¡Y por fín llegó el
día! Tal y como estaba previsto,
no eran todavía las 8,00 am.
cuando ya empezaron a aparecer los
primeros participantes por la
estación de autobuses de Ronda,
comenzando puntualmente con el
reparto de hojas de la descripción
y mapa de ruta, regalo de
camisetas por gentileza del
Consorcio de Municipios “Valle del
Genal”, desfile de los “no
federados” para el control de
firmas de responsabilidad y entre
besos, saludos y presentaciones
nombramiento de todos y cada uno
de los 110 participantes, (salvo
las bajas de última hora y quienes
se incorporarían mas tarde), de
manera que en unos minutos
llenábamos los dos autobuses
poniéndonos rumbo al punto de
partida por la carretera
Ronda-Algeciras, donde el sol
iluminaba el paisaje con los
primeros rayos de aquella mañana
otoñal, mientras la imponente
silueta del Jarastepar nos
acompañaba por la izquierda, el
Cerro del Conio a la derecha,
pasando posteriormente junto al
pueblecito de Atajate y al Cerro
de Los Frailes hasta llegar a un
ensanche de la cuneta en el margen
derecho de la carretera, conocido
como “El Frontón” (720 m. aprox.).
Punto intermedio entre Benadalid y
Benalauría, desde donde comenzó la
ruta, tras la foto oficial de
salida al grito de: “¡perfecto!,
con el carismático Peñón de
Benadalid como telón de fondo.


Dado el alto
número de participantes, todavía
con los polares y chaquetones
puestos y la estrecha senda por
donde discurrían los primeros
metros de la ruta, iniciábamos el
desfile a cuenta gotas como si de
la cola del cine se tratara. Y es
que, por tercer año consecutivo,
el espectáculo de: “La Primavera
de Cobre” estaba a punto de
comenzar. Mientras, el cielo azul
se iba poblando de nubes blancas
arrastradas por el viento de
levante. Si bien, los tramos medio
y bajo del Genal no son tan
prolíferos en castaños como el
“Alto Genal” (también conocido
como la zona del “Havaral”:
Parauta, Igualeja, Pujerra,
Cartajima, etc… por donde se
realizaron las dos ediciones
anteriores). No quedan exentos de
rincones mágicos donde pequeños
bosques de castaños aportan un
espectacular cromatismo otoñal al
verde perenne de las encinas,
alcornoques y quejigos mas
abundantes en esta zona. Y para
demostrarlo al poco de iniciar el
recorrido ya íbamos caminando a la
sombra de los castaños amarillos,
sobre alfombras de hojarascas,
todavía con el imponente “Peñón de
Benadalid” a nuestra espalda,
hasta que rodeando la loma que
llevábamos a nuestra derecha
comenzábamos a ver las primeras
casitas blancas de Benalauría,
(667 m. y 476 habitantes) entrando
en el pueblo por su zona norte,
pasando junto a un antiguo
“lavadero”, todavía en buen estado
y reagrupándonos todos en la plaza
del pueblo, donde mas de una
aprovechó para ir al baño y
nuestro amigo “Salvador Moreno”
para batir un nuevo record del
libro Guinnes, haciéndose con el
bocadillo mas grande del mundo. Y
allí estábamos en la plaza del
pueblo con el caso urbano mejor
conservado del Valle del Genal,
con un laberinto de callejones y
rincones típicos adornados con
coloridas macetas que hicieron las
delicias de los amantes de la
fotografía y que a mas de uno
estuvieron a punto de confundir a
la hora de retomar el camino para
nuestra siguiente escala en
Algatocín.



Abandonando así el
pueblo de Benalauría por su
extremo sur, a través de los
empinados zig-zags de una pista
que pronto comienza a llanear bajo
los castaños amarillos, que con el
verde de las encinas y
alcornoques, nos brinda un
contraste, que junto con las
pinceladas rojas del zumaque,
adquiere el grado sublime de un
paisaje de ensueño por el que
tuvimos el privilegio caminar, en
el máximo apogeo de sus
cromatismos otoñales, sin dejar de
maravillarnos a cada paso. Y así
llegamos a un ramal de la pista
que sale a la derecha
correspondiente al “PR. A-238
Benalauría-Algatocín” por el que
nos desviamos, adentrándonos en un
bosque de encinas y alcornoques,
por una vereda escoltada a ratos
por hileras de chumberas y pitas
con su “arbolito característico”.


