Tras una gloriosa
semana de lluvias en las que no
había parado de llover desde el
lunes hasta la madrugada del
viernes, por fín, amanecía un sábado
resplandeciente con el sol alzándose
ante nosotros camino de Granada,
íbamos en “El Halcón Milenario “
piltado por José Antonio “Black
Mountain”, con la inestimable
compañía del “Elfo de la Malagueta”y
Carlitos “El Poeta de Las Cumbres”
que tatareaba el “Himno del
Metropolitano” y el resto de
canciones que salían del CD del
“Atletico de Madrid + Joaquín
Sabina” que se trae a cada ruta y
con el que te amenaza de bajarse del
coche (en marcha) si no se lo pones.
Al llegar a la estratégica estación
de “Servicio Los Abades” (nuestra
parada oficial caminito de Granada),
poco a poco, fueron llegando viejos
amigos, recientes fichajes de la
presente temporada como Ruben “El
Vigía de Torrequebrada”, Salva
“Abierto hasta el Amanecer”, José
Antonio “El Vigilante de la Playa”,
su joven primo, gran conocedor de
Cazorla, algunas caras nuevas como
“Juan del Puerto de Sta. María” e
incluso antiguos veteranos de los
primeros tiempos de “Pasos Largos”,
como es el caso de Manolo “El Tritón
de La Chorrera”, de la época en la
que Rafa Flores lucía la misma
melena que “Rosendo”.
Una vez desayunados,
nos pusimos en marcha justamente a
las 9,30 am. tal y como estaba
previsto. Siguiendo las
instrucciones que con milimétrica
precisión nos había enviado días
antes, nuestro flamante fichaje y
corresponsal en Granada: Alejandro
M. Luque “El Guardián de La
Alambra”: circunvalamos dicha
ciudad por la Ronda Sur, tomando
posteriormente la salida de “La
Zubia”, pueblo al que llegamos cinco
minutos después de abandonar la
autovía , cruzándolo su ascendente
calle central hasta llegar a un
desvío a la izquierda que lleva
hasta “Cumbres Verdes” donde se
encontraba nuestro teórico punto
departida: el Hostal Restaurante
conocido como: “La Fuente del
Hervidero” (1.286 m., aprox.), donde
ya nos esperaban en posici´ñon de
firmes Rafael Sancho “El Capitán de
Fragata” y “El Alférez Don Jesús”,
junto con Jennifer de “Las
Supernenas” acompañada por dos
nuevos amigos y nuestros flamantes
fichajes de Granada Alejandro y
Esther “La Princesa Nazarí”. Antes
de que instintivamente comenzaran a
sacarse las mochilas de los
maleteros, avisamos a los compañeros
para que rápidamente volviéramos a
los coches para ahorrarnos los mas
de 500 m. que nos separaban del
“Mirador de la Espartera”,
ahorrándonos 500 m. de insulso
carril y encontrándonos con un
magnífico y amplio aparcamiento,
donde se llevó a cabo el protocolo
de saludos y presentaciones,
despliegue de mochilas, bastones,
cambio de calzado, algunas que otras
polainas, reparto de mapas, foto de
rigor, breve descripción de la ruta
y arenga de nuestro “Comandante”,
tras la cual todos en marcha.


Desde “El Mirador de
La Espartera”, comienzo de esta
preciosa ascensión donde las haya,
tenemos como telón de fondo de
frente y a nuestra derecha: los
“Alayos de Dilar” también conocidos
como “Los Atalayones”, que poco a
poco van a ir quedando atrás,
formando una afiladísima y
vertiginosa crestería que sedujeron
al “Mago Gandalf de la Serranía”
cuando dos años antes realizó esta
misma ruta, hasta tal punto de
haberla incluido en el calendario
oficial de salidas para la presente
temporada. Teniendo finalmente que
suspenderse por inclemencias
meteorológicos. Convirtiéndose por
tanto en una de las grandes
candidatas para la próxima temporada
2008/9, donde nos esperan las
afiladas aristas del “Corazón de la
Sandia” (1.877m.) y “Los
Castillejos” (1.979 m.) entre otros.
Aunque desde la misma
salida se puede tomar directamente
la mítica “Cuerda del Trevenque”,
decidimos ir calentando motores poco
a poco, por la cómoda pista que
rodea toda la montaña, si bien se
mantiene muy próxima a la cuerda,
tocándola en algunos tramos. Poco
antes de cubrir el primer kilometro
del recorrido, tomamos como
referencia para subir a la misma uno
de los muchos barrancos que plagados
de arenas dolomíticas, tiñen de
blanco, las numerosas canaladuras
que van cayendo a ambos lados de la
cuerda, de tal manera que si
mirásemos el recorrido desde arriba,
la cuerda parecería, la espina
dorsal de un dinosaurio gigante y
los barrancos sus costillas, que
casi de forma simétrica descienden
hasta el río Dílar (al sur) ó hacia
el Arroyo del Huenes a la izquierda
(norte), que ya empezamos a ver a la
izquierda, junto algunos tramos del
la pista por donde discurre nuestro
camino de vuelta. El tránsito por la
mítica “Cuerda del Trevenque”
resulta de lo mas divertido no ya
sólo por sus espectaculares vistas,
sino porque es un magnífico
entrenamiento y a pesar de los 800
m. de desnivel que tiene esta
ascensión, se hace muy llevadero,
puesto que a pesar de ir
predominantemente en subida, son
numerosos los toboganes que tenemos
que ir subiendo y bajando a modo de
sucesión de jorobas, mientras vamos
contemplando la majestuosa silueta
piramidal del Trevenque, cada vez
mas próxima y aparentemente
inexpugnable, que en aquella mañana
nos daba la bienvenida engalanada
por un generoso manto de nieve,
sobre el cual caminaríamos y casi
treparíamos hasta la mismísima
cumbre.


