Peñón de Algámitas y Cerro del Terril, no
podéis negar que sois dos montañas sevillanas, que distintas y que
cercanas, la primera: altiva, desafiante y orgullosa, la segunda aún mas
grande, pero sencilla, serena y callada. Que grande me parecéis cuando
salgo de Sevilla camino de Málaga y os contemplo imponentes en el
horizonte, que pequeño me hacéis sentirme cuando estoy a vuestros pies.
Peñón de Algámitas y Cerro del Terril: dos caras de una misma momeada, tan
distintas y tan cercanas: Sevilla y Triana, Esperanza Marinera y Macarena
de Amor, feriantes y capillitas, Giralda y Torre del Oro, Sevilla y Betis,
el eterno dilema, el antagonismo sevillano.


Ascensión al Peñón
de Algámitas, el “centinela de la campiña” (1.128 m)
9:45 Complejo Rural
“El Peñón” (ladera norte), magnífico complejo para disfrutar del turismo
rural en todas sus modalidades, incluyendo la posibilidad de camping,
mas una variada oferta para la práctica de deportes al aire libre, desde
paseos a caballos, hasta tiro con arco, paredes de escalada, una gran
piscina circular, oficina de información y gran restaurante panorámico
que también hace las veces de recepción, donde además podemos comer muy
bien, abundante y barato. Magnífico ejemplo de aprovechamiento de los
recursos naturales, que además de crear puestos de trabajo, ayuda a
promocionar el turismo en la zona, al mismo tiempo que se encarga del
cuidado y el buen mantenimiento de gran parte del Peñón, al que cuidan
como una joya. Todo lo contrario que Pruna con el Cerro del Terril, del
que ya hablaremos mas tarde.
A la hora prevista
nos dábamos cita: “los Reyes de la bahía” Reinaldo y Manuela desde Rota,
Francisca “Paca” desde Villamartín, Rafa Flores “El Maestro Gandalf de
la Serranía” y Carlos Tapia “el aprendiz de mago” desde Ronda, “Orzo Wei”
Javi desde Almargen, desde Montreal, Sean, “El Canadiense Herrante” y
desde la “Costa del Sol” Patricia, Miguel, Iván, Juan Antonio, Carlitos
y Juani.
Si bien estaba
prevista realizar la ascensión, por el mismo lugar donde ya se realizó
en abril de 2004, cara este-sureste, justo cuando íbamos a echara andar,
uno de los guardas del complejo, nos sugirió la posibilidad de subir por
la cara “norte-noroeste”, siguiendo las indicaciones del “SL 4” uno de
los pequeños “senderos lineales” que se han creado para promocionar la
práctica del senderismo alrededor del peñón. Dicho y hecho, justo frente
a la caseta de información partía la senda empedrada por la que nos
íbamos abriendo paso, entre un original conjunto de cabañas,
perfectamente equipadas, cada una con el nombre de alguno de los
pueblecitos de la zona, mientras mas de uno/a iba planificando
mentalmente venir a pasar un fin de semana en plan relax para disfrutar
de este oasis de paz.
A la sombra del
bosque de encinas, que antaño cubría por completo todas sus laderas, al
igual que las del Cerro del Terril, íbamos ganando altura casi sin
darnos cuenta. La primera valla, ya la habíamos dejado atrás hacía un
buen rato, hasta que girando siempre en permanente ascensión, alrededor
de la cumbre, ahora ya por la cara noroeste y recién dejadas atrás las
últimas encinas, llegamos a la segunda valla, que teóricamente teníamos
que atravesar. Sin embargo, justo antes de la misma, partía una
clarísima senda que invitaba a probar fortuna ya que en buena lógica
siguiendo su trayectoria nos llevaría hasta la cumbre en poco tiempo. Y
con gran decisión comenzamos el ataque directo, hacia donde en buena
lógica debía estar la cumbre, a pesar de lo bien marcada que estaba la
senda, no tardaron en aparecer, los primeros tramos de paredes rocosas,
donde era imprescindible utilizar las manos, al principio las paredes
eran de 2 o 3 m. pero siempre había alguna grieta donde apoyar pies y
manos, con los bastones estorbándome, me daba la risa mientras escuchaba
rezar a Carlitos y al mismo tiempo me imaginaba lo que me estaría
diciendo y en lo que se estaría cagando algún amigo que estuvo a punto
de venir y que al final no vino. Detrás de cada pared, siempre
pensábamos que ya nos esperaba la cumbre, pero siempre nos encontrábamos
con otro escalón aún mas alto, hasta que al final, parte del grupo tiró
hacia la derecha y el resto continuamos en línea recta, llegando al
mismo tiempo a la cima de dos agujas rocosas con bastante vuelo
alrededor. Las vistas eran tan impresionantes como la sensación de
vértigo, sin darnos cuenta, nos habíamos situado en la 2ª y 3ª torre mas
altas de las tres que coronan esta preciosa cumbre y que no se aprecian
en todo su esplendor hasta que uno está arriba del todo porque la
perspectiva desde abajo engaña.

