Bonito paseo periurbano, próximo
a la localidad de “El Palo” desde donde se llega
fácilmente a la falda de esta peculiar montaña
de dos cumbres, después de dejar atrás las
últimas calles de la urbanización “Pinares de
San Antón” cuya expansión amenaza seriamente con
destrozar el último tramo de monte que queda sin
edificar, como bien reza una pancarta en la
misma urbanización donde podemos leer “S.O.S.
Monte de san Antón”.

No fue fácil buscar un punto de
encuentro para quedar en el inicio de la ruta,
ya que si bien, la aproximación es muy fácil,
una vez en la ronda ESTE, cogemos la Salida:
El Palo-Avenida Juan Sebastián El Cano y
rodeamos la rotonda, para subir hacia la
montaña por la Avenida de san Antón, la mayor
parte de esta avenida, tiene tramos de curvas
o estrechas rectas, siempre entre chalets y
casa de lujo. Y la parte alta es un laberinto
de ramificaciones donde hay que estar muy
atento, cogiendo a la derecha la 2ª entrada de
la C/ Las palmeras y poco después “Los Sauces”
donde ya podemos aparcar, para seguir andando
hasta el final de la calle, donde comienza el
carril de tierra, con una cadena para cortar
el paso de vehículos y un letrero donde leemos
“Monte de San Antón” (hito 1). Por donde ya
íbamos caminando los 19 amigos que nos dimos
cita aquella mañana de domingo.
Después de unos 500 m. de
carril, donde el grupo caminaba estirado,
mientras íbamos charlando de lo humano, lo
divino y las próximas rutas que teníamos en
mente, llegamos a un colladito junto a unos
pinos y algún algarrobo, desde donde parte una
pequeña senda a la izquierda que nos lleva a
una primera balconada (donde nos asomamos al
regreso), siguiendo por el mismo carril, que
bordea la falda sur, continuamos unos metros
mas allá del pequeño pinar (hito 2), siendo
fácilmente visible la marcada senda que sale a
nuestra derecha y que durante el primer tramo
parte en línea recta hacia el collado entre
las dos cumbres, hasta que llega un momento en
que tienes dos opciones: bien continuar hacia
el collado entre ambas cumbres, o bien tomar
una de las difuminadas sendas que parten a la
derecha, hacia la cumbre “ESTE” que iba a ser
nuestro primer objetivo por donde iba
abriéndose paso nuestro compañeros Juan Carlos
y Paqui, demostrando una forma física
impresionante en estos comienzos de temporada
2006/7, seguidos muy de cerca por Fernando y
Ana, que prácticamente ni sudaron la camiseta,
mientras el resto del pelotón se estiraba como
un chicle, hasta la cola, donde cerraba el
grupo nuestro buen compañero de aventuras,
“Juan Antonio”, llevando de la mano a su hija
“Ana”, nuestra princesita, ante la atenta
mirada de su madre, “Inma”.

El último
tramo en ambas cumbres es un canchal, pero al
no haber a penas, matorrales espinosos se
camina con paso firme y superando algún que
otro escalón se llega sin dificultades a la
cumbre “ESTE” (hito 3), a donde algunos
llegaron incluso riéndose como nuestra amiga
“Rosa de Casarabonela” siempre acompañada por
su fiel perra “Paca”, otra gran montañera, que
por cierto, nos comentó que le había parecido
ver un “revolcaero de jabalíes” en un
determinado punto del recorrido.

Una vez en la cumbre este, que
con sus 520 m. es la mas alta de las dos, la
primera en echar mano del bidón fue nuestra
amiga “Eva” que ese día, retomaba la sana
costumbre de la práctica del senderismo tras
algún tiempo de ausencia por las montañas,
junto a su marido “Jose”, su hijo “Jose Jr” y
tres amigos mas entre los que se encontraban:
Angel, Rodrígo y Ricardo que serían los
primeros en coronar la siguiente cumbre. Unos
con la fruta y otros con bebidas isotónicas o
simplemente sentados en un improvisado sillón
de roca, disfrutamos de un reconfortante rato
de descanso, recreándonos con las bonitas
vistas que nos rodeaban, mientras nuestro
amigo “Per Johan” de Suecia fiel a su
costumbre iba reconociendo cada una de las
cumbres y sierras que divisábamos, a la vez
que Juani movilizaba al grupo para hacer la
foto de rigor en cada uno los puntos que
requería aquella privilegiada atalaya.

