A la
costumbre iniciada unos años de
subir una cumbre emblemática cada
día de Andalucía, este año decidimos
otorgarle el honor a “la Maroma”,
techo de Sierra Tejeda y de la
provincia de Málaga, que no
encuentra montaña que la supere en
altitud, abarcando las provincias de
Córdoba, Cádiz, Sevilla, Huelva,
Badajoz y todo el sur de Portugal
desde Lisboa hasta el Cabo San
Vicente. Como toda gran montaña, “La
Maroma” tienes varias vías de
acceso, cinco son las mas conocidas
y de todas ellas, suele decirse que
la mas bonita por la riqueza y
variedad de su flora, es la que
parte del “Cortijo del Robledal”.
Que discurre por su cara norte,
siendo además el lugar donde mas
nieve nos encontramos en épocas de
nevada, además de resultar la vía de
subida mas asequible, pues son 965
m. de desnivel a superar, inferior
al resto de las alternativas.


A la hora señalada,
llegamos a “La Alcaicería” los
compañeros que aquella jornada
decidimos acudir a la tradicional
ascensión del día de Andalucía. Una
vez finalizada la ronda de saludos y
hecho un recuento general, volvimos
a montarnos en los coches para
completar los 5, 5 km. de pista que
desde allí existen hasta “El Cortijo
del Robledal” (1.100 m.), donde
ahora sí, mochilas y bastones en
ristre, nos hicimos la tradicional
foto de comienzo de ruta, con el
telón de fondo de los pinos que
pueblan la zonas medias y bajas de
las laderas de Sierra Tejeda. Por
los que se esfumaron inmediatamente
las siluetas de los rondeños “Portu”
y “Antonio El Rubio” que
protagonizaron la gran escapada del
día junto con“Jon, El Huracán de
Sheffield” haciendo honor a su
nombre y su perra “Honey” a los que
no volvimos a ver hasta la siguiente
foto de grupo, en el punto geodésico
y después de decir “un dos tres por
mí y por todos mis compañeros”,
volvieron a bajar a tal velocidad
que almorzaron en la “Venta-Hostal
de La Alcauca”.
Tras la impresionante
bronca que un pastor le echó a
“Chucky” por acosar sexualmente a
unas ovejas que estaban pastando por
detrás del cortijo, comenzamos a
caminar bajo un intenso cielo azul,
en pequeños grupos por el
espectacular bosque de pinos
resineros de repoblación, de
impresionantes dimensiones que
abundan en este primer tramo del
recorrido, donde también nos
encontramos con magníficos
ejemplares de cedros y “abetos de
Douglas”, traídos nada menos que del
estado de Oregón, en la costa oeste
americana, fruto de la idea de los
técnicos que en su día estuvieron
encargados de la repoblación de esta
zona y que además de aportar un
toque exótico, resultó ser un
acierto, a tenor del magnífico porte
que podemos apreciar, así como lo
perfectamente integrados que han
quedado en el paisaje con el paso de
los años. Como bien apuntaba “Carlos
Tapia” que aquel día hacía las veces
de anfitrión, mientras José Antonio
“Black Mountain” y Severo “El
Artesano del GPS” se integraban al
grupo.


Antes de darnos
cuenta ya estábamos en el primer
hito significativo del camino donde
la pista por la que vamos caminando
se desdobla, justamente en el km. 1
de ruta, a tan sólo 1.175 m., es
decir, solo hemos ascendido 75 m.
desde el inicio. De tal manera que
si seguimos de frente nos dirigimos
hacia “Los Barrancones” y desde
allí regresaríamos por un itinerario
distinto al “Cortijo del Robledal”,
pero obviamente, tomamos el desvío a
la izquierda, que como reza un
cartelito de madera, es la ruta
oficial para subir a “La Maroma”,
caminando entre grandes pinos, algún
que otro cedro y numerosos abetos de
Douglas, que ya dejamos de ver
cuando la pista se convierte en
senda, poco antes de llegar al
denominado “Collado 1” km. 2,5,
situado a 1.310 m. donde
aprovechamos para hacer la primera
parada de reagrupación, mientras
disfrutábamos de unas preciosas
vistas sobre el “arroyo de Los
Prestillejos” (ó de Los Barrancones)
donde todas las cámaras se pusieron
en funcionamiento.


Poco después de
abandonar el “Collado 1”, la senda
nos da una pequeña tregua, con
ligeros toboganes, para iniciar uno
asfixiante aunque corta subida en
zig-zag que nos lleva entre pinos
resineros y silvestres, hacia un
collado intermedio, donde pasamos
entre dos rocas en el lugar que
denominaban “Contadero” ya que el
ganado se veía obligado a pasar de
uno en uno. Y poco después se llega
al “collado 2” pudiendo ver a
nuestra espalda “La LLanura lacustre
de Zafarraya” al noroeste y la “Hoya
de Alhama” al nordeste. El siguiente
tramo discurre próximo al cordal de
una loma donde grandes lascas de
pizarra que se ven salpicadas por el
verde oscuro del matorral tapizante,
al tiempo que tenemos hacia el este
(a nuestra izquierda en el sentido
de la ascensión), el barranco del
“arroyo de la Solana del Esparto” y
al oeste, es decir, a nuestra
derecha, el barranco correspondiente
al arroyo de Los Prestillejos, cuya
cabecera está formada por
impresionantes farallones rocosos
que quedan muy próximos a la
antecumbre que ya tenemos a la
vista.


