscar, que debieron tener una
experiencia mística en aquella
cañada florida y tardaron “tela” en
llegar al mirador donde el resto
esperábamos. Casi llegamos a
preocuparnos por si se habían
perdido, pero al rato llegaron con
una sonrisa de oreja a oreja y cara
de ensimismamiento.
Proseguimos la marcha hasta el bar
“el Santo”, situado junto al centro
de salud, donde el resto de
compañeros nos esperaban. Isidoro
había sido curado en el centro de
Salud de Cortes, pero él, Salvador y
Leo se habían marchado a Ronda, para
que aquél fuera atendido en el
hospital (le tenían que hacer
radiografías del dedo). El resto nos
esperaba en el bar.
Tras las cervecitas, los cafés, y
alguna que otra cabezadita,
emprendimos el camino de regreso a
los vehículos estacionados junto al
instituto de Cortes.
Queremos
dedicar esta crónica a Isidoro, gran
montañero y compañero de PasosLargos,
quien tras comandar al grupo durante
casi toda la jornada, y después de
sufrir una inoportuna caída que
soportó con total entereza y
quitando importancia a sus heridas,
siguió caminando junto a nosotros,
dándonos una lección magistral de lo
que es la montaña: un lugar hermoso,
que nos brinda la oportunidad de ser
desafiado y admirado, no sin
esfuerzo, pero que de vez en cuando
nos cobra algún tributo. Deseamos
que te recuperes pronto y .... nos
vemos en las montañas.
A Isidoro.... y todos los que
compartimos momentos felices en la
Sierra de Líbar, el 15 de marzo de
2008.
Crónica y fotos:
Magdalena Mayor "La Pimentonera de
Águilas" (organizadora de la ruta)