Preciosa travesía paisajística de unos 11 km. que
compartimos: Patri, Miguel, Juan Antonio, Carlitos,
Paqui “La Reina del chocolate”, Juan Carlos “el
Portador del Anillo” y Juani entre "La Ermita de
la Virgen de la Sierra" en Cabra, hasta el mágico
pueblo de Zuheros, "La joya del Califato", ubicado
a modo de nido de águilas junto a grandes
desfiladeros. Como en toda travesía había que
comenzar dejando algun/os coche/s en el final
previsto de recorrido, poco antes de la hora
prevista, cubríamos el último tramo de carretera
tipo “Camel-Tropic” entre “Doña Nuncia” y “Zuheros”,
poco mas de 3 km. por una estrecha carretera donde
las flores silvestres en plena eclosión de la
primavera invadían ambos márgenes de la carretera,
la llegada a Sueros entre grandes tajos que nos
dan la bienvenida nos recordaban a un mundo de
fantasía, ajeno al estrés y a la maldad del mundo
actual, al llegar al centro del pueblo y pasar
junto al castillo, ya éramos presa de la magia que
envuelve al lugar y para cumplir con el
protocolario desayuno de rigor, entramos en el
único establecimiento que estaba abierto a esa
hora: “hotel Zuhayra” en referencia al antiguo
nombre de la localidad en época musulmana, donde
nos sirvieron un magnífico desayuno que
degustamos, mientras se repartían los mapas y se
daban algunas explicaciones a modo de adelanto de
lo que nos iba a deparar la jornada.

Dejando
atrás dos coches en Zuheros, nos desplazamos
hasta Cabra, desde donde volvimos a entrar en el
parque natural Sierras Subbéticas, por la
carretera que atraviesa dicho parque de oeste a
este en dirección “Priego de Córdoba” (por
cierto buenísima carretera), allí estaba
previsto visitar en primer lugar el “Centro de
Visitantes Santa Rita” a modo de introducción,
pero en mi obsesión por no perder la referencia
visual de “la ermita de la Virgen de la Sierra”
terminamos en la misma, sin haber pasado antes
por el centro de visitantes tal y como estaba
previsto. Sin embargo, hay ocasiones en la que
un pequeño error puede dar lugar a una gratísima
sorpresa, como en este caso fue encontrarnos
prácticamente envueltos por la mayor bandada de
buitres que mis ojos recuerden en mucho tiempo,
allí estaban dándonos la bienvebida, dejánbdonos
atónitos, tanto por su gran número, como por la
proximidad a nosotros con su magestuoso vuelo,
sin inmutarse lo mas mínimo por nuestra
presencia. Estaban tan cerca que podíamos
distinguir perfectamente tanto sus ojos, como
esas finas plumas tan características de la
parte inferior de su largo cuello. Allí parados
al borde del precipicio nos quedamos varios
minutos, casi en absoluto silencio para no
perder la magia del momento, hasta que poco a
poco se fueron alejando y llegamos a la zona de
aparcamiento, para disfrutar de las magníficas
vistas que nos ofrecía el mirador, así como del
majestuoso vuelo de los buitres que sobrevolaban
nuestras cabezas con el telón de fondo del
“Poldje de la Nava” por donde discurriría la
primera parte de nuestra ruta. La ermita (mayor
que muchas iglesias que conozco), cuenta con un
bonito atrio porticado, así como con imágenes de
gran valor y un bonito retablo en su altar
mayor. La cuidada infraestructura de
aparcamientos, así como de zonas de barbacoa,
incluyendo ubicaciones exclusivamente reservadas
para minusválidos y el detalle sublime de
camuflar una gran antena (emisora de radio) a
modo se “secuolla gigante” para no romper el
entorno natural, bien merece nuestro aplauso
para el ayuntamiento de “Cabra” que cuida y
mantiene este lugar de peregrinación de forma
inmaculada todo el año, no ya sólo para la
romería de su fiesta mayor, sino para todas las
personas que loa visitan a lo largo del año, por
cierto es uno de los destinos favoritos de los
aficionados al ciclismo en los alrededores como
tuvimos ocasión de comprobar tanto a la subida
como a la bajada. La Ermita de la Virgen de la
Sierra, se encuentra situada en la cumbre de
esta montaña que con sus 1.236 m. de altitud nos
ofrece magníficas vistas 360º alrededor,
destacando los pueblos de Lucena y Cabra,
apreciando claramente gran parte de la ruta
entre esta localidad y la ermita. Al norte
varios cerros nos impiden ver “Doña Mencía” y
“Zuheros” con el “poldje” de la Nava a nuestros
pies, el oeste lo domina el “Cerro Lobatejo” con
sus 1.379 m. y al sur podemos apreciar la
“subsierra de La Cabrera”.


