Con los primeros
rayos de sol reflejándose sobre la
cúpula dorada del “Templo Budista de Benalmádena”, comenzaron a llegar
los compañeros desde distintos
puntos de Al Andalus, a lomos de sus
carros metálicos. Tras los
fraternales saludos entre
compañeros/as de batalla y la
presentación de algún nuevo amigo/a.
Nos trasladamos todos juntos hasta
el punto de inicio ubicado en
“Alhaurín de la Torre”, donde
nuestro Comandante arengaba a la
tropa que con “nervio y ansia”:
“¡Hermanos!, ¡si os veis cabalgando
solos por verdes prados, el rostro
bañado por el sol, que no os cause
temor, porque estaréis en el Elíseo
y ya habréis muertos!.¡Lo que
hacemos en vida, tiene su eco en la
eternidad!". Dicho lo cual nos
pusimos en marcha desde "La Venta El
Alemán" (Alhaurín de La Torre,
aprox. a unos 190 m. sobre el nivel
del mar).

Entre lujosas
mansiones con capiteles corintios,
ubicadas donde hasta hace pocos
años, sólo había campo, iniciamos
nuestra aproximación al pie de la
sierra entre fincas de aguacates.
Fruta exótica que no se conoció en
Hispania hasta muchos siglos después
de nuestro querido Marco Aurelio.
Reagrupados en
perfecta formación iniciamos la
ascensión por la mítica “senda de
Jabalcuzar” que discurre encajonada
entre las escarpadas paredes de Los
Tomillares al oeste y el Cerro
Jabalcuzar (ó Abalcuzar”) al este,
tras las cuales fueron quedando cada
vez mas encajonado a nuestra
espalda, el paisaje urbano de
“Alhaurín de la Torre” (según
cuentan, el pueblo con mas alcaldes
de España). Las empinadas rampas de
esta preciosa senda que discurre en
paralelo al arroyo Zambrano, a la
sombra de un frondoso bosque de
pinos y una exuberante vegetación
casi subtropical, unidas al arenoso
suelo, poblado de innumerables
guijarros, formados por los mármoles
fragmentados, tan característicos de
esta sierra, provocaron una
momentánea ruptura del grupo hasta
que nos volvimos a reagrupar en las
inmediaciones del “Puerto del
Canuto”, donde mi vecino y reciente
socio de Pasos Largos, Salva Vega,
lucía con orgullo su espectacular
tatuaje inspirado en “Abierto hasta
el Amanecer”.

Desde el “Puerto del
Canuto”, encrucijada de caminos,
iniciamos la conquista de nuestra
primera cumbre, que en este caso fue
el “Cerro de Jabalcuzar”(609 m.),
previo paso por una profunda sima
que conduce a “Los Pilares de la
Tierra”. No existe mejor mirador
sobre “Alhaurín de la Torre”,
“Churriana” y la Hoya de Málaga con
la capital al fondo. Desde allí,
fuimos caminando entre desdentadas
lascas, por una de las zonas de
cumbre de toda esta sierra, donde
mas se ha desarrollado el modelado
karstico, que nos muestra su perfil
mas agreste y accidentado, alrededor
del punto geodésico del “Cerro
Paloma” (602 m.) donde aprovechamos
para hacer otra parada técnica.
Privilegiado mirador sobre
Torremolinos, con su Palacio de
Congresos y su ciudad deportiva a
nuestros pies, así como su
prolongación hacia Guadalmar ó La
Carihuela, con “Puerto Marina” en
lontananza, donde el “Elfo de la
Malagueta” causa furor cada fin de
semana entre salsas y merengues.



