El día antes, viernes 28 de julio de 2006
El sueño se hace realidad:
Tras mas de un año de
insistencia por parte de nuestro gran amigo Isi,
para poder llevar a cabo el descenso íntegro
del Guadalentín (P.Nat. Cazorla), por fin se dan
las circunstancias propicias para que asistieran
al evento, desde Sevilla: el gran Isi “Profeta
del Alfarafe”, escoltado por su mítico escudero
“Mena” y a su vez acompañados por Rafa Flores
“El Mago Gandalf de la Serranía” que partiendo
desde Ronda, quedó con ellos en Sevilla. Y desde
la Costa del Sol: Juan Antonio “El Elfo de la
Malagueta”, Paqui “La Reina del Chocolate”, Juan
Carlos “El Portador del Anillo”, Pablo “el biri”
y Juani “Comandante Preston”. En el camino hacia
Cazorla hicimos varias comunicaciones vía móvil
para comprobar la situación y el tiempo estimado
de llegada al punto de encuentro “Camping de las
Herrerías”, a donde llegaba el grupo de Sevilla
poco después de las 21.00 h., a las 21.30 h.,
el grupo de Málaga hacia su entrada por el
espectacular pueblo de Cazorla con el telón de
fondo de sus impresionantes farallones rocosos,
que con el armónico conjunto de casas encaladas
en perfecta armonía con “El Castillo de la Yedra”
y su entorno, bañados por los últimos rayos de
sol, de aquel viernes 28 de julio, conformaban
una estampa imposible de olvidar para quien
escribe estas líneas.
Pasadas las 22.15 h. una hembra
de gamo nos daba la bienvenida al 2º grupo,
junto a la misma entrada del “Camping de las
Herrerías” produciéndose el histórico encuentro
largamente anhelado. Coincidiendo a su vez con
la llegada de otros amigos de Málaga que se
unían a nosotros: Oscar Gavira, María, Peter y
Sebastián. Allí estábamos todos a orillas de un
“recién nacido” Guadalquivir, muy cerquita del
famoso “Puente de Las Herrerías”, construido
para el paso de La Reina Isabel La Católica que
acompañada de sus huestes se dirigía a la última
batalla de la Reconquista. Planta de puente
romano en piedra labrada, bello complemente
bucólico para un entorno privilegiado.

Encontrándonos por encima de los
1.000 m. de altura sobre el nivel del mar y a
menos de 15º en permanente descenso, desechamos
la idea de hacer vivac y procedimos al montaje
de las tiendas, que con gran maestría y rapidez
fueron montadas, una vez acomodados, procedimos
a cenar frente a las mismas con las abundantes
viandas que cada uno había traído, bajo el mayor
manto de estrellas que mis ojos hayan visto
jamás. Sin demorarnos demasiado fuimos
acomodando las colchonetas y los sacos de dormir
para pasar la noche lo mas cómodamente posible,
en cuestión de minutos, cada uno fué ocupando su
lugar. Con la excepción del “Mena” e “Isi” que
fueron a tomarse un pelotazo al disco pub “La
Jara” de Arroyofrío distante a mas de 15 km.
entre curvas y montañas. Rápidamente el silencio
se apoderó del Camping de las Herrerías y el
fluir del joven Guadalquivir puso la nota de
música acuática en aquel remanso de paz, momento
mágico para un sevillano o andaluz de pro, que
siempre tuvo al Guadalquivir como telón de fondo
de mil “hazañas y conquistas”. El silencio de la
noche en Cazorla, tan sólo interrumpido de vez
en cuando con la llamado de algún buho,
transmitía paz y relax bajo aquel cielo
estrellado, hasta que de repente, pasadas las
4,00 am. entre histriónicas risas y carcajadas
llegaron el Mena y el Isi, recreándose con el
móvil en no sé que video, por fín a las 4,30 las
risas se tornaron en ronquidos.

