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Salidas de EL GRUPO - Temporada 2006-2007


IV Expedición a Chefchaouen, Marruecos
Fecha: del 12 al 15 de octubre de 2006
Crónica de Patricia López

 

  • La salida internacional de Pasos Largos como ya se viene haciendo desde hace

  • algunos años tiene como destino Chefchaouen, una pequeña ciudad capital de

  • provincia, que es origen ideal para rutas a pie por el valle del Rif, donde crecen los

  • pinsapos hermanos de los que viven en la Sierra de las Nieves y Grazalema.

  • Y no solo los pinsapos tienen en común esta parte de Marruecos y Andalucía, ya que

  • viendo Chaouen desde lejos podríamos pensar que se trata de uno de los pueblos

  • blancos de la Serranía de Ronda. De hecho esta ciudad está hermanada con Ronda.

  • Pero nada más llegar nos damos cuenta de su carácter árabe, donde hombres y

  • mujeres visten con atuendos típicos y pasean por las calles estrechas y pintadas de

  • azul, el color de esta ciudad, o al menos de su medina.

  •  

  • Primer día. jueves 12 de octubre de 2006 Ronda – Chefchaouen

  • Si es verdad el dicho de que a quien madruga Dios le ayuda, mucho nos tuvo que

  • ayudar a los valientes que emprendimos el viaje aquel día del Pilar ya que tuvimos la

  • ocasión y el privilegio de ver el amanecer en medio del estrecho, camino de Ceuta. Y

  • para ello hay que levantarse muy tempranito.

  • Los amigos que compartimos este viaje, muchos de nosotros no nos conocíamos en

  • persona, fueron Rafa Cordero, Rafa Ríos y Ángeles desde Ronda; Pablo y Cristina

  • desde Sevilla; desde Puente Genil nuestro amigo Héctor; desde Jerez de la Frontera,

  • Lorenzo y desde Málaga Miguel y Patri. Al volante de la furgoneta el experimentado

  • Rafa Ríos que nos llevó de maravilla por aquellas tierras marroquíes, donde pudimos

  • comprobar que conducir no es igual que en España, sino que requiere algo más de

  • maestría y por que no decirlo valentía.

  •  

  •  

  • Desde el barco pudimos disfrutar de un amanecer diferente con el mar de protagonista

  • y el Yebel Musa coronado por unas densas nubes, reflejando los rayos de sol más

  • precoces del día. El paso del estrecho fue muy rápido y en apenas una hora

  • estábamos en Ceuta camino de la frontera. Con el sol calentando el ambiente

  • llegamos a la frontera donde nos sorprendieron los olores tan característicos de

  • Marruecos, un olor a tierra diferente que, sin duda precede a la explosión de olores en

  • las ciudades: canela, especias, té, guisos y otros que no sabemos identificar, pero que

  • agradan al visitante.

  •  

  • Después de más de una hora de espera, trámites y papeleos nos dan paso al país de

  • los contrastes. Nos dirigimos hacia Chefchauoen pasando por Tetuán. Nos sorprende

  • la cantidad de urbanizaciones que se han construido en toda la línea costera, y nos

  • preocupa que pueda seguir el mismo ejemplo que la costa andaluza donde las

  • urbanizaciones crecen como setas alimentando la especulación inmobiliaria en

  • creciente desarrollo, en detrimento de los parajes naturales cada vez más reducidos.

  • A lo largo de nuestro viaje hacia Chaouen observamos que la vegetación es muy

  • abundante debido seguramente a las lluvias que han caído recientemente en la zona.

  • También pudimos comprobar cómo conducen en Marruecos, con mucha personalidad

  • y algo de locura, aunque hay que reconocer que Rafa Ríos supo manejar los

  • arranques de algún que otro coche con mucha seguridad. Se nota que es un

  • conductor experimentado y se divierte al volante.

  • Chaouen, donde la prisa mata

                         

  • Llegamos a Chaouen por la mañana con tiempo para disfrutar de la medina, sus calles

  • y tomar contacto con sus gentes, el regateo, las tiendas de productos tradicionales,

  • sus ya comentados olores característicos, sus sabores, su luz. Desde el aparcamiento

  • del Parador donde dejamos la furgoneta nos encaminamos a nuestra pensión. La

  • pensión Barcelona está en plena medina muy cerca de la plaza principal. Es un

  • edificio precioso y modesto, muy austero pero limpio y con todo lo necesario para

  • pasar tres días. Esta decorada con fotos del FC Barcelona y una de las primeras

  • preguntas que nos hacen al llegar está relacionada con el fútbol: ¿Del Madrid o del

  • Barcelona? Nos enseñan dos habitaciones con cuatro y cinco camas cada una, sin

  • adornos, pequeñas y limpias, paredes pintadas de azul y mantas de lana hechas allí.