Mientras que un
pequeño grupo de compañeros que
iba haciendo de puente se desvió
por el camino de la izquierda que
baja hasta el río Genal,
continuando hasta Jubrique. Sin
embargo, minutos mas tarde
volvíamos a reagruparnos gracias a
la telefonía móvil y a los walkies
de cabeza y cola de grupo, a la
altura de una pequeña comuna
hippie. Donde reanudamos el
descenso por un cómodo carril,
abandonándolo poco después por una
vereda que sale a la derecha para
iniciar una prolongada ascensión
lo suficientemente exigente como
para dejar a la mayoría de
participantes en manga corta,
hasta llegar a la plaza de
Algatocín, donde corrieron ríos de
cerveza fresca y bebidas de todo
tipo que supieron a gloria, tras
una empinada subida de dos
kilómetros sin tregua.

Algatocín: 724 m. y
944 habitantes a los que se les
denomina con el gentilicio de
“gatos”. Esta localidad, se nos
presenta como una pequeña capital
del Bajo Genal, tienda de souvenir
incluida y equidistante de varias
poblaciones del valle.



Las vistas desde
Algatocín sobre el valle del Genal
con Jubrique al este nos regalan
otra de las postales de este
recorrido, pero si giramos la
vista al sur, es decir hacia donde
parte la pista que nos lleva a
Benarrabá por el “PR. A- 239” nos
encontramos con una loma
completamente cubierta de
castaños, formando un mar de
cromatismos otoñales, por el que
volvimos a adentrarnos, pasando
junto a otro somier a modo de
angarilla al lado de la cual se
encontraba la que a la postre
terminaría convirtiéndose en la
seta mas fotografiada de la
jornada.

Y entre castaños
continuamos caminando girando de
vez en cuando la vista atrás, para
disfrutar de las últimas vistas al
pueblo de Algatocín. Hasta que
después de girar una nueva loma
nos encontramos con una de las
postales mas bellas de la ruta: el
pueblo de Benarrabá con la
piramidal silueta de Sierra
Crestellina tal y como la vemos
desde el norte.




Llegando a
Benarrabá (522 m. y 561
habitantes), en suave ascensión,
bonito pueblo situado en las
laderas del monte Porón donde
decidimos hacer la parada del
almuerzo distribuyéndonos entre
los bares colindantes a la placita
del ayuntamiento y la plaza que
preside la ermita del Santo Cristo
de la Vera Cruz. Recreándonos, al
igual que podemos hacer en
cualquiera de los pueblo del valle
del Genal en sus bonitos mosaicos
de azulejos, que no sólo decoran
sus calles encaladas, sino que
además sirven de guía al visitante
para informarnos sobre su
historia, sus usos y costumbres,
el mapa de su término municipal,
sus rutas, etc…En este caso,
estando en Benarrabá recuerdo uno
que decía algo así como: “Desde el
Porón, aún la sombra del
desaparecido castillo pareces ser
vigía amable de tus hermanos:
pueblos vecinos. A pesar de tanta
pértiga de siglos, de tanta
historia concentrada, juegas a
esconderte travieso tras un cerro,
para reaparecer alegre en el Valle
del Genal. ¿Qué paleta no envidia
la profusión de colores de este
paisaje frondoso, los bosques de
robustos alcornoques y encinas,
salpicados de castaños amarillos,
la majestad alta y verde los
pinos?. En tus calles de
recónditos rincones y sobre el
empedrado hay una melodía, un
cante hecho susurro: la memoria
viva. A mediodía descubro tesoros
en tu despensa, recorro tus
arterias, oigo el río de tu pulso,
la mirada vuela a la cúpula azul
de tu iglesia”.



Reagrupados todos
en el ayuntamiento de Benarrabá a
la hora prevista, iniciamos el
último tramo del camino hacia
Genalguacil, por el PR. A-240 que
se vale del “camino de los
Castañales” para iniciar el
descenso hacia el Genal por una
cómoda pista, que abandonamos poco
antes de llegar al río, a través
de una senda que sale a la
izquierda y que nos lleva por el
último tramo del “Arroyo del
Infiernillo” hasta donde éste se
une al río Genal, justamente a la
altura del Prado de la Escribana
donde volvimos a reagruparnos,
junto al puente, con el telón de
fondo de las choperas amarillas
que engalanan de tonalidades
otoñales los márgenes del Genal,
como si de una gran serpiente
dorada se tratara, en medio de las
mil tonalidades verdes que lo
rodean. Y desde allí iniciamos la
empinada ascensión por la
denominada “Vereda de los Limones”
donde el cansancio acumulado de
los distintos toboganes que
caracterizan el trazado entre los
distintos pueblos del Valle del
Genal, comenzó a hacer efecto en
algunos miembros del grupo,
mientras el guía delantero y el de
cola iban animando la subida con
los “walkies” a modo de
retransmisión deportiva,
juntándonos todos frente a la
“Venta las Cruces” donde los
primeros ya iban por la segunda
cerveza y los últimos intentaban
recuperar el resuello, mientras
nos recreábamos en esa bonita
postal que podemos contemplar del
pueblo de Genalguacil, recostado
en la ladera sur del cerro
Benajarón.


