El domingo 20 enero
los Pasos Largos nos concentramos
en el precioso pueblo de Casares
para realizar una
bonita y entretenida travesía que
nos llevó desde el mismo pueblo,
hasta el punto más alto de la
Sierra Crestellina, el cerro de
las Chapas (948 m). El inicio es
un sendero de gran pendiente que
deja a un lado el arroyo Albarrán
para dirigirse a través de un
pinar hasta el refugio de
Crestellina, un lugar idóneo para
pasar un fin de semana en unas
instalaciones magníficas y que
gentilmente nos enseñó una de las
responsables. Desde aquí nos
dirigimos al mirador del Castillón
o de Cosalba, desde donde se
atisban unas impresionantes
panorámicas a Sierra Bermeja,
Casares, al campo de Gibraltar, la
bahía de Algeciras, Jimena de la
Frontera, San Pablo de Buceite y
el Parque Natural Los
Alcornocales, con sus cumbres
señeras del Aljibe y Montero. Tras
el esfuerzo que supuso la subida
hasta este punto, viene un terreno
más dócil y suave que nos conduce
a media ladera, rodeando el pico
de Casares y acercándonos a la
base del cerro de las Chapas. Los
pinares dan paso al bosque mixto
de encinas, quejigos y chaparros
y la trocha nos deja en una
plataforma arenosa con vista al
Valle del Genal, desde donde
afrontamos el tramo más duro de la
jornada, pero que nos llevará a
coronar esta inmejorable atalaya.
Desde la cima se otean los valles
del Genal y Guadiaro, los macizos
de Libar y Grazalema, todas las
sierras bermejas y el Monte del
Duque, el mejor bosque
mediterráneo conservado de la
provincia de Málaga y de telón de
fondo la Sierra de la Nieve y
Tolox, con la cumbre señera del
Torrecilla presidiendo la
Serranía. Con una temperatura
ideal, buenos horizontes y un sol
agradable comemos copiosamente
para posteriormente descender a la
plataforma y reemprender la marcha
hasta el puerto de las Viñas,
desde donde tomamos una amplia
pista que nos lleva a la fuente de
la Arquita, de excelente agua, y
el barrio alto de Casares.
Acabamos el día tomando un café
en el bar Mi Cortijo, donde nos
clavan descaradamente, tanto a
nosotros como a otros clientes que
están sentados en la terraza.
Apuntad el nombre del bar, porque
son muy careros y el servicio y la
higiene dejan mucho que desear. A
pesar del contratiempo nos vamos
con una bonita imagen de este
precioso pueblo, con el sol
trasponiendo por sus inmaculadas
azoteas y con las ganas de
reencontrarnos con los compañeros
en nuevas aventuras