  • El baño lo tenemos que compartir por plantas. La impresión es buena y más aún

  • cuando subimos a la pequeña terraza desde donde se puede ver la plaza y las

  • montañas que rodean la ciudad. Después de dejar los bultos en la pensión, Rafa

  • Cordero que ya conoce la zona nos lleva a ver Casa Hassan, un hotel situado frente a

  • nuestra pensión que está decorado con muy buen gusto. Aunque solo vemos el

  • recibidor nos hacemos una idea de cómo pueden ser las habitaciones.

  • Como estamos en plena medina y aún queda algo de tiempo para el almuerzo

  • aprovechamos para dar una vuelta y echar un vistazo a las tiendas de artesanía que

  • se agolpan por las calles y plazas de Chaouen. Productos típicos como babuchas,

  • mantas, alfombras y colchas, teteras y vasitos decorados, fósiles y elementos muy

  • variados se exponen en las calles esperando llamar la atención de los turistas. Es

  • entonces cuando nos damos cuenta de que el hecho de comprar no es igual que en la

  • cultura occidental; los vendedores inician conversación para contarte cómo están

  • hechas sus piezas, te invitan a pasar a sus tiendas “sólo para ver”, aunque en cuanto

  • te fijas lo mínimo en cualquier objeto, te hacen una oferta, con el consiguiente regateo,

  • algo a lo que no estamos muy acostumbrados. Normalmente las conversaciones entre

  • vendedor y comprador se suelen alargar bastante, con lo que el hecho de comprar es

  • algo más cansado que en nuestras ciudades, teniendo en cuenta que el vendedor

  • espera que entres en el juego del regateo.

  •  

  •  

  •  

  • Llega la hora del almuerzo, al menos para nosotros. Son las tres hora española, dos

  • horas menos en Marruecos. Entramos en el restaurante de la pensión Alkasbah justo

  • enfrente de nuestra pensión, donde nos ofrecen una carta típicamente marroquí: cous

  • cous, pastilla, tayín y otras especialidades. La cocina marroquí es muy sabrosa,

  • bastante especiada, elaborada y variada, aunque en los restaurantes suelen ofrecer

  • más o menos los mismos platos por ser los más típicos y fáciles de preparar. El

  • almuerzo es bastante abundante, coronado por postres caseros: yogurt, tarta de limón

  • y pastas variadas. El restaurante nos invita al tradicional té con hierbabuena, muy

  • azucarado, aunque hay que tener en cuenta que los marroquíes no suelen tomar té

  • después de comer sino en otras ocasiones como para desayunar o antes de las

  • comidas.

  •  

  • Después del almuerzo algunos deciden descansar un rato en la pensión, el madrugón

  • está haciendo efecto y no viene mal una siestecita, sin embargo otros preferimos

  • caminar por la medina y hacer algunas compras. En la plaza tenemos el primer

  • encuentro con un comerciante que vende teteras y vasos decorados, al que después

  • de una larga conversación compramos una docena de vasos y una tetera. Como buen

  • comerciante nos ofrece un precio inicial esperando que propongamos un precio más

  • bajo hasta llegar a una cantidad buena para ambas partes. Una vez que hemos

  • cerrado el trato, nos manda a la tienda de su hermano contigua a la suya, que vende

  • lámparas de metal, pero no nos interesa la mercancía. Vemos otras cosas que nos

  • interesa comprar como unos fósiles, aunque por el momento no haremos ninguna

  • compra más.

  •  

  • Las calles de Chaouen son muy estrechas, la gente pinta las fachadas de sus casas

  • de azul, la estructura de la medina es laberíntica, por lo que no es difícil despistarse un

  • poco. Basta con preguntar a cualquier comerciante por la plaza y desde allí es fácil

  • situarse de nuevo. Al atardecer la actividad de la medina se relaja, la mayoría de los

  • comercios cierran sus puertas y hay menos tránsito de gente. Estamos en pleno

  • Ramadán, y al entrar la noche los musulmanes se reúnen con la familia y rompen el

  • ayuno con unos zumos, dulces, té y otros alimentos. Durante al menos una hora cesa

  • el traqueteo de gente por las calles. En ese momento el grupo que se había

  • dispersado, unos haciendo compras, otros descansando, paseando, etc., se reúne en

  • una terraza que permanece abierta en la plaza, donde aprovechamos para tomar un té

  • o unos zumos de fruta y la típica cachimba con tabaco afrutado y suave, mientras

  • intercambiamos nuestras experiencias con el regateo y contamos algún que otro

  • chiste. Poco a poco la vida de la medina se recupera y el murmullo de los comercios

  • vuelve a invadir el aire de Chaouen al menos hasta la una de la madrugada. Algunos

  • deciden cenar en el restaurante Aladín también muy cerca de la pensión; a los que no

  • hemos descansado nos vence el sueño y volvemos a la pequeña pensión.