Hasta que llegamos al
denominado “Collado Rojo”, km. 4,3,
situado a unos 1.600 m, que nos
sitúa frente al último bosque de
pinos., por el que caminamos a
través de un ancho pasillo que se
abre ante nosotros. Superado este
último bosque de pinos empezamos a
encontrarnos con pequeños ejemplares
de arce y algunos tejos muy
dispersos que antaño poblaron estas
laderas en cantidad suficiente como
para bautizar a esta sierra como
“Sierra Tejeda”. Curiosamente
nuestra especialista en botánica
“Vicky” no los pudo reconocer hasta
que Rafa Flores “El Gran Maestro
Gandalf” le disipó sus dudas al
respecto. A continuación nos
aproximamos a uno de los tramos mas
espectaculares del camino donde nos
espera una sucesión de prolongados
zig-zags que discurren junto a las
paredes del precioso desfiladero del
Salto del Caballo a nuestra
izquierda y los impresionantes
cortados de “Los tajos del Sol” en
la vertiente contraria del “arroyo
Prestillejos”.




Hasta que por fín
llegamos al “Collado Lobera” km. 5,3
situado a 1.830 m. donde hicimos la
última parada de reagrupamiento,
previa al ataque final a la cumbre.
Muy próximo a la unión de sendas que
nos lleva a la variante del
manantial conocido como “La Tacita
de Plata” que dejamos a nuestra
izquierda. Allí estuvimos
descansando varios minutos, hasta
que unas oscuras nubes dignas de
Mordor, procedentes del norte,
comenzaron a inundarlo todo como por
arte de magia. Señal inequívoca para
reanudar la marcha hacia la cumbre,
en la que tuvimos especial cuidado
de que el grupo no quedara
fragmentado, ya que por momentos la
visibilidad se reducía no mas allá
de los 15/20 m. alrededor, mientras
íbamos caminando por esa bóveda
gigantesca que es la cumbre de “La
Maroma” a cuyo punto geodésico
llegamos con las bajas ya anunciadas
de un matrimonio argentino que
renunció en el último tercio de
subida y nuestra amiga Guille “La
Chica de las botas rojas” que tuvo
que abandonar cuando ya estaba en la
antecumbre por molestias en la
cadera, debido a una caída sufrida
en los días previos. Volviéndonos a
reagrupar todos alrededor del punto
geodésico donde no faltaron las
fotos de grupo con la bandera de
Andalucía y demás “guiones de guerra
de Pasos Largos”.


Afortunadamente antes
de abandonar la cumbre, el viento se
aplacó y las nubes se abrieron lo
suficiente como para plantearnos
realizar el almuerzo allí mismo.
Siendo el lugar escogido el
curiosamente, poco conocido “Mirador
de La Maroma” situado unos 100 m. al
sur del punto geodésico, junto a la
boca de la espectacular sima, de la
que durante muchos años se extrajo
nieve para abastecer de este
preciado elemento a los pueblos de
la zona antes de la existencia de
los frigoríficos domésticos, con un
rudimentario sistema de cubos,
extraídos con la ayuda de una
“maroma” de ahí el nombre de esta
impresionante montaña. Y desde allí
con el viento aplacado disfrutamos
de unas magníficas vistas sobre “El
Peñón Grande” ocultando casi
totalmente a “Canillas del
Aceituno”, “Salares” y “ Sedella” al
otro lado del “Barranco de Los
Almanchares” y mas al sureste
“Canillas de Albaida”, “Competa” y “Archez”,
que iban apareciendo y
desapareciendo conforme el mar de
nubes seguía pasando ante nosotros.





Una vez reanudada la
marcha decidimos regresar por una
senda paralela a la que traíamos en
el camino de ida, de manera que
fuimos caminando dirección sureste,
hasta situarnos sobre la misma
cornisa del siempre espectacular
“Tajo Volaero” donde una compañera
de “Saskia” del equipo de “Las Super
Nenas” no hizo honor a su nombre y
comenzó a caminar a cuatro patas,
con la cara cada vez mas blanca.
Hasta que Carlos Tapia “El
retratista de atardeceres” y
anfitrión de la ruta tuvo que
renunciar a su pasión de caminar al
filo de los precipicios y fue a
socorrerla, devolviéndola en unos
instantes a la tranquilidad de la
senda por la que ascendimos (ahora
ya en bajada), a los que se le
unieron “Saskia Walschburger” y Rafa
Ríos “El Hombre que balizaba los
caminos”., que por cierto no se
trajo su video cámara para grabar
esta ruta siempre hermosa y
espectacular donde las haya.




Una vez superados los
momentos de tensión el grupo siguió
caminando sobre el filo del “Tajo
Volaero” hacia “Los Tajos del
Morrón”, hasta finalmente desviarnos
a la izquierda para recuperar el
alomado cordal de Sierra Tejeda y
descender hacia el mágico paraje
donde se encuentra situado el
manantial conocido como”La Tacita de
Plata”, donde volvimos a
reagruparnos, retomando poco después
la marcha por una preciosa senda que
nos lleva por uno de los parajes mas
bellos y menos conocidos de Sierra
Tejeda, desde “La Tacita de Plata”
hasta la confluencia con el “Collado
Lobera”. Desde aquí hasta el
“Cortijo del Robledal” la mayoría,
regresamos por el mismo camino que
habíamos traído en la subida,
mientras que otros compañeros,
optaron por la variante de “Los
Charcoines” al llegar al cruce
mencionado en el camino de ascenso,
completando otra de esas memorables
jornadas montañeras que nos
encargamos de inmortalizar con
fotografías para la posteridad.


Crónica: Juan Ignacio
Amador
Fotos: Rafa Flores,
Juan Antonio Mena y Juan Ig. Amador