[ Inicio | Libro de Visitas | Actividades | Rutas | Meteorología ]


Salidas del COMANDO PRESTON - Temporada 2007-2008


Ascensión a La Salamadre

(Parque Nat. Sierra de Grazalema)

Fecha: sábado, 15 de marzo de 2008


A las 9:30 de la mañana comenzamos a llegar los primeros participantes en la “épica” ascensión a la Salamadre, la gran mole inaccesible de la Sierra de Líbar. Cuando llegamos desde Sevilla Ilde “el Vendaval del Moncayo”, Rafa Sancho “el Hidalgo de los Mares” y una servidora “La Pimentonera de Águilas”, Paca “la Gacela de Villamartín” estaba ya esperando. A los pocos minutos llegó Jesús desde Málaga, con su perenne sonrisa.

Poco a poco fueron llegando el resto, muchos de ellos caras desconocidas hasta ese momento. El  tridente de Ubrique: Bernardo, Paco y Juan; José Luís y Óscar del club “ Camino y Jara” de Algeciras; Miguel Ángel y Ángela, autores de una interesantísima página web de rutas y viajes; Saskia “el hada de la Selva Negra”; Vicky “la botánica” y sus amigas Maribel y Ana, Jesús de Ronda, José Antonio de Málaga, José Antonio de la Línea de la Concepción, el simpático Severo de Algeciras, Rubén de Málaga, Paco Leal y Paco Jaime de Fuengirola, Rosa de la Comarca, Isidoro de Ronda (quien aquél día iba a darnos un pequeño susto y una gran lección de montañismo y entereza).

 A las 9:50, los aledaños del instituto de secundaria de Cortes de la Frontera era un hervidero de personas expectantes por acometer tan singular y desconocida ascensión a un sitio recóndito y poco transitado. Esperamos unos minutos para que llegaran los últimos compañeros que habían confirmado sus asistencia (José Antonio “el Elfo de la Malagueta” y Pilar), y cuando ya estabamos todos, y tras la segunda foto de grupo ante el cartel de Sierra de Grazalema, una treintena de personas emprendimos la marcha por el carril que lleva a los llanos de Líbar.

El tiempo era fresquito y alguna nube amenzaba en lo alto de las cumbres. La ascensión por el Romeral fué tranquila y constante. Al llegar a la Llanada, hicimos una primera parada de reagrupamiento, antes de proseguir el camino hacia el Hoyo Alzao. El viento azotaba con fuerza, el tiempo se nublaba, y tuvimos que ponerlos los polares que minutos antes nos habían sobrado en la ascensión contínua de 400 m hasta la primera parada.

 

Camino del Hoyo Alzao, las omnipresentes nubes de la Sierra de Líbar se empeñaban en cubrir nuestro objetivo. Durante unos minutos, daba la sensación de que caminábamos hacia la niebla, hacia lo desconocido. Los que transitamos habitualmente por aquella zona sabemos que es habitual que alguna nube nos cubra parte del recorrido, privándonos de visibilidad e importunándonos durante un rato, pero que no es motivo suficiente para desistir de una ruta, salvo que la niebla se extienda por toda la sierra.

 

 

Continuamos hacia el Hoyo Alzao, proseguimos hasta alcanzar el carril que sube desde Cortes, y nos internamos en el magnífico encinar que sirve de puerta a los aledaños de la Salamadre. Llevábamos más de dos horas y media caminando y decidimos hacer una parada de avituallamiento, momento que algunos aprovecharon para hacer unas fantásticas fotos de los llanos de Líbar y la inmensa mole de la Salamadre, aprovechando un momento en que las nubes dieron una tregua.

 

Tras reponer fuerzas, y con la intención de llegar a las 14 h. a la cima de la Salamadre, donde habíamos quedado con algunos compañeros que venían caminando desde Ronda, proseguimos nuestra marcha. El encinar era cada vez más espeso, y comenzamos a bajar en dirección a la casa de Barea, que de vez en cuando aparecía entre la espesa vegetación. Por fin llegamos a la valla que separa las provincias de Málaga y Cádiz, la atravesamos, y seguimos por una cómoda senda marcada con hitos hasta la casa de Barea. Allí de nuevo parada de reagrupamiento, y sin más dilación, comenzamos la ascensión del cordal de la montaña.

 

Al principio fuimos ascendiendo, casi en fila india, por un sendero marcado con hitos. Al llegar a un primer collado, la senda se perdía y el grupo de cabeza decidió (o pensó que era la mejor alternativa) seguir a Ildefonso, quien desde abajo había manifestado su intención de subir por la cresta y nos había dicho “esperadme en la cima”. La cuestión es que algunos, entre las que me incluyo yo, subimos por el lugar más escarpado, sintiendo la emoción de la dificultad y la proximidad del vacío vertical, y observados con expectación por el grupo de cola que subía por un sitio bastante más cómodo. Esto no fué óbice para que incluso antes de la hora prevista, las 14 h. llegáramos a la cima de la Salamadre.