  •  

  • Segundo día.viernes 13 de octubre de 2006 Un pequeño paseo con Mohamed

  • La noche en Chaouen es tranquila y silenciosa, si acaso sólo hemos notado el sonido

  • de algunos animales en mitad de la noche. A las seis de la mañana ya es pleno día

  • pero aunque nuestra costumbre nos haga abrir los ojos pronto tenemos que esperar a

  • que Chaouen despierte. Más o menos sobre las nueve nos pondrán el desayuno en la

  • pensión. Demasiado tiempo para esperar, salimos a pasear por la parte nueva de la

  • ciudad, fuera de la medina, donde los camiones de reparto hacen su trabajo matutino y

  • algunos niños se dirigen a los colegios.

  •  

  •  

  •  

  • En Chaouen tenemos la sensación de que siempre hay niños dirigiéndose al colegio,

  • lo que nos llama la atención. Esto se debe a que los niños acuden por turnos al

  • colegio, ya que los pocos que existen se han quedado pequeños para tantos niños.

  • Aunque en las zonas de aldeas alejadas de las ciudades hay un índice de escolaridad

  • muy bajo debido a que los niños tienen que trabajar en sus casas y como pastores,

  • cada vez más niños van al colegio, y esto unido a los pocos recursos que destina

  • Marruecos a la educación, hace que hayan ideado este sistema por turnos.

  • Volvemos a la pensión donde ya nos tienen preparado el desayuno, y Rafa Cordero

  • nos dice que Rashid el guía que nos iba a atender no puede acudir a la cita por estar

  • trabajando como profesor, pero en su lugar vendrá su hermano Mohamed. A pesar de

  • las ganas que tenemos de ver los pinsapos y las montañas de la zona, aún tendremos

  • que esperar un día más para la aventura ya que Mohamed, que sigue a rajatabla el

  • Ramadán, nos convence para dar un paseo por un lugar distinto al que teníamos

  • pensado. En realidad resultó algo decepcionante porque dimos un corto paseo de

  • apenas dos horas por una zona de poca sombra y con mucho calor con pocas

  • explicaciones por parte de nuestro guía. Al menos nos sirvió de entrenamiento para el

  • día siguiente. En una de las paradas a la sombra de un árbol, algunos niños se

  • acercaron para curiosear y Mohamed nos dijo que podíamos darles comida, ya que los

  • niños no tienen la obligación de seguir el Ramadán. Unos dátiles, castañas, chocolate

  • y otras viandas sirvieron para despertar su sonrisa.

  •  

  • El “kifi”

  • Otra curiosidad del rato que estuvimos con Mohamed fue aprender los distintos

  • nombres que dan al hachís: desde los típicos “bellota”, “costo”, “grifa” hasta otros más

  • imaginativos como “veneno”, “madame tranquila”, “música de cabeza”. Es muy usual

  • en Chaouen que te ofrezcan por la calle hachís. Y es que en el valle del Rif abundan

  • los cultivos de cáñamo, cuyas hojas conocidas bajo el nombre de “kifi” las fuma la

  • población local en unas pequeñas pipas. Del polen de sus flores se extrae el hachís.

  • Aunque el estado tolera hasta cierto punto este cultivo, que es la forma de vida de

  • muchos habitantes del Rif, la ley marroquí es tajante: está penalizada la venta, pero

  • también el consumo y la tenencia por pequeña que sea la cantidad. Si en algunos

  • casos la policía hace la vista gorda en otros es implacable y centenares de españoles

  • han pasado por cárceles marroquíes por este motivo

  • Después de despedirnos de Mohamed nos convencimos de que lo mejor llegaría

  • mañana y decidimos aprovechar el día para pasear por la medina y hacer algunas

  • compras. Conocimos a Abdul, un vendedor de alfombras, mantas y otros tejidos que

  • nos explicó algunas cosas de la fabricación artesana de estos productos. Aquí fue

  • cuando nos dimos cuenta de que en Chaouen no solo el dinero sirve para comprar.

  • Abdul se interesaba por relojes, móviles y otros elementos de occidente. “Cosas

  • modernas, las últimas tecnologías”.

  •  

  •  

  •  

  • Tercer día.sábado 14 de octubre de 2006  Pinsapos en los valles del Riff

  • El nuevo día nos depara emociones fuertes. Esta vez sin guía local salimos en la

  • furgoneta para dirigirnos a uno de los valles del Riff, inicio de la ruta de los pinsapos.

