Jornada netamente veraniega
de hermandad sendérica en la que nos
dábamos cita un pequeño grupo de
Pasos Largos
llegados de Sevilla y
distintos puntos de la Costa del
Sol, con otros tantos compañeros del
“Grupo de Montaña de Estepota” y “La
Sociedad Excursionista de Málaga”
que coordinados de la mano experta
de Manolo, mas conocido como “El
Tritón de La Chorrera” completábamos
un grupo heterogéneo y curioso grupo
de unos 20 homo sendéricus. Que de
forma
escalonada, pero con
puntualidad fuimos llegando al punto
kilometrico 297, de la antigua
carretera N-340, 2 km. Después de
dejar atrás Maro, dirección
Almuñecar. A donde se llega sin
ninguna dificultad, 5 minutos
después de tomar la salida de la
autovía “Maro-Cuevas de Nerja”
pasando por delante del antiguo
“Acueducto del Águila”, que queda a
la izquierda de la carretera.

Una vez hechas las
presentaciones de rigor, se dio una
breve charla del por qué nos
habíamos decantado por esta ruta y
no por las otras dos que existen, en
este espectacular paraje natural de
“Los Acantilados de Maro” como son
la de “Cerro Gordo” y la de “Las
Alberquillas a las Playas de
Cantarriján y El Cañuelo”.
Exploradas hace poco por el gran
Rafa Flores, mas conocido como el
“Mago Gandalf de la Serranía” que
además trazó una magnífica ruta
circular añadiéndoles nuevas
variantes. Pero dado que la
motivación principal en aquella
jornada estival era disfrutar de un
día de playa quedaban descartadas
porque ya que por albergar las dos
playas mas conocidas de la zona se
encuentran masificadas de
domingueros en esta época del año.
Así que en nuestra quijotesca
obsesión por encontrar parajes
idílicos lejos de aglomeraciones,
nos decantamos por esta bonita ruta
lineal, que “El Tritón de la Chorera”
había explorado tres semanas antes,
en busca de una calita recóndita y
de difícil acceso.

Y con esa intención
nos pusimos en camino: mochilas,
bastones, aletas, sombrillas y hasta
neveras en ristre, pareciéndonos mas
a los padres de de la serie “Verano
Azul” que a un grupo de senderistas
al uso. Y precisamente en el mismo
entorno donde se rodaron episodios
memorables de aquella entrañable
serie de primeros de los 80 nos
encontrábamos caminando por una
pista forestal, a la sombra de un
pequeño bosque de pinos en este
primer tramo del camino con vistas
sobre la “Cala de Maro” a nuestros
pies y al fondo las encaladas
localidades de Nerja y Maro, en el
mosaico azul y verde que forman las
aguas del Mediterraneo, bajo el
cielo celeste de verano y las
tonalidades verdes de los distintos
cultivos subtropicales asentados en
los numerosos bancales, que han sido
aprovechados para este fin, cada vez
que los escarpados acantilados le
han dado una pequeña tregua a la
vertical orografía del terreno. Que
al fin y al cabo no son mas que los
tentáculos de los grandes colosos de
Sierra Almijara, fusionándose con el
Mediterráneo, otorgándole a este
paraje natural estampas preciosas de
impresionantes acantilados cayendo a
pico sobre este tramo del litoral,
que a buen seguro fue morada del
mismísimo Poseidón en mas de una
ocasión.
Unos 40 m. antes de
que acabe la pista forestal que a
penas mide 1 km., nos encontramos
con un pequeño desvío a la izquierda
que a través de una empinada, pero
muy bien escalonada senda, nos lleva
en escasos minutos a la emblemática
“Torre de Maro” donde tampoco
faltaron las fotos de grupo y otras
tantas paisajísticas ya que desde
allí obtenemos unas privilegiadas
vistas de lo anteriormente comentado
al poniente y una espectacular
sucesión de acantilados donde se
besan las provincias de Málaga y
Granada, con las playas de
Cantarriján y El Cañuelo con esas
curiosas formaciones rocosas al
Levante, presididas por la otra
torre albarrana de “Cerro Gordo” que
corona dicho cerro, dominando todo
el paisaje.

De regreso al final
de la anteriormente mencionada pista
forestal, continuamos por su
prolongación, a través de una senda,
por la que vamos rodeando el cerro
que preside “La Torre de Maro”
mientras comenzamos a tener vistas
cada vez mas aéreas sobre los
acantilados que tenemos a nuestros
pies. Este tramo no está exento de
alguna dificultad y mas de uno tuvo
que optar por usar la sombrilla de
bastón y la nevera de trineo para
bajar algunos terraplenes algo
delicados donde aquellos que padecen
vértigo empezaban a tener cara de si
lo sé no vengo. La pequeña Ana,
tampoco las tenía todas consigo,
pero una vez mas, el compañerismo en
los momentos claves y el
ofrecimiento de una mano amiga,
volvió a recordarnos una vez mas que
no existe un deporte donde
encontremos mas momentos de
solidaridad, lealtad y compañerismo
que realizando una buena ruta con la
práctica del senderismo.