Poco después de las 7,00 am ya
estábamos recogiendo las tiendas a excepción del
“Isi” y el “Mena” que con un fétido y fuerte
toque de corneta en dos tiempos a cargo de
“Rafaflo” fueron puestos rápidamente en pie,
viéndose obligados a desalojar su tienda de
donde Isi salió, muy malito, por los excesos de
la noche anterior….no daremos detalle de lo mal
que lo pasó en aquella primera hora de la
mañana.
29 de agosto de 2006
Descenso íntegro del Guadalentín,
el día mas largo
8:05 am. Con las razonables
dudas del por qué un conjunto de Sierras como
las de Cazorla, Segura y Las Villas todavía no
han sido declaradas “Parque Nacional” a pesar de
su gran riqueza faunística, botánica y fluvial
que da lugar a la mayor concentración de
nacimientos de ríos al sur de Europa, iniciamos
el recorrido dejando a un lado la pista que nos
hubiera llevado al nacimiento del Guadalquivir
para adentrarnos con los vehículos por una pista
forestal que atraviesa toda la sierra conocida
como: “Camino de las Navas”, después de dejar a
la izquierda el desvío hacia el Área
Recreativa de Linarejos, de donde parte
un sendero que te sitúa al borde de la
espectacular Cascada de Linarejos
(una de las más bellas de España). Continuando
por el Camino de “Las Navas” tuvimos la
oportunidad de encontrarnos varios ejemplares de
gamos, corzo y alguna que otra ardilla, como
alguno de los ejemplos más representativos de
los mamíferos del parque.

8:34 am. Pronto llegaría la
primera parada panorámica para contemplar desde
un mirador situado en la Cuesta del
Bazar, la inconfundible silueta de
“la meseta de los Poyos de la
Mesa” (1.635 m), donde nos hicimos la
primera foto de grupo, una de las montañas más
conocidas y características de la Sierra de
Cazorla, los dos picos que la constituyen están
separados por una amplia meseta a modo de
“portaviones”. Esta morfología es muy común en
todo el parque. Desde el mirador también
divisábamos a los pies de los Poyos de la Mesa
un pino seco que destacaba entre los demás, se
trata del Pino Abuelo, el más
anciano de toda el área de la Sierra de Cazorla.
(En los Poyos de la Mesa tuvo Félix Rodríguez de
la Fuente su campamento base para los episodios
sobre la cabra montés). Continuando en todo
momento por la pista principal, al llegar al
Collado Verde, dejamos a la derecha
la Nava del Espino con el cortijo
del mismo nombre, desde allí sube un camino
hacia los Poyos de la Mesa y una de las entradas
al impresionante Barranco del Arroyo de
los Tornillos de Gualay, otra de las
grandes joyas del parque en ese mismo
punto, de frente observamos el pico Cabeza
del Tejo (1.715 m) y un poco
más abajo dejamos a la izquierda un carril
cortado por una cadena que sube hacia el
Pico Calarilla (1.736 m), y a
continuación la Fuente de la Garganta,
de aguas tan frías como cristalinas, frente a
ella, al otro lado del carril, existe un tejo y
además pudimos ver un muflón solitario. Poco
después cruzamos el Arroyo de la Garganta
por un pequeño puente y descendemos hasta pasar
junto a la Nava de San Pedro, uno
de los pocos espacios en la sierra destinado al
cultivo. En este lugar se encuentra el centro de
cría en cautividad del quebrantahuesos,
reintroducido hace poco. Aquí también se
encuentra el Cortijo del Tío Dionisio,
regentado por Dionisio, un hombre hospitalario
que comenzó ofreciendo café a los
excursionistas, que mas tarde montó un bar para
las excursiones de 4x4 y terminó abriendo el
actual restaurante.
Poco antes de llegar a la Nava
de San Pedro, dejamos a la izquierda unas
curiosas formaciones pétreas llamadas La
Hoyica y Cueva de la Encantá,
lugar donde Félix R. de la Fuente filmó el
águila real acosando a la cabra montés hasta que
la despeña. Después de la Nava de
San Pedro cruzamos el Arroyo de la Rambla
que, unido al Arroyo de la Garganta, forma el
Arroyo de San Pedro, uno de los
primeros aportes del Guadalentín.
8:50 am. Llegada al paraje de
La Trinchera, lugar donde dejamos los
coches y desde donde obtenemos espectaculares
panorámicas a vista de pájaro del Barranco
del Guadalentín, los impresionantes
picos que constituyen la cuerda del Tranco
del Lobo (1.761 m), muy parecida a la
Sierra del Pinar, en Grazalema, por delante
nuestra destacan los riscos afilados de la
Loma del Caballo de Poyo Manquillo (1.628 m),
y en días claros se obtiene una magnífica vista
de Sierra Nevada. Destacan por encima del
barranco los picos Picón de Juan Hernández
(1.491 m), Cerro del Enjambre
(1.347 m), Cerro de la Yedra
(1.548 m), Caballo de las Águilas (1.681 m),
así hasta culminar por arriba en la Sierra del
Pozo, con su máxima altura en el pico
Cabañas (2.028 m), y a su derecha la
loma caliza del Calar de Juana (1.887 m).

