Cómo llegar:
Para realizar esta
bonita travesía de paisajes
majestuosos por una de las zonas
mas atractivas del Macizo Central
o De Los Urrieles, debemos tomar
como referencia “Cangas de Onís”,
desde allí tomamos el desvío en
dirección “Arenas de Cabrales”
(cuna del famoso queso), desde
allí ya nos dirigimos a Puente
Poncebos (localidad que se suele
tomar como inicio o final oficial
de “La Ruta del Cares), hasta aquí
la carretera es muy buena, porque
van bordeando las grandes montañas
y discurre relativamente a poca
altura por valles y media montaña.
¡Por cierto!, que a medio camino
entre “Arenas de Cabrales” y
“Puente Poncebos”, tenemos parada
obligada en “El Mirador del Pico
Urriellu” (que es como en Asturias
se le conoce popularmente al
“Naranco de Bulnes”).

Justo antes de
entrar en “Puente Poncebos”,
tomamos un desvío a la izquierda
dirección “Tielve-Sotres” por un
puente que atraviesa el río Cares,
nada mas atravesar el puente
dejamos a nuestra derecha el
aparcamiento y la entrada del
teleférico que sube hasta la aldea
de “Bulnes” (por un túnel excavado
en roca). Y empezamos a subir por
una carretera que discurre
paralela al río Duje, trazando una
especie de herradura gigante y
siempre en ascenso dejaremos la
aldea de Tielve a nuestra
izquierda y finalmente llegaremos
a Sotres, aldea donde aproveché
para desayunar antes de comenzar
la caminata, si bien el inicio de
la ruta, lo tenemos en un carril
terrizo que se encuentra unos 200
m. antes de la aldea, justo a la
derecha y que no ofrece lugar a
dudas porque allí mismo ya tenemos
los primeros carteles indicativos
que nos vamos a encontrar a lo
largo de la ruta, si bien esta es
una constante en todas las rutas
que realicemos en Asturias, cuyo
lema turístico de “Paraíso
Natural” es sin duda alguna un
total acierto.

La ruta:
Dentro de la amplia
gama de posibilidades que nos
ofrece el “parque nacional de Los
Picos de Europa” esta travesía nos
brinda la oportunidad de disfrutar
de varios de los paisajes mas
majestuosos del “macizo Central o
de Los Urrieles”, sobre todo una
vez que sobrepasamos el “Collado
Pandébano” y tenemos frente a
nosotros la inconfundible silueta
del “Naranco de Bulnes” a la
izquierda y “Los Albos” a la
derecha con el bosque de acebuco a
sus pies.
No obstante como
en toda travesía lo primero que
debemos prever es la manera de
regresar al comienzo de ruta que
hayamos finalizado esta, bien
habiendo dejado un coche en
“Puente Poncebos” por la mañana, o
bien llamando a un taxi desde allí
que fue lo que yo hice (vienen
desde “Arenas de Cabrales” y no me
cobraron mas de 20 € (agosto 2006)
por llevarme otra vez hasta Sotres
para recuperar el coche.
Aunque la ruta es
de poco mas de 10 km conviene
recordar que tiene un desnivel de
338 m. de subida y 1.153 m. de
bajada, así que los que padecemos
de rodilla no podemos olvidarnos
de las rodilleras, los bastones
(siempre dos mejor que uno) y las
pastillas de “ibuprofeno”, por lo
demás la ruta es una auténtica
gozada.

Comienza la ruta:
Nos encontramos en
la denominada “curvona” donde poco
antes de entrar en Sotres, sale
una pista a la derecha donde
podemos leer los indicadores
“Aliva” y “Urriellu” bajamos por
esta pista y a penas a 200 m. ya
el carril se desdobla, nosotros
cogemos el de la derecha “Urriellu”,
pero mejor aún caminaremos por un
sendero que sale justo antes de
llegar al cruce de carriles y de
esta manera pasaremos a través de
“Los Invernales de Texu y Cabao”,
antiguos refugios que servían para
proteger a los animales de
pastoreo en las épocas de grandes
nevadas, todavía hoy en día los
últimos pastores utilizan los
mejores conservados. Cruzamos el
río Duje por un puentecito de
piedra y comenzamos a ganar por
los empinados zig-zags del carril,
tal y como vamos ascendiendo
podemos ver la aldea de Sotres, en
la vertiente contraria del Duje
donde hemos iniciado la ruta. Tras
un nuevo collado, atravesamos un
pequeño arroyo y mas tarde se
llega a una peculiar peña rodeada
de árboles, bajo la cual se
encuentra “La majada del Roble”.
En este punto del carril terrizo
por el que vamos caminando se
empina hasta que llegamos a una
explanada donde la gente que se
quiere ahorrar esta “primera hora”
de ruta de ascensión, deja los
coches. (Si bien yo no lo haría
con un turismo normal por las
malas condiciones del carril en
algunos puntos y las sensaciones
del camino que uno se va
perdiendo). Desde ese mismo
“aparcamiento improvisado”
comienza la senda que de frente va
ascendiendo hasta la base del
“Pico Urriellu” (ó Naranjote
Bulnes), pero nosotros nos
dirigimos hacia “Las cabañas de
canero” que tenemos a la derecha y
de ahí ya siempre por senda y
dirección este, llegamos al
“Collado Pandébano” las vistas
hacia nuestra izquierda (sur, en
este caso), son sencillamente
impresionantes con la espectacular
silueta del “Naranco de Bulnes” a
la izquierda y “Los Picos Albos” a
la derecha. Llegados a este punto
perdí la noción del tiempo
recreándome en el paisaje y
dándole gracias a Dios porque el
“Serpa Carmona” me hubiera
insistido tantas veces en que no
me perdiera esta ruta cuando
viniera por “Picos de Europa”,
recomendación que hago
encarecidamente a todos aquellos
que lean estas líneas.


