A pesar de que este
domingo, 14 de
octubre, pintaba
bastante nuboso, e
incluso amenazaba con
romper a llover
dejando caer una fina
lluvia, un nutrido
grupo de senderistas
nos dimos cita en la
murallas del barrio de
San Francisco a eso de
las 11,00 h. Tras los
comentarios de rigor,
sobre todo, echando de
menos al grueso del
Grupo Extremo (Carlos
Tapia, Andrés
Corrales, Rafa Ríos,
Emma, Migue, Mari Paz,
Reme, Carlitos,
Andresito, Fernando...
que están de puente en
la Alpujarras), nos
encaminamos hacia Los
Molinos del Tajo, ya
que la ruta no la
vamos a efectuar por
el camino oficial, que
es el PR-253, sino por
una variante más
bonita que nos conduce
hasta el paraje del
Lourdes, a traves de
unos preciosos
encinares y
discurriendo por el
conocido Jopo del
Burro, que divide los
cauces del arroyo de
Sijuela y del río
Guadalevín, que
después de mucho
tiempo corre con aguas
claras, que no del
todo limpias. A
continuación subimos
por el Duende, un
paraiso que vuelve a
recuperar su paisaje
primigenio, tras el
abandono de las
canteras. Por doquier
crecen las encinas,
además en los sitios
más umbrosos se
desarrollan vigorosos
los quejigos, que se
complementan con
algunas manchas de
alcornocal, las más
cercanas a la ciudad
de Ronda. La llovizna
que nos acompaña
desaparece justo
cuando volcamos a
hacia el Valle del
Guadiaro, entonces el
panorama cambia
radicalmente, dando
paso el bosque
mediterráneo a amplios
campos de cultivos,
ahora en tiempo de
reposo, donde
proliferan las
ganaderías ovinas que
aprovechan las hierbas
producto de la otoñá.
Hacemos una parada en
el puerto de la
Canchuela para
reagruparnos y un poco
más adelante nos
paramos a comer bajo
la sombra, ya que ha
salido el sol, del la
cornicabra de los
Nuñez; sin duda, una
de las más grandes de
Andalucía, que ha sido
catalogada como árbol
notable de Málaga por
la Consejería de Medio
Ambiente de la Junta
de Andalucía. A
nuestros pies queda el
río Guadiaro y en la
otra orilla observamos
la cueva del Gato,
Benaoján y su barriada
de la Estación, algo
de Montejaque, y el
desafiante macizo de
Libar, reino de la
roca caliza. Tras el
ágape nos apresuramos
hacia la torre del
Moro, una vieja
atalaya medieval que
tan sólo tiene un
lienzo de pared en
pie, rapidamente
tomamos un sendero
algo desdibujado que
atraviesa el fragoso
Monte de las Viñas,
para finalmente
toparnos con el charco
de la Barranca y el
camino que nos conduce
hasta la Estación de
Benaoján. El tren
llega con un retraso
de 25 minutos, lo que
nos alivia y permite
descansar un rato.
Tras la llegada a
Ronda, toca el turno
de las despedidas. Los
más avezados nos vamos
a la Venta La Parrilla
para merendarnos unas
tostadas con con cafe
y colacaos.