Estaba previsto que el primer
grupo se encontrara a las 18,30 h
en el área recreativa de
Quejigales para tomar rumbo hacia
la mítica cumbre de la Sierra de
las Nieves, aunque la lluvia,
sumada a la niebla y el mal tiempo
en general, hizo desistir de tal
aventura; por tanto, despositamos
nuestras esperanzas en una
sensible mejoría que nos
permitiera afrontar la ruta en
unas condiciones más propensas.
Efectivamente, a las 3,00 h de la
madrugada del día 27 de mayo, un
grupo de 16 soñadores nos dabamos
cita en el aparcamiento de la
venta El Navasillo, para
dirigirnos hacia el punto marcado:
Los Quejigales. La niebla en esos
momentos campeaba a sus anchas y
el moderado viento de poniente
golpeaba nuestros rostros a modo
de bienvenida. Por suerte, la
lluvia nos daría tregua durante
todo el recorrido, pero no así la
densa niebla, omnipresente y dueña
de la situación. Dado que la
cañada del Cuerno debia ser un
barrizal traicionero, apostamos
por subir por la pista de Pilones,
de esa manera nos encajamos a un
ritmo endiablado, en el puerto del
mismo nombre, donde el frío,
impropio para estas fechas,
registraba una temperatura de 4º.
Agrupados y en fila india tomamos
el sendero hasta el renombrado
puerto del Oso, esta vez no había
mosquitos molestos, y por primera
en 12 años, caminabamos sin luna,
atravesando la meseta de
Quejigales en un ambiente
fantasmagórico e irreal, tan sólo
mancillado por los jocosos
comentarios de Fernando,
que desdeñaba cualquier atisbo o
duda sobre en que mundo nos
encontrabamos. Pasadas las 6,30 h
estabamos en el Pilar de Tolox,
donde hicimos una breve parada
para tomar un tentempie y
vislumbrar la diosa Torrecilla,
más impresionante si cabe, en
estas condiciones tan familiares
para ella. El último tramo, antes
de coronar su cumbre, dejó
entrever las primeras luces del
día, y al llegar a su cumbre, los
tikas no eran ya necesarios.
Durante un tiempo tuvimos la
esperanza de aprovechar algun
claro que nos permitiera violar al
extrema belleza de los amaneceres
comtemplables desde esta atalaya
del poniente andaluz; pero el
monte es así, no hubo piedad tras
el esfuerzo.
La montaña, incluso en estas
condiciones, es agradecida, y en
el descenso, que realizamos por la
cañada de las Animas, pudimos
gozar de uno de los bosque más
explendidos, bellos y sugestivos
del planeta: en nuestras retinas
se plasmaron imagenes de ensueño y
durante mucho tiempo recordaremos
esa subida al Torrecilla, de
finales de mayo, con frío, niebla
y 16 corazones disfruntado sin
más.
Nos Vemos en las Montañas
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