El sábado, 3 de
noviembre amaneció
como un típico día
otoñal, con suaves
temperaturas y con
un cielo gris, que
nunca llegó a
amenazar con dejar
de caer la tan
ansiada lluvia. A
las 11,00 h nos
dimos cita en
Faraján un total de
27 senderistas
dispuestos a vivir
una bonita jornada
de campo. Comenzamos
a caminar por el
camino que baja
paralelo al arroyo
de la Pasadilla,
antes de afluir a la
pista asfaltada de
la venta La Vega
observamos el
antiguo lavadero del
pueblo, hoy en
desuso y abandonado.
Una vez en la pista
cruzamos al otro
margen para tomar un
carril paralelo que
se desprende poco
después a la
izquierda, sorteando
una angarilla que
dejamos cerrada.
Este camino
serpentea en busca
de la chopera que
atisbamos en una de
las vegas del río
Genal. Abandonamos
el carril y tomamos
el marcado sendero
que accede a la vega
de la Puente, donde
hallamos el vetusto
y viejo puente de
hierro, sitio
propicio para sacar
unas fotos.
Intentamos penetrar
por la maraña al
derruido molino de
la Puente, cosa que
dejamos para otra
ocasión (podeis
ver fotos del molino
en la crónica del
Grupo Extremo de
este verano: Vega
Larga-Venta La
Vega). Ahora
tomamos la marcada
acequia que discurre
paralela al río,
atrevesando una zona
muy tupida de
vegetación, que
viene a morir a la
pista asfaltada, ya
conocida. Subimos
unos metros para
desviarnos por un
carril terrizo que
surge a nuestra
izquierda, con la
presencia de
quejigos y madroños
en los taludes. El
almuerzo lo hacemos
en la amplia vega
que forma el arroyo
Balastar antes de
entregarse al Genal.
Al tiempo retomamos
nuestra ruta y
retrocedemos unos
metros para tomar el
antiguo camino del
Molino, hoy
habilitado para la
saca de las corchas
y para otros
menesteres
forestales. La
subida es pina y muy
dura, lo cual deja
marcado a más de
uno, despues se
dociliza y atraviesa
unos perezosos. Tras
pasar una cancela,
el carril se
encamina hasta
Faraján, aunque
nosotros nos
desviamos por el
sendero que baja
hasta el travertino
del arroyo Balastar,
un paraiso de
verdor, huertos,
frutales y chorreras
impresionantes. Tras
la visita,
regresamos al carril
y entramos en
Faraján. Los más
aguerridos, aún
tienen fuerzas para
visitar la segunda
chorrera del día. En
definitiva, una
bonita ruta para un
día de otoño en el
Genal.