El pasado
domingo 25 de febrero, el Grupo Extremo organizó
una salida familiar cuyo destino fue el singular
paraje de los Llanos de Libar, situado en los
límites del Parque Natural Sierra de Grazalema.
Aunque en un principio el día amaneció claro y
despejado, lo cierto es que conforme avanzaba la
jornada, los cielos se cubrieron y el frío se
hizo notar en algunos tramos del camino. Dejamos
los vehículos al final del Llano del Pozuelo y
comenzamos a caminar por la pista que nos
llevaría al cortijo refugio de Libar, en el
trayecto pudimos admirar magníficos ejemplares
de quejigo, con troncos retorcidos y ramas
peladas, que incentivan la imaginación de
quienes los admiran. Nos desviamos por un
momento del carril para acercarnos a la fuente
del Saucillo, en cuyo pilar habitan las
salamandras. Llegamos al inmenso Llano de Libar,
dejando atrás el refugio antes mencionado, al
fondo distinguimos perfectamente el peculiar
cerro de Libar y en la parte izquierda las Pilas
del Tunio, las laderas del Palo, por donde
desciende la vereda de la Nieve hasta el cortijo
de los Correos, y el enigmático Martín Gil,
donde antaño habitó el pinsapo. Afluimos a la
fuente de Libar y al Mojón de los Cuatro
Términos (Montejaque, Benaoján, Cortes de la
Frontera y Villaluenga del Rosario), como lo
atestigua el hito de hormigón y la inscripción
tallada en la piedra con un cruz y el año ¿?
ininteligible. Este es el lugar elegido comer.
El intenso frío hace que nos refugiemos bajo el
muro de piedras, el tiempo igualmente empeora y
unas amenazantes nubes nos advierten de que es
mejor regresar. Efectivamente, la niebla avanza
hacia nuestra posición y una fina capa de lluvia
comienza a caer, por lo que nos felicitamos de
la decisión adoptada. Casi llegando al punto de
partida avistamos un suzuki verde,
signo inequívoco de la grata presencia de
Paco Marín, que hace las delicias de los niños,
regalando lápices de colores. Acordamos ir a la
venta la Vega, donde tomamos cafe y nos
despedimos hasta el próximo domingo.