LA GANADERÍA Y LOS BUITRES EN LA SERRANÍA DE RONDA

         Los cadáveres de los animales son uno de los subproductos o desechos de la actividad ganadera. De forma natural un porcentaje del censo de la explotación muere cada año en la propia finca, por enfermedades y accidentes. Como cada rebaño es diferente, cada ganadero empleaba una solución o destino a estos residuos. Se enterraban en zanjas, se quemaban, se dejaban para que los comieran las aves carroñeras sobre el terreno o se llevaban a los muladares, lugares donde tradicionalmente se depositaban los animales muertos para que los buitres hicieran su trabajo, sitios despejados y adecuados para que estas grandes rapaces entraran y salieran con facilidad. Supongo que algunos de estos muladares habrán estado funcionando como tales durante siglos o milenios.

       Sin embargo, la intensificación de la ganadería y las exigencias sanitarias fueron cambiando esa forma de proceder; hasta que ocurrió un hecho sin precedentes que marcó una nueva etapa: la crisis de las “vacas locas”. A partir de la expansión por el mundo y la aparición en España de los primeros casos de Encefalopatía Espongiforme Bovina, se tomaron las oportunas medidas para evitar la difusión de la enfermedad y su posible contagio a humanos. Se adoptan medidas rigurosas de prevención. Se publican el Real Decreto 3454/2000 por el que se controlan las encefalopatías espongiformes transmisibles y el Real Decreto-Ley 8/2001 por el que se establecen las sanciones en relación con las encefalopatías. Con esta normativa el ganadero queda obligado a destinar los animales muertos y demás desperdicios a una industria transformadora, para su destrucción higiénica. Asimismo, el abandono de los cadáveres o su eliminación ilegal, como enterramiento, quema o vertido a simas y barrancos se consideran infracciones sancionables. Por tanto, el ganadero tiene que pagar porque le retiren los cadáveres mediante un seguro anual que cubre esos gastos.

        Entonces surgió la preocupación por el futuro de los buitres, ya que dependen en gran medida de la ganadería extensiva; yo añado que algunos, además, nos preocupamos por los ganaderos. Las aves necrófagas son un elemento auxiliar de la ganadería, pues limpian de cadáveres las explotaciones contribuyendo así a la higiene de las mismas. Son necesarias, lo han sido y seguirán siéndolo. Es importante tener en cuenta el patrimonio natural y el estrecho vínculo de éste con el sector primario. A veces la legislación y el desarrollo tecnológico desprecian los argumentos conservacionistas.

        “Dado que no existe riesgo de transmisión del agente causal de las encefalopatías espongiformes transmisibles a estas aves rapaces, ni por supuesto de éstas a las personas”, se publicó el Real Decreto 1098/2002 por el que se regula la alimentación de aves rapaces necrófagas con determinados animales muertos, así como la Orden conjunta de las Consejerías de Medio Ambiente y de Agricultura y Pesca por la que se creó la Red Andaluza de Comederos de Aves Carroñeras. Se legalizaron y adecuaron 22 muladares, o comederos, en Andalucía, donde EGMASA, la empresa pública de Medio Ambiente, aporta carroña procedente de las explotaciones ganaderas de los alrededores, bajo registro y control de todo, evitando cualquier riesgo sanitario.

         En la Serranía de Ronda, comarca donde pervive un elevado censo ganadero, existen actualmente varios muladares, tanto registrados como “libres”. La ganadería extensiva sigue siendo importante, así como la población de Buitre leonado, dependiente en gran medida de ella. Antes de “las vacas locas” había más, pero como he explicado, aquello, después de algún susto por culpa del sensacionalismo mediático, acabó. Los productores “en intensivo”, como cebaderos, vaquerías de leche y cabrerizas intensivas, se acogieron al seguro y avisan al camión de retirada para recoger los animales que van muriendo. Pero, ¿qué está ocurriendo con el ganado extensivo?. Pues en la mayoría de los casos, los animales mueren en parajes alejados y de difícil acceso, de manera que cuando el pastor descubre el cadáver sólo quedan huesos y piel, los buitres ya lo han devorado. Hay que tener en cuenta que muchas fincas son de gran superficie y quebrada orografía; por tanto la realidad es que los buitres siguen comiendo, quizás más que antes porque ahora nadie entierra ni mueve animales ante el temor de ser sancionado. En realidad los problemas de la ganadería y de los buitres son otros, como la falta de rentabilidad de las producciones extensivas y la destrucción del medio natural mediante urbanizaciones, centrales eólicas, tendidos eléctricos, etc.

        Las rapaces carroñeras de España son cuatro, el Quebrantahuesos, que se extinguió de la Serranía hace casi un siglo pero que ahora está siendo objeto de un plan de reintroducción, el Alimoche, al borde de la extinción en la comarca por culpa del uso de venenos y ciertos medicamentos veterinarios, el Buitre negro, divagante en otoño-invierno y el Buitre leonado; de éste sí que existe una importante población en la Serranía de Ronda. Resulta fácil verlos en sus vuelos de prospección, en dormideros, en sus colonias o agrupados sobre alguna carroña, dando cuenta de la carne. Estas aves son una joya, resulta agradable verlos, forman parte del paisaje serrano, trabajan para la ganadería, como decía, y, de forma creciente, son buscadas por los observadores de aves en lo que conocemos como “turismo ornitológico”; son, por tanto, un atractivo más para Ronda. Además, tenemos otras rapaces eventualmente carroñeras, las Águilas real e imperial.

      La ganadería en la comarca Serranía cuenta con un censo de 70.000 ovinos, 42.000 caprinos, 6.500 bovinos, 25.000 porcinos y 3.500 equinos. Un 75% se explotan en régimen extensivo, por lo que el alimento está garantizado para los buitres, al menos de momento, y los ganaderos cuentan, insisto en su importancia, con la colaboración del buitre leonado. Conviene señalar que algunas fincas ganaderas han sido convertidas a cinegéticas así que las aves carroñeras sobrevuelan también ciervos, corzos, muflones, gamos y jabalíes o cerdos asilvestrados. De todos depende el mantenimiento de sistemas de producción de alimentos de calidad, la conservación de las aves y el desarrollo de un medio rural vivo. Para eso conviene conocer y respetar las relaciones entre los elementos que componen una explotación, que forman parte de una finca; la relación entre aves y agricultura es apasionante, como es el caso de los buitres con el ganado.

       Desde aquí quiero reconocer la magnífica labor que desarrolla el equipo de trabajo de la red andaluza de comederos de aves carroñeras, aportando alimento a los muladares, donde por cierto acuden a comer no sólo rapaces sino también una sorpredente cantidad de aves insectívoras, y a los ganaderos y pastores que a diario recorren sierras, dehesas y pastizales arreando ganado.

                       Texto y fotos:

                       Juan Luis Muñoz Roldán, director de la OCA  de Ronda.

        Juan Luis Muñoz Roldán         

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Curso "Iniciación a la observación de aves", en Algaba de Ronda   Vistas serranas desde Acinipo   Tarabilla norteña, en migración otoñal
  
Cogujada montesina, sobre majano   Colirrojo tizón norteño, recién llegado para invernar   Collalba negra, en el teatro romano
  
Otro habitante del teatro romano, Chova piquirroja   Bisbita campestre, sedimentado en la mesa de Acinipo   Collalba gris, en su ambiente pratense  
           
            
      
                  


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