De regreso al “Puerto
del Canuto” reanudamos la marcha por
la suave meseta de “Los Llanos de
Los Pajaritos” donde Jon Webster “El
Huracán de Sheffield”, Rafacor “El
Elfo de Los Dolomitas”, José Antonio
“Black Mountain”, Salva “Abierto
hasta el amanecer”, Ruth “La Ninfa
del Pisuerga” y El Luque, mas
conocido como “El Vigilante de la
Playa” ponían un ritmo diabólico
sacándole varios minutos al pelotón
principal, hasta que volvimos a
reagruparnos en “El Mirador del
Lobo”, donde nuestra ínclita amiga
“Vicky, La Botánica” justificaba el
haberse convertido en el fichaje de
invierno mas caro de la historia de
Pasos Largos, con una magistral
charla sobre la flora de la zona, de
la que habría estado orgullosísimo
el mismísimo Rafa Flores, también
conocido como “El Gran Maestro
Gandalf de la Serranía” (ausente en
esta edición por fuerzas de causa
mayor). No faltó en la charla el
correspondiente turno de ruegos y
preguntas en el que participaron
diversos compañeros que fueron
debidamente informados, con la
supervisión de Arturo “El Lince de
Rocigalgo”, profesional de la
zoología, también fichado por el
Ministerio del Medio Ambiente, que
nos honró con su presencia, muy
especialmente en esta ocasión en la
que participaba convaleciente de la
rodilla, al igual que algún otro
compañero como Juan Carlos Bernal
“El Motorista Fantasma” que tampoco
quiso perderse esta edición de la “Transmijeña”.


Tan pronto como
llegamos al “Puerto del Viento”(577
m.) donde ya se enlaza con la pista
que sube a la estación superior del
teleférico, evitamos la pista, para
seguir campo través la línea de
crestería que pasa por “La Peña del
Ahorcado” (649 m.) que recibe este
nombre por la curiosa forma de una
roca junto a la que pasó todo el
grupo, siendo uno de los puntos
donde mas fotos se hicieron
numerosos participantes. No
obstante, el tránsito por este tramo
entre rocas y materiales espinosos,
no estaba al alcance de las cortas
patitas de “Luna” la nueva perrita
de Juan Carlos “El Portador del
Anillo” y Paqui “La Reina del
Chocolate” que en su infinito amor a
los animales, se sacrificaron,
renunciando a continuar la ruta,
regresando por donde habían venido,
con la ventaja de haber llegado con
los coches en el punto de inicio, a
donde también habían llevado a Jon
con “Honey” y a Juani con “Chuckie”,
que todavía permanecían en carrera,
ahorrándose de esta manera el
siempre engorroso trasbordo final
hasta el punto de inicio. Nos consta
que llegaron bien y a tiempo para su
compra semanal del DECATHLON y la
comida para los canes, si bien nos
hubiera encantado terminar todos
juntos.




Una vez superada “La
Peña del Ahorcado” volvíamos a
aterrizar en la pista por donde
bajaban a toda velocidad pequeños
grupos de ciclistas en plan
camicace, continuando el descenso
por la senda del “Arroyo de Los
Muertos” (después alguien se
preguntará por qué están en tan mal
estado algunos senderos). El caso es
que tras un breve reagrupamiento se
recordó que aunque la idea era
acceder al “Calamorro” (“a hierro”)
por el perfil mas agreste que
teníamos justo ante nosotros, las
personas que no lo vieran claro,
tenían la posibilidad de continuar
de una forma mas suave por la pista,
siendo ésta la opción que se vio
obligada a escoger nuestra compañera
Chari “La Perla del Aljarafe” y su
Angel de la Guarda que no es otro
que “El Guía del Desfiladero”, a
quien le hubiera encantado realizar
el escarpado tramo por el que
accedimos la gran mayoría de
participantes a la mismísima cumbre
del “Cerro Calamorro” al que
llegamos cresteando con “Fuerza y
Honor” con sensaciones muy aéreas y
algún paso de obligada trepada, que
le dio ese toque de aventura, marca
de la casa, que tanto nos gusta a
los “Pasos Largos”.




Pocos metros antes
de llegar a la cumbre, algunos
compañeros no dudaron en acceder a
la misma, mientras que el resto
hicimos uso de su red de empedrados
senderos con barandillas, para
acceder al cercano bar, situado
junto a la estación superior del
teleférico, donde disfrutamos de
magníficos refrescos y generosas
jarras de cerveza bien fría, con las
que tantas veces hemos soñado en
esas etapas de alta montaña en la
que te quedas sin una gota de agua
en mitad de ninguna parte, a varias
horas a pie del coche. Improvisando
de esta manera una fiesta
senderista, con ambiente de euforia,
tal y como reflejaban los cánticos
de samba entonados por Celia, “La
Hechicera du Sao Paulo” jarra de
cerveza en mano, ó la sonrisa de
oreja a oreja de Paco “El Bolichero”
que se ,marcó el detallazo de
invitarme a otra jarra digna de “La
Comarca”. Mientras dábamos buena
cuenta de las viandas con bebida
fresca y las energías totalmente
renovadas, nos maravillábamos, junto
a un puñado de guiris, cámara en
mano, contemplando la elegancia y
majestuosidad del vuelo que
realizaban las aves rapaces en un
centro de exhibición, tan cercano a
los bancos de madera donde
estábamos, que una de las monitoras,
nos pidió que atásemos en corto a
“Chuckie” para evitar que el águila
real, cayera en picado sobre él.


