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Salidas de "El Grupo" -
Temporada 2004-2005 |
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Translíbica
2004 Fecha: 25 y 26 de septiembre de 2004 |
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Son unos 30 kilómetros repartidos
en dos días de andanza por un terreno
enormemente quebrado pasando por todas las
cumbres importantes, permanentemente por encima
de los 1.000 metros sobre el nivel del mar y con
un desnivel acumulado de 4.400 metros: 2.200 de
ascenso y otros tantos de descenso puesto que el
inicio en Montejaque y el final en el Campamento
de Cortes se encuentran a idéntica altitud, 700
metros.
Pese a las previsiones
meteorológicas y a que el rocío empapa los
pastos de la subida hacia la Sierra de Juan
Diego al comienzo de la mañana, el calor no
tarda en hacer acto de presencia. Mientras
desayunamos cerca del Cancho del Zumbío, con
vistas a Benaoján y la Estación, nos damos
cuenta de lo duro que va a ser cumplir los
objetivos. En esta primera parte los cardos y la
hierba están muy altos, de modo que los que han
elegido los pantalones cortos caminan de piedra
en piedra para evitar los caillos en los
calcetines. Conforme subimos, los canchales
dominan y los canjilones entre los colmillos y
cuchillos de caliza dificultan enormemente
andar.
La primera bajada del día, desde
el Pico de la Ventana hasta el Puerto de Panduro,
nos pone de nuevo a prueba. Nos dividimos en dos
grupos seleccionando diferentes descensos que
resultan ser de idéntica dificultad. Cuando nos
reunimos en el Llano de los Cigarrones, en la
bifurcación de La Escalereta y la Vereda de Los
Vinateros, a la sombra de una piedra, tres de
los participantes deciden acometer una variante
algo menos bronca de andar: seguirán por el
camino de los Llanos de Líbar hacia el Puerto de
Líbar para reunirse allí con el resto. Antes,
Francis se ha tenido que marchar por temas
laborales pero promete volver en cuanto pueda.
Los demás vamos a pasar la peor
prueba de la Translíbica subiendo desde la Cerca
Benítez hacia el Hoyo de las Arenas. Los
primeros en llegar arriba, a las cuatro de la
tarde, hemos tardado una hora, agobiados por un
intenso calor que sólo se alivió con una ligera
brisa al hacer cumbre en el Pilón de la Zahibe.
Cuando nos agrupamos de nuevo los 13 senderistas
estamos exhaustos. Casi todos hemos agotado los
cuatro o cinco litros de agua que traíamos y
necesitamos descansar. Hasta las cinco y media
esperamos para salir de nuevo, ya con el sol más
bajo. Sin embargo, siete translíbicos más optan
por seguir los pasos del primer grupo y bajan
por el Hoyo del Artezón hacia la Fuente del
Saucillo para enlazar con el carril de los
Llanos. Más tarde nos veremos.
Los seis que seguimos en el
itinerario previsto nos encontramos con una
difícil tarea. Nos quedan tres cumbres que subir
y el mismo número de kilómetros por andar que el
que hemos hecho hasta ahora, ocho, sólo que
apenas si quedan horas de luz. Acordamos
continuar pero sabemos que se nos hará de noche
y que el agua se constituye como el factor
clave, de modo que no hay más remedio que llegar
al Puerto de las Arenillas donde hemos dejado 80
litros en garrafas. Hay que apretarse los machos
y conseguir llegar con luz al menos hasta el
Martín Gil.
Estamos en lo alto del Tunio
(1.330 m) a las seis y cuarto de la tarde y la
mole de la Sierra del Palo impresiona enfrente.
Cuando llegamos a su vértice geodésico (1.399 m)
dando vista a Jimera de Líbar una hora después
apenas damos crédito porque el ritmo ha sido muy
bueno. Sin embargo, el siguiente pico se ve
demasiado lejos con la luz cenital y la bajada
se adivina complicada. Cuando atravesamos el
Cordel de la Linde de los Tres Términos y
llegamos al Puerto del Pozo del Gastor estamos
empapados en sudor, las articulaciones comienzan
a quejarse y el sol ya es un recuerdo.
Necesitamos reponer fuerzas y beber.
Es noche cerrada cuando hacemos
cumbre en el Pico de Martín Gil en Sierra
Blanquilla, otra vez a 1.394 metros de altitud.