Atravesamos el
collado hasta la otra vertiente y
ya comenzamos el descenso
prolongadísimo que nos llevará
hasta el final de la ruta. De
momento el siguiente hito al que
llegamos es una solitaria casa de
piedra que queda a nuestra
izquierda, la senda se abre paso
entre matorrales de brezo,
aulagas, cardos borrieros con
flores y espinas de un intenso
azul-morado y helechos que nos
llaman la atención en esas
latitudes, mientras las vacas y
cabras domésticas nos observan con
total indiferencia acostumbradas
al transito de excursionistas. En
este tramo tenemos una panorámica,
algo mas alejada pero aún mejor
del “Naranco de Bulnes”, “Los
Albos” y “El Neverón” pero ya
girándonos hacia atrás, la senda
todavía arenosa se va inclinando
cada vez mas hasta “La Majada de
Jelguera” donde ya nos encontramos
con un bosquecillo de robles que
nos acompañará hasta la aldea de
Bulnes a donde llegamos por un
empinadísimo sendero empedrado que
sin duda alguna fue la parte de la
ruta donde mas sufrieron mis
rodillas, obligándome a parar cada
poco, mientras no perdía la
ocasión de fotografiar la aldea de
Bulnes que ya se veía allí abajo,
al pie del coloso calizo del
Acebucho.


Cuando por fin
llegué a esta aldea perfectamente
integrada en el paisaje que lo
rodea, me alegré de pisar tierra
firme y aunque llevaba el bocata
en la mochila, no dudé en pedirme
un buen chuletón de ternera con un
buen vino tinto y ensalada de la
tierra. Resulta curioso observar
la diferencia entre los que hemos
llegado a la aldea de Bulnes tras
una buena caminata y los que han
llegado sin despeinarse montados
en el funicular, por cuya estación
superior vamos a pasar, al salir
de la aldea, por una pista
terriza, dejándola a nuestra
derecha, para continuar, siempre
en bajado por un sendero que nos
lleva hasta un cruce, a la
izquierda tenemos el “Puente
Colines” que por una zig-zagueante
senda nos lleva hasta “el Barrio
del Castillo” a menos de 500 m. de
distancia y que merece la pena
visitar. Pero esta es sólo una
alternativa, porque nosotros
debemos seguir recto (sin
atravesar el puente, si no
queremos hacer esa visita
optativa).


Así que
continuamos de frente, con el río
del Tejo, siempre a nuestra
izquierda que al principio tenemos
muy ceca de nosotros pero que
rápidamente comienza a quedar muy
por debajo de nosotros tal y como
entremos en el desfiladero
conocido como ”Las Salidas de
Bulnes” . Sin duda alguna este
desfiladero que siempre ha quedado
eclipsado por la popularidad de
“La Garganta del Cares” ofrece una
de los mayores alicientes de esta
ruta y para justificar este
itinerario, tengo que decir que
aunque mucho mas corto que “La
Garganta Divina” no le tiene nada
que envidiar en cuanto
espectacularidad y sensación de
vértigo en algunos de sus tramos y
además al estar mucho menos
transitado siempre nos transmite
un ambiente mas salvaje. Hasta que
llega un momento que la senda
comienza a descender en empinados
zig-zags alcanzando el mismo nivel
del río que atravesamos por el
“Puente de Jardú”, quedando éste
ya a nuestra derecha y
acompañándolo hasta su
desembocadura en el río Cares que
atravesamos por el “Puente de La
Jaya” llegando de esta manera
hasta “Puente Poncebos” entre
colosales montañas de
impresionantes paredes verticales
y gigantescas agujas calizas.

Crónica y fotos.
Juan Ignacio Amador Tobaja