Reagrupados todos en
el la mismísima cumbre del
“Calamorro”, nos hicimos las fotos
de rigor con el telón de fondo de
las vistas anteriormente descritas
mas toda la zona de Benalmádena
pueblo, con la inconfundible silueta
del Templo Budista, sus campos de
fútbol, la plaza de toros, toda la
zona de Torrequebrada con Fuengirola
al fondo, bajo un radiante sol de
primavera que bañaba nuestra piel,
acariciada allí arriba por la brisa
procedente del cercano Mare Nostrum,
que teníamos a nuestros pies, cuyas
aguas azules, aparecían surcadas
desde allí arriba por pequeñas
embarcaciones de pesca y algún que
otro velero a la antigua usanza.

Sin embargo, en
contrapartida, teníamos a nuestra
espalda, la apocalíptica cantera de
“Alhaurín de La Torre”, que requiere
una seria planificación de
recuperación medio ambiental para la
zona, si no queremos dañar
irreversiblemente el ecosistema de
esta sierra, que están arrancando
literalmente a grandes pedazos,
hasta el punto de hacer desaparecer
montañas y laderas enteras, a base
de dinamita y una atrocidad tras
otras, mientras los maletines siguen
pasando por debajo de las mesas de
los ayuntamientos responsables y las
máximas autoridades, se hacen los
sordos y los ciegos, mientras sus
cuentas corrientes suben como la
espuma y no se casan de hablarnos de
política medio ambiental y
desarrollo sostenido. De hecho, uno
de los motivos por los que estamos
realizando “La Transmijeña” es
porque además de sus magníficas
vistas litorales y sus mágicos
rincones. Sin duda, se trata de la
sierra litoral mas amenazada por la
cada vez mayor densidad de población
de la costa del Sol occidental, los
grandes proyectos urbanísticos que
han sobrepasado la barrera
psicológica de la autovía y las
innumerables canteras que están
destrozando literalmente esta sierra
donde todavía conviven zorros,
cabras montesas, tejones,
meloncillos, jabalíes, etc…, además
de albergar una amplia colonia de
pequeñas y medianas rapaces entre
las que destaca el águila culebrera,
el halcón peregrino, la lechuza, el
cernícalo ó el búho real, además de
la ya mencionada, pequeña colonia de
aves rapaces en proceso de
recuperación para exhibición que
tienen instalada junto a la estación
superior del teleférico como
atracción complementaria. Tampoco
faltan los reptiles entre los que
destaca un amplio número de
lagartijas que se nos cruzan cada
poco ó la víbora en las zonas de
mayor densidad de matorral.
El descenso del
“Cerro Calamorro” (771 m.), lo
realizamos por una empinada y
arenosa senda casi a tumba abierta
que nos lleva hasta el inicio de la
“Ruta de Los Cazadores” que forma
parte de la red de senderos de
Benalmádena, por la que en media
hora llegamos al enlace de la senda
que desciende por “El Circo del
Quejigal” donde se planteó con buen
ambiente de hermandad, la
posibilidad de llegar hasta el
“Cerro del Moro” popularmente
conocido como “Los Repetidores” ó
finalizar bajando directamente por
“El Circo del Quejigal”.