9:15 am. Con el grupo del amigo
“Oscar Gavira” algo retrasado, a pesar del mas
que prudencial tiempo de espera para empezar a
caminar juntos, iniciamos la bajada por un
carril cortado con cadena donde los pinos le van
cediendo protagonismo a lo que en sus orígenes
tuvo que ser el gran bosque de encinas, el
cómodo descenso nos permite recrearnos en las
magníficas vistas que tenemos de “El Tranco del
Lobo” y “La Loma del Caballo de Poyo Manquillo”
dejando el Cortijo del Vado de las
Carretas a nuestra izquierda, para
llegar en pocos minutos al paraje del Vado
de las Carretas, lugar donde done por
primera vez saboreamos las cristalinas aguas del
Guadalentín, realizando la 1ª parada de
reagrupamiento que mas de uno aprovechó para
hacer “aguas mayores” (lejos de las aguas del
Guadalentín) o por ejemplo para hacer la 1ª foto
de grupo en el río.


10:20 am.Tras cruzar el puente de
piedra sobre el arroyo de San Pedro, tomamos la
senda de pescadores por donde transita la 1ª
parte de este precioso recorrido, con todo el
grupo en fila india caminando por la orilla
derecha del río según el sentido de la
corriente, siempre río abajo. En el primer
kilómetro de este itinerario, el contacto con el
agua es meramente visual, hasta que se llega al
“Charco de la Lastra” donde el agreste perfil de
ambas orillas queda encajonado por agrestes
rocas que prácticamente nos obliga a saltar al
agua, donde mas de uno pudo comprobar su pureza
y su “casi granizado” frescor.


11:55 am. Sin prisas pero sin
pausas llegamos a la desembocadura del Arroyo de
Los Tornillos de Gualay, donde nos vemos
obligados a saltar sobre los antiguos pilares
del puente, como si se tratara de superar una
fase de la “Play Station”, este lugar se
encuentra al final del tramo
de la Cerrada de la
Canaliega, siendo el Arroyo de Los
Tornillos de Gualay, el principal tributario del
Guadalentín. El nombre de este río significa
“Arroyo de los dioses”. Lo de “Tornillos”
proviene del nombre que los lugareños le daban a
los fósiles que aparecían en el río, y Gualay es
una palabra árabe. En este bello paraje hicimos
la 2ª parada técnica del día, donde la mayor
parte del grupo se lanzó desde considerable
altura a las profundas y cristalinas aguas del
Guadalentín cuyo cauce aún en sombra mantenía
sus aguas a una temperatura que cortaba la
respiración. Aquí fue donde definitivamente el
grupo de “Oscar Gavira” se separó de nosotros
para intentar remontar el “Arroyo de Los
Tornillos” a pesar de las advertencias de Isi
sobre sus dificultades y peligros.