Allí nos encontramos con Salvador y Leo, que habían venido caminando desde Ronda. El tiempo había cambiado por completo, las nubes se habían desvanecido, y la Salamadre nos obsequió con sus mejores panorámicas en 360º. Hicimos cientos de fotos, nos deleitamos con aquellas espectaculares vistas de los llanos de Líbar, el Republicano, el Martín Gil, el valle del Guadiaro, Sierra Crestellina, la Sierra de los Pinos, Sierra Bermeja... Repusimos fuerzas con el descanso y la comida, y tras hacernos las fotos de grupo, emprendimos la bajada hacia la casa de Barea. Pronto encontramos el inicio de una senda, y bajábamos cómodamente cuando el compañero Isidoro (que había ido en cabeza todo el tiempo, comandando la “expedición”) tuvo una inoportuna caída, con la mala fortuna de lastimarse la cara y un dedo. Todos nos volcamos en su auxilio, y aunque aparentemente estaba bien y seguía caminando sin menoscabo de sus facultades, en nuestra mente estaba la idea de volver a Cortes por el lugar más rápido, para que Isidoro fuera atendido lo antes posible en un centro médico.

 

En la casa de Barea hicimos una parada de reagrupamiento, que aprovechamos para hacer un vendaje a Isidoro para inmovilizarle el dedo lastimado y poner un apósito en la herida de su cara. Rubén de Málaga se sentía también indispuesto, y aprovechó para reanimarse con las bebidas isotónicas y chocolatinas que le ofrecimos. Regresamos por un camino mucho más corto hasta el carril que sube desde Cortes, y allí, Salvador y Leo se ofrecieron a bajar por el carril hasta Cortes  de la Frontera, acompañando a Isidoro y Rubén. También se unieron a este grupo Maribel y Ana.

 

El resto del grupo seguimos por el carril ascendente en dirección Noroeste, hacia los llanos del Puerto. La tarde era magnífica, el sol brillaba y el viento de poniente había limpiado la atmósfera, brindándonos las mejores panorámicas de la recién visitada Salamadre. Una vez en los llanos del Puerto, seguimos por el carril hasta alcanzar la senda que baja hasta los llanos de Labranza. Las vistas del valle del Guadiaro, Sierra Crestellina, Gaucín y su hacho, el Peñón de Gibraltar e incluso las cumbres africanas del Rif, eran espectaculares. La tarde era fresquita y el viento perfumado de miles de flores acariciaba nuestros sentidos. Seguimos descendiendo hasta alcanzar los llanos de Labranza, y desde allí a buen ritmo, continuamos hasta alcanzar el inicio de la cuesta del Panderete. He de confesar que este sitio, que en otras ocasiones me ha parecido monónoto y aburrido, era un vergel aquella tarde de finales de invierno, por el colorido de sus flores y por el aroma que el aire fresco traía de ellas.

 

Tanto es así, que la llegada a Cortes estuvo muy dividida en el tiempo, en tres grupos: 1. El grupo de cabeza, comandado por Ilde, Rafa Sancho y el tridente de Ubrique, 2. Una gran parte del resto, y 3. Jesús, Vicky y Óscar, que debieron tener una experiencia mística en aquella cañada florida y tardaron “tela” en llegar al mirador donde el resto esperábamos. Casi llegamos a preocuparnos por si se habían perdido, pero al rato llegaron con una sonrisa de oreja a oreja y cara de ensimismamiento.

 

Proseguimos la marcha hasta el bar “el Santo”, situado junto al centro de salud, donde el resto de compañeros nos esperaban. Isidoro había sido curado en el centro de Salud de Cortes, pero él, Salvador y Leo se habían marchado a Ronda, para que aquél fuera atendido en el hospital (le tenían que hacer radiografías del dedo). El resto nos esperaba en el bar.

 Tras las cervecitas, los cafés, y alguna que otra cabezadita, emprendimos el camino de regreso a los vehículos estacionados junto al instituto de Cortes.

Queremos dedicar esta crónica a Isidoro, gran montañero y compañero de PasosLargos, quien tras comandar al grupo durante casi toda la jornada, y después de sufrir una inoportuna caída que soportó con total entereza y quitando importancia a sus heridas, siguió caminando junto a nosotros, dándonos una lección magistral de lo que es la montaña: un lugar hermoso, que nos brinda la oportunidad de ser desafiado y admirado, no sin esfuerzo, pero que de vez en cuando nos cobra algún tributo. Deseamos que te recuperes pronto y .... nos vemos en las montañas.

 

A Isidoro.... y todos los que compartimos momentos felices en la Sierra de Líbar, el 15 de marzo de 2008.

Crónica y fotos: Magdalena Mayor "La Pimentonera de Águilas" (organizadora de la ruta)

 

VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL


© Asociación Senderista Pasos Largos (Ronda), 2001-2008 (www.pasoslargos.com)
© Todos los textos e imágenes son propiedad de sus autores. Prohibida su reproducción

¿Quiénes somos? | Aviso legal y Condiciones de Uso | Webmaster