Poco antes
de llegar a la Ermita de La Virgen de la Sierra,
con esta frente a nosotros coronando la montaña,
parte a la derecha de la carretera (sentido
ascendente), un carril de tierra perfectamente
asentado, que a los pocos metros del comienzo,
nos ofrece una amplia explanada para dejar los
coches en el margen derecho, mientras que en el
izquierdo, un cartelón indicativo, nos describe
el itinerario que desde allí mismo parte hacia
“Las Chorreras”, que como su nombre indica,
consiste en una bonita sucesión de cascadas, que
forman uno de los pequeños arroyos afluentes del
bailón, pero que desgraciadamente, sólo lleva
agua en época de abundantes lluvias. Éste
recorrido, coincidía con el primer tercio de la
ruta que nos disponíamos hacer hasta Zuheros y
desde este lugar, comenzamos a caminar, con el
cerro donde se encuentra la ermita a nuestra
izquierda, a la derecha una vieja cantera
abandonada y frente ante nosotros, dirección
norte, el carril que atraviesa el “polje de la
Nava”, con el cortijo del mismo nombre a nuestra
derecha y toda aquella altiplanicie, superior a
los 950 m. de altitud, , inundada por un mar de
flores silvestres, sobre el que flotaba el
hipnótico zumbido de las abejas, tan sólo
interrumpido esporádicamente por el transito de
algún jeep en su camino de ida y vuelta a uno de
los cortijos que existen en este primer tramo de
la ruta. Tras dejar atrás varias verjas, que
siempre cerramos a nuestro paso, la nota exótica
de ese primer tramo de relax total, la puso un
pequeño reptil que atravesaba el carril,
parecido a una pequeña serpiente con dos
diminutas patas delanteras y otras dos traseras.
He visto y cogido todo tipo de reptiles y
anfibios en mi vida y este nose parecía a
ninguno, ni siquiera a un tritón, alguien bromeo
comentando que tal vez podría tratarse de una
nueva especie aún no registrada. Llega un
momento en que en el tramo final de la recta, el
carril cruza un pequeño puentecillo que salva el
río Bailón.

Precisamente unos metros antes de llegar a este
puentecillo, donde unas golondrinas de
zambullían literalmente en el agua. Nos
desviamos a la derecha abandonando
definitivamente este marcado carril terrizo,
para adentrarnos por otro mas estrechito, en
dirección este, que estaba casi borrado por la
cantidad de plantas silvestres, que apenas
permitían distinguir el carril, del prado donde
pastaban tranquilamente un nutrido grupo de
caballos, que al vernos pasar, nos siguieron de
forma pacífica durante un trecho para ver si les
echábamos algo de comer de las mochilas. Pocos
minutos mas tarde, cada vez con mayor presencia
de encinas, nos encontramos con el pequeño
arroyo, cuyo cauce estaba totalmente seco y que
a buen seguro debía venir del lugar conocido
como “Las Chorreras”, tal y como tuvimos ocasión
de comprobar recorriendo su cauce unos 300 m.
mas arriba, donde nos encontramos con el lugar,
que en épocas de lluvia debe ofrecer un
espectáculo para los sentidos, a pesar de estar
totalmente seco, la cantidad de agua que debe
pasar por allí en los meses de lluvia, ha dejado
tal riqueza en el subsuelo y en la atmósfera del
lugar, que se refleja en toda la flora, matorral
y los árboles que allí se encuentran. Es uno de
esos lugares, que tus sentidos perciben como un
lugar mágico y que tuvimos la oportunidad de
disfrutar mientras hacíamos la 1ª parada
técnica.


Desandando
los 300 m. de desvío que nos llevan al paraje
conocido como “Las Chorreras” reanudamos la
marcha en dirección “este”, caminando entre
verdes prados salpicados por miles de
florecillas silvestres y pequeños bosques de
encinas que van adquiriendo mayor tamaño,
conforme avanzamos por un terreno ondulante
donde ya empezamos a encontrarnos con algunos,
olmos, álamos, fresnos y una pequeña “chopera” a
donde llegamos tras una suave bajada, que ya nos
lleva hasta el lugar conocido como “La Fuenfría”
donde encontraremos, dos abrevaderos a la
izquierda del camino, alimentados por sendos
chorros de agua potable con las que pudimos
volver a llenar las cantimploras y de camino
refrescarnos un poco. De la fuente mas baja
parte una pequeña senda que se abre paso entre
la abundante vegetación que allí existe por la
presencia del agua. Mientras que el carril que
acabábamos de dejar continuaba dirección este,
nordeste hasta llevarnos a la cueva del Gato,
tras 5 km. en suave, pero casi permanente
ascensión.

