CÓMO LLEGAR:
Si no venimos de
directamente desde A Coruña
capital o alrededores, lo mas
normal es que lleguemos a “La
Costa da Morte” entrando por la
parte Sur, es decir, entrando por
la Ría de Muros y Noia, todo un
espectáculo visual, circundada de
grandes pinos y eucaliptos que han
sobrevivido a los últimos
incendios. Nada mas doblar el
pronunciado saliente que nos deja
ya orientados hacia el norte, la
Costa da Morte nos da la
bienvenida una peculiar lengua de
tierra que se adentra en el mar,
rematada al final por el Monte
Louro, que no escapó a los
terribles incendios de agosto´2006
y a sus pies una laguna “Lagoa das
Xarfas”, el lugar bien merece una
parada en el camino. Estamos a la
altura de la localidad de Louro
que dejamos atrás casi sin darnos
cuenta, al igual que Lariña y
Miñarzo, trasesta localidad, se
abre ante nosotros la
impresionante playa “Praia da
Carnota” que con sus 7 km de
arenas blancas es la mas grande de
Galicia, playa circundada
parcialmente por “Las Marismas de
Caldebarco”, alimentadas a la par
por las filtraciones del agua del
mar y de los cristalinos arroyos
que bajan de los Montes de Ruña,
al fondo majestuoso el imponente
mole de granito rosado conocida
como Monte do Pindo, coronado a su
vez por varios picos, siendo su
techo el Pico A Moa, donde se
encuentra el punto geodésico a 627
m. sobre el nivel del mar, con
imponentes vistas al sur de la
playa de Carnota y las Marismas,
al oeste, frente a nosotros el
Atlántico en todo su esplendor y
hacia el norte la Ría de Corcubión,
con Cee y el pueblo del mismo
nombre al fondo y adentrándose en
el Atlántico infinito el Cabo
Finisterre con el faro del fin del
mundo sobre el último saliente de
tierra que baña el sol antes de
ocultarse en el horizonte.

Pasando de largo
por la localidad de “O Pindo”
desde donde parte la ruta,
atravesé el puente sobre la
ensenada de Ézaro, donde desemboca
el río Xallas, tras una imponente
cascada que comienza a caer desde
100 m. sobre el nivel de las aguas
del mar a la que cae directamente,
considerada la única cascada de
grandes dimensiones que cae
directamente al mar en toda
Europa. Sin embargo, al igual que
la mayoría de los grandes saltos
de agua en nuestro país, la
cascada ha sido “domesticada” por
una central hidroeléctrica fuera
de lugar, cuya producción es
ínfima en comparación, con el daño
que se causa al medio y que supone
la interrupción casi permanente a
la que ha sido condenada esta
cascada, por la que tan sólo
permiten el paso libre y natural
de sus aguas en época de
abundantes lluvias (cada vez menos
frecuentes debido al cambio
climático) o bien los sábados y
domingos por la mañana de 12:00 a
14:00 pm. en temporada de verano,
desde el 21 de junio al 21 de
septiembre y algunos festivos,
como reclamo turístico para la
zona. Una vez mas “Spain is
diferent” y seguramente seremos el
único país de Europa donde las
cascadas tienen horario de
apertura y cierre. Yo me había
dirigido allí en aquella mañana de
Nochebuena, pensando que se
trataba de todos los domingos del
año, pero un amable anciano del
lugar que durante la mayor parte
de su vida fue testigo del fluir
natural de aquella maravillosa
cascada o “fervenza” (como le
llaman en Galicia), me puso al
corriente de la situación que
acabo de explicar.

Afortunadamente
quedaba el plato principal,
regresar a la muy cercana
localidad de “O Pindo”, a penas a
1 km. de distancia, donde me
dirigí a la Iglesia de “San
Clemente” situada a orillas del
mar, tras la que nos encontramos
un pequeño parque infantil y el
primer panel informativo donde
para orientarnos sobre esta ruta
de la Subida a “A Moa” (el techo
del Olimpo Celta) desde “O Pindo”
sin duda todo un clásico en lo
referente a las rutas senderistas
por la “Costa da Morte” una
imponente mole de granito rosado
que deja hipnotizado al viajero
que se adentra por estas tierras.