Una vez salvado el
primer paso delicado, la senda
volvía a discurrir por terreno mas
asentado y menos expuesto,
llevándonos hasta las inmediaciones
de las ruinas del “Cortijo de Los
Carrozales” desde donde ya podemos
contemplar la recóndita “Calita del
Tritón” a nuestros pies, si nos
asomamos al borde del acantilado.

Siguiendo la
trayectoria de la senda que pasa
junto a las ruinas del cortijo,
avanzando siempre dirección este,
llegamos al final de dicha senda en
poco mas de un minuto, justo al
comienzo de un empinado terraplén,
donde tan sólo podemos seguir
bajando a través de una estrecha e
incómoda cañada, al amparo eso sí,
de la sombra de un pequeño pinar. El
descenso hasta “La Cala del Tritón”
fue toda una odisea para mas de una
que fue casi todo el tiempo con el
culo en el suelo y es que aunque se
trata de un descenso relativamente
corto, se trata de un dilema
permanente, donde tienes dos
opciones: o bajar por la escarpada
cañada y pedregosa cañada, o hacerlo
por la ladera adyacente, mas
despejada de piedra y matorral, pero
tremendamente resbaladiza con la
arenisca desprendiéndose bajo
nuestros pies, al igual que la
hojarasca de los pinos, de manera
que cada metro que desciendes es un
pequeño desafío, que finaliza por un
pequeño tramo de destrepe donde una
cuerda estratégicamente colocada,
tres semanas antes por “El Tritón de
la Chorrera” nos permitió poner los
pies en una cala recóndita, donde
muy pocos hasta ahora habían puesto
sus pies, pasando a denominarse
desde aquel día: “La cala del
Tritón” en honor a Manolo. Un
montañero malagueño de pro, que
especializado en todo tipo de rutas
acuáticas y travesías de montaña,
lleva pateándose toda la geografía
andaluza y nacional desde antes que
existiera la palabra senderismo,
desde hace unos 5 años, viene
saliendo con distintos grupos de
senderismo de Málaga y provincias
colindantes, sin pertenecer a
ninguno en concreto.


Cuando por fin
conseguimos bajar todos a la cala,
no sin antes mancharnos el culo de
tierra tras las numerosas caídas por
la empinada ladera y algún que otro
pinchazo que certificara la
aventura. Angus “La Dalia Negra” y
Paco “El Tiburón de Maro”
repartieron a todos los presentes un
vaso para brindar con “Malibú” por
el traslado de éste a Andalucía,
tras cinco años de exilio como
profesor por tierras turolenses. Y a
partir de ese momento todo fue una
sucesión de largas sesiones de baños
de la que disfrutamos absolutamente
todos, intercalados con algunos
juegos en los que destacó la
destreza y soltura de “Vicky la
Botánica” con las palas de playa, la
sesión de buceo por parte de algunos
compañeros (incluido “Chuky”),
capitaneados por Rubén “El Bucanero
de Puerto Marina” y Ana “La Venus de
Botticelli”, reportaje de modelos
entre los que destacaron los pases
de Ana y Magda “La Pimentonera de
Águilas”. La comida de hermandad
sendérica, resultó una gozada a la
orilla del mar, así como la
espectacular sesión de “top less” no
autorizada en las fotos de la
crónica, donde las “beautiful girls”
pusieron nerviosos a mas de uno.
Digna de mención fue también la
memorable siesta de la que disfrutó
mas de uno bajo su sombrilla con el
sonido de fondo de las olas, que
fueron aumentando de tamaño con el
paso de las horas. Y tampoco podemos
olvidar la “jaima” que montó nuestra
querida compañera Angus, con la gran
pancarta donde se podía leer “Te
quiero Paco, IDEM”.

Llegó un momento en
que nos sentíamos como en el
paraíso, posiblemente gracias al
lujo añadido de disfrutar de la
calita en exclusiva para nosotros y
vive Dios, que de buena gana,
hubiéramos prolongado nuestra
estancia en tan paradisíaca calita
hasta el atardecer. Pero llegada la
media tarde, un pequeño grupito
iniciábamos el camino de regreso
debido a los distintos compromisos
que nos esperaban mas tarde,
resultando la ascensión, como era de
esperar, bastante mas asequible de
lo que había sido la bajada.
Siguiendo nuestros pasos horas
después, el resto de compañeros que
finalizaba esta ruta de 3 km. (6 km.
ida y vuelta) y 196 m. de desnivel,
sin ningún tipo de incidentes.

Fotos y crónica: Juan
Ignacio Amador