Unas veces por la orilla
izquierda y otras por la derecha la senda de
pescadores se transformaba una y otra vez en
vertiginosas y estrechas cornisas por las que
había que caminar con sumo cuidado para evitar
la caída por paredes verticales que en algunos
casos superaban los 20 m. de altura.
Especialmente la última cornisa transmite tal
sensación de vértigo que a mas de uno le
temblaron las piernas y a punto estuvo de darse
la media vuelta.

12:30 pm. Con ritmo vivo
avanzaba el grupo viéndose obligado de vez en
cuando a saltar sobre cristalinas pozas con
intermitentes tramos de nado, entre pequeños y
medianos desfiladeros con formaciones de lo mas
curiosas que hubieran hecho las delicias de
cualquier geólogo, impresionaba caminar junto
aquellas grandes oquedades rocosas frutos de la
erosión, o por ejemplo altas paredes marcadas
por tobas calcáreas que en un determinado lugar
llegaron a recordarme al famoso paraje de “La
Garganta Verde” entre Grazalema y Zahara de La
Sierra, viéndonos obligados en algunos puntos a
caminar bajo enormes moles de piedra cuya base
había sido erosionada por el mismo cauce del
río, de manera que a en muchas ocasiones tenías
la sensación de una inminente amenaza de
desplome de cualquiera de las paredes bajo las
que íbamos nadando o caminando por aquellas
cristalinas aguas que iban tomando un tono
turquesa conforme el sol iba ganando altura.


Y así fuimos atravesando tramos
de nado cada vez mas frecuentes, que con el
calor del medio día nos proporcionaban, ahora
sí, una agradable sensación de frescor, con
relajados baños en los “Charcos de Lenguaciervo”,
de “las Truchas” o de “La Cuna” donde a eso de
las 14:20 pm. disfrutamos de un gratificante
almuerzo, excepto para nuestro amigo “Mena” cuyo
bocadillo quedó impregnado por el fétido olor de
alguien que sin duda alguna se tenía que haber
“cagado” en el paso por las vertiginosas
cornisas de la senda de pescadores. El lugar
donde almorzamos era el punto mas lejano al que
había llegado nuestro amigo Isi en sus
anteriores descensos del Guadalentín, es decir:
por delante “territorio comanche” y la vaga
referencia de un cálculo a ojo de buen cubero
visto sobre un mapa, que rara vez suele
coincidir con la distancia que uno se imagina.

14:50 pm. Ante la incertidumbre
de la distancia que nos faltaba por recorrer
hasta el final del trayecto y las posibles
dificultades que nos aguardaban, reemprendimos
la marcha con renovadas fuerzas, en principio
con tranquilos tramos de nado, donde me iba
recreando con el fondo del río a través de mis
gafas de natación. En un determinado momento,
algo que en un principio me pareció una rata
gigante me pegó un susto tremendo, pero
siguiendo su estela a través del fondo del río
pude comprobar un instante antes de desaparecer
que se trataba de una nutria. El grupo avanzaba
mas o menos compacto hasta que llegamos a una
zona de salto obligado donde tras caer al agua y
comenzar a nadar, me pegué un rocetón con el
tronco de un árbol sumergido, que en su momento
me dolió bastante, pero al que no le di
importancia con la mente puesta en llegar al
final de la ruta.