Ante las
dos opciones (ambas válidas) escogimos la que
nos había recomendado nuestro amigo “Manolo” (el
mismo guía de la subbética que ya nos había
asesorado un año antes para la subida a la
Tiñosa, con todo lujo de detalles). Y esa opción
fue la de la pequeña sendita que parte desde la
fuente mas baja y que en un principio, queda
casi camuflada por la abundante vegetación, pero
que 100 m. después ya se convierte en una senda
perfectamente definida, que abriéndose paso en
un bosquete de jóvenes y majestuosas enconas
centenarias, nos acerca poco a poco a la cuenca
del río Bailón, que hasta ese momento ha
permanecido siempre a nuestra izquierda, desde
que salimos de “La Nava” pasando casi
desapercibido en todo momento por lo pequeñito
de su cauce, sin embargo tal y como nos íbamos
acercando al mismo en permanente descenso, ahora
ya por los restos de una antigua cañada real,
comenzábamos a contemplar el gran efecto erosivo
del cauce del Bailón, que durante milenios ha
ido horadando el profundo la roca caliza del
lugar, que ha dado lugar al profundo valle por
el que nos íbamos adentrándonos, encajonándose
cada vez mas hasta convertirse en lo que
conocemos como el “Cañón del río Bailón”, donde
los amantes de los paisajes agrestes pueden
llegar a perder la nación del tiempo
contemplando sus paredes, sus caprichosas
formaciones rocosas, sus grietas, sus cuevas a
ambos lados, y lo único que faltó aquel día para
que todo fuera perfecto, la presencia del agua,
que según la gente de Zuheros, antaño, solo
faltaba en los meses de Verano, pero que
últimamente con estos años de sequía, suele
quedarse sin agua desde mayo a Octubre
(esperemos que sólo sea algo temporal). Sin
embargo, para compensarlo, desde que nos
adentramos en la senda que desde la “Fuenfría”
nos lleva hasta el cañón del río Bailón, los
pajarillos no dejaron de alegrarnos los oídos
con constantes cánticos, entre los que
destacaron el del mirlo, el ruiseñor y el
chamarí y el pinzón, todos en plena época de
cría. ¡La gran fiesta de la Primavera! En plena
naturaleza que una vez mas tuvimos oportunidad
de sentir, pausadamente mientras, disfrutábamos
de la 2ª parada del día junto a otra fuente, en
la que se abrió un improvisado debate sobre el
“mal de amores” con numerosas propuestas para
nuestro ínclito amigo Carlos.

Pero eran
ya las 15,40, poco mas de una hora faltaba, para
la visita que teníamos concertada en “La Cueva
de los Murciélagos” y aunque el lugar invitaba
alo reposo y la contemplación y casi a una
siesta, sobre la hierva con la melodía de los
pájaros, no tuvimos mas remedio que reiniciar la
marcha, con premura, aunque sin dejar de
contemplar la petrificada belleza del lugar,
siempre en paralelo al cauce del río Bailón al
pie de sus paredes, unas veces por la izquierda
y otras por la derecha, hasta que tras cruzarlo
varias veces, lo hacemos por última vez, dejando
el río a la derecha y comenzando a tomar altura
por la empedrada cañada real, cada vez mejor
definida y marcada conforme nos acercamos a
Zuheros, hasta que llegamos a un punto, donde
por primera vez, contemplamos una vista parcial
del pueblo, a través de un desfiladero, donde el
cañón del río Bailón, alcanza su mayor
verticalidad en el apogeo de su grandeza, y que
al mismo tiempo es el telón de fondo con el que
contemplamos el pueblo de Zuheros, cuando
llegamos por carretera. Un auténtico regalo para
la vista, y claro, sin poder evitar pararnos
para poder contemplar, tanta belleza, se nos
echaba la hora encima y con el tiempo justo en
plan “MISION IMPOSIBLE”, Juan Carlos “El
Portador del Anillo” y Miguel (haciendo de Tom
Cruise), se lanzaron a tumba abierta, para
llegar cuanto antes a los coches y recogernos al
resto del grupo, justo a la entrada del pueblo,
donde desemboca (o comienza) la cañada real por
la que íbamos caminando y que antes de llegar al
final, nos volvió a regalar otra magnífica
panorámica de Zuheros, ahora con los tajos a la
derecha.