Tras la sesión de fotos,
iniciamos el camino hacia la cumbre “OESTE”,
la mas próxima a la ciudad de Málaga. Al
contrario de lo que parecía desde abajo, el
“cresteo” entre ambas cumbres se hace por un
canchal muy dócil por donde transitamos sin
ninguna dificultad, deteniéndonos a contemplar
un precioso ejemplar de “mantis religiosa” que
con gran naturalidad, posó para nosotros, como
también hiciera una “mariposa papillón” que
capturaron con su cámara nuestros amigos:
“Ian” y “Sarah”, que Rosa nos presentó aquel
día, y sin darnos cuenta, ya estábamos en la
cumbre “OESTE” (hito 4), que con sus 500 m.
sobre el nivel del mar y dada su privilegiada
situación, posiblemente, es la mejor atalaya
para contemplar la ciudad de Málaga con su
bahía y la Sierra de Mijas al fondo.
Justamente allí arriba, me dí cuenta de que se
me habían despegado las dos suelas de mis
viejas botas al mismo tiempo y “Juan Carlos”
con gran espíritu olímpico, tuvo el generoso
gesto de cortarse un trozo de cordón para que
me hiciera un remiendo que resultó
determinante en la bajada. Una vez en esta
cumbre “OESTE” coronada por una cruz metálica,
algunas guías sugieren realizar una pequeña
exploración, hacia el borde de la gran falla
que rodea todo el perímetro occidental, para
disfrutar de algunas pequeñas simas, si bien,
hay que tener precaución con los cortados.

Para no regresar por el mismo
camino, decidimos iniciar el descenso
dirección sureste, tal y como nos indicaba la
foto aérea que llevábamos de referencia, si
bien pasamos bastante mas por debajo del
collado, por una zona donde el canchal se
hacía algo mas espinoso, como bien
demostrarían mas tardes las sufridas piernas
de nuestro amigo “José” y donde una vez mas
nuestro amigo “Juan Antonio” tuvo que
concentrarse en la esforzada tarea de llevar
a su hija “Ana” en volandas por un prolongado
tramo de descenso donde mantener la
verticalidad sin ayuda de bastones era un
tanto complicado, hasta que por fin llegamos a
unos pequeños cortados al sur de la cumbre
“ESTE” desde donde se accede fácilmente al
carril por donde iniciamos la ascensión.
Llegados a este punto conviene aclarar, que
una vez retomado el carril, debemos caminar
hacia la izquierda (dirección ESTE) por donde
llegamos, de lo contrario si tomamos a la
derecha, saldríamos muy lejos de donde dejamos
los coches aparcados.

Así que antes de darnos cuenta,
ya estábamos en los coches, unos camino de
casa para atender las distintas obligaciones y
el resto camino de “la Playa del Palo” donde
nos dimos nuestro homenaje correspondiente en
el famoso “Chiringuito El Tintero” donde si no
llegas temprano, casi tienes que llegar a
Almería para aparcar y después llevarte un
buen rato para coger sitio, si bien en ese
sentido tuvimos mucha suerte y antes de lo que
nos imaginábamos ya estábamos en la mesa, con
nuestras jarras de cerveza y tinto de verano,
para ayudar a bajar, las bandejas de pescados
que íbamos escogiendo, mientras los esforzados
camareros iban pregonando a viva voz cada una
de las especialidades que llevaban en cada
paseo.

Y con un gran sabor de boca,
nunca mejor dicho, nos despedimos en el paseo
marítimo del Palo, con la satisfacción de
haber disfrutado de bonitas panorámicas, con
esta ruta ta fácil como agradecida, que
complementada con el almuerzo en el Tintero,
se podría convertir en un clásico de inicio de
temporada. Ya que resulta ideal, a modo de
primer contacto con la montaña y el
reencuentro con los amigos, puediendo venir
toda la familia.
Monte de San Antón, patrón de
los animales que durante tanto tiempo
enriquecieron la fauna de este monte, no
obstante, a pesar de su deterioro, acelerado
por la descontrolada expansión urbanística y
el incendio que tuvo lugar en julio de 2001,
han llegado a inventariarse mas de 90 especies
de aves en sus cumbres y laderas, destacando
el cernícalo, que también pudimos observar
sobre nuestras cabezas, casi parado en el
aire, al acecho de un pequeña presa. Cabe
destacar el hallazgo de algunos restos del
neolítico en la ladera sur, próximos a una
pequeña cueva, junto a la cual pasamos en el
último tramo de bajada. Y por último su
aspecto geológico y botánico de gran interés
para los especialistas en la materia.
Crónica y fotos: Juan Ignacio
Amador + Ian