16:20 pm. Conforme avanzaban las
manecillas del reloj y viendo que lo que Isi
había estimado no coincidía con la realidad la
preocupación por llegar al final de trayecto fue
en aumento, lo que llevó al Maestro Gandalf a
ponerse en cabeza, acompañado por el Isi y el
mítico Mena, que llevaban una velocidad de
crucero algo superior al resto del grupo donde
nos econtrábamos: Juan Antonio, Juan Carlos,
Caqui, Juani y mi sobrino pablo al que ya
comenzaban a flaquearle las fuerzas cada vez
mas, tanto por la falta de costumbre en este
tipo de rutas como por los constantes cambios de
temperatura entre los tramos caminando por fuera
o con el agua por las rodillas y los obligados
tramos de nado cada vez mas largos y angostos,
que en muchas ocasiones nos recordaban a Las
Angosturas del Guadalmina, pero multiplicando
por diez su longitud en los tramos mas largos,
que cargados con las mochilas comenzaban a
hacerse cada vez mas duros pasando de la
diversión a la preocupación de quien tenía que
entrar a trabajar aquella noche alas 0.30 am. en
Torremolinos, sin existir ni una sola vía de
escape en todo lo que faltaba de trayecto. En un
momento determinado me paré a orinar y fue
entonces cuando sentí como si me salieran
cuchillas de afeitar, por donde ustedes ya se
imaginan, fue ahí donde me dí cuenta que me
hebaía hecho un corte en el peor lugar posible.
Poco después, el largo tramo de obligado nado
conocido como “Los Estrechos de Pérez” que en
otras circunstancias hubieran sido motivo de
disfrute y regocijo para todos, se tornaron en
un paso angustioso para “Pablo” que acostumbrado
a la intensidad, pero corta duración de sus
partidos de baloncesto, ya no tenía mas fuelle
para continuar esta maratoniana ruta, que en su
octava hora desde el comienzo ,parecía no tener
fin.

17:50 pm. Hacia ya mas una hora
y media que habíamos perdido el contacto con el
trío de cabeza, cuando decidimos tomarnos un
respiro en el tramo intermedio de un extenso
pedregal, mientras tanto, “El Portador del
Anillo” movido por la curiosidad y la
incertidumbre de lo que parecía no tener fin,
decidió adelantarse unos centenares de metro
hacia lo que parecía la entrada de un profundo
desfiladero. Cuando minutos mas tarde
escuchábamos su voz gritando: ¡Están aquí, ya
hemos llegado!, no nos lo podíamos creer, el
subidón de euforia nos hizo que renovar fuerzas
y con gran entusiasmo y curiosidad llegamos a la
entrada del desfiladero cuya altura llegaba a
superar los 80 m. en algunos puntos, al igual
que en el “Desfiladero de Los Gaitanes” ambas
paredes estaban unidas por un vertiginoso puente
donde ya se encontraban saludándonos Rafa, Isi y
Mena, por fín llegamos a la Cerrada de la
Herradura, donde se forma la cola del
Pantano de La Bolera, para salir de allí tuvimos
que nadar un largo y profúndísimo tramo de nado
entre paredes interminables que por fín
comenzarón a abrirse manteniendo aún una fuerte
inclinación, por donde cada uno subió como
buenamente pudo, hasta llegar al vertiginoso
puente donde por fin nos reagrupamos todos a eso
de las 18:00 pm.

Sin tiempo para intercambiar
impresiones, comenzamos el retorno con renovados
bríos, por el camino conocido como la
Cañada del Mesto, antes de dejar
definitivamente atrás el Embalse de la
Bolera. Conscientes de que había que llegar a una hora determinada por
compromisos profesionales, el retorno se
convirtió en una auténtica contra-reloj desde un
principio, llegando a alcanzar un ritmo
trepidante a pesar de la permanente pendiente
del sendero bajó un sol de justicia, que tras un
tramo llano que agradecimos enormemenete nos
llevó por los Praos del Muerto,
dejando a nuestra derecha agudos puntales como
los Torcales de Catalina o la
Morra de las Cobatillas, sin perder
altura a veces llaneando y la mayoría del tiempo
en permanente ascensión, pasamos junto al
Cortijo del Puntal de Ana María, y por
fin, al llegar al Cortijo del Raso del
Peral, iniciamos una suave y prolongada
bajada hasta el Vado de las Carretas, donde
aprovechamos para refrescarnos un poco.