Geanlguacil,
(588 m. y 543 habitantes), al
igual que sus hermanos del Genal,
se alza sobre una empinada loma,
dando origen a un trazado de
calles laberínticas y en pendiente
con trazado sinuoso. Con sus
casitas blancas, en muchos casos
de una sola planta que denotan su
pasado árabe. Hay que recordar que
estos pueblos fueron fundados y
habitados durante siglos por los
últimos moriscos tras la
reconquista de los reyes
católicos, hasta bien entrado el
siglo XVI, donde ya los impuestos
y las duras medidas de presión
contra ellos fueron tan duras que
se vieron obligados a abandonar la
península, dejándonos como
herencia esta serie de pueblos
preciosos, en perfecta armonía con
el paisaje del Valle del Genal,
una de las comarcas mas bellas y
desconocidas, no sólo de Andalucía
sino de España. El nombre del
pueblo, como todos los de la
comarca, viene del árabe. En éste
caso: “Gema al Wacir” (Los
Jardines del Minisro), lo que nos
hace suponer, que esta villa
perteneció a algún alto mandatario
de la época.
Habiendo llegado a
Genalguacil a las 17,30 pm. (una
hora mas tarde de lo previsto), no
quedaba tiempo material para
visitar el pueblo como nos hubiese
gustado, no obstante, mientras nos
dirigíamos hacia los dos autocares
que ya nos estaban esperando,
todos los participantes de la
travesía tuvieron la oportunidad
de comprobar, hasta que punto
llega la peculiaridad de
Genalguacil, habiéndose convertido
ya en un auténtico museo al aire
libre, donde el visitante puede
disfrutar de esculturas de todo
tipo, eso sí, hechas con
materiales de la zona, bien sea en
madera, piedra ó metal.
Y con la
satisfacción de haber completado
la ruta sin el mas mínimo
incidente, disfrutando de
magníficos paisajes y habiendo
conocido a muchos nuevos amigos,
regresamos a Ronda por el mismo
camino, mientras la noche caía
sobre nosotros y las lucecitas de
los pueblos del Genal, comenzaban
a verse en el horizonte como si de
un portal de belén a gran escala
se tratara.
Crónica: Juan Ignacio Amador
Fotos: Angel Romero, Rafa Flores y
Juan Ignacio Amador
NOTA: Esta breve
crónica no es mas que una
brevísima descripción del
itinerario y las sensaciones del
camino que compartimos los
integrantes de esta 3ª Travesía
valle del Genal. Pero, a todas las
personas interesadas en tener la
información mas completa, amena y
rigurosa de toda esta comarca les
recomiendo que compren el libro
“Valle del Genal, Guía del
Excursionista” de Rafa Flores
(Editorial La Serranía).
El día después
recibimos este e-mail de una chica
argentina que se había hecho socia
de Pasos Largos unas semanas antes
y que salía por primera vez con
nosotros:
Deciros
que lo pasé (y creo que todos en
realidad) super bien. Me gustó
todo. Intento retener algunas
imágenes porque considero que el
solo hecho de verlas ya nos hace
bien, poder compartir tanta
belleza que se nos regala sin
condicionamientos.
Me encantó escuchar el ruidito que
hacen las botas sobre las piedras
del sendero, los aromas que
desprenden las zonas cercanas al
agua, llenarme de colores y
también conocer gente que se
preocupó porque me integrara.
Me gustó conoceros, porque ahora
cada vez que reciba un mail,
tendréis un rostro simpático y
amigable detrás de las letras.
Gracias, porque con el trabajo que
ustedes hicieron, con el tiempo
que ustedes dedican a este grupo y
a la realización de esta ruta,
pude sentir que la vida me sigue
regalando cosas.