A pocos metros de
la iglesia, nada mas salir
atravesamos uno de los numerosos
arroyos que discurren por las
laderas de esta curiosísima
montaña. Al comienzo vamos
caminando por una especie de
callejón, flanqueado por pequeños
muros de piedra a ambos lados,
pasaremos junto los restos de un
antiguo molino, rápidamente
dejamos atrás las pequeñas huertas
que rodean la aldea y enseguida
vamos ganando altura, por el
esqueleto de un gran pinar que ha
sido pasto de las llamas, los
numerosos incendios que han
castigado la Costa da Morte se han
cebado con los bosques que
existían en este monte sagrado, lo
cual ha contribuido tremendamente
a la aceleración del proceso
erosivo, incrementado de una forma
casi dramática por las lluvias
torrenciales que han transformado
el sendero en una auténtica
torrentera, hasta el punto que el
70% de esta ruta, a fecha de hoy,
se hace por lo que parece el lecho
de un arroyo pedregoso que
convierte el caminar en un
ejercicio muy lento y tedioso.
(Nada que ver con el día que
realicé esta misma ruta en 2003).
Actualmente hay lugares donde el
uso de las manos es casi
obligatorio para poder seguir
adelante y ni que decir tiene que
en la bajada los bastones se me
hicieron imprescindibles.


Al poco de dejar
atrás el esqueleto del antiguo
pinar nos adentramos ya en el
terreno típicamente granítico que
caracteriza a esta montaña y no
tardamos en estar rodeados de
redondeadas moles con formas de lo
mas curiosas, nos llamara la
atención un promontorio a nuestra
derecha, denominado “Casteliño do
Pedrulo” donde se encuentran los
restos del “Castelo de San Xurxo”
que tras pasar por distintas manos
fue destruido con motivo de las
Guerras Irmandiñas entre los años
1467/69. Así mismo se encuentran
los cimientos de una torre, y
restos de muralla, ya que sin duda
alguna es una atalaya magnífica.

El siguiente hito,
lo encontramos después de
atravesar un pequeño bosquete de
pinos, tras el cual vamos a pasar
entre dos grandes moles de piedra,
unidas entre sí por un
rudimentario muro de piedras, a
modo de valla, para que los
caballos que se encuentran en la
ante-cumbre no puedan marcharse
por donde hemos venido.

Y por fín llegamos
a la zona mas dócil del recorrido,
unas planicies de hierva previas a
la cumbre donde dejaremos a mano
derecha (ida) los restos de una
antigua explotación de
“wolframio”que data de la 2ª
Guerra Mundial, mas adelante, nos
encontramos con una curiosa
formación rocosa conocida como “O
Guerreiro”. Estamos en medio de un
prado en plena ante-cumbre, es el
lugar mas fácil para perderse ya
que aunque es un terreno
completamente llano y dócil, hay
tantas afloraciones de agua por
todas partes que intentando
esquivar los numerosos regatos, es
fácil perder la senda principal y
tomar una senda secundaria que nos
aleje del camino principal. Para
evitar posibles cofusiones hay que
tomar como referencia la piedra
denominada “O Guerreiro” y
continuar rodeando la misma, en
dirección norte, con el sol
siempre a nuestra espalda.


Mas tarde se llega
a los restos de lo que en su día
tuvo que ser un precioso robledal,
desde aquí ya tenemos la cumbre a
tiro de piedra, justo ante
nosotros accediendo a la misma, a
través de un fácil rodeo por la
cara este. Tan fácil, que al
llegar a la misma en esta ocasión
me encontré con tres caballos, las
vistas, descritas anteriormente
son sencillamente espectaculares.
Ni que decir tiene lo curioso que
resultan, los numerosos cráteres
que se han formado en la misma
plataforma de la cumbre rodeando
al punto geodésico, a modo de
pequeñas islas de agua, que
siempre suelen permanecer tras las
lluvias. La única montaña que he
visto en mi vida, repleta de
pequeños cursos acuáticos que te
acompañan desde su misma base
situada a la orilla del mar, hasta
su cumbre “A Moa” a 629 m.

Sus 4,4 km. (Sólo
IDA) casí tardé mas en bajarlos
que en subirlos, de hecho llegué a
la aldea de “O Pindo” con las
últimas luces del día. La luz
justa para recoger el atardecer
con el “Cabo Finisterre” al fondo
y el Monte Pindo, visto desde
abajo.
Recomendación muy
importante: Si se trata de un día
de lluvia, ha llovido en los días
previos conviene descartar esta
ruta, ya que el camino está muy
abandonado y en su mayor parte
estamos obligados a caminar por
terreno muy pedregoso y
resbaladizo.
Crónica y fotos:
Juan Ignacio Amador