Yo con las “entrepiernas” en
carne viva por las rozaduras y “la cabeza del
miembro” cada vez mas ensangrentada ya no sabía
como caminar. Pero todavía quedaba lo que a la
postre se convertiría en la auténtica puntilla
del día: el tramo de mas de 3 km. que aún nos
separaba de los coches, ubicados en “Las
Trincheras” por donde habíamos descendidos 9
horas antes en animadas charlas previas a
nuestro primer encuentro con el Guadalentín. Esa
fue la puntilla para algunos, aunque también se
puso de manifiesto la excelente forma física del
Rafa Flores, Juan Carlos y Juan Antonio que
junto a un recuperado Pablo coronaban en primer
lugar “Las Tricheras” poco antes de las 20:00 pm.,
seguidos de un voluntarioso Juani que veía las
estrellas a cada paso, Paqui, a quien ya no le
llegaba el aire y muy atrás, pagando los excesos
de la noche anterior y el fuerte ritmo de la
ida, el Isi y el Mena cerrando el grupo y
completando de esta manera los mas de 20 km. de
ruta, tras mas de 10 horas de marcha por terreno
accidentado.
La Odisea del camino de vuelta:
20:05 pm. Sin tiempo parar
recuperar el resuello tras el extenuante último
tramo de subida, y con las cantimploras tan
secas como nuestros labios, iniciamos el camino
de vuelta, con la imperiosa necesidad de llegar
a la “Fuente de la Garganta” que nos cogía de
camino, donde afortunadamente pudimos saciar
nuestra sed con un agua tan pura y fresca como
la mejor que se pueda anunciar en tv. Todavía
por el tramo de carril nos encontramos con un
grupo de gamos que tras observarnos con
curiosidad durante un instantes iniciaron una
corta carrera hacia una zona mas espesa del
bosque de pinos para conservar su intimidad. Una
vez que enlazamos con la carretera del Parque,
nos volvimos a encontrar con un grupo de 4
preciosos ejemplares de machos de gamos con
grandes cornamentas que tras observarnos todos a
un tiempo, emprendieron una pequeña huida con
una elegante forma de caminar que rallaba en la
perfección, todos a un tiempo y con una
facilidad insultante por una empinada ladera,
atravesando la carretera de derecha a izquierda,
mientras nos recreábamos en tan poética estampa
con el coche parado.