Si en ese momento
hubiera habido alguien en el último tramo del cordal de la cumbre,
podríamos haber mantenido perfectamente una conversación porque tan sólo
nos separaban unos 30 m. en línea recta, pero una vertiginosa pared los
separa de la 2ª y a la 3ª torre sobre las que nos encontrábamos.
Inmediatamente nos dimos cuenta de que la senda por la que habíamos
llegado allí eran la que utilizaban los escaladores, para practicar por
las distintas vías de escalada que teníamos a nuestros pies. Ahora
tocaba bajar y llegar al lugar donde abandonamos el “SL-4” justo antes
de la valla. Y claro, subir unos con gran agilidad y otros con mayor o
menor torpeza subimos hasta donde sea, pero en los terrenos escarpados,
lo difícil es bajar. Sin embargo, que fácil parece todo cuando se va con
gente de la experiencia montañera y de la calidad humana de Reinaldo,
Rafa Flores, Sean, Juan Antonio ó Javi, que en los tramos mas
comprometidos nos fueron guiando en cada paso convirtiendo en fácil lo
difícil y llenando de risas los momentos de tensión, hasta que antes de
darnos cuenta ya estábamos atravesando la valla y siguiendo la
trayectoria del “SL-4” con cuyas balizas nos volvimos a encontrar.
Aquel tramo por el
que no pudimos llegar a la cumbre, podría verse como una ascensión
frustrada desde un punto de vista técnico. Sin embargo, para nosotros
supuso un pequeño desafío que afrontamos con un gran espíritu de
aventura disfrutando de cada metro de ascensión y de la verticalidad que
nos rodeaba por todas partes cuando coronamos las dos torres.

Retomando de nuevo
el “SL-4” en su permanente rodeo a la cumbre del Peñón, comenzamos a
tener una grandiosa panorámica del Cerro del Terril en todo su
esplendor, dirección sur, hasta que por fin, muy cerca ya de la cima, la
senda por la que íbamos se une, a la misma por la que ya habíamos subido
un par de años antes, justo en una especie de pradera que se forma en la
antecumbre, pasando junto a un par de neveros (uno tapado y otro
abierto) justo antes de llegar a la privilegiada balconada que se
encuentra casi al mismo nivel de la cumbre. Sin embargo, a pesar de lo
fácil que se llega a este lugar tan próximo al final, una vez mas la
cumbre se muestra desafiante y te obliga a descender unos metros, para
comenzar el último ataque por un roquedo que impone bastante respeto al
tener que trepar por tramos de mucho vuelo. Llegados a ese punto, la
montaña dicta sus normas y el sentido común tiene que imponerse para
que uno no intente llegar mas lejos de sus posibilidades. Siendo
finalmente los que coronaron la cumbre: Reinaldo, Manuela, Rafa Flores,
Juan Antonio, Sean y Javi que con gran admiración y sana envidia fueron
contemplados por el resto del grupo.