En cada pequeña
parada de reagrupamiento o
refrigerio, no paraban de sucederse
comentarios de todo tipo por la
belleza paisajística que nos rodeaba
tales eran las palabras de “Rosa de
Casarabonela”, “Don Fernando el
Diácono”, “El Aristóteles de la
Senda”, “El Guía del Desfiladero”,
Jennifer críada en “Las Montañas
Rocosas” e incluso nuestros nuevos
compañeros de Granada. Conforme nos
acercábamos al coloso las manchas de
nieves, daban paso a un precioso
manto blanco, sobre el cual el aire
que respirábamos parecía aún mas
limpio y puro. Una vez mas Chari “La
Perla del Aljarafe”, a pesar de
estar convaleciente de una reciente
operación, llegaba a la conclusión
de que no hay mejor terapia para el
cuerpo y el alma, que una buena ruta
de montaña en compañía de tan buena
gente, con los grandes colosos de
Sierra nevada completamente nevados
y a nuestra espalda la vega de
Granada con la siluetas de “La
Maroma” (Sierra Tejeda) y la gran
pirámide del Lucero, saludándonos
desde “La Almijara”.


Llega un momento en
el que los escarpados farallones
rocosos que rematan la parte final
de esta impresionante pirámide, se
levantan tan próximos ante nosotros,
que ya ni siquiera podemos ver la
cima, es entonces cuando lógicamente
la senda se empina mas, exigiéndonos
un último esfuerzo que en nuestro
caso fue a través de estrechos
veredones nevados. El paso junto a
un pino nevado parecía sacado de una
postal navideña. Y por fín después
de pasar por un estrechón rocoso,
tras el cual giramos a la izquierda,
nos encontramos con la sorpresa de
hayarnos de repente junto a la
cumbre del Trevenque (2.079 m.), que
como era de esperar es muy
pequeñita, estando a su vez dividida
en dos plataformas a modo de
terrazas entre las que nos
repartimos los casi 30 Pasos largos
que acudimos a tan memorable cita.
Disfrutando todos juntos de unas
vistas maravillosas 360º alrededor y
sin una pizca de aire aprovechando
para tomarnos un buen refrigerio y
comer algo, en un magnífico ambiente
de camaradería. Como curiosidad al
igual que en nuestra última subida
al Pico del Lucero (Sierra
Almijara), en la terraza superior
existe un pequeñito portal de Belén,
protegido de forma estratégica en un
recodo rocoso. Hubo hasta quien
aprovechó para leer el periódico o
escuchar una sesión de chistes de “Carlitos”.
Hasta que un amenazante frente
nuboso que se acercaba con premura
por el sureste, nos hizo despertar
del hechizo en el que siempre se cae
tras conquistar una cumbre tan
hermosa.


Los primeros metros
de descenso coinciden con los
últimos de ascensión, pero a escasos
15 m. de la cumbre, de la senda por
la que hemos llegado parte otra aún
mas clara que se dirige hacia la
arista sureste. Pronto atravesamos
la cabecera de una pequeña
torrentera y a partir de aquí
nuestra referencia es el pinar
hacia el que iremos bajando en
dirección sureste, ayudándonos en
ocasiones de las manos y hasta el
culo para bajar por pequeños embudos
y estrechones arenosos, que con las
debidas precauciones no tiene
mayores dificultades, si bien,
algunos tramos tienen tanta
pendiente como el “kamikaze de un
parque acuático”. Aún cuando la
ladera comienza a suavizarse todavía
parece que vamos esquiando entre
tanta arena y dolomías desprendidas,
hasta que por fin llegamos a la
pista forestal, después de dejar
atrás los primeros tramos del bosque
de pinos que ya nos van a acompañar
hasta prácticamente el final de la
ruta, encontrándonos aquel día con
un bonito manto de nieve a ambos
lados del camino hasta poco antes de
llegar al “La Cortijuela”, mientras
íbamos rodeando el Trevenque, que
siempre quedaba a nuestro costado
izquierdo.