Si el día antes la preciosa
localidad de Cazorla nos daba la bienvenida con
las últimas luces del día, ahora nos despedíamos
de ella con un poético atardecer, que pudimos
contemplar desde una privilegiada situación
conforme íbamos bajando por la carretera de la
sierra recreándonos con el sol convertido en una
gran bola roja que se iba recortando con las
montañas del horizonte.
Con el cansancio acumulado de
todo el día, las pocas horas de sueño sobre
suelo duro de la noche anterioir y siendo ya mas
de las 21,30 pm. Mientras dejábamos atrás
Cazorla, emprendíamos el regreso con casi 300
km. por delante, entre Málaga y nosotros, con la
imposible misión de llegar a Torremolinos antes
de las 0,30 pm., para que yo pudiera llegar a
tiempo de entrar a trabajar de D.J. En un alarde
continuo de disciplina militar y gran maestría
al volante,fuimos atravesando media Andalucía de
la mano de Juan Carlos “El Portador del Anillo”,
mientras los demás fueron cayendo en una especie
de letargo, sin fuerzas ya nisiquiera para
hablar y con agujetas en el culo, lo cual se
puso de manifiesto a la hora de salir del coche
para recuperar los vehiculos en la gasolinera de
Casabermeja, done habíamos quedado el día
anterior, yo mismo con los muslos escozidos y el
miembro ensangrentado, a penas tuve fuerzas de
conseguir llegar al mostrador para pedir mi
obligada lata de “red bull”. Desde allí me fui a
toda velocidad hasta Torremolinos, llegando ya
pasada la 1:00 am. con la suerte de que “los
novios” aún se demoraron 20 minutos mas en el
reparto de regalos, empezando a pinchar a eso de
la 1:20 am.
Mientras tanto, una hora mas
tarde llegaban a “Montequinto”, Sevilla, los
otros miembros de la expedición el 4x4 del Isi,
que llegó literalmente reventado luchando
durante casi 400 km. contra el sueño, con la
ayuda de Rafa Flores, que le venía hablando para
no quedarse dormido, aunque el “Maestro” también
cayera finalmente en un profundo sopor, tal y
como le pasara al “MENA” que vino tumbado en el
asiento de atrás durante todo el camino de
vuelta durmiendo como un bebé. Cuando Isi llegóa
su casa y se acostó, todo le daba vueltas a su
alrededor, hasta que por fín cayó en los brazos
de Morfeo.
Ahora a “Rafa Flores” le quedaba
el momento mas temido del fin de semana, tras la
efusiva despedida con sus compañeros de ruta. El
último tramo de coche entre Sevilla y Ronda, y
para no caer en el sueño que ya le dominaba, que
mejor que buscar el programa de parapsicología
de “Iker Jiménez” (Tercer Milenio, sábados noche
en la Cadena Ser), que curiosamente trataba esa
noche sobre “Aparaiciones y Desapariciones
misteriosas” ocurridas precisamente a lo largo
de esa carretera entre Sevilla y Ronda, si a
esto sumamos lo aprensivo que es Rafa con estos
temas, no nos extraña que el día siguiente nos
comentara vía móvil, que le parecía ver como se
iba levantando una espesa niebla a lo largo del
camino tal y como avanzaba el programa,
encontrándose con la autoestopista misteriosa en
cada curva del camino, un camino que según él
parecía bajar permanentemente entre los límites
de la realidad y los grandes desfiladeros que
habíamos contemplado ese mismo día en Cazorla,
hasta que por fín, a la altura de Algodonales,
ya despertó de su pesadilla reconociendo el
lugar y sintiéndose a salvo. Llegando a Ronda
cerca de las 4:00 am.
Minutos mas tarde, en
Torremolinos tenía yo, la gran suerte de que
terminara la sesión de baile (sin provocarlo),
así que ahora me tocaba enfrentarme a mí a mi
pesadilla particular: ¿qué me diría el doctor
sobre mi órgano…me tendría que dar puntos en la
punta…me tendría que pinchar…? Como quien va a
sacarse una muela me presenté en Urgencias de
Fuengirola a las 4:30 am. encontrándome con una
tremenda mujer al otro lado del mostrador que
con voz “ronca y desafiante” me preguntaba: ¿y a
ti que te pasa?...viendo que no me salían las
palabras exactas, la señora terminó
sentenciando: ¡vamos, que se te ha rajado el
pene!....Siéntese ahí que ya lo llamarán…a los
pocos minutos: ding, dong, ding, Juan Ignacio
Amador pase a la consulta número uno: Cuando
entro y para mi sorpresa, me encuentro con una
chavalita morena delgadita y guapísima,
automáticamente sentí que algo se movía por mis
pantalones, y cuando le termino de contar lo que
me ha pasado, la doctora me dice: “¡en fín!,
enséñeme “el órgano”, túmbese en la camilla y
bájese los pantalones…(menudo corte), cuando yo
me bajé los pantalones y “el miembro” saltó como
un resorte hasta yo me asusté, (comentarios de
la doctora mientras me palpaba “el miembro” con
sus guantes de goma): ¡bueno, bueno tranquilo,
esto no es tan grabe como podría parecer:
póngase “Vetadine Vaginal” (especial para zonas
húmedas) tres veces al día y siga tomando “Ibuprofeno”.
Aquel mismo día por la tarde
todos estábamos ya bastante recuperados y nos
reíamos entre llamadas y mensajes, pero cada uno
de los protagonistas de la expedición, vivió su
pesadilla particular, como si el viaje de vuelta
se hubiera convertido en una “Odisea” a pequeña
escala.
Crónica y fotos: Rafa Flores, Isi
Olivares y Juan Ignacio Amador