Una vez hechas las
fotos de rigor sobre la cumbre, el grupo de los héroes descendía por la
parte opuesta de la cumbre a la que habían subido, desapareciendo de
nuestra vista, para volvernos a reagrupar en la base de la antecumbre
donde enlazaban las dos sendas que rodean la montaña hasta completar el
círculo que ahora pretendíamos cerrar, para volver al punto de partida
situado en el “Área Recreativa del Peñón”, sin embargo en un determinado
momento, abandonamos sin darnos cuenta la difuminada senda original,
tomando otra en principio muy bien trazada y paralela a la anterior,
pero que poco a poco se iba alejando de la misma. A modo de ejemplo
podría decirse que si se tratara de una pista de atletismo, la senda
buena sería “la calle interior”, es decir la que iba mas pegadas a los
farallones rocosos, mientras que nosotros nos fuimos colocando poco a
poco, paso a paso, en “la calle exterior”, cada vez mas enmarañados
entre matorrales y canchales, que a penas nos daban tregua, aunque de
vez en cuando tuvimos el privilegio de contemplar de cerca bonitos
ejemplar de “cornicabras” aún verdes, que mostraban orgullosas su frutos
en forma de cuerno (de ahí su nombre). Y tanto nos abrimos de la senda
buena que incluso llegamos a tocar la carretera, retomando rápidamente,
la ladera, para enlazar finalmente con la senda buena, prácticamente en
la misma entrada del Área Recreativa, donde grandes jarras de cervezas y
refrescos corrieron por doquier, justo antes del almuerzo, mientras
algunos nos dábamos un inolvidable baño en su magnífica piscina.

Trayectorias descritas para nuestro
camino a la cumbre, cara sur- suoeste
Fue precisamente en aquella hora de
pausa que pasamos en el “Complejo Rural del Peñón” cuando apareció
nuestra amiga “Rosa” de Casarabonela, quien habiendo llegado mas tarde
que nosotros se aventuró a seguirnos por el mismo camino por el que
habíamos realizado el primer intento de ascensión, viéndose obligada a
retroceder sobre sus pasos, dadas las dificultades para su perra “Paca”.
Paradojas del destino, mientras Rosa se incorporaba al grupo, Javi se
tenía que marchar regresar a Almargen para no dejar a la abuela mas
tiempo sola y con disciplina espartana, pero con la satisfacción de
haber disfrutado bastante, se despidió de nosotros con la intención de
repetir tan pronto como pudiera. Mientras compartíamos la mesa a la
sombra de las encinas, en estas reuniones que se suelen convertir en
improvisadas asambleas montañeras, les hice saber a los compañeros mi
intención de coronar el techo de las 8 provincias andaluzas esta
temporada y hubo hasta quien propuso tomarse la uvas en la cumbre del
“Torrecilla”…¿quién sabe lo que nos permitirán las circunstancias?.
Subida al Cerro del Terril, “El
Gigante abandonado” (1.129 m)
Para subir a este gran cerro
abovedado que con sus 1.129 m, es el techo de la provincia de Sevilla,
conviene tomar como punto de referencia la “Ermita de la Concepción”
donde todo el pueblo de Pruna acude en romería cada año el primer
domingo de mayo. Sin embargo, tampoco podemos pasar por alto el
lamentable estado de suciedad y abandono en el que se encontraba la casa
de hermandad, ubicada junto a la ermita, una verdadera pena que deja muy
a las claras la despreocupación que tiene el ayuntamiento de Pruna por
conservar su patrimonio, hecho que se confirmó aún mas, cuando
investigamos una senda que subía por la ladera que hay justo enfrente de
la ermita, al otro lado de la carretera, encontrándose llena de botellas
de vidrio y restos de basura. Quien sabe si fue otra botella de cristal
como aquellas la que provocara en su día el gran incendio que arrasó el
Cerro del Terril.