  • Salimos temprano, no esperamos el desayuno en la pensión. El plan inicial era dividir

  • el día en dos partes: por la mañana subiríamos a ver los pinsapos que crecen en estas

  • tierras y por la tarde nos encaminaríamos a ver unas cataratas y gargantas. Pero la

  • caminata para ver los pinsapos se alargó debido al calor y a que no teníamos

  • referencia de la distancia a recorrer exactamente. Rafa Ríos y su mujer Ángeles se

  • quedaron esperando en la furgoneta hasta nuestra vuelta para dirigirnos a la segunda

  • parte de los planes, pero desafortunadamente nuestra ruta se alargó demasiado y nos

  • cayó la noche para mal rato de ellos que tuvieron que esperar allí hasta nuestra vuelta.

  • Imagino que la espera se les haría eterna y más cuando supimos que habían sido

  • constantemente bombardeados por muchos vendedores que pasaban por allí y se

  • paraban al pie de la furgoneta.

  • Desde que salimos a caminar la ruta discurría en constante ascenso y el calor

  • apretaba, lo que hacía que nuestra marcha fuera más lenta y tuviéramos que parar a

  • descansar más de lo que hubiéramos deseado. Pasamos al pie de dos pequeñas

  • aldeas bastante alejadas de la carretera. Los niños curioseaban a nuestras espaldas y

  • nos seguían cuchicheando hasta que se cansaban o algún adulto les reprobaba. La

  • vida en las aldeas es tranquila y transcurre sin sobresaltos, algunos pastores llevaban

  • a sus rebaños y en algunas casas se oía un martilleo constante, que según Pablo

  • pertenecía al proceso de elaboración del hachís, que se cultiva en estas tierras. Desde

  • luego pudimos comprobar la existencia de estos cultivos en grandes extensiones a lo

  • largo de todo el valle.

  • En un momento dado comenzamos a ver los pinsapos en lo alto de un collado que no

  • parecía muy lejano, aunque luego comprobamos que estaba más lejos de lo que

  • parecía. Al ver que se alargaba la ruta intentamos establecer comunicación con Rafa y

  • Ángeles para avisar de esta circunstancia a través de un walkie talkie, pero la

  • comunicación era mala y no logramos comunicarnos correctamente. La luna, en cuarto

  • menguante, adornaba la vista de los pinsapos cada vez más cerca, hasta que por fin

  • llegamos a los primeros, más pequeños. Al llegar al collado era ya tarde y aún no

  • habíamos comido. Almorzamos y descansamos unos minutos y comenzamos a bajar,

  • no sin antes abrazar a un gran ejemplar que nos había servido de sombra. Hicieron

  • falta tres personas para rodearlo por completo. Llegamos abajo ya de noche y nos

  • encaminamos a Chaouen.

  • Aunque los planes no habían salido bien, lo que todos teníamos claro es que había

  • que aprovechar el resto del tiempo que nos quedaba en tierras marroquíes. Al día

  • siguiente por la mañana marcharíamos de nuevo a la península. Cenamos en Aladin,

  • un restaurante muy bonito y decorado con muy buen gusto destinado sobretodo al

  • turismo. Para terminar la velada, charlamos un rato en la terraza de la pensión y nos

  • fuimos a dormir bastante tarde, como queriendo alargar el día.

  •  

  • Cuarto día. domingo 15 de octubre de 2006 Despedida

  • Hicimos las maletas al despertar y desayunamos, ya con la sensación que se tiene

  • cuando algo bueno se acaba, pero con la ilusión de volver otro año y compartir con

  • estos nuevos amigos y otros más, los buenos ratos que habíamos pasado juntos.

  • Pasamos a una pastelería para comprar los típicos dulces marroquíes hechos con

  • almendra y miel, ya con las maletas en la furgoneta. De camino a Tetuan paramos en

  • algunos puestos de cerámica a pie de carretera para hacer las últimas compras, sin

  • entretenernos demasiado ya que teníamos que coger el barco de las cuatro sin falta y

  • aún había que pasar la frontera. Mucho más rápido que la entrada, llegamos a

  • territorio español con tiempo de sobra para compartir unas latas de cerveza tan

  • deseada y escasa en Marruecos. Embarcamos y en menos de una hora estábamos

  • en Algeciras, donde Miguel y Patri nos despedimos de los demás en la estación de

  • autobuses, para coger un bus a Málaga.

  • Bibliografía.-

  • Marruecos. Guía Viva. 2006/2007

  • Tánger, Tetuan, Chaouen y el Norte de Marruecos. Guía Viva. 2006/2007

  • Distintas páginas web

 

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