Tras el agua caída
durante la jornada del
sábado,
todo hacía presagiar
que este domingo iba a
ser un día gris y
lluvioso; pero por
suerte, no fue así. El
panorama no podía ser
mas alentador, un
cielo limpio y
despejado y una
temperatura ideal para
caminar, propiciaron
una inolvidable
jornada montañera, en
la que 32 Pasos
Largos, desde los seis
meses, hasta los...
(que no se pueden
decir) de edad, nos
aprestamos a realizar
el sendero que sube
desde Los Sauces al
Peñón de Ronda.
Comenzamos a caminar
por la cañada de la
Encina, llamada en su
tramo bajo: Barranco
del Monje, pronto
comenzamos a subir por
una zigzageante vereda
que nos hace gana
altura a la vez que
nos permite vislumbrar
toda la cañada en su
inmensidad, con el
Filar de los Ermitaños
a la derecha y el
Cerro de las Camaretas
y el pinsapar de
Cubero a la izquierda.
Curioseamos
las bocas de las
antiguas minas de
galena antimonial que
se suceden a traves
del trayecto, las más
hondas y peligrosa
rodeadas de un
vallado. Hacemos una
primera parada en el
cruce del puerto de
Huarte, que bien
conocemos de la II
Travesía de la Sierra
de las Nieves. Tras un
breve descenso nos
ponemos en marcha y
atravesamo una pequeña
mancha de pinsapar que
se salvó del incendio
de los años 70,
volvemos a subir hasta
la casita de Huarte,
rodeada de cerezos, el
huerto y otros árboles
frutales, aquí toca
beber de la rica
fuente que mana junto
al sendero. Algo más
arriba dejamos en un
margen la fuente de
los Algarabeos y
proseguimos el
ascenso, para obviar
unos metros después el
sendero que se
desprende a nuestra
izquierda y que se
encamina hacia Cubero.
Con buen ánimo y tras
el esfuerzo realizado,
toca llanear un rato,
dejando a
nuestra derecha la
inconfundible mole
caliza conocida como
El Jarro. Llegados al
puerto de las
Arenitas, damos vista
al pinsapar de Ronda y
la deforestada pero
atractiva Sierra
Hidalga. Abajo
observamos el ruinoso
cortijo del Peñón de
Ronda y la profunda
huella que el agua ha
labrado en el arroyo
de la Higuera.
Comenzamos a rodear el
Peñón de Ronda, que en
esta cara presenta
unos cortados de gran
altura, de su base
mana una fuente de
fresca agua, donde
repostamos antes de
pasar la cancela que
separa esta finca
pública de la del
cortijo del Palancar.
Nos paramos bajo unas
encinas y comemos
tranquilamente,
contemplando un
panorama más que
bucólico. Tras el
ágape, descendemos
hasta el cortijo del
Palancar, hito
importante en la vida
del bandolero Pasos
Largos, pues allí,
pernoctaron la misma
noche, el bandolero y
la Guardia Civil,
llegando primero uno y
despues los otros,
cuando más activa era
la busqueda; pero
casualidades de la
vida, ese cortijo era
el lugar donde menos
cabia pensar que se
guareciera Pasos
Largos, uno en el
pajar y los otros en
la casa tan
inocentemente.
Durmieron confiados,
felices y como
angelitos. El descenso
por una pista nos
anima a caminar a
mayor ritmo, mientras
en el horizonte se
dibuja la silueta de
la Sierra Cabrilla,
los pinares del valle
del Turon y el antiguo
convento del Desierto
de las Nieves, qu
ocuparon los
Carmelitas Descalzos
hasta la
desamortización de
Mendizabal . Al final
afluimos al carril de
los Sauces, que nos
deja en el punto
inicial de partida. Al
final, no nos quedó
más remedio que dar un
sonoro aplauso a la
niña Carla, de seis
meses, un angelito,
que con su sonrisa y
ejemplar
comportamiento se ganó
el favor y el cariño
de la concurrencia,
por supuesto que
también se llevó su
ovación Miguel, el
padre que porteo sin
rechistar a la
criatura. Un diez
igualmente a los
peques de la
asociación, a
los cuales, estos 12
km le supieron a poco,
y es que van a más, a
mucho más...