Algo menos de la
mitad del grupo se decantó por bajar
directamente por la ruta del “Circo
del Quejigal” entre ellos: Paca
Holgado “La Gacela de Villamartín”,
Jesús García, “Leoncio”, Reinaldo y
Manuela “Los Senescales de la
Bahía”, Ana y Fernando “Los Duques
de Juanar”. Precisamente, el amigo
Fernando me enviaba estas
impresiones de su descenso: Cuando
el grupo hubo llegado al Regajo del
Quejigal separamos nuestros caminos
no sin antes escuchar atentamente
las explicaciones de Juani sobre lo
que restaba de jornada. La opción
tomada discurre por una preciosa
cañada que deja a nuestra espalda el
circo del Quejigal mostrándonos
éste todo su esplendor cuando ya nos
hemos alejado un poco de él.
Seguimos un antiguo canal de aguas
que se dirige a Benalmádena. Es
visible y se conservan las casetas
de control, de las cuales
encontraremos tres a lo largo de la
senda. Continuamos sin pérdida
posible siempre paralelos al arroyo
Hondo en una bajada que cada vez se
hace más cómoda. Ya divisamos la
autovía, miramos atrás y por un
momento pensamos, ¿adónde estarán
los otros, habrán coronado el cerro
del Moro? ¿Bajarán por la Mina o por
el Quejigal? ¿Se les hará de
noche?...El último regalo que no da
la naturaleza, un bosquecito de
pinos bellísimo pero delicado, casi
pisoteado por los enormes pies de la
autovía. La A368, caemos sobre el
asfalto y nos dirigimos a la plaza
de toros, donde hay un bar guiri.
Carteles taurinos, decoración típica
andaluza, y en la tele el 6 naciones
de Rugby. Tras la cervecita, un
lento y saboreado paseo por las
calles de Benalmádena a la que
encontré muy bonita esa tarde.
Lástima que llegamos un poco tarde
al templo, podíamos haberle dado las
gracias a Buda por la parte que le
toca.


Mas o menos al mismo
tiempo que los compañeros que habían
descendido por la “Ruta del Circo
del Quejigal” llegaban a la fuente
seca, donde se encuentra un panel
informativo. El resto de la
expedición, coronábamos el “Cerro
del Moro” (939 m.), punto mas alto
del recorrido, donde el día antes, “
Forrest Gump Carlitos” y “ El
Comandante Juani” habían ocultado
tácticamente entre matorrales, diez
garrafas de agua, que supieron a
gloria justo cuando las cantimploras
estaban casi vacías. Tras las fotos
de rigor y con menos de dos horas de
luz solar, las circunstancias
obligaban a plantearse el dilema de
optar entre la opción casi inédita
del descenso por la “Ruta del Tajo
de la Sabia”, ó bien por la
espectacular bajada hacia el Templo
Budista por la “Ruta de La Cueva de
la Trinidad” final de ruta de la
anterior edición por la que optaron
la mayoría de participantes que se
encontraban allí, entre ellos los
“pura sangre” anteriormente
mencionados en el capítulo de la
escapada protagonizada por “Los
Llanos de Los Pajaritos” previa al
“Mirador del Lobo”, a los que se le
unieron Paco Leal “El Hombre de la
Cabeza Nevada”, Celia “La Hechicera
du Sao Paulo”, Pacop “El Bolichero”,
la debutante local “Mavi”, “El
Indomable Jaime”, la mayoría,
compañeros de una potencia
descomunal, candidatos a la próxima
edición de la “Translíbica 2008”,
como por ejemplo Héctor “El Caimán
de Puente Genil” que escribía estas
palabras:
Una vez hollado el
Cerro del Moro y agradecidos por el
maná que supusieron las garrafas de
agua fresca en la cumbre asaeteada
por ingenios metálicos, cual bravo
toro tras el tercio de banderillas,
una suerte de diáspora seccionó el
grupo en dos. Los que optamos por la
opción bautizada por el comandante
Juani como kamikaze, comenzamos la
bajada vertiginosa asomados a un
balcón de la costa del sol
occidental, sorteando matorral
bajo, rocas y piedras sueltas y con
el freno de mano asido en todo
momento para un eventual uso.

