A las 09:00h de la mañana
se prevee la salida desde El Nacimiento,
en la entrada de Igualeja, donde esperan
grupos de personas venidas desde distintos
puntos de Andalucía. El guía y sus
secuaces pasoslargueros llegan un poco
tarde por culpa de la impresora y, tras
pasar lista, darles la ficha técnica de la
ruta y hacer firmar a los allí presentes,
echan a andar a eso de las 09:30h. Hay que
decir que la gente no tenía claro para qué
firmaban y, lejos de contarles la verdad,
a Emma se le ocurrió decir que
participábamos de la lucha por la
supervivencia de la tortuga de Igualeja,
en peligro de extinción. Algunos cayeron,
pero en general verificaron que se trataba
de un mero control.
El primer problemilla se presenta cuando
la ruta, prevista en principio para unas
30 personas, se tiene que hacer con un
grupo de 56; así que la salida, desde el
punto de partida hasta cruzar el pueblo,
resultó un poco caótica.
Tras una breve
reorganización, Rafa Ríos encabeza el
grupo y Rafa Márquez se queda atrás para
mantenerlo. Al poco tiempo cogimos el
ritmillo con ayuda de Paco Domínguez, Paco
Anaya y otros colaboradores, que en todo
momento se aseguraron de estar en los
puntos conflictivos con el fin de evitar
pérdidas.
Sobre las 10:00h ya habíamos cogido la
vereda que nos alejaba del pueblo,
bordeando bancales, huertos y acequias. A
ratos se podía observar el empedrado, mal
conservado, del antiguo camino de
Cartajima, conocida como verea del
Hiladero. En los comienzos nos
acompañó un hortelano que nos informó de
la intención, por parte del Ayuntamiento,
de convertir la vereda en carril, además
de darnos algunas indicaciones.
Nuestros pies empiezan a pisar el suelo
almohadillado por las hojas caídas. Nos
estábamos adentrando en el castañar.
Más arriba encontramos una bifurcación que
llevó al guía nº 1 a mostrar cierta
prudencia, así que se adelantó junto al
guía nº 2 para asegurar el camino
correcto, aprovechando, todo hay que
decirlo, que el grupo se hallaba disperso
sobre el manto de hojarasca y erizos,
engullendo castañas pilongas y pasando
tres kilos del dilema. A partir de aquí,
el camino se hizo fácil de andar y nos
dejamos llevar empapándonos de castañas,
paisajes, coloridos, contrastes y
sensaciones variadas.
A pesar de la dispersión, en las primeras
horas el grupo estuvo bastante controlado;
el ritmo era lento pero bueno y la gente
en general iba flipando en colores ocres y
calizos, haciendo fotos, bromeando y
orientándose con los nombres de la zona y
de los pueblos que se veían a lo lejos,
Cartajima, los riscos... Así, llegamos a
un arroyo donde se decidió hacer una
paradita para los que no habían
desayunado, eran más o menos las 11:00h.
En este punto confluyen en arroyo de los
Granados, el Algorma y el Riachuelo. A eso
de las 11:30h arrancamos de nuevo,
siguiendo la vereda del Molino del Real.
Los castaños ya apenas muestran hojas
verdes, son pocas y amarilleadas, en su
mayoría secas y esparcidas por el suelo: a
estas alturas las castañas se han recogido
pudiéndose ver en el entorno de sus pies
restos de erizos desaprovechados por su
mal estado o por la baja calidad de sus
castañas. Cercanos a Parauta empiezan a
verse gentes ejerciendo tareas de limpieza
en sus parcelas. Algunos personajes
conocidos (uno de ellos, de Rafa Ríos, a
quien aconsejó: “¡anda, tú sigue así, que
te hace falta seguir haciendo
kilometraje!.. je, je”). Pasamos por la
Fuente Nueva.
Llegamos a Parauta sobre las 12:00h. Se
propuso liberar al grupo durante 30
minutos para hacer lo que quisieran,
quedando para salir de vuelta a Igualeja a
las 12:30h, desde la plaza del pueblo.
Descansos, meaditas, cervecitas y
“piquislavis” y sobre las 12:45h estábamos
ya saliendo del pueblo, guiados por las
señalizaciones del PR, culpables ellas de
que el grupo se tomara la confianza de
seguirlas por su cuenta y riesgo, en vez
de esperar a los guías. Así que ambos se
habían quedado atrás, un poco patidifusos
por haber perdido el control del maxigrupo
pero, eso sí, acompañados y bien
acompañados, de un buen surtido de
Pasoslargos que, a partir de aquí, tomaron
la decisión de cumplir con su deber en pro
de la Asociación, procediéndose a una
serie de entrevistas profesionales al
responsable de la ruta. Éste se vio en la
tesitura de responder a serias y
comprometidas preguntas (Nota: los videos
se emitirán próximamente en “Espacio
Desprotegido”).
La vuelta se hizo corta, los últimos
tramos fueron de grandes pendientes que se
suavizaron y apenas se notaron con el
cachondeo y buen rollo que nos envolvía (
y nunca mejor dicho lo de “nos envolvía”).
A destacar, como impacto negativo, la
sensación extraña al recorrer un de los
tramos con el cable de alta tensión (“el
cable de la muerte”) chisporreteando sobre
nuestras cabezas. Alguien comentó que la
energía positiva de los castañares se la
estaba cambiando el cable por energía
negativa.
El éxito de la operación fue palpable
cuando los guías y sus pocos fieles
llegaron al punto de partida bajando por
la verea de La Tetona y comprobaron
que allí estaba el maxigrupo cuyos
componentes, visto y no visto,
desaparecieron raudos en sus respectivos
coches. Un buen detalle lo tuvieron los de
“La bota viajera”, senderistas malagueños
que nos invitaron a participar en sus
encuentros, los jueves y viernes en el
“Bar del Pimpi”.
Y, tomando ejemplo de los perdigones, ya
que allí no pintábamos nada más,
desaparecimos también en busca de un
tardío pero merecidísimo almuerzo.

