Abajo se ven las luces de Cortes de la Frontera
y de la Cañada del Real Tesoro mientras hablamos
con nuestros compañeros de los otros grupos. Han
llegado al Puerto de Líbar y encontrado el agua
pero no saben dónde está el lugar elegido para
vivaquear, de modo que deciden establecer el
suyo un poco más abajo. Nosotros no tenemos más
remedio que seguir, echando ya mano de los
frontales.
El terreno se complica por
momentos y en dos ocasiones nos vemos obligados
a volver sobre nuestros pasos debido a sendos
cortados. Tenemos que reagruparnos cada poco
para no extraviarnos y reponer fuerzas.
Atravesamos el frente del incendio que asoló
estas sierras en el verano y llegamos al Puerto
de las Arenillas a eso de las diez de la noche.
Nos ponemos en contacto con Francis que confirma
que va a subir a dormir con nosotros y, de
camino, porteará agua. Cansados como estamos
después de una caminata de 13 horas, optamos por
no bajar a reunirnos con los demás, que están a
más de un kilómetro bajando por una pedrera.
Montamos el campamento y damos
cuenta de la sopita caliente que tenemos bien
merecida mientras resuena el bramido de un
venado en la distancia y unas cuantas vacas y
ovejas comparten con nosotros el paraje. La
noche está estrellada, hace buena temperatura y
se ha levantado una brisa húmeda. A dormir.
Nos levantamos, todavía de noche,
a las siete de la mañana. Una densa niebla llega
hasta nosotros procedente del Guadiaro. Un
desayuno revitalizante con café, metemos de
nuevo los sacos en las mochilas y a las nueve
nos ponemos en marcha. Desde las distancia vemos
a los demás compañeros mientras nosotros nos
dirigimos hacia el primer reto de la jornada, el
Peñón de Líbar. Afortunadamente el día va a
estar nublado y el calor no va a ser la tónica
hoy, pero tenemos poca comida ya. A nuestro
favor, que hemos repuesto agua suficiente y nos
hemos desprovisto del peso adicional que
suponían los materiales del vivaqueo. Rafa Ríos
se encargará de bajar el material en el
todoterreno hasta Cortes.
En 45 minutos hacemos cumbre en
la sucesión de carramolos y cuchillos que
conforman el Peñón. El descenso se hace muy
penoso primero por los resaltes de piedra y
luego por el carrascal de Las Cañaíllas. Cuando
llegamos al Hoyo Alzao son casi las doce de las
mañana y El Cerrachón se nos pone delante con
sus 1.350 metros. Al llegar arriba se impone una
descansadita algo más prolongada. El día de ayer
nos pasa factura no sólo por los maltratados
pies, de modo que organizamos una comida comunal
y nos ponemos literalmente a devorar todo cuanto
traemos mínimamente comestible.
Bajamos hacia la Casa del Aljibe
y en los Llanos del Puerto buscamos la única
vereda en condiciones que vamos a utilizar en
toda la Translíbica, la de Breña Oscura. Esta
nos conduce al Pico de los Pinos, donde llegamos
a las dos y veinte, por primera vez lindando con
las tierras gaditanas. En el libro de piadas que
hay en la cumbre comprobamos que algunos de
nuestros compañeros ya han subido, pero
curiosamente no nos los hemos cruzado. Tras la
foto de rigor descendemos por Las Tarayuelas
buscando las crestas de roca y nos desviamos un
poco en busca de una sorpresa: una higuera de
higos blancos en Los Pelaos que nos saben a
gloria. Desde allí, la bajada se complica
bastante hasta Los Coloraillos para dos de
nuestros compañeros, que utilizan una tortuosa
pedrera y llegan hasta el punto previsto en los
Llanos de Pulga donde los recoge un coche de
apoyo.
El resto, pasamos por las
inmediaciones de los Cortijos del Algarrobo y El
Cañuelo y, por fin, nos reunimos con los demás
en el Campamento de Cortes a las cinco y media
de la tarde del domingo 26 de septiembre. De
vuelta a casa no estamos a tiempo de acercarnos
a Jimera de Líbar donde nos esperaba una comida
porque el evento ha acabado, de modo que
regresamos a Ronda con una parada en Benaoján.
Allí Elena, Enma, Fran, Jesús, Francis, Rafa
Ríos, Grazalema, Curro, Iratxe, Rafa Cordero,
Carlos, Javier, Juan Ignacio, Jorge, Moya,
Adriana y José Miguel brindamos por La
Translíbica del 2004 y por reunirnos de nuevo en
la del año que viene con mejor preparación
física y menos peso en las mochilas pero seguro
que con renovada ilusión y nuevos compañeros.
Hasta entonces.
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