Pasado un tiempo, el
sendero perdió verticalidad y
comenzó a rasurar el monte cambiando
de orientación a intervalos
irregulares: tan pronto caminábamos
hacia el oeste como, tras un giro
brusco, sentíamos el tibio sol en el
cogote. El zumbido de la autovía,
monótono y gris, se hacia más
audible al tiempo que las casas
tomaban formas geométricas y dejaban
de ser lunares adornando las faldas
del monte. El pequeño grupo se
estiraba cada vez más, quedando
siempre en la zona media el
entrañable Rafa Cordero, como buen
pastor que guía a su. rebaño. Magda
“La Pimentonera de Águilas”, audaz
como ella sola, señoreaba también en
esta Ruta de La Mina de la
Trinidad, junto al noble Arturo,
mas conocido como “El Lince de
Rocigalgo”.
El astro rey se
debatía entre nubes inciertas,
pintando un atardecer sublime que se
empeñó en inmortalizar con su cámara
Jen (de las Supernenas),
consiguiéndolo al fin y emulando de
esta forma al mejor Carlos Tapia
El Retratista de Atardeceres.
Jennifer se retrasaba por su
insistencia en retratar el ocaso,
pero cuando corría para recuperar le
terreno perdido lo hacía flotando,
con donaire; era admirable verla
descender grácil como una gacela a
pesar de su estatura.
Dejamos atrás la
mina, no sin antes recoger alguna
muestra mineral, para liquidar ya el
último tramo de la ruta.
Construcciones en curso de ladrillo
y hormigón nos saludaron al entrar
en las primeras calles de
Benalmádena, alcanzando nuestro
destino, el templo budista, pasadas
las siete y media de la tarde. Aún
no había llegado el segundo grupo,
pero algunos no pudimos esperarlos,
teniendo que partir cual mochuelo a
su olivo.


Mientras tanto un
último grupo de “Pasos Largos”
completábamos el curioso tridente en
el que finalizaba nuestra “2ª
Edición de la Transmijeña” bajando
por la “Ruta del Tajo de La Sabia”
que combina un pequeño tramo tan
exuberante como la “Ruta del Circo
del Quejigal” con un denso bosque de
pinos, todavía próximo a la cumbre
del Cerro del Moro”, que
inmortalizaban con sus cámaras “El
Elfo de la Malagueta” ó Paco
Domínguez “El Reportero de las
Cumbres”. En plena bajada, Patri,
“La Chica que miraba a las
Estrellas”, nos deleitaba con su
desenvoltura y agilidad para
realizar grandes descensos, con su
pañoleta blanca de novicia al
viento. Mientras el “Alferez Don
Jesús” entonaba cánticos de sus
tiempos castrenses, mientras
contemplaba el atardecer sobre el
mar desde cada recodo del camino,
sin cansarse de repetir que las
vistas eran: “¡MAGNÍFICAS,
MARAVILLOSAS!”. Cerca ya del enlace
con el tramo final de la “Ruta del
Circo del Quejigal” próximos al
viaducto, decidimos aventurarnos por
una nueva senda que se dirigía hacia
la zona donde se encuentra “El
Templo Budista”, al tiempo que
comunicaba diversas casetas de
aguas, antaño alimentadas por los
manantiales que existían en las
numerosas cañadas que bajan por las
faldas del “Cerro del Moro” hacia
Benalmádena pueblo, que ya teníamos
a tiro de piedra.


A pesar de la
proximidad a la autovía, pasamos por
algunos parajes idílicos, salpicados
por exóticas flores que llevaron al
éxtasis a nuestra compañera “Vicky
La Botánica” que en esta ocasión
tuvo como guía espiritual a Rafa
Márquez, “El Aristóteles de la
Senda”. La noche cayó sobre
nosotros, cuando aún nos faltaba por
atravesar una última cañada por un
terreno cada vez mas escabroso, pero fue
precisamente en aquel instante
cuando “El Hombre que sabía
demasiado” sacó su frontal, cual
“Luz de Erendil”, iluminándonos el
tramo final del camino, mientras un
puñado de ratas de considerable
tamaño, nos miraban con caras de
alucinadas, cuando recorríamos los
últimos metros de ruta, atravesando
un tétrico túnel bajo la autovía. Llegando
en unos instantes y por segundo año
consecutivo, de noche, al templo
budista donde nos esperaban algunos
de los compañeros supervivientes de
esta edición de la “Transmijeña
2008” donde la opinión generalizada
fue de haber disfrutado de una ruta
muy entretenida y divertida en la
que nos lo pasamos en grande, sin
acabar tan cansados como el año
pasado, aunque con la dureza
suficiente para destrozar mis
inimitables pantalones naranjas
fosforitos, que conocieron en esta
ruta su último día de gloria.
Otros compañeros que
participaron en la “Transmijeña
2008” fueron: José Manuel Alonso
Bardón, Celia León Rodríguez,
Gabriel Tejero, Ana Mª Jurado y
Francisco Gómez Luy.
Crónica: Héctor
Jiménez, Fernando Jiménez y Juan
Ignacio Amador
Fotos: Juan Antonio
Mena y Juani