Desgraciadamente, nos
encontramos cerrada el aula de la
naturaleza que tienen a modo de
“Jardín Botánico” donde teníamos
previsto disfrutar de algunas de las
especies mas emblemáticas del Parque
Nacional de Sierra Nevada. No
obstante, pasadas ya las tres de la
tarde, el cortijo de “La Coretijuela”
resultó, el lugar resultó idílico
para disfrutar de un buen almuerzo
junto a la fuente, que dicho sea de
paso, traía poco agua, si bien, vino
de maravilla para llenar las
cantimploras y beber sin tener que
dosificar. Mientras nos deleitábamos
con la majestuosa silueta del
“Trevenque” ante nosotros, sin a
penas poder creer el lugar desde
donde habíamos bajado en menos de
una hora y como remate final, de
sobre mesa, una poesía de “Miguel
Hernández” recitada magistralmente
por “Carlitos” titulada: “Hijo de la
Sombra” y que decía así:
Eres la noche,
esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y
femenina.
Eres la medianoche: la sombra
culminante
donde culmina el sueño, donde el
amor culmina.
Forjado por el día, mi corazón que
quema
lleva su gran pisada de sol adonde
quieres,
con un solar impulso, con una luz
suprema,
cumbre de las mañanas y los
atardeceres.
Daré sobre tu cuerpo cuando la noche
arroje
su avaricioso anhelo de imán y
poderío.
Un astral sentimiento febril me
sobrecoge,
incendia mi osamenta con un
escalofrío.
El aire de la noche desordena tus
pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con
su choque.
Como una tempestad de enloquecidos
lechos,
eclipsa las parejas, las hace un
solo bloque.
La noche se ha encendido como una
sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras
embestidas.
Y alrededor la sombra late como si
fuera
las almas de los pozos y el vino
difundidas.
Ya la sombra es el nido cerrado,
incandescente,
la visible ceguera puesta sobre
quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado,
ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la
luz derrama.
La sombra pide, exige seres que se
entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos
largos,
bocas embravecidas, batidas, que
atenacen,
arrullos que hagan música de sus
mudos letargos.
Pide que nos echemos tú y yo sobre
la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre
la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo
en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra
estremecida.
El hijo está en la sombra que
acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras
oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus
agujeros,
y de sus solitarias y apagadas
ciudades.
El hijo está en la sombra: de la
sombra han surtido,
y a su origen infunden los astros
una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido
latido,
que ha de obligar sus huesos al
sueño y a la hembra.
Moviendo está la sombra sus fuerzas
siderales,
tendiendo está la sombra su
constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas
nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el
mediodía.
Finalizada la
maravillosa poesía y la posterior
ovación, los ya tradicionales
ronquidos de Rafael Sancho, mas
conocido como “El Lirón Careto”
fueron la señal de que ya era la
hora de iniciar el regreso, a pesar
de que allí se estaba de maravilla.
Reanudada la marcha sin prisa y
saboreando la impresionante
panorámica que desde gran parte del
camino de vuelta vamos teniendo del
majestuoso “Trevenque” fuimos
descendiendo suavemente por una
pista que discurre en paralelo al
“Arroyo del Huenes”, en dirección
oeste, de tal manera que este va
quedando a nuestra izquierda entre
nosotros y el Trevenque, que ahora
vamos rodeando por el lado
contrario, hasta que atravesamos el
emblemático “Puente de Los Siete
Ojos” a partir del cual el Huenes va
a quedar a nuestra derecha,
separándose paulatinamente de
nosotros, quedando también a nuestra
derecha unos bonitos farallones
rocosos sobre el que nos encontramos
dibujadas las inconfundibles
siluetas de las tobas calcáreas,
hasta que en menos de hora y media,
desde que echáramos a andar desde
“La Cortijuela” llegamos sin
esfuerzo al “Mirador de La
Espartera”, habiendo completado así
los 13 km. de los que consta esta
preciosa ruta circular tras 800 m.
de desnivel.
Antes de la despedida
la gran mayoría hicimos
conjuntamente unos ejercicios de
estiramiento, siempre recomendables
antes y después de una larga
caminata. Acordando también la
mayoría, acercarnos a la cercana
“Venta-Hostal” de “La Fuente del
Hervidero” donde Carlitos, “El Poeta
de Las Cumbres”, intentó hacer el
milagrote los panes y los peces,
para invitarnos a los 20 comensales
que allí quedábamos, a una cerveza,
café o refresco. Dejando muy claro
que su intención era invitarnos a
todos, porque el lunes 14 de abril
era su cumpleaños, aunque sólo le
quedaban 18 € en la cartera,
llevándose las manos a la cabeza
cuando el camarero le dijo que la
cuenta ascendía a 25 €. ¡Menos mal!,
que entre risas y bromas “Rosa de
Casarabonela” le dejó el resto. Como
detalle de agradecimiento, por tan
magnífica ruta y buena acogida en el
grupo, los amigos de “Jennifer”
invitaron a la 2ª ronda y como
colofón, “Carlitos” que estaba
eufórico, tras haber conquistado la
cumbre, después de una larga lesión
nos recitó con gran énfasis otra
poesía, en este caso de “Gerardo
Diego” titulada: “Romance del Duero".
Crónica: Juan
Ignacio Amador
Fotos: José Antonio
Montenegro y J.I. Amador