Encontrándose dicha
ermita a 4 km de Pruna en dirección a Algámitas, puede ser este, un buen
lugar para dejar el coche si pretendemos subir al “Cerro del Terril”
para continuar andando por la carretera, siempre en dirección Algámitas,
hasta encontrar a unos 800 m. aprox. dos marcadas sendas que se dirigen
hacia un collado próximo que nos sirve como primer hito de referencia
para la ascensión al “Terril” a donde llegamos sin ningún problema todo
el grupo de forma compacta, atravesando una zona de matorral y restos de
un bosque de encinas, que no resultó tan enmarañada como alguien nos
había comentado. La subida desde la carretera al collado, no tiene mas
de 100 m. de desnivel, y en circunstancias normales no ofrece ninguna
dificultad, pero al haber escogido la senda que ascendía de forma
directa y sin rodeos, después de la subida al Peñón y en plena
digestión, con el sol del medio día, a mí me dejó bastante tocado.
Nada mas sobrepasar
este primer collado que nos sitúa en el cordal de la sierra, nos
encontramos con un primer pluviómetro y a partir de aquí el camino hasta
la cumbre no ofrece ninguna dificultad, ya que se trata de una subida
muy tendida que en todo momento nos da la opción de hacerla cresteando o
faldeando (por la ladera sur) que nos ofrece en todo momento una
panorámica preciosa con Pruna, Olvera y El Gastor a los pies de la
ladera norte del Lagarín y Las Grajas e incluso el pueblo de Zahara de
la Sierra con la impresionante crestería del Pinar al fondo coronada por
el Torreón y el San Cristóbal, e incluso distinguiendo perfectamente las
blancas siluetas calizas del Reloj y el Simancón.


No sin esfuerzo y
tras sufrir una gran pájara que me hizo perder varios minutos de retraso
con la cola del grupo, conseguí llegar hasta ellos en la antecumbre,
donde al igual que en varias ocasiones, a lo largo de toda la jornada,
el grupo se había parado para una reagrupación táctica, en solidaridad
con quienes no andábamos tan sobrados de fuerzas, mientras yo pensaba:
“¡quien me ha visto y quien me ve!”. La antecumbre del Terril, nos
muestra su imagen mas desoladora, monte totalmente arrasado por las
llamas y mil cadáveres de matorral y encinas jóvenes que no tuvieron
tiempo de disfrutar de la plenitud de sus antepasados. Como un pequeño
canto a la esperanza en medio de este terreno apocalíptico, nos
sorprende la fuerza con la que vuelven a crecer pequeños brotes de
encinas, como volviendo a desafiar al destino y luchando por volver a
repoblar todo el monte con el gran bosque de encinas que durante siglos
llenó de color y vida, a la hoy descolorida y abandonada Sierra del
Tablón, víctima del abandono y del olvido por parte del ayuntamiento de
Pruna, que ni siquiera se ha molestado en homologar un sendero “P.R.”
para facilitar el acceso y la subida del Cerro del Terril, que por si no
se han enterado es el techo de la provincia de Sevilla y desde cuya
cumbre las vistas son sencillamente impresionantes, hasta el punto de
llenarnos a todos de una gran satisfacción por las tremendas panorámicas
que teníamos 360º a nuestro alrededor. Al sur el paisaje descrito en el
párrafo anterior: al este Almargen y Tebas con el Castillo de la
Estrella, El Huma, El Pico Capilla, Camarolos, Tejeda y Almijara entre
la bruma y mucho mas cercanas el Torcal y el Camorro Alto. Al norte:
imponente “El Peñón de Algámitas” en cuya cumbre habíamos estado horas
antes y un poquito a su derecha, formando un tres en raya: Algámitas, El
Saucejo y Osuna ya mas lejos en la distancia. Y al oeste el Peñón de
Zaframagón, ó el gran cerro tras el cual se esconde Morón y una amplia
extensión que no sólo llega hasta los balcones del Aljarafe sevillano,
sino mas allá, puesto que en los días claros el Terril y el peñón de
Algámitas se contemplan desde las proximidades del “Algarrobo” por la
carretera que va a Aracena, a mas de 150 km de distancia, una auténtica
bestialidad, pero que tampoco es de extrañar si tenemos en cuenta que la
mayor parte de la provincia de Sevilla, son llanuras y pequeños cerros
ondulados, a excepción de las sierras norte y sur.


Y con la
satisfacción compartida de haber disfrutado de una fantástica jornada de
montaña con la que inaugurábamos la temporada, nos despedíamos hasta el
próximo encuentro.

Crónica: Juan Ignacio Amador
Fotos: Reinaldo, Manuela, Rafa
Flores y Juani