Una vez
montados en los coches, los diez minutos justos
que faltaban, para cubrir los 4 km. que nos
separaban de La Visita concertada a La Cueva de
los Murciélagos” fueron una auténtica aventura,
por una carretera vertiginosa a borde de
precipicios, para darle a la jornada ese toque
épico, que tal vez había faltado en las primeras
estribaciones del recorrido. Tanto corrimos, que
al final, llegamos antes que el guía, que nos
atendió con la peculiar simpatía y amabilidad de
esta tierra, hasta el final del recorrido que
hizo en exclusiva para nosotros, explicándonos
muchas anécdotas y datos curiosos sobre la
Cueva, contándonos numerosas curiosidades en
cada sala por las que íbamos pasando, como por
ejemplo la sala del “Orégano”, del “Jabalí”, del
“Espárrago”, ayudándonos a interpretar los
trazados en los grabados de cabras, varios
restos óseos de animales y personas expuestos en
vitrinas y sobre todo haciendo especial énfasis,
en la enorme importancia geológica é histórica
en cuanto a los grabados rupestres, fechados en
20.000 años a.C., habiéndose encontrado restos
de “Homo Sapiens” fechados en 30.000 años a.C.
No faltaron explicaciones de tipo genérico, por
ejemplo: las distintas formas a través de las
cuales se puede llegar a formar una cueva, en
este caso a través de un gran movimiento sísmico
que resquebrajó la montaña por dentro, dando
lugar a esta gran oquedad de 2.000 m. de
longitud, aunque el recorrido que se hace
habitualmente no supera los 800 m. a través de
700 escalones (mitad de bajada, mitad de
subida). También nos aclaró la diferencia entre
“Cueva”, como lugar donde se ha comprobado la
presencia de asentamientos humanos y “Gruta”
donde no existen restos (conocidos). O por
ejemplo, dejar muy claro, que lo de que tanto
las estalactitas, como las estalagmitas, crecen
un centímetro por siglo, es un tópico totalmente
falso, ya que depende de muchos factores, como
la presencia del agua, las corrientes de aire,
el tipo de roca, etc…En fín que salimos de la
Cueva, con la agradable sensación, de haber
vivido en directo uno de aquellos fantástcos
capítulos de la serir “Érase una vez el Hombre”.


Y como no
podía ser de otra manera, para despedirnos, que
mejor lugar para tomarse un refresquito ó/y
heladito en una terracita al pie del Castillo de
Zuheros, que a pesar de que podría tener su
origen en la época del califato cordobés allá
por el siglo X, podemos observarla hoy como una
fortaleza medieval, complementada por las
murallas de la villa, típicas de los siglos XIII
ó XIV, aunque en el s. XVII, se edificó sobre
parte del mismo, el palacio de los Señores de
Zuheros: con un estilo renacentista propio de la
época.
Y desde
aquí rumbo a Cabra, para recoger el coche de
avanzadilla al pié de la ermita de la Virgen de
la Sierra y de allí retorno a la costa del sol,
con la sensación de haber disfrutado de un día
pleno de sensaciones muy bien aprovechado.
Teléfonos de interés:
- Centro de Visitantes "Santa Rita": km
22 de la C-336 entre Cabra y
Carcabuey. Tf: 957
334034
- Manolo: Guía del Parque (nadie lo
conoce mejor que él), 689.98.12.25
- Cueva de los Murciélagos: a cuatro km
de Zuheros. Suele
ser necesario concertar cita con cierta
antelación, según época del año.
Tf: 957 694545 ó móvil: 639.157.886
- Zona de acampada de Fuente Alta. Camino
Rute Viejo. Rute.
Tf: 957 532500
- Área de acampada "El Castillejo". A
tres km de Carcabuey.
Tf: 957 553018
- Ayuntamiento de Cabra: Pl. España, 14.
Tf: 957 520050
- Ayuntamiento de Zuheros: c/ Horno, 50.
Tf: 957 695414
– Arriben Gestión Cultrural visitas guiadas,
C/ Nueva 1, Zuheros Tf. 957.69.45.45
Crónica: Juan Ignacio Amador
